• Édgar Álvarez es colombiano y tiene 45 años de edad, 25 de ellos creando miles de figuras de plastilina que ya no contabiliza

La conexión que ha tejido Édgar Álvarez con Venezuela se remonta a su infancia. Aunque el origen de la arepa sigue siendo debate con el país vecino, lo que sí es una certeza es la habilidad y destreza que este artista colombiano desarrolló con sus manos, desde pequeño, cuando solía hacer figuras con la masa de las arepas que hacía su abuela.

Cuando creció, uno de sus primeros trabajos fue ser mensajero de una empresa. Luego de renunciar, decretó que se convertiría en un mensajero de por vida a través de su arte. Aproximarse a temas como el conflicto armado en su país natal, Colombia; la migración en América Latina y Estados Unidos lucen como sus principales intereses en su trabajo independiente como ilustrador, animador, fotógrafo y moldeador de figuras de plastilina.

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El tema de los migrantes siempre me apasionó mucho. Yo fui migrante. Viví seis años en Estados Unidos. Fue muy interesante porque descubrí otra forma de contar historias. Siempre he tenido la ventaja de que cuando ven que trabajo con plastilina se establece un diálogo muy distinto. La gente le para más a las figuras de plastilina que a las personales reales. Son temas muy complejos de abordar. La gente tiende a huirles. No es simplemente publicar muñequitos de plastilina. Mi trabajo va más hacia la pedagogía y la reflexión”, explica en entrevista para El Diario.

Alrededor de una semana le lleva la tarea de crear a sus protagonistas, a pequeña escala. «Estos personajes no son solamente de plastilina sino que me gusta mucho mezclar con otros materiales, como plástico. Trabajo con una plastilina especial que se llama ‘plastifoamy’; ese material da texturas que resultan muy chévere para hacer la ropa. Primero hago una estructura general en alambre, dependiendo del tipo de anatomía que tienen las figuras y luego las recubro con la mezcla de esta plastilina y la plastilina corriente, la escolar. Después vienen todos los accesorios que si un trapo, o para simular las cobijas, uso diferentes telas. Ya luego es buscar la locación para las fotografías. El sitio preciso para la hora precisa», explica.

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Foto: Cortesía

Maestro en Artes Plásticas por la Facultad de Artes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, en Bogotá, Álvarez ha sido galardonado con distintos premios internacionales. En los años recientes ha colaborado con distintos organismos como la Cruz Roja Internacional y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), con este organismo viajó en 2019 y dimensionó el fenómeno migratorio en Centroamérica. 

Su trabajo es de campo. Aunque debido a la pandemia por covid-19 lleva semanas sin salir, explica que meses atrás viajó por carretera para conocer historias. La de los venezolanos, particularmente, le ha llamado la atención.

“Nosotros en Colombia hemos estado familiarizados con el fenómeno del desplazamiento.  Nosotros hemos sido la imagen del desplazado. Pero nosotros nunca veíamos a los desplazados caminar en carretera. Es una cosa muy fuerte que me ha impactado”, expresa.

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El artista, de 45 años de edad, lleva más de 25 años creando miles de figuras de plastilina que ya no contabiliza. Confiesa que además de la soledad con la que lidia el migrante venezolano, le ha llamado mucho la atención cómo el drama se entremezcla con la inocencia de los niños que durante días, junto a sus padres, atraviesan a pie la geografía de Suramérica.

“Esto no es solamente drama. Hay muchas facetas. Me llama la atención cómo estos niños han conocido historia y geografía mientras vienen caminando desde Perú hasta Colombia o han estado en Chile. Es duro y todo pero también han aprendido a conocer la geografía de Suramérica caminando. Muchos con quienes he hablado me insisten en los paisajes tan bonitos que han visto. Es duro, sí. Pero también hay matices que vale la pena contar”, agrega.

El arte no juzga

Álvarez asegura que la intención de sus creaciones no es idealizar ni politizar las causas de los temas que aborda, sino conmover y desdibujar los estigmas y prejuicios. Está en contra de la xenofobia y del discurso discriminatorio.

“Emigrar no es moda. La gente migra por necesidad”, dice en rechazo a quienes afirman que los migrantes salen por turismo. Rechaza también a aquellos que catalogan a los migrantes como “armas bioterroristas”.

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Foto: Cortesía

“Nosotros (colombianos) vivimos ese estigma del narcotráfico, por ejemplo. Entonces me parece absurdo es que ya habiendo pasado por eso, sabiendo lo que es el rechazo, se pongan con eso con los venezolanos”, sentencia.

El artista ha viajado a Venezuela en reiteras oportunidades y en distintos gobiernos: Rafael Caldera, Hugo Chávez y Nicolás Maduro. ¿El motivo? Para ese entonces publicaba en el país libros de su autoría con técnicas de modelado de plastilina. Confiesa que en su último viaje, hace dos años, le llamó muchísimo la atención el deterioro de las industrias; también las largas colas para comprar pan.

Álvarez, quien espera en 2021 estrenar un cortometraje de la memoria histórica de Colombia, apuesta en los encuentros interculturales para el enriquecimiento del país y del ser humano. Mientras continúa de forma independiente registrando la realidad político y social de los países que visita también se permite reflexionar sobre la vida.

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“Uno de los grandes aprendizajes que me ha dejado todo esto es la importancia de andar liviano en este mundo. Yo cargo lo que necesito. Mientras más peso tengas menos puedes caminar”, sentencia.

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