• A través de las redes sociales se conoció que unas personas en Apure y en Zulia, mataron a un manatí y a un jaguar, respectivamente, para consumirlos como alimentos

La caza de un manatí en el estado Apure y de un jaguar en el estado Zulia, encendió las alarmas de la población cuando las fotos y videos de estos hechos se viralizaron en redes sociales. Ambas especies se encuentran en peligro de extinción y en estado de vulnerabilidad.

Diana Liz Duque, bióloga venezolana, aseguró para El Diario que el caza del manatí y del jaguar significa una gran pérdida a la biodiversidad del país y al esfuerzo que se ha aplicado en la conservación de estos animales. 

Duque explicó que, debido a la cuarentena y la crisis que ha empeorado, muchos proyectos de conservación están en pausa. Resaltó que esto supone un aspecto negativo para las especies que están desprotegidas.

Comentó que un grupo de biólogos se percató de que este año han recibido más denuncias de caza de animales en peligro de extinción que en años anteriores. Aseguró que en la actualidad es más fácil saber sobre estos hechos gracias a las redes sociales porque las personas están activas con el tema y, cuando conocen un caso, lo denuncian. 

«Puede ser que influya la cuarentena y la crisis que vive el país, sin embargo, no se sabe con precisión cuántos hechos parecidos han ocurrido este 2020», expresó Duque.

País diverso. Venezuela está entre los 17 países del mundo con mayor biodiversidad, de acuerdo con la ONU.

Ariany García bióloga y miembro de la ONG Provita, explicó para El Diario que, en el caso puntual del manatí y el jaguar, están fuertemente amenazados por efectos de la cacería indiscriminada y en el caso del manatí, el choque con embarcaciones.

«Acciones como éstas agravan aún más su situación. El manatí tiene una baja capacidad reproductiva y su distribución es más restringida, por lo que su estado de conservación es comparativamente peor que el del jaguar. Por ende la pérdida de un individuo dentro de una población podría tener un impacto importante en el mantenimiento de la especie» indicó García.

Por su parte, Duque lamentó que exista poca información sobre lo que sucede con los responsables de las muertes de las especies protegidas. 

«En algunos casos los detienen pero luego las autoridades no informan más nada sobre estas personas», denunció. 

Leyes que protegen a las especies silvestres

Duque recordó que en Venezuela existen tres leyes que protegen a la fauna venezolana y es necesario que se cumplan de forma correcta: 

Ley de Protección a la Fauna Silvestre

Ley de Gestión de Diversidad Biológica

Ley Penal del Ambiente

Tarek William Saab, fiscal general designado por la asamblea nacional constituyente (ANC), informó en junio que están redactando una reforma de la Ley de la Fauna Doméstica, Libre y en Cautiverio para presentarla ante la ANC. 

«Vamos a proponer una reforma a esta ley o, en su defecto, si se considera necesario, vamos a plantear una nueva ley que estipule penas más severas para este tipo de violencia», dijo entonces Saab. 

Ariany García comentó que de acuerdo con la más reciente evaluación del estado de conservación de la fauna venezolana, que se publicó en Provita en el 2015 (Libro Rojo de la Fauna Venezolana), el Jaguar está categorizado como «Vulnerable» (VU) y el Manatí como «En Peligro Crítico» (CR).

«En ambos casos por evidenciar reducciones importantes en sus tamaños poblacionales, por causas que se mantienen activas, siendo estas causas principalmente sobreexplotación, contaminación y pérdida de la calidad del hábitat», explicó García.

Ariany resaltó que el principal problema en el país no es la falta de leyes, sino el incumplimiento de las mismas.

«Para hacer guardería ambiental es necesario tener personal formado en identificación y manejo de especies, es necesario tener centros para la rehabilitación de especies decomisadas, recursos para el mantenimiento y la posible reintroducción. Además, un adecuado funcionamiento en el proceso judicial/penal. Son muchos factores que deben engranar y eso sin duda tiene fallas», sentenció García.

El manatí

Este mamífero sirenio se enfrenta a la cacería para el consumo humano, choques con embarcaciones que lo dejan malherido y contaminación de su hábitat natural. 

En el mundo existen cuatro subespecies de manatíes: el amazónico (trichechus inunguis), el del Océano Índico y Australia (dugong), el africano (senegalensis) y el del Caribe (manatus). 

No se sabe con exactitud cuántos manatíes habitan en el planeta actualmente, pero hasta 2018, de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se calculaban al menos 2.000 ejemplares en todo el mundo. 

En Venezuela la caza del manatí es ilegal. Esta especie está totalmente protegida bajo las leyes ambientalistas venezolanas. En el río Orinoco, especialistas ambientales han observado agrupaciones aparentemente reproductivas de más de 10 individuos en áreas de remansos durante la época de aguas bajas (diciembre-mayo), que luego se dispersan por el río.

Foto cortesía

El jaguar

Este felino no se encuentra en peligro de extinción severo pero sí posee un estado calificado como casi amenazado o vulnerable. Los problemas que enfrenta el jaguar son: reducción de su hábitat en todo el continente, el resurgimiento del tráfico de esta especie, principalmente de sus colmillos y cacería para el consumo humano. 

En un informe presentado a finales de febrero de este año por Costa Rica, Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay y Uruguay, se demostró que de las 34 poblaciones de jaguar presentes en todo el continente americano, 33 están en peligro por la pérdida de su hábitat.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en los últimos 21 años, las poblaciones de jaguares se han reducido hasta en un 25 por ciento. Actualmente hay en el mundo entre 90.000 y 100.000 especies de jaguares. 

De acuerdo con cifras de asociaciones de ecologistas, en Venezuela existen aproximadamente 2.500 especies de jaguares.

Foto de Richard Barrett / WWF UK

La bióloga Ariany García recordó que todas las especies forman parte de los ecosistemas y dan estructura a los habitats donde se desarrollan por lo que la pérdida de especies y de biodiversidad es uno de los principales conflictos actuales.

«En el caso de las especies amenazadas se trata de poblaciones ya afectadas y sensibles, por lo que recibir más presión solo debilita y agrava su situación poblacional. Cuando una especie se pierde, queda un espacio vacío en el rompecabezas», lamentó García.

Maltrato animal en Venezuela

La psicóloga Antonella Fabiano, en exclusiva previamente para El Diario, explicó que la violencia contra los animales se caracteriza por ejercer una acción u omisión ante cualquier situación que genere un transgresión física o psicológica al propio animal: como tenerlo amarrado con cadenas que causan quemaduras por el roce; negarle el alimento y la atención sanitaria; golpearlo, mutilarlo y, en el más extremo de los casos, provocarle la muerte.

Este año, el 4 de marzo unos hombres en Guárico amarraron a una reja a un perro, lo golpearon y apuñalaron repetidas veces con una varilla en venganza porque el animal había mordido a un niño que se introdujo sin permiso en la casa de su dueña.

El 5 de marzo un hombre en Carabobo mató a un puma silvestre en el Parque Nacional Daniel Lapadua. El sujeto se mofo en redes sociales de «su proeza» mostrando al animal muerto.

De igual forma, a principios de julio un hombre subió en sus redes sociales un video donde mostraba como le daba anís (bebida alcohólica) a un mono. El sujeto embriagó al animal hasta que terminó muerto.

El 6 de junio un hombre en el estado Barinas mató a un jaguar con una escopeta, lo subió a una moto y subieron a las redes sociales las fotos del animal muerto.

«Los animales son seres vivos que son capaces de sentir al igual que los seres humanos, por ello se les puede herir tanto físicamente como psicológicamente. Las consecuencias también son las mismas. Entonces, podemos encontrar animales con falta de apetito, miradas ausentes, tristes, ansiosos o agresivos”, explicó la psicóloga Antonella Fabiano. 

Existen al menos 10 especies silvestres venezolanas que corren peligro de extinción, no solo por la destrucción de su hábitat, sino también por la inminente cacería de los humanos para consumirlos como alimentos o por simple «diversión». En un país donde los ciudadanos luchan para conseguir el pan de cada día, estos mismos no parecen darle importancia a las leyes de protección de estos animales cuando de hambre se trata.

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