• David Cerrada, de 19 años de edad, fue agredido violentamente el pasado 17 de julio en el Mercado Mayorista de Latacunga, por ser venezolano. El joven también fue despojado de la carretilla que usaba como medio de trabajo 

La esperanza del porvenir se vuelve añicos en medio del rechazo. Se disipa ante la hostilidad de un entorno ajeno. Se recrudece cuando la impunidad se muestra latente. Para muchos migrantes venezolanos estas circunstancias se acentúan con el sinsabor de la distancia y la ausencia de sus parientes, sobre todo cuando la xenofobia los convierte en el blanco de acusaciones recurrentes.

La jornada de trabajo del venezolano David Cerrada, de 19 años de edad, transcurría con normalidad el pasado viernes 17 de julio en el Mercado Mayorista de Latacunga, ubicado en la provincia de Cotopaxi en Ecuador, hasta que un grupo de aproximadamente 10 personas lo acorraló para quitarle la carretilla con la que transportaba la mercancía de los comerciantes. El primer golpe que recibió en la cabeza lo dejó inconsciente por unos minutos y cuando volvió en sí los insultos no cesaban. No había razón aparente, el único motivo era su nacionalidad.

De acuerdo con cifras del informe anual Tendencias globales de desplazamiento forzado en 2019, que presentó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en el país andino hay 374.045 migrantes venezolanos. Como se lee en el informe: “A finales de 2019, más de 4.500.000 de venezolanos habían abandonado su país y viajado principalmente hacia América Latina y el Caribe. Se trata del mayor éxodo en la historia reciente de la región y una de las mayores crisis globales de desplazamiento”.

Su medio hermano Yovanny Álvarez, quien trabaja con él en el mercado, se aproximó para defenderlo. El joven de 23 años de edad relató para El Diario que muchos de los comerciantes ecuatorianos que estaban allí también intercedieron ante el hecho. “¿Acaso él está robando?”, exclamaban los presentes.  

Tras lo ocurrido, Yovanny le comentó a David que era mejor guardar la carretilla para evitar más altercados. No obstante, accedieron a realizar una última carga antes de marcharse. Yovanny se apartó de su lado por unos minutos para ir al baño. Entretanto, David salió del mercado para dejar la mercancía sin saber que algunas de las personas que lo agredieron estaban en las afueras esperándolo.  

Xenofobia e impunidad, el drama de un venezolano en Ecuador
Foto: Yovanny Álvarez     

Los golpes reincidieron sobre su cuerpo. Ahora la sangre corría por el rostro de David. Con tono pausado, Yovanny recuerda la desesperación de aquellos instantes. “Yo duré como 40 minutos buscándolo y no lo encontraba. Mi miedo más grande era que se lo hubiesen llevado”.

La violencia y la xenofobia se impusieron. Aquella mañana los agresores de David lo despojaron de su carretilla. La policía solo detuvo a uno de los involucrados. La misma tarde de ese 17 de julio realizaron una audiencia sobre el caso, pero David no contó con abogado defensor alguno.

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Foto: Yovanny Álvarez     

De acuerdo con lo establecido en el artículo 75 de la Constitución de la República del Ecuador, capítulo octavo: “Toda persona tiene derecho al acceso gratuito a la justicia y a la tutela efectiva, imparcial y expedita de sus derechos e intereses, con sujeción a los principios de inmediación y celeridad; en ningún caso quedará en indefensión. El incumplimiento de las resoluciones judiciales será sancionado por la ley”.

Como también lo relató Yovanny, durante la audiencia “uno de los policías que estaba afuera me dijo: ‘Dile a tu hermano que acepte el dinero’, porque el abogado del acusado le propuso a la fiscal darle a mi hermano unos 50 dólares y que el agresor le diera unas disculpas, pero mi hermano dijo que no, que lo que él quería era justicia”.

Finalmente, la fiscal dictó que el agresor debía estar cinco días en prisión y tendría que cancelar el pago de 25% del salario básico de Ecuador, dicho monto corresponde a la cantidad de 100 dólares. Sin embargo, el joven venezolano no ha recibido este monto.

El peso de las consecuencias

Al día siguiente los dolores de David en la región abdominal comenzaban a inquietarlo. Yovanny trataba de darle ánimos y no mostrarle la preocupación que tenía de que aquellos dolores significaran un daño mayor.

El lunes después de la agresión este se acercó al mercado para recuperar la carretilla en compañía de Ronal Moreno, representante del colectivo Madera Venezolana. El intento fue en vano. Por el contrario, se encontraron con una reunión de 33 representantes de las asociaciones de comerciantes del mercado. El objetivo del encuentro era pedir que los venezolanos no continuaran trabajando allí.

El pasado mes de junio el Banco Mundial presentó el informe Retos y oportunidades de la migración venezolana en Ecuador. Allí explican que, “por su condición económica, los migrantes venezolanos en muchas ocasiones trabajan en condiciones menos favorables”. Además, señalan que casi 60% de los migrantes trabaja en el sector informal.

“A ello se suma que, en promedio, los trabajadores venezolanos dedican al trabajo más horas a la semana que los ecuatorianos, pero reciben un pago promedio mensual menor”, indica el documento.

Aquel día, uno de los representante indígenas que estaba en el mercado vociferaba que “no vamos a permitir que los venezolanos vengan a quitarnos nuestro dinero”. 

Los dolores de David no cesaban. Entre quejidos, le decía a su hermano que no podía seguir aguantando, por lo que el martes lo llevó al Centro de Salud Bethlemitas. Como lo explica Yovanny, el diagnóstico que le dio la doctora era que David tenía gastritis. Asegura que aquello lo sorprendió, debido a que los dolores que manifestaba su hermano parecían indicar otra afección. Posteriormente, le explicaron que hubo una confusión con los exámenes y que le habían entregado los de otro paciente. De acuerdo con los resultados, David tenía una infección, pero no le especificaron más detalles.

“Me mandaron a comprarle paracetamol, que es lo que mandan aquí para todo, y ya”.    

Tras llegar a casa, a ninguno les fue posible conciliar el sueño. El malestar de David continuaba. La idea de ir al hospital también implicaba el riesgo de sobreexponerse al coronavirus. En la provincia de Cotopaxi, específicamente, se han registrado 1.963 contagiados y 164 fallecidos hasta este 28 de julio.

Gracias a la ayuda de un amigo, David pudo ingresar al Hospital General Latacunga y el pasado viernes entró a quirófano para ser operado de peritonitis. Se trata de la inflamación de una membrana llamada peritoneo que recubre las paredes abdominales.

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Foto: Yovanny Álvarez     
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De broma está vivo mi hermano, porque estuvo tantos días con eso que hasta pus tenía por dentro”, añade con pesar Yovanny, quien recuerda que antes de operarlo le pidió que fuese fuerte y no lo dejara solo.

Una espera incierta

El grupo de aproximadamente 70 venezolanos que trabaja en el Mercado Mayorista de Latacunga continúa con la incertidumbre sobre su futuro laboral. Como lo explica Ronal Moreno, el martes 21 de julio la policía de migración acudió al mercado para hacer un operativo y pedirle a los venezolanos sus papeles. Los que no tuvieran los documentos en regla debían pagar una multa.

Respecto al informe del Banco Mundial mencionado anteriormente, 9 de cada 10 contaba con un documento válido en 2016. “Sin embargo, la situación de quienes llegaron más tarde fue mucho más precaria. Entre los migrantes llegados en 2017, 2018 y 2019, el 44%, 63% y 45% no poseía estatus regular respectivamente”.

En ese sentido, también explican que la mayoría de los venezolanos que ingresaron al país sin registrarse no contaban con la documentación necesaria, como cédula, pasaporte vigente o Carta Andina.

El representante de Madera Venezolana asegura que actualmente el ingreso de venezolanos al mercado “es a riesgo”. Ese martes multaron a tres venezolanos. El viernes pasado otra venezolana que trabaja en las afueras del mercado fue sancionada, acto que Moreno calificó como “más déspota todavía”, debido a que la migrante está en la espera de que le entreguen su visa humanitaria.

“Ya la pagó y todo, pero la multaron. Así de sencillo”, añade.

Yovanny y David no cuentan con visa en Ecuador, tampoco con pasaporte venezolano. El precio de este documento en el exterior es de 200 dólares y la prórroga de 100 dólares, por su costo es una tarea difícil de tramitar dada la falta de ingresos.  

Hace aproximadamente un año y dos meses salieron de Venezuela, específicamente del estado Lara. Únicamente contaban con la Carta Andina y sus cédulas de identidad. Llegar a Ecuador les tomó poco más de 10 días, sus pies y los “aventones” de varios conductores se convirtieron en su medio de transporte. Pese a los comentarios peyorativos y la xenofobia que han recibido, Yovanny no niega que también han contado con el apoyo de algunos ecuatorianos durante este tiempo.

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Foto: Yovanny Álvarez

A más de 1.500 kilómetros de distancia y en medio de la preocupación, sus padres les piden que regresen a Venezuela. “Nos dicen que es mejor que nos vayamos con ellos, así sea a pasar trabajo, pero nadie nos va a golpear allá”.

Ronal Moreno, representante de Madera Venezolana, reitera que es importante llegar a un diálogo con los integrantes de las asociaciones del mercado para evitar que hechos como este se sigan repitiendo.

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Nosotros ponemos una y otra vez la mejilla porque estamos fuera de casa. Y la vamos a seguir poniendo, eso sí con muchísima dignidad. Vamos a actuar apegados a ley, porque tenemos una escuela gigantesca de todo lo que ocurre fuera de la ley en Venezuela”, expresa.
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Dados los gastos médicos, iniciaron con una recolecta de fondos. La carretilla que David y Yovanny utilizaban como medio de trabajo sigue en otras manos, mientras que el agresor tampoco les ha cancelado el monto de la indemnización. Entretanto, David aguarda en el hospital hasta que le den de alta. Yovanny lo acompaña diariamente y no niega que siente perdida su esperanza. Aquella que los acompañó cuando dejaron su hogar, sin esperar que su nacionalidad se convertiría en un continuo motivo de rechazos.

Este artículo de El Diario fue editado por: Génesis Herrera | Irelis Durand.

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