Rebeca era una persona insufrible. Nadie se resistía a su encanto. Hombres, mujeres, niños, animales. Los mortales ni siquiera le hacíamos sombra”, es como Beatrice de Winter define a su difunta cuñada. 

Imagínense lo fuerte que tiene que soplar el viento para girar en círculos y arrastrar consigo a todo lo que se le atraviese. Eso es un tornado. Y así era Rebeca de Winter. Durante su vida -y su muerte- arrastró a más de uno con ella, por la fuerza que tiene su personaje en la nueva película de Netflix. 

Rebeca de Winter murió ahogada en una tormenta. Un año después de su muerte es donde comienza esta historia: Rebeca, la nueva película dirigida por Ben Wheatley. La cinta se estrenó el 21 de octubre y es protagonizada por Lily James, Armie Hammer y Kristin Scott Thomas.

Wheatley ha dejado claro en ocasiones anteriores que esta película no es un remake de la que Alfred Hitchcock estrenó en 1940, sino una inspiración directa de la novela Rebeca de Daphne du Maurier, publicada en 1938.

Wheatley, en un video de Netflix sobre cómo convirtió el libro en película, explica que lo que más le atrajo de la historia es que parece una matrushka, una de esas muñecas rusas que están hechas para estar una dentro de otra, consiguiendo así varias capas de distintas historias.

“Tienes una película de horror que vive dentro de una película de suspenso, que a su vez están dentro de una película de romance”, explica el director. Wheatley agrega que según la autora “esta novela es un caso de estudio sobre los celos”. 

Advierto que esta versión está lejos de ser la mejor película del año y según expertos no se compara con la versión de Hitchcock. La crítica la considera débil en su intento de provocar fuertes emociones en la audiencia. 

Pero en mi opinión, es interesante ver cómo se sostiene la trama gracias a la habilidad de du Maurier de escribir una historia que gira entorno a una persona que nunca aparece en la pantalla. 

La historia es sobre Rebeca, pero a ella la conocemos a través de las personas que la rodearon en vida. Y esto solo podría ser posible gracias a un personaje tan magnético como la difunta Señora de Winter.

Tan absorbente -y asfixiante- es Rebeca que, a pesar de que nuestra percepción sobre ella cambia a medida de que avanza la historia, no podemos ignorar su presencia durante las dos horas de película.

Netflix

Una historia de amor: la pobre difunta Señora de Winter

La primera vez que escuchamos sobre Maxim de Winter (Armie Hammer) en la película, es descrito como “dueño de Manderley, una de las casas más elegantes de Inglaterra. Su esposa murió el año pasado y está desesperado por algún tipo de compañía”. 

Y como cualquier predecible historia de amor, el inocente y adorable personaje de Lily James se lanza a esta aventura de un amor de verano con el codiciado, joven y guapo viudo.

Paseos en la playa, excursiones en hermosos jardines, recorridos en auto por las calles de Mónaco hacen que este sea un viaje soñado para ambos. Y por supuesto, comenzaron a hablar sobre sus vidas.

Y la pregunta sobre Rebeca no tarda en aparecer. Pero cuando el personaje de Lily James pregunta por ella, Maxim calla y cambia de tema inmediatamente. 

“Pobre hombre”, pensaría cualquiera, “acaba de perder a su mujer, estuvo con ella en Mónaco para su luna de miel, quizás es muy pronto para que consiga un nuevo amor. Qué insensible ella preguntando por su difunta esposa”. 

Pero eso en vez de apartar a la chica del codiciado viudo, lo que hizo fue acercarla a él. Maxim de Winter siente que puede sonreír de nuevo después de un tormentoso año y es gracias a ella. 

Es aquí cuando nosotros como espectadores podemos sonreír. Por fin el pobre hombre ha podido parar de pensar en Rebeca. No porque nosotros no queremos que piense en ella, sino porque nos gustaría que encontrara el amor nuevamente.

Y suponemos que a Rebeca también le gustaría eso para él. ¿Qué buena esposa no quisiera eso para su amado? Mucho más sabiendo que “todos dicen que perdió la cabeza luego de que ella murió. Fue todo tan trágico y tan súbito”, como dice otro personaje de la película.

Muchas veces idealizamos el amor aunque no sea lo mejor. No porque no debamos, sino porque tenemos que entender que si bien la vida es simple, los humanos nos empeñamos en complicarla. Por lo tanto, estas cosas suelen “ser demasiado buenas para ser verdad”. 

Dicen que los primeros meses de una relación todo fluye a la perfección, imagínense esta que apenas había durado unos días, semanas cuando mucho. Se trata de una luna de miel donde los novios se conocieron en el viaje. Un romance de verano. 

Más de una historia hemos visto como esta y sabemos cómo terminan. El fantasma de Rebeca aparece como un pasado tormentoso que Maxim debe dejar atrás. El personaje de Lily James debe ser la luz que alumbre esa oscuridad que lo persigue. 

Nos da lástima que Maxim haya sufrido, pero no reparamos mucho en la influencia que el recuerdo de Rebeca tiene sobre él. ¿Para qué? Si el hombre ni siquiera quiere hablar de ella.

Para los guionistas y para du Marier, en este momento de la historia, no es importante que nos enfoquemos en Rebeca sino en el hermoso romance de Maxim y su nuevo amor. 

¿Por qué Maxim habría de pensar en una muerta cuando tiene a una mujer hermosa y viva delante de él? ¿Por qué debería interesarnos a nosotros lo que pasó con Rebeca, más allá de que afecta a Maxim?

El espectador sabe que cualquier historia tiene complicaciones. Y cuando estas están a punto de separar al personaje de Lily James y a Maxim, el Señor de Winter le pide que se convierta en su esposa. 

Este sería el final de una película de romance, pero es apenas el comienzo de esta. Y tanto Rebeca, como nosotros, estamos atentos a la siguiente etapa de la historia que está por comenzar.

Netflix

Una historia de suspenso: el fantasma de Rebeca, la difunta señora de Winter 

Con el “sí, acepto” del personaje de Lily James, ahora oficialmente hay una nueva señora de Winter en Manderley, la casa que durante años le ha pertenecido a la familia de Maxim. 

Y en esta conocemos al ama de llaves, la señora Danvers (Kristin Scott Thomas), que parece haber estado ahí desde que construyeron la casa hace 300 años. 

Con una sonrisa forzada, la señora Danvers recibe a la nueva Señora de Winter mientras le enseña la imponente casa. Y le señala un ala de la misma que está prohibida.

Esto también lo hemos visto antes. Una habitación suele estar prohibida porque en ella se esconde un secreto que, nosotros como público curioso, siempre queremos que nos cuenten.  

Ahora sí Rebeca está presente en toda la casa. En los cepillos, en los pañuelos, en las cartas. Todo tiene una R grabada. Y la nueva Señora de Winter comienza a asustarse cada vez que encuentra una nueva R.

Rebeca sonríe complacida, desde donde quiera que esté. El juego está en su territorio ahora. 

Una noche, después de un extraño acontecimiento con Maxim, su esposa le pide que le cuente de Rebeca. “Tú sabes todo de mí, puedes hablarme de ella… Yo no te guardo secretos”, le ruega.

La respuesta de Maxim es lo que cambia inmediatamente el tono de la historia: “Todo matrimonio tiene sus secretos”. La Señora de Winter no pudo dormir esa noche. Nosotros tampoco.

¿Por qué no confiar en ella si es su nueva esposa? ¿Qué tan terrible acontecimiento fue la muerte de Rebeca que Maxim no quiere contarle? ¿Es realmente duelo o está ocultando algo más oscuro que eso?

Ya no nos parece Maxim tan maravilloso, ¿cierto? Ahora estamos más que asustados por Rebeca. ¿Qué sucedió con ella, realmente? Antes no nos interesaba demasiado, ahora necesitamos saber la verdad. 

Nos ponemos del lado de las Señoras de Winter, preguntamos por la difunta y tememos por la nueva. No vaya a correr el mismo destino que su predecesora. 

Entendemos los cambios de códigos en la historia. Ya no es una historia de amor lo que estamos presenciando. Sigue siendo la misma pareja pero ahora es un suspenso que nos mantiene en el borde de nuestros asientos. Y no confiamos en nadie, excepto en la ingenua e ilusa nueva Señora de Winter.

Danvers, por otro lado, también parece sonreír divertida ante los nervios cada vez más frágiles de la nueva dueña de Manderley. La presiona recordándole que el legado de Rebeca sigue presente en esa casa, desde qué salsas se escogen para almorzar hasta los grandes eventos que allí se realizaban. 

La nueva Señora de Winter y nosotros nos preguntamos entonces si los consejos de Danvers y seguir los pasos de Rebeca son la mejor opción para sobrevivir a este misterio. 

Y luego de un perturbador descubrimiento de la nueva Señora de Winter, todos quedamos petrificados ante las palabras de la Señora Danvers: “Ella sigue aquí, ¿no la sientes?”.

Netflix

Una historia de celos: la pelea entre las dos señoras de Winter

Pero nos hierve la sangre con las siguientes palabras del ama de llaves: “Me pregunto qué estará sintiendo ella ahora viéndote, mientras le quitas a su marido y usas su nombre”.

¿Cómo se compite contra un fantasma? ¿Cómo evitar sentir celos de una persona que, luego de muerta, parece estar más viva que nunca? ¿Cómo se lucha contra el legado de alguien imposible de olvidar?

Todos hablan de Rebeca. Todos comparan a la nueva Señora de Winter con la difunta. La pobre chica no puede mencionarla frente a su esposo porque este se altera. 

La nueva Señora de Winter se está volviendo loca. De los celos. De la frustración. Del miedo. Y nosotros también. Queremos que ella salga de ahí, que huya y queme la casa si es necesario.

Ya no nos interesa saber qué pasó con Rebeca. Ahora agradecemos que se haya ahogado y nos preguntamos cómo puede seguir molestando tanto estando muerta. 

Y si Rebeca alguna vez los unió, ahora es la que ha apartado a Maxim de su nueva esposa. Él está a punto de darse por vencido, pero ella se quita la careta de niña ingenua y saca fuerza para ambos. 

“No vamos a dejar que ella gane”, le promete, con el mar que ahogó a Rebeca rugiendo de fondo. 

Rebeca, desde el más allá, se tomará esto como un reto. Y si algo recuerdan todos de ella, además de su abundante belleza y su aparente perfección, es que le encantaba jugar y siempre ganaba. 

Pero la nueva señora de Winter no la conoció en vida. 

La verdadera Rebeca 

“Nadie la conocía como yo”, confiesa Maxim de Winter. 

Nosotros, junto a su nueva esposa, entendemos que así como esta historia, las personas tienen capas. Como una matrushka rusa, vemos una sola cara pero en distintas proporciones. Una dentro de la otra, conocemos diferentes versiones de la misma persona.

Rebeca de Winter tenía muchas y cada una estaba dedicada a una persona distinta. Pero todas eran ella. 

Habría que reflexionar qué tanto nos parecemos a Rebeca en eso. No comparar sus caras con las nuestras, sino pensar en que cuántas versiones nuestras conocen las personas que nos rodean. ¿Hay alguna cara más reservada que otra? ¿Tenemos una que no le mostraríamos a nadie? 

En esta época de aparente perfección virtual y mostrar nuestra mejor versión en las redes, pero no necesariamente la más sincera, dos de los valores más apreciados por la gente son la autenticidad y la vulnerabilidad. 

La capacidad de ser los mismos en vida real y en redes sociales, o cuando estamos con distintos círculos de familiares y amistades, es más que aplaudida. 

Y la cualidad para demostrar que somos humanos se agradece. Una persona que parece ser perfecta en todo nos puede agradar, pero también planta en nosotros una duda: ¿en qué fallará esta persona? ¿Qué oscuro secreto tendrá? 

No se trata de ir mostrando nuestras heridas a cualquiera que se atraviese, pero sí tener la capacidad de mostrarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos, en todo momento. No pretender ser perfectos, o algo que no somos. 

Así, quién nos conozca, sabrá que somos personas, como la nueva Señora de Winter y no… lo que sea que haya sido Rebeca en vida.

Pero creo que ya sería hora de que todos la conozcan como Maxim de Winter lo hacía. 

Artículos relacionados del autor