• El Practicante es un thriller psicológico que se estrenó recientemente en la plataforma de streaming. Con la actuación de Mario Casas y la dirección general de Carles Torras, la película se posicionó entre lo más visto en septiembre de 2020

Han pasado 12 años desde que Juan Sebastián Vásquez dejó Caracas, tenía 27 años de edad cuando viajó a España para especializarse en dirección de fotografía. Aunque su intención siempre fue volver a Venezuela, decidió quedarse en Barcelona pese a su condición de inmigrante. En septiembre de 2020 se estrenó la película El Practicante, donde Vásquez es director de fotografía; horas después el largometraje estaba en el top de lo más visto en Netflix. 

“Yo estaba de viaje cuando me llama Carles Torras y me dice: ‘Mario Casas dijo que sí y Netflix entró’. El Practicante era un proyecto que ya veníamos hablando hace varios meses, empezamos a rodar en septiembre, cancelé todo mi viaje, volví a Barcelona y empezamos a preparar el largometraje. Cobró vida muy rápido, y nada… ya pasó un año desde que sucedió aquella llamada”, narró Vásquez en una entrevista exclusiva para El Diario.

El practicante | Netflix

En este thriller psicológico, un paramédico acosador se obsesiona con su pareja y comete todo tipo de vilezas para lograr su cometido. Bajo la dirección de Carles Torras, los actores Mario Casas y Déborah François le dan vida a una historia perversa, inmersa en una atmósfera cruel y angustiante. 

“El principio fue muy duro”

Era el año 2008, España atravesaba la primera crisis económica del siglo y junto a esta recesión llegó Juan Sebastián Vásquez a Barcelona. 

“La crisis y yo llegamos en el mismo avión.  Fue muy duro porque salí de la escuela y no había trabajo, estaba todo parado. En 2009, cuando ya estaba muy avanzada la crisis, me dí cuenta de que no había oportunidad de trabajo en mi área. Además, yo soy venezolano, sin pasaporte ni nacionalidad europea y eso complicó mucho más mi situación”, detalló. 

Vásquez hizo mudanzas y otros oficios que no estaban relacionados con el área audiovisual para poder pagar las cuentas. En su tiempo libre trabajó en producciones donde nadie cobraba, en ellas conoció a colegas y sumó experiencias a su currículo cinematográfico.    

A veces uno tiende a hacerse fantasías de cómo va a ser la experiencia en algún lugar, puede que te vaya bien o que te lleves muchos portazos en la cara. La verdad es que al principio fue muy duro”.

Luego de graduarse en la primera promoción en Comunicación Social de la Universidad Monteávila en Caracas (1999-2004), Vásquez comenzó a dar clases en la misma institución. Paralelamente consiguió un empleo en HBO, donde su trabajo consistía en ver películas para luego editar tráilers que eran transmitidos en la cadena de televisión. En 2008 se fue a Barcelona. 

“Yo quería tener una experiencia fuera de Venezuela, era una forma de probarme a mí mismo en unas condiciones fuera de casa, jugando fuera de casa, y que al parecer ha dado resultados”, contó el cineasta. 

Pintar cuadros que se mueven 

Imágenes de El Practicante

Su acento es algo peculiar, tiene rasgos y palabras caraqueñas entremezclados con un tono característico español. Tomó parte de su tiempo para conversar en una hora neutral entre Venezuela y España, contesta, se presenta y pregunta qué temas se tocarán en la entrevista. Luego de un par de minutos, inicia la conversación sobre su vida, su carrera y El Practicante.

—¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el mundo del cine?

—Recuerdo que mis primeros pasos en el mundo del cine fueron con una cámara que tenía mi papá en la casa, era de fotografía análogica con la que empecé a tomar fotos. Estudié Comunicación Social porque para ese momento no había una oferta en Caracas que se pareciera a lo que estaba buscando. Aunque realmente no tenía claro lo que quería, yo entré en la universidad  porque quería escribir. Ya en el colegio escribía cuentos y poesías. 

¿Por qué especializarse en dirección de fotografía y no en otra área del cine? ¿Qué fue lo que te motivó a inclinarte por ese campo en específico? 

—Yo creo que es una forma también de contar historias. Hay gente que es capaz de narrarlas con una guitarra, gente que es capaz de expresarlas con un texto y estamos los que somos capaces de contarla con una cámara. Hay una voz que narra la historia, que es el director, que te guía hacia donde ir, pero tú también tienes los recursos para ir pintando esa historia;  eso me resulta apasionante.

Básicamente es como pintar cuadros que se mueven y para mí es algo único: poder entender las historias de otras personas y enseñarlas a través de mi punto de vista. Cada película y cada proyecto es diferente. No me vería haciendo otra cosa.

—Por lo que me cuentas, hay dos factores que han influido directamente en lo que eres hoy: tu padre y tus estudios en la Universidad Monteávila

—Cuando estudié en la Monteávila pude comenzar a poner en el mismo lugar esa pasión por escribir con la del cine. Con el tiempo me di cuenta de que me aburría en una sala de post producción y me lancé a perseguir estar en el set de grabación. Fue entonces cuando uní esa pasión por la fotografía que tenía mi padre con lo que yo tengo en el ámbito audiovisual, eso me llevó a descubrir lo que era realmente la dirección de fotografía.

Universidad Monteávila

Tuve la suerte de conocer a Gyula David, es un director de fotografía húngaro que lleva muchísimos años en Venezuela, y me invitó de la forma más desinteresada a aprender. Yo le dije un día: “Oye, me gusta la dirección de fotografía y quiero aprender”. Me dijo: “Cada vez que yo tenga un rodaje te invito y así aprendes”. Me tocó la suerte de haber tenido a ese señor como un primer profesor de fotografía. 

—Luego fuiste profesor de la Monteávila cuando paralelamente trabajabas en HBO…

—Me gradué con 23 años de edad y me ofrecieron la oportunidad de dar clases en Producción de Imagen, creo que es el momento en el que más me he formado. Es una gran responsabilidad transmitir todo el conocimiento que tienes (y el que no tienes) a una jauría de alumnos sedienta de conocimientos, eso me obligó a formarme cada año muchísimo más. Fueron cuatro años de una experiencia increíble.       

En mi trabajo con HBO, aunque no tenía mucha relación con la fotografía, tenía que ver muchas veces una misma película para sacar las mejores escenas, eso te permite descubrir trucos, y ver cosas que se repiten en varias películas y en distintos directores. Durante esos años creció mucho mi curiosidad por saber cómo se hacen las películas antes de pasar a un set.

Sus inicios en el cine español 

¿Por qué España? ¿Por qué la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Catalunya (Escac)?

—Me gusta mucho el área académica, aunque creo que cada persona puede formarse de cualquier manera, me atraía la propuesta que tenía la Escac, que era poder venir dos veces por semana a rodar, hacer ensayo y error, buscar a través de la práctica un estilo de fotografía.

Escac, España

Fue un momento importante para conocer a mucha gente y para ver otro tipo de cine. Sobre todo porque en Venezuela tenemos muchas influencias del cine de Estados Unidos, en Europa se me abrió la mente y pude ver cosas diferentes. Aquí hay mucha más cercanía con el cine francés, italiano y el cine alternativo español, que por lo menos, en mi caso, no lo tenía a la mano cuando vivía en Caracas. 

—Terminas tu periodo en la Escac, debes hacer varios oficios y al mismo tiempo trabajar gratis en tu área. Leo que llegaste a una productora que se llama  Zabriskie-Films, la misma que produjo El Practicante   

Sí, de esos rodajes gratis, después de conocer gente  empecé a llamar y enviar mensajes a las personas, a decirles: “Para lo que necesiten, aquí estoy”. Claro, en un principio cuando tú llegas a un lugar no conoces a nadie, es imposible levantar un teléfono, llamar a un amigo y decir: “Oye, ¿conoces a alguien que necesite a un fotógrafo?”, es imposible hacer eso. 

Fui conociendo colegas y, poco a poco, un rodaje llevó a otro rodaje; al final conocí y entré a una película que se llama Open 24, que es de Zabriskie-Films. Entré como Gaffer, es decir, trabajaba para el director de fotografía con la iluminación. Te explico, el departamento de fotografía tiene tres divisiones a su cargo: la cámara, la iluminación y otro es el de rigging, que es algo muy técnico. 

Foto: Callback

Fue en ese rodaje que conocí al director Carles Torras, tuvimos una muy buena relación  y cuando él fue a hacer la película Callback, en 2014, me llamó para que hiciera la fotografía. Callback ganó Mejor Película, Mejor Guion y Mejor Actor en el  Festival de Málaga en 2016.  Y bueno, nos fue muy bien.

—Veo que tienes experiencia en publicidad y videoclips, me gustó mucho un videoclip que se titula «Hormiga», del grupo Recordatorio…
—Sí, esa fue una época en la que montamos un estudio con un amigo venezolano, se llama Adolfo Bueno, e hicimos muchas cosas de stop motion (nos apasionaba muchísimo). Eran aquellas épocas en que trabajábamos en lo que podíamos y después nos juntábamos para hacer cosas que nos gustaran, casi como hobbies. Acabamos haciendo varias cosas interesantes, una de esas cosas fue el videoclip “Hormiga” para Recordatorio.   

“Uno de los retos fue hacer ver a Mario desagradable”  

—¿Imaginaste el éxito que ha tenido El Practicante en Netflix?

—Realmente yo pensé que iba a ser un éxito muy grande en España, creo que pensaba en algunos países de Latinoamérica en los que seguramente le iba ir bien. Pero cuando vi que éramos número dos en todo el mundo, la verdad es que me emocioné. Quería que eso pasara, pero no me imaginaba que iba a pasar y que, además, iba a suceder tan rápido. 

Siempre que trabajas en un proyecto tienes la ilusión y, a la vez, tienes el miedo de que se vea en todas partes. Esa sensación ambigua ocurre porque si lo ve todo el mundo y es un trabajo que no gusta, pues, todo el mundo se entera de que no gustó. 

—En la película destaca una atmósfera opresiva, es muy angustiante todo en ella. ¿Cómo es ese trabajo de preproducción, producción y post producción para lograr ese efecto visual con El Practicante? ¿Cómo es ese trabajo individual y luego con el director y todo su equipo?

—Cuando estás en un proyecto audiovisual lo primero que debes hacer es leerte el guion, este te transmite una serie de sensaciones; es decir, leer una frase o un párrafo y decir:  “esto me recuerda a tal sensación de invierno en la que no hay luz. Esto me recuerda a un apartamento viejo en el que he estado y que tenía las luces de tal color”. Apuntar esas sensaciones y luego hablar con el director y empezar a decir: “La historia me llevó a esto, me cuenta esto”. 

Hay muchas cosas que debes tener en cuenta cuando haces la fotografía de una película: la cámara, la altura de la cámara, el tipo de lente que selecciona (si es un gran angular o un teleobjetivo), si la cámara se mueve o no se mueve. 

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con un elenco en donde están  Mario Casas y Deborah François? De Déborah me gustó mucho su trabajo en L’enfant (El niño, año 2005), película de los hermanos Dardenne

—Es muy cómodo cuando trabajas con esta calidad de actores, también tienes muchas cosas ganadas en el sentido de que son personas que pueden integrar a su interpretación cosas muy mecánicas que tienen que ver con la fotografía. Por ejemplo, que caminen y se paren en un punto específico o que miren a la derecha porque es donde está la luz; son cosas que parecen una tontería, pero que facilitan el trabajo. 

A Deborah ya la había visto actuar en L’enfant y fue un gustazo trabajar con ella. Con Mario Casas me encantaba la idea de tener que trabajar un papel en el que él tenía que hacer un cambio físico, distinto a los personajes que ha trabajado en los últimos años. Uno de los retos fue hacer ver a Mario desagradable, porque Mario Casas por donde lo mires es guapísimo (risas).

Bueno, ¿cómo hacemos para que este señor sea desagradable y no sea el papel de galán. 

Sobre todo por las entradas de la calvicie en el personaje de Mario…

—Yo decía durante el rodaje que la calvicie estaba inspirada en mi peinado, tengo el mismo peinado, pero mis entradas son naturales (risas). Fue muy difícil porque es una película en que Deborah y Mario dejaron que yo los maltratara a nivel de cámara y luz para poder sacar un poco la angustia de todas las situaciones.

El Practicante, de Netflix

Cómo saber cuándo debes parar y decir: “Ya logré lo que quería”.  ¿Cómo estar seguro de eso?

—Ahí viene la seguridad del director y Carles en eso es una persona con nervios de acero que sabe ver lo que quiere. A veces yo le decía: “Oye, mira, ¿si hacemos un plano más cerrado de esta situación también?”, y me respondía: “no, ya lo tengo”. Al final te das cuenta de que lo tenía muy, pero muy claro en todos los sentidos. 

¿Qué tanta libertad de creación tienes en tu rol de director de fotografía? ¿Hasta qué punto llega esa creatividad?

Todo depende mucho de la relación que haya con el director. Por ejemplo, hay directores con los que he trabajado que tienen muy claro exactamente cómo quieren la cámara; también he trabajado con otros directores como Arnau Segarra que no miran la cámara durante el rodaje. Se concentra en los actores y nos da total libertad. Arnau dice que se encuentra con cosas que él nunca ha visto cuando está montando la película en postproducción, y eso le gusta. 

También un director te llama porque conoce tu estilo. Con Carles Torras tengo muy buena relación y… bueno, que lo ha dicho él: a veces siente que le leo el pensamiento. 

Sobre Netflix y el cine venezolano

—Debo hacerte una pregunta, aunque reconozco que no es tu área . Me resulta difícil obviar el tema del cine venezolano en Netflix. ¿Por qué crees que no hay películas venezolanas (ni clásicos) en la plataforma? Dejo como ejemplo otros países de Latinoamérica que tienen “joyas” en la plataforma de streaming

—Mira, no sé, yo creo que hay muchos factores que influyen. Bueno, llevo 12 años aquí y estoy bastante alejado de lo que es el día a día de la producción venezolana. Creo que entran dinámicas desde económicas hasta socioculturales y de muchos intereses también.

Que las series y las películas españolas sean un éxito en Latinoamérica también tiene que ver con dinámicas de la colonia hasta nuestros días. Pero que Venezuela no esté, pues, no lo sé; yo creo que al final corresponde a una realidad económica. Me cuesta más trabajo atribuírselo a los creadores, técnicos y creativos del cine. Creo que es un asunto netamente económico.

Foto: IMDB

Cuando a las plataformas les interesa un tema puntual lo persiguen porque saben que va a tener público. Esto tampoco es diferente de los cines y de otras épocas de la realidad audiovisual venezolana. De lo que sí estoy seguro es que me he encontrado gente maravillosa que está aquí, al otro lado del mundo y en Venezuela haciendo cosas súper interesantes. Y bueno, de hecho, uno de los próximos proyectos es una película que he co-escrito con un compañero venezolano y que si todo sale bien la vamos a dirigir a principios del año que viene. 

—¿Arrival?

—Sí, Arrival, con Alejandro Rojas. Bueno, ahora se llama Upon Entry, porque  hay una película que se llama Arrival que se hizo muy famosa. Pero sí, lo está produciendo  Zabriskie Films.

Si fueras agregador de contenido de Netflix y te dieran la oportunidad de agregar tres películas venezolanas, ¿cuáles agregarías a la plataforma?

—Creo que Desde allá (2015) sería una película que tendría que estar. Araya (1959) es un documental que tienes que ver y rever, revisar y seguir viendo. También me gusta mucho el cine de Solveig Hoogesteijn, me encantaban las cosas que ella proponía.

Creo que Pelo Malo (2013) hace un retrato bastante interesante. A veces es complicado desde aquí acceder a cine venezolano, no puedo creer que en pleno 2020 sea difícil acceder a algún tipo de contenido, me cuesta trabajo creerlo y me da mucho dolor, me parece que hay algo allí que no está funcionando.

—¿Se puede vivir del cine? ¿Lo dudaste en algún momento?

—Bueno, el mundo del cine es un mundo en el que estás constantemente desempleado. Empiezas un proyecto y sabes que cuando termine estarás desempleado, es una incertidumbre total. 

Siempre se puede ir todo a la mierda, perdón; siempre se puede acabar todo de un momento a otro. Fíjate lo que ha pasado ahora con el tema del covid-19, rodajes que ya teníamos, ahora se han cancelado, aplazado, pospuesto, etcétera. Pero sí, sí se puede vivir del cine.  Estamos en un auge de contenido gracias a las plataformas de streaming y es el momento para vivir del cine. 

Hay que echarle un “cerro de pelotas”, yo llevo 12 años aquí y puedo decir que en los últimos dos años he podido recoger todo lo que he cosechado. El esfuerzo que ha sido emigrar sin conocer a nadie, sin tener papeles europeos, ni un millón de euros en la cuenta;  pero sí se puede.

Creo que solo hay que echarle pichón y estar dispuesto a ser un poco tonto, yo soy medio tonto, porque los años en que no estaba ganando nada de dinero ni haciendo audiovisuales yo todavía decía “sí se puede”; soy un poco iluso, pero sí… se puede vivir del cine. También se puede morir del cine, pero esa es otra historia. 

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