• El Diario conversó con la psicóloga Antonella Fabiano para entender las razones detrás del maltrato animal y las consecuencias sociales que puede provocar la normalización de la violencia de este tipo 

Las redes sociales, por ser un medio de difusión masiva, han sido el primer factor de reconocimiento ante actos de maltrato animal en Venezuela. En esos casos, la relación del individuo con los animales está antecedida por una coerción de poder contra un ser que no tiene la capacidad de defenderse. 

La psicóloga Antonella Fabiano, en exclusiva para El Diario, explicó que la violencia contra los animales se caracteriza por ejercer una acción u omisión ante cualquier situación que genere un transgresión física o psicológica al propio animal: como tenerlo amarrado con cadenas que causan quemaduras por el roce; negarle el alimento y la atención sanitaria; golpearlo, mutilarlo y, en el más extremo de los casos, provocarle la muerte. 

Casos recientes de maltrato animal

El 4 de marzo un niño en Zaraza (estado Guárico) entró saltando por las paredes, a una casa vecina, para buscar una pelota, pero al ingresar al hogar un perro guardián lo mordió. La represalia de los familiares del menor representó una imagen dantesca de maltrato animal.

Desde la acera dos hombres llamaron al animal y en lo que este se acercó, lo amarraron de la reja y comenzaron a golpearlo. Uno de los sujetos, mientras el otro sostenía por las patas al perro, tomó una varilla y lo apuñaló en reiteradas ocasiones. 

Los vecinos, a la par de los aullidos del perro, gritaban para que ambos detuvieran el maltrato. Ninguno escuchó, pero uno de los espectadores grabó la situación. El vídeo se volvió viral en las redes sociales y los responsables fueron encarcelados por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). El perro está en recuperación con el apoyo de la Misión Nevado. 

En otro hecho, el pasado 5 de marzo funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) detuvieron a un hombre acusado de cazar y matar a un puma silvestre en el Parque Nacional San Esteban, estado Carabobo. Daniel Lapadula, el hombre que asesinó al animal, mostró por sus redes sociales “la proeza” de la caza. De esta forma, los funcionarios dieron con su paradero. 

En 2015 se presentó un caso parecido en el municipio Andrés Eloy Blanco, estado Sucre, en el que una serie de personas mostraban con fulgor, como si de “un premio” se tratase, el cadáver de un puma. Las fotografías, publicadas en las redes sociales, causaron la indignación de grupos encargados de la protección animal y de la población en general. En ese momento, una de las implicadas en el caso fue privada de libertad por el Ministerio Público. 

Foto: tomada en 2015 por los asesinos del animal

Para Fabiano, el maltrato animal no tiene una diferencia, a nivel psicológico, del maltrato a un ser humano.

Los animales son seres vivos que son capaces de sentir al igual que los seres humanos, por ello se les puede herir tanto físicamente como psicológicamente, por tanto las consecuencias también son las mismas. Entonces, podemos encontrar animales con falta de apetito, miradas ausentes, tristes, ansiosos o agresivos”, agrega.

Ahora, según la psicóloga, el maltrato animal representa el primer ápice para descubrir una psique conflictiva en el individuo porque representa el goce al ver adolorido a otro ser vivo. Por ende, debe considerarse a la violencia contra los animales como un factor tan perjudicial como el maltrato al ser humano. 

“Cuando se maltrata un animal se violentan sus derechos como ser viviente y al igual que se toma en consideración estas conductas (de maltrato) sobre las personas, es menester hacerlo sobre los animales, ya que pudiéramos clasificarlos como un grupo vulnerable y en desventaja en relación al poder que puede ejercer el ser humano sobre ellos”, argumenta.

Los individuos que incurren en estos hechos de violencia, según  la especialista, presentan unas características en común como la falta de empatía, personalidad antisocial y ausencia de educación adecuada en el trato con el otro. El maltratador no tienen la capacidad de generar culpa por las acciones realizada y, por ende, no existe autocrítica moral ante la situación.

Foto: cortesía
Existe una relación entre el maltrato animal y la presencia de trastorno de personalidad antisocial. En este punto hay que poner atención cuando un niño presenta trastorno de conducta relacionado con dañar o lastimar a los animales, hay que tomarlo como una señal de alarma”, agrega Fabiano.

La educación previa del maltratador, según la psicóloga, ocurre mayormente en un entorno familiar caracterizado por la violencia y la relación que generan con el otro es a través de la función de poder que permite el maltrato al ser vivo más débil y vulnerable.

“Se sabe por diferentes estudios que los sujetos con antecedentes de maltrato animal son más propensos a cometer violencia intrafamiliar”, asevera. 

En este caso, relata Fabiano, el maltrato de un animal por parte de un niño puede ser un signo de una situación de violencia intrafamiliar de la cual el infante es testigo o víctima directa. Un contexto de esas características, agrega, puede representar el primer ápice para que la relación del individuo con el otro esté intervenida por la violencia. 

¿La crisis venezolana ha provocado un aumento en la violencia? 

El maltrato animal, en primera instancia, se entiende como la coerción física de un ser humano ante un ser vivo indefenso, pero no es la única forma de violencia. El abandono, la falta de alimentación, de seguridad sanitaria, entre otras cosas, son factores que se pueden considerar como maltrato. 

Foto cortesía

En los últimos años, Venezuela ha estado signada por una crisis humanitaria sin precedentes, con más de 4.700.000 de venezolanos en condición de refugiados y emigrantes, según las cifras presentadas por la Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados (Acnur). Además, la inestabilidad de la economía nacional ha permeado la dificultad de la vida común del individuo. 

Al contar el abandono y la falta de alimento entre las características del maltrato animal, se puede notar que la crisis ha sido un factor para el aumento de la situación deplorable de estos seres vivos.

“Al no poder proveerles de comida y de medicinas, las mascotas son abandonadas en las calles y a su suerte, con elevados riesgos de perecer porque al ser animales criados en cautiverio, no son capaces de alimentarse por sí mismos”, agrega Antonella Fabiano. 

Foto: cortesía

La migración forzada de muchos venezolanos por un contexto en crisis ha provocado que las casas queden a merced de la desidia y que el abandono de las mascotas sea un problema constante, porque quienes emigran no tienen la posibilidad de llevarse al animal. 

Fabiano, al mismo tiempo, asevera que la violencia ha intervenido las relaciones interpersonales y ha generado una mayor intolerancia ante el trato con los animales. Los casos presentados anteriormente, donde se presenta al animal cazado como un “premio” o donde el individuo genera venganza contra a un animal doméstico, son muestras del desequilibrio social que genera el aumento de la violencia. 

Actualmente se vive en un entorno casi salvaje, donde se acepta la violencia como herramienta válida para resolver conflictos, desde la familia hasta el Estado, desde un padre que maltrata a una mascota o a su propio hijo como amenaza para que acate y cumpla normas. Incluso el propio Estado cuando no genera las condiciones necesarias para el libre acceso de bienes y servicios, educación y salud para todos sus ciudadanos por igual”, enfatiza.

El maltrato animal, según Fabiano, se presenta como predisponente y consecuencia de un contexto violento. Es decir, de una situación individual, en la cual la relación con otro ser vivo ocurre a través de la violencia, se alcanza una totalidad de resquebrajamiento social. Además, agrega, que la violencia generalmente está dirigida a los más débiles, como los ancianos, animales, niños, entre otros.

Foto: cortesía
El maltrato hacia los animales es tolerado por quienes lo observan, minimizando sus causas y sus efectos, así tanto padres, maestros y comunidad que hacen caso omiso o restan importancia a este tipo de maltrato están generando las condiciones necesarias para una escalada de violencia y hasta su normalización”, comenta.

La impunidad gubernamental es otro tipo de maltrato, según la psicóloga, porque no se cumple la Ley para La Protección Animal y estos seres vivos quedan a merced de sus victimarios.

“Inclusive en lugares de recreación como parques y zoológicos podemos ver diversas especies en peligro de extinción desnutridas y enfermas porque no hay recursos para mantenerlas y cuidarlas, eso es maltrato”, agrega.

Ley para la Protección de la Fauna Doméstica Libre y en Cautiverio

La ley fue publicada en la Gaceta Oficial número 39.338, el día lunes cuatro de enero de 2019, en la República Bolivariana de Venezuela. El primer artículo establece como objetivo de dicha legislación el establecimiento de las normas para la protección, control y bienestar de la fauna doméstica.

El artículo 18, dirigido a la responsabilidad de la persona natural o jurídica que tenga potestad sobre el animal, establece que toda persona que ejerza la tenencia de un animal doméstico es responsable de su cuidado, alimentación y prestación de medidas higiénico-sanitarias.

El artículo 32, por su parte, establece que: “El propietario no podrá abandonar en la vía pública ejemplares vivos o muertos; maltratar, agredir físicamente o someterlo a cualquier otra práctica que les ocasione sufrimiento, daño o muerte; mantenerlo en condiciones de hacinamiento en contravención al óptimo animal; practicarle mutilaciones”

El maltrato, tanto físico como psicológico hacia un animal, es la primera característica de una conducta violenta en el individuo. El trato ético ante un animal, sobre todo doméstico, debe estar regido por las legislatura correspondiente y por una creencia ética de respeto hacia todo ser vivo.  

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