La bruja de Blancanieves le hablaba al espejo para que la sacara de dudas. En el fondo estaba conversando con ella misma. No estaba borracha. Tampoco tan loca ni equivocada. Pararte frente a tu reflejo y pensar en voz alta te permite conocer mejor todas tus caras.

“Espejito, espejito”

Nuestra relación con el espejo va cambiando con la autoestima. De niños nos mirábamos con curiosidad, de adolescentes con vanidad y de adultos vamos contando las canas en la cabeza y los rollos en la barriga. Nos escaneamos, pero no decimos nada. Nos callamos ante nuestro propio reflejo, con algo de culpa,  porque nos dijeron que si nos hablábamos en voz alta nos volveríamos (más) locos.

Los niños no lloran y las niñas deben hacerlo escondidas y sin mucho berrinche. Nos repitieron que hablar de emociones era de débiles y noveleros. Es tan absurdo como el hombre que aguanta el llanto, porque cree que si suelta la lágrima el cuarto se inunda. 

Entramos en la competencia de quién tiene el corazón más duro y no nos permitimos ser sinceros con nosotros mismos ni siquiera en la privacidad del cuarto porque las paredes hablan (y mi mamá tiene ese oído afilado).   

¿En dónde se puede hablar solo? En donde no encuentres pena. Buena parte de la higiene mental se logra cuando perdemos la vergüenza con nosotros mismos.  

Antes iba por la calle con los audífonos apagados, moviendo los labios, como si estuviera cantando, pero en realidad estaba haciendo inventario emocional en voz baja para no llamar la atención. ¿Te has sorprendido hablando solo? Es un impulso natural del cerebro para organizar el reguero mental de ideas, deseos, frustraciones y cuñas de Navidad que se te quedaron grabadas en el subconsciente. 

“Esa idea sonaba mejor en mi cabeza”

El pensamiento es abstracto. Una plastilina en la que se van mezclando todos los colores. Expresar una idea es sacarla de tu cabeza al mundo exterior. Te permitirá reforzar o desechar tus percepciones y tener más claridad de pensamiento. Hay preguntas para las que deberíamos tener respuestas automáticas, sin embargo nos agarran fuera de base. Hablarle al espejo ayuda a refrescar la forma de pensar, verbalizar y memorizar tus opiniones y objetivos. 

Fíjense en la diferencia entre una miss a la que le hacen una pregunta al azar y otra que tuvo el chance de practicarla. La primera aprovecha el tiempo extra que le dan las muletillas para elaborar la respuesta sobre la marcha. La otra ya la tiene ensayada, procesada y empaquetada. Ir con nuestra biblioteca de ideas nos facilitará muchos procesos cotidianos de comunicación. 

Hablar frente al espejo te ayudará a formar criterio, argumentar mejor, corregir la postura, tener las respuestas a tiro, en la punta de la lengua. Entrevístate. Hazte preguntas que has evadido y respóndete sin pelos en la lengua. Esto te invitará a la reflexión, a notar cosas que antes no, a encontrar respuestas y nuevas preguntas que hacerte. 

No siempre es necesario un espejo

Hablarte en voz alta es hacer un retrato hablado de lo que sientes. Sé amable y escúchate. Habrá frases que apenas las digas, te aliviarán (en especial si han sido pensamientos obsesivos que rebotan en tu cabeza). Es como un exorcismo sin agua bendita. 

Verbalizar le da visibilidad a tu mundo emocional. Entrevístate. Sé tu propia Shirley Varnagy y pélate los ojos con cada pregunta que te hagas frente al espejo. Sé sincero. Hazte críticas. Interioriza las metas y elimina errores. Llámate por tu nombre. Nuestro cerebro es un órgano entrenado para activarse con comandos de voz. Imagina que tu cerebro de verdad es como Siri o Alexa.

Hay cosas que pensamos inconscientemente, sin controlarlas, que se escuchan como un televisor encendido en la sala. Muchas de esas ideas arraigadas en lo profundo del cerebro, opiniones impopulares, son cosas que no somos capaces de decir en voz alta. Es importante identificarlas para irlas desechando.  

Nadie tiene acceso a nuestro cerebro (solo el algoritmo de Google). No sabemos qué pensamos realmente, hasta que lo decimos. 

Para algunos es más fácil revelarse con un psicoterapeuta, y en plena consulta descubres que no le estás hablando al doctor, sino a ti mismo. Para que se te grabe o para que lo sueltes. 

Será más fácil decir “te quiero” y “disculpa” si sabes gestionar lo que sientes. La tristeza y el enojo son menos intensos. Lo que odias, lo que te frustra, lo que envidias. Cuando las manifiestas a todo pulmón, les quitas fuerza a las emociones negativas y amplías el panorama. Te darás cuenta que muchas de las cosas que has venido sintiendo no tienen mucho sentido. En tu mente el problema era un Godzilla y en realidad es un tuqueque.

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