• La banda caraqueña Desorden Público, una agrupación caracterizada por su talante crítico y su importancia social, dará un concierto en el corazón de Petare que será transmitido a través de una plataforma de streaming. El equipo de El Diario conversó con Horacio Blanco, vocalista de la banda, para conocer la producción y el objetivo del evento

Desorden Público es una banda que caracteriza la rudeza del asfalto caraqueño, nacida entre la impotencia de la juventud sin futuro y la altura de las torres de Parque Central, con la mirada puesta en las caminatas por el bulevar de Sabana Grande y en las grandes barriadas que se multiplicaban a los alrededores del valle. Durante 35 años ha sido representativa del ska y el rock venezolano y este año 2020, bajo las dificultades del contexto pandémico, decidió renovar la propuesta de los conciertos por streaming y hacerlo desde el centro de Petare, una de las zonas populares más conocidas del país. 

Horacio Blanco, vocalista de la banda, explica en exclusiva para El Diario que la idea de este concierto nace de una sucesión de coincidencias afortunadas. Desde el inicio de la pandemia la banda estuvo reacia a las presentaciones por streaming porque, ciertamente, es un formato que reduce al mínimo el contacto con el público y la sensación del grito “Desorden está en la calle”. Era necesario replantear el formato y ampliar las maneras de asimilar la experiencia del concierto. 

En ese instante, José Luís Chacín, conocido como Caplís y bajista de la banda, comentó sobre el trabajo social de un médico cercano en las barriadas de Petare. La organización se llama Zona de descarga y tiene como finalidad , entre otras cosas, establecer un canal cultural para los habitantes de sectores empobrecidos con altos niveles de violencia. A través de la proyección de películas, la lectura de cuenta-cuentos, entre otras actividades, buscan generar un cambio positivo. Desorden Público decidió conversar con ellos para ver si era posible una presentación en la platabanda de una casa donde, de acuerdo con Horacio, se congrega la mirada de los vecinos con la perspectiva de un teatro griego en las faldas de una montaña.

Nos dijeron que sí de manera inmediata. Fue una maravillosa coincidencia que al finalizar el año nos hayan abierto las puertas en ese lugar”, agrega Blanco.

El concierto será el 30 de diciembre de 2020 y será transmitido a través de la plataforma frolit.io. La entrada general tendrá un costo de dos dólares, pero la banda brindará contenido especial dividido en covers, videos musicales, presentaciones extras, entre otras propuestas, para los espectadores que decidan pagar el paquete premium que tiene un costo máximo de 19 dólares. Además, existe un formato llamado “entradas con propósito” que tiene como finalidad recaudar dinero, aparte de los gastos logísticos, para realizar una “hallacada” y la entrega de juguetes en las zonas aledañas al recinto del concierto. 

Nosotros estamos diseñando algunas entradas que llevan por nombre ‘entradas con propósito’: además de disfrutar el concierto y todo los extras, pueden ayudar dando un poco más de plata para hacer una hallacada en la comunidad. Es la entrada especial “hallacayo” y con ese juego de palabras también queremos que la comunidad reciba un beneficio. Sería maravilloso que podamos catalizar ese esfuerzo”, comenta Horacio.

El vocalista de Desorden Público es enfático en la naturaleza privada del evento. No existe ningún partido político detrás de esto. En cambio, todos son como paralíticos ante la pujanza de la población. La dirección del evento estará a cargo del cineasta venezolano Luis Carlos Hueck y la producción será una labor repartida entre Zona de descarga, Frolit, Desorden Público y Ana Díaz producciones. En el valle de balas, donde los silencios son interrumpidos por el chispazo de los cañones, es imperante visibilizar los espacios culturales y ampliarlos para evitar caer en la rutina de la violencia.

Horacio explica que la banda nunca había tocado en Petare y, por ende, esperan vivir un día intenso entre las escaleras extensas y las sonrisas resilientes del barrio. “No es solo llegar, tocar e irse; es llegar temprano, tocar en la mañana e integrarnos en distintas actividades con la comunidad y luego en la tarde comenzar a tocar hasta la noche”, dice.

El público digital, desde sus hogares y en cada rincón del mundo, podrá asimilarse con los cientos de espectadores que estarán presentes desde las platabandas de sus casas. Uno de los objetivos principales de la banda es lograr un formato innovador en las presentaciones virtuales y poder, de alguna manera, llevar la experiencia del concierto a un lugar novedoso que necesita presencia cultural para sosegar el recuerdo de las balas que retumban en el valle. 

Foto: cortesía

Por eso mismo, ante las fallas continuas de Internet y luz en el país, la solución ha sido la posibilidad de ver el concierto durante tres días: 30 y  31 de diciembre, y 1° de enero.“Honestamente, es la oportunidad que nosotros damos y también es cierto que es un evento que se transmitirá para el mundo entero y la idea es que se conecte la mayor cantidad de gente y que Internet no nos eche ‘una buena varilla’”, agrega. 

El año que nunca fue, según Desorden Público 

“Para nosotros la pandemia comenzó tocando fuera de Venezuela, en México. Justo cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo “planeta Tierra, guardense en su casa” nosotros estábamos tocando en un festival frente a 50.000 personas”. El mundo se detuvo y la vida comenzó a estar en peligro constante. La identidad de las ciudades se escondió en los hogares y las calles parecían sitios de oscura soledad. El regreso de la banda a Venezuela fue complicado porque las fronteras cerraron y los vuelos estaban detenidos. La confusión era parte del statu quo de los primeros meses porque, como explica Horacio, nadie enseña a vivir en medio de una pandemia. Ellos tampoco sabían y lo único seguro era que la vida sería diferente durante el transcurso de este año.

Foto: cortesía

Desorden Público dejó las calles inquietas de Caracas, con su caos identitario y su acabose, para inmiscuirse y aprender sobre el contacto a través de las redes sociales con todos sus fanáticos. “Ahí comenzamos la re-ingeniería del trabajo en redes sociales y ha sido una de las cosas provechosas que le sacamos a este 2020”. Horacio es claro con la modificación de la vida durante estos meses y las dificultades que se han creado, pero, al mismo tiempo, reconoce que desde el foso donde los bordes están marcados de oscuridad se puede dar el primer paso para renovarse. Ese ha sido el objetivo de la banda durante la pandemia y, además, durante la presencia constante de la crisis nacional. 

Desorden comenzó con un montón de dinámicas para establecer una comunicación directa con nuestra audiencia. Hicimos algunas por Zoom y cobramos entrada en un evento. La cosa funcionó muy bien. Fue parte de nuestro descubrimiento en 2020. Entendiendo que sí tenemos una audiencia interesada en los pasos de Desorden hicimos una campaña para lanzar en formato físico en álbum Canto Popular y fue una campaña exitosa”, explica.

La banda logró el lanzamiento del álbum en tres formatos: CD, vinilo y cassette. Además, la mercadería de Desorden Público creció en los últimos meses y se amplió a distintos países como México, Estados Unidos, Venezuela, entre otros, donde existen colaboradores que trabajan con la imagen de la banda para todos los fanáticos en el mundo. La realidad parecía detenerse y quedarse suspendida en la nebulosa de la incertidumbre, pero, incluso en la imagen de la estaticidad, la vida no deja de moverse y la banda supo hacerlo desde el desorden.

El 30 de diciembre se estrenará la canción “El año que nunca fue” durante el concierto. Para Horacio es un grito rabioso y desesperado de lo vivido en 2020, pero que, a su vez, mantiene un matiz esperanzador. “Es una letra que intenta reflejar un poco lo que todos hemos vivido: el encierro, el aburrimiento, la desesperación, pero también la reinvención. Mucha gente se ha visto en la necesidad de buscar nuevas maneras de hacer dinero y no volverse loco”, puntualiza. Es una canción que saca a Desorden de su zona de confort; quizás, como significante de lo caótico del año pandémico. Las proyecciones para el año que viene, comenta entre risas Horacio, son inciertas, pero la banda siempre tiene el dedo en el gatillo, preparada para disparar a punta de ska y rock en las tarimas del mundo. 

Por ahora, todas las miradas están puestas en las platabandas de Petare, lugar olvidado en la periferia hacia donde muchos no quieren voltear a ver y solo se quedan con la mirada de la violencia. El objetivo principal de la banda, además de volver a los escenarios de una forma innovadora, es visibilizar la idiosincrasia bienaventurada de una zona condenada a ser vista a través de las balas y los asesinatos. “La intención que perseguimos es que el resto pueda ver que en esta comunidad, que tiene muchos problemas, también hay un montón de gente sonriente, trabajadora, hospitalaria. Mostrar la otra cara de Petare será muy satisfactorio”.

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