• Ricardo del Bufalo entrevistó al humorista, historiador, politólogo y escritor venezolano para El Diario. Laureano Márquez explicó las características de su charla el 10 de octubre para TEDxCaracas y, además, dio perspectivas sobre la importancia del humor en el contexto venezolano. Foto: J.J Blanco

En el libro VII de La República de Platón, -uno de los filósofos más importantes para el pensamiento occidental-, se presenta la alegoría de la caverna. Un relato que establece las diferencias entre el mundo sensible, intervenido por la futilidad de los sentidos, y el mundo inteligible, atado al conocimiento. La verdad para estos hombres encadenados nacía de las sombras, de un reflejo y una simulación. Es solamente cuando uno de ellos sale de la cueva cuando el mundo real se muestra en toda su verdad. Laureano Márquez, comediante e historiador venezolano, utilizará esta alegoría para encaminar su charla en la edición de TEDxCaracas desde Tenerife, España, el 10 de octubre. En los recovecos de una cueva grabará el argumento del humor como medio para encontrar la luz del conocimiento entre las tinieblas de la ignorancia. 

Las referencias marcan el ritmo de la conversación entre Ricardo del Búfalo, en representación de El Diario, y Laureano Márquez. Un hombre que se caracteriza por su “humor inteligente”. Para él toda  forma de satirización mantiene un nivel intelectual impoluto. La verdad y la realidad pueden tornarse con la seriedad de lo inamovible. Incluso, comenta Márquez, entre risas los humoristas son personas “patéticamente serias”. Aquel que maneja el humor como medio de expresión encuentra la vida como un ámbito serio y su ficción, escrita bajo las máximas del chiste, pretende esclarecer las complicaciones de la existencia. Ante los gobernantes burlones se encuentra el humorista serio que lo mira a la cara y con irreverencia responde. 

Hay que ser irreverente con las personas odiables, mostrar su desnudez. Eso no necesariamente significa faltarle el respeto”, agrega.

Claro está, en los últimos años la reacción de la población ante el conocido “humor negro” se mantiene expectante y a la defensiva. Son categorías irreconocibles y, por ende, causan rechazo entre los defensores de la “buena moral”. Para Laureano el humorista encuentra su propio límite y el humor, como ningún otro medio expresivo, debe estar en la trinchera de los débiles para ser escudo y espada lingüística ante la injusticia. “El humor, al final, como decía José Ignacio Cabrujas, es un extraño acto de amor”. 

Un ejemplo de lo dicho por Cabrujas podría ser la trama del libro El nombre de la rosa, escrito por Umberto Eco. En el contexto sincrético de la Edad Media, en el siglo XIV, un fraile franciscano llamado Guillermo de Baskerville investiga la muerte de algunos monjes en un abadía en el norte de Italia. El conocimiento estaba clausurado a los copistas del monasterio y, entre ellos, se escondía de la vida externa un texto considerado hereje y perdido: la segunda parte de La Poética de Aristóteles. El bibliotecario Jorge de Burgos guarda ese libro donde el filósofo griego habla de la comedia y presenta a la risa como irrupción ante el aparato de la sociedad. Es el humor, en los niveles de la novela, un factor de reconocimiento y reflexión desde la esencia humana.

Márquez es un hombre que lleva consigo un morral de referencias. Lecturas constantes, dichos y dicharacheros, anécdotas históricas y mitológicas de la identidad venezolana. Cada uno de estos matices del discurso permite entrever, primeramente, la capacidad de su oratoria y, segundo, remite a una reflexión sobre la forma de ser. En su charla TEDxCaracas, que se realizará  de forma virtual debido a la pandemia, presentará al oficio de su vida, el que reconoce desde el principio, como el fuego prometeico de la conciencia en los momentos confusos. 

Reflexionaba sobre Quino y una de las cosas que mencionaba es que, justamente, para lo que nos sirve el humor es para enfrentar a los guardianes de la verdad. La verdad del humor es hacer que la gente piense y encuentre su propio camino. La finalidad del mismo es que el mundo sea noble”, dice.

Por eso mismo la alegoría de la caverna permite presentar al humor como una verdad que limpia los rastrojos del camino para que el individuo, enceguecido por la maleza, sea capaz de ver el mundo en su complejidad y encontrar su lugar junto al otro. Es un ápice para la comunidad. 

El humor contra los poderosos

El chiste de los poderosos se transforma en burla. Por eso mismo, para Laureano, el humor solo puede defender las causas justas y está a la mano derecha del débil. Es un arma de palabras, de inteligencia y sagacidad que permite, de alguna manera, responder con el mazo del simbolismo ante la bota militar que atosiga. El verdadero humor nunca estará del lado del poderoso.

Mucho menos cuando el poderoso es arbitrario, cruel, autoritario e inhumano. Hacer humor en defensa de la ausencia de humanidad es un acto de crueldad, no es un acto de humor. Incluso, podría decir, que es un acto de burla. No es divertido que el que pisotea, encima lo agreda con la burla. Del débil hacia el fuerte hay humor y del fuerte hacia el débil hay burla”, comenta.

La reflexión viene después de que del Búfalo pregunta sobre la ausencia de humoristas en las filas ideológicas del oficialismo. El Estado supo manejar todas las formas de expresión artística como armas en la lucha de los símbolos, pero el humor, aunque tuvo alguna incidencia, se le hizo esquivo. Esto para Laureano ocurre porque la burla, al fin y al cabo, es gracia de la vida y, por ende, muere en el intento del poderoso. 

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Por eso los límites del humor pueden difuminarse de alguna manera. Incluso, cuando en el contexto postmoderno, existe la multiplicidad de contrarios. “Las redes nos da la potestad de coñacear a distancia y nos estamos volviendo cada vez más violentos”. Siempre habrá alguien que insulte bajo la mascarada de la red social. Esto, para Laureano Márquez, ha provocado un conflicto circular que pareciera no detenerse.

La polarización extrema termina transformando a los individuos en hombres encerrados en la caverna de su propia ideología. “Nos gusta darle un coñazo a alguien y se lo damos por las redes. Hay mucho insulto y poco argumento”. El conflicto de las elecciones en Estados Unidos es una muestra de ello. Dos esquinas enfrentadas constantemente sin, siquiera, tener una verdadera influencia en lo que ocurre en ese proceso electoral. 

Yo celebro que Trump acorrale a los que nos acorralan, pero también me doy cuenta de que tiene rasgos que no me gustan. Yo no conozco a Biden ni lo apoyo. Yo he llegado a una conclusión en política que me está empezando a asustar: yo solo veo malos y menos malos. No hay nada bueno. Me parece que la política ha perdido estatura ética”, puntualiza.

Hay radicalismos que se alimentan de la diferencia y, al final, encuentran paridades en las formas de enfrentamiento. En este caso Laureano se remite a España, su lugar de residencia, y al surgimiento de una separación política en el país, entre unos y otros, los socialistas y los conservadores. Dicotomías que parecieran ser obsoletas, pero que cada cierto tiempo reviven. 

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«El tema con los radicalismos es que uno alimenta al otro. El principal aliado de VOX, el partido conocido como de ultraderecha, es el partido socialista y Podemos. Es decir, ellos se estimulan día a día para que VOX suba y, de esta manera, dividir la derecha española entre la extrema y la centrista”, analiza.

La idea de la necesidad radical ha modificado, para Laureano, la ética política. Un buen político no busca el enfrentamiento, sino que, al contrario, busca la comunidad de todos los seres. “Creo que el mundo ha funcionado cuando los políticos han sido inteligentes y éticos. Cuando han sido capaces de poner las exigencias del colectivo por encima de sus aspiraciones personales”.

La reflexión latente sobre Venezuela

“Yo no puedo desprenderme de Venezuela porque me agobia mucho y veo las cosas venir mal”. El destino es un sitio desconocido que se construye, a duras penas, con las especulaciones de la ficción. Para Laureano los años venideros en Venezuela se ven más oscuros que claros. Sobre todo por la fragmentación de la oposición y la fuerza del régimen para mantenerse en el poder. Igual, por ahora, es una idea abstracta.

“¿Se necesitaría un pacto entre oficialismo y oposición para lograr la transición?”, pregunta del Bufalo. En ese instante Laureano Márquez, que había recordado las características de la democratización española, responde: “la diferencia es que el pacto español fue entre caballeros”. 

Revisa su mochila de referencia y encuentra un dicho jocoso del comediante mexicano Cantinflas, en el cual expone una verdad irrebatible para el contexto venezolano: “hablamos como caballeros o hablamos como lo que somos”. Un régimen acusado de crímenes de lesa humanidad solo es capaz de hablar como lo que es. Esto dificulta para Laureano cualquier tipo de acuerdo transicional. Un delincuente no podrá hacer un acuerdo de caballeros. 

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Ahora, desde Tenerife, España, mantiene un dolor constante por Venezuela. Busca en sus reflexiones, textos, análisis y presentaciones poner su granito de arena desde el ámbito que conoce: la palabra. “¿Qué puedo hacer yo? Llegué a la conclusión de que lo que puedo hacer es utilizar mi recurso que es la fuerza de la palabra. Utilizarla para darle esperanza a la gente y ayudarla a reflexionar sobre su destino y actúe sobre él. Para difundir lo que está pasando en Venezuela”. 

Para sintetizar la presencia emocional del país de origen Laureano Márquez recuerda una anécdota familiar: su abuela paterna sufrió la muerte de un hijo joven. Entonces, para, quizás, apaciguar el dolor de la perdida ella decidió tener un horario para llorar. Todos los días de 3:00 pm a 5:00 pm lloraba inconsolablemente. Él no tiene horario como su abuela, pero sí mantiene, como una llaga abierta, el pesar de estar lejos de su gente y de su casa. 

Hace poco probó una hallaca en el mercado Santa Cruz de Tenerife. Fue un retorno a su niñez y a la señora, que con sazón andina, preparaba las hallacas en su casa de inmigrantes españoles. Además, en ese platillo navideño se mezcla la historia del mundo a través del matiz venezolano. Cada ingrediente es un signo de nuestra naturaleza mestiza y, como diría el poeta Aquiles Nazoa, “¡Oh divinas hallacas,/ aunque os tenga más de uno por dañinas,/ yo os quiero porque habláis de una Caracas/ de la que ya no quedan ni las ruinas!”.

“Bendito sea que llegue a cada uno de nuestros paisanos una hallaca”, exclama Márquez. 

El futuro es incierto, pero, igualmente, nos quedamos a la espera del estado de indignación global y generalizado. Aquel que sucede espontáneamente, como comenta Laureano; que no se puede convocar y no tiene fecha ni horario. Por los momentos, a través del poder de la palabra, él estará presente en una charla donde el humor “no hará liebres y correremos”. 

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