• En El Diario conversamos con la psicóloga Antonella Fabiano sobre el acoso sexual y las razones por las cuales las mujeres son las principales víctimas

“Estaba en el carro con el esposo de mi tía, mientras ella hacía una diligencia. Nos quedamos solos. De un momento a otro puso pornografía en su teléfono e insisitía en que mirara las imágenes”. Esta es una de las situaciones de acoso que debió enfrentar Roxana Rodríguez*,  una estudiante universitaria de 22 años de edad. Este hombre, desde cuando solo era una adolescente, se ha encargado de observar constantemente y hacer comentarios fuera de lugar sobre el cuerpo de Rodríguez, así lo relata ella. La mujer evita estar cerca de él porque más allá del repudio que siente por sus acciones, el miedo se apodera de ella durante cada encuentro. 

El acoso es una conducta que tiene una naturaleza ofensiva, hostigadora y perturbadora en la que la víctima experimenta sentimientos de angustia y miedo. La psicóloga Antonella Fabiano explica para El Diario que se trata de una conducta en la que sus principales características son la duración en el tiempo, es una práctica que ocurre más de una vez y el desequilibrio en el poder. Sobre este último punto la especialista señala que el agresor utiliza este poder (familiar, social, laboral, psicológico) para ejercer control sobre la víctima. 

Existen muchos tipos de acoso: el acoso escolar, laboral, psicológico y sexual. En el caso del acoso sexual, la psicóloga destaca que las mujeres y niñas son las principales víctimas. 

Acoso sexual

La especialista define el acoso sexual como conductas coercitivas de naturaleza sexual, ya sea verbal o física, que no es deseada por la víctima. Explica que este comportamiento tiene relación con la violencia de género. Al igual que los demás tipos de acoso, este tiene variables. Puede empezar con gestos, aproximaciones tocamientos y que puede generar incluso la violación.

“Por él me siento acosada de una forma denigrante, siento el sadismo en la forma en que me mira y en los gestos que hace con la boca. Es muy desagradable. Es una persona que disfruta de mostrarme o incitarme a hacer cosas de tipo sexual”, expresa Rodríguez. 

Para la estudiante universitaria el hecho de que a este hombre no le importe la relación familiar que tienen y que le haga gestos o comentarios de tipo sexual es algo que le parece perturbador. Aclara que no ha ocurrido una situación más grave, pero el miedo y el rechazo siempre está presente. Ella tomó el valor de contarle a su papá lo ocurrido, sin embargo no ha encontrado la forma de comentarle a su tía las acciones de su esposo. 

Mujeres, las principales víctimas

En una encuesta realizada en la cuenta de Twitter de El Diario se le preguntó a las mujeres si habían experimentado algún tipo de acoso en las calles o dentro de su círculo familiar. Un total de 265 personas respondieron. 42% de las encuestadas afirmó haber sido víctima de acoso, 46% señaló no haber sufrido de esa conducta, mientras que 11% respondió que no le importa esta situación.

La Universidad Complutense de Madrid realizó en el año 2018 un trabajo de investigación sobre acoso sexual. Entre los resultados obtenidos, de una encuesta aplicada a 21.500 personas, se pudo conocer que 59,4% (7.077) de las mujeres afirman haber sido víctimas de acoso sexual, mientras que en el caso de los hombres se regitró una cifra de 14% (768). Este estudio reveló también que 88% de los agresores son hombres. 

La psicóloga Antonella Fabiano destaca que en el caso del acoso sexual las mujeres y niñas son las principales víctimas. Explica que esto se debe a que la sociedad continúa siendo patriarcal, lo que significa que el machismo o el poder que ejerce el hombre sobre la mujer todavía se mantiene. Señala que existe mayor posibilidad de que ocurra en entornos familiares o conocidos por la víctima. En ese sentido, la especialista hace hincapié en la vulnerabilidad de los niños ante este tipo de acoso. 

“Si en el acoso hay un desequilibrio en términos de poder, se puede entender que los niños son más vulnerables a sufrir acoso de tipo sexual”, comenta. 

Acoso a corta edad 

Andrea Semprún* vivió de cerca el acoso sexual cuando ella tenía 14 años de edad y su agresor 30 años de edad, aproximadamente. El hombre vivía en el mismo edificio que ella, por lo que era muy común toparse con él frecuentemente. Sin embargo, él la seguía constantemente cuando salía al colegio o regresaba a su casa y también le hacía comentarios constantes sobre su físico. A Semprún le pareció rara esa actitud, pero desconocía que se trataba de un comportamiento acosador. Una tarde regresaba del colegio y al llegar a su edificio se dio cuenta de que el hombre venía detrás de ella. 

Estábamos los dos esperando el ascensor y había dos señoras al otro extremo del pasillo conversando. De un momento a otro me jaló por el brazo y me arrinconó en una esquina. Me asusté mucho, pero no me salía la voz para gritar. Quedé como petrificada. Se me acercó a la cara como queriéndome decir algo, yo no entendía lo que pasaba. Luego de unos segundos de silencio me dijo: ‘Tú a mí me gustas, quiero salir contigo. Tú ya eres grande, no le vayas a decir a tus papás’. El pánico me inmovilizó pero no sé de donde saqué la fuerza para moverme bruscamente y tratar de quitármelo de encima”, relata Semprún.

El ascensor llegó y el hombre se subió. Ella prefirió esperar mientras recuperaba la calma. Las dos señoras, que habían visto todo, se le acercaron para preguntarle si estaba bien. El miedo en ella se mantuvo, las palabras seguían sin salir y no quería abordar sola el ascensor porque no sabía si se volvería a topar con él. Las mujeres la acompañaron hasta su casa. Al entrar la invadió el llanto y rápidamente le contó a sus padres lo ocurrido. Al día siguiente denunciaron al hombre por acoso ante la Fiscalía. 

“Me daba miedo caminar sola. Mi papá salía temprano del trabajo para buscarme al colegio y acompañarme hasta la casa. Yo estudiaba a tres cuadras de mi casa pero el pánico de encontrarme con ese hombre se hacía presente en cada uno de mis pasos”, comenta. 

Acoso en las calles

La psicóloga Antonella Fabiano señala que el acoso no necesariamente se tiene que dar en entornos conocidos,  puesto que existen casos en el que el agresor se vale del anonimato para infringir temor y hostigar a sus víctimas. Esto puede darse mediante el ciberacoso o en las calles. 

María Cedeño* ha experimentado varias situaciones de acoso mientras camina por las calles de Caracas. En una ocasión sintió verdadero temor, por lo que tuvo que refugiarse en un local comercial cercano. 

“Estoy saliendo de la estación de Metro de Chacao y camino con dirección al Centro Comercial San Ignacio. De la nada un tipo en una moto me comienza a decir cosas e improperios. Yo no lo conocía, pero esta persona en su moto me siguió cuadra y media mientras me decía cosas asquerosas sobre mi cuerpo. Me puse muy incómoda y realmente me dio mucho miedo”, narra. 

Cedeño aseguró que no es justo que las mujeres deban experimentar este tipo de situaciones en las calles, las cuales “rompen la barrera del espacio personal”. Cedeño optó por utilizar prendas de ropa muy conservadoras y que cubran gran parte de su cuerpo porque no quiere sentirse incómoda ante comentarios inapropiados en la calle. 

Consecuencias psicológicas 

El acoso sexual, o en sus demás variantes, puede generar consecuencias psicológicas para las víctimas. La psicóloga Antonella Fabiano explica varias de estas consecuencias: 

  • Miedo: La víctima siente temor de ser acosada nuevamente o de encontrarse con el agresor. 
  • Ansiedad: Esto se debe a que es muy difícil para la víctima afrontar estas agresiones porque percibe que no tiene las capacidades para lidiar con esta situación. Además, señala la especialista, es posible desarrollar fobias. 
  • Depresión: La persona sometida al acoso se ve desmoralizada, merma su autoestima y presenta una carga importante de culpa. 
  • Suicidio: La depresión causada por el acoso podría desencadenar el suicidio, siendo este la consecuencia más grave.

“La sociedad tenía la concepción o la idea de que la violencia o el maltrato era visible”, explica la especialista quien precisa que esta agresión puede desencadenar en acciones más graves, por lo que forma parte del ciclo de violencia. 

La violencia tiene muchas caras y disfraces. La agresión a una persona se puede dar de diferentes maneras, desde el abuso psicológico, el acoso y la agresión física. Las mujeres son víctimas de violencia, en muchos casos, por cuestiones de género. Tener conocimiento sobre las acciones o actitudes que representan una agresión es fundamental para detener el ciclo de violencia.  

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