• Con tapabocas, manos desinfectadas y distanciados con prudencia entre sí, los fieles católicos iniciaron la liturgia eclesiástica para recibir al Niño Jesús

“Yo soy el Señor, y no hay ningún otro; fuera de mí no hay Dios. Yo te fortaleceré, aunque no me has conocido”. Con estas palabras del profeta Isaías (45,5) el sacerdote Jhonatan González inició este miércoles 16 de diciembre la Novena de Misas de Aguinaldo que celebrará hasta el 24 de diciembre; en el Santuario Nuestra Señora de Coromoto, Parroquia San Alfonso María de Ligorio, ubicado en la urbanización Las Fuentes, El Paraíso (al suroeste de Caracas).

“Ofrezcamos la Novena de las Misas de Aguinaldo por este tiempo privilegiado. Es un tiempo dichoso que propicia que nos cuidemos entre nosotros, entre todos, que estemos cerca, que oremos. Estamos aprendiendo una nueva manera de vivir y así sea en estas condiciones tendremos Navidad, que es el nacimiento del Mesías”, dijo González. Sin dejar de subrayar durante toda la homilía que vivimos en una época de pandemia y que hay que respetar las normas de higiene, para evitar el contagio.

Muchas fueron las novedades registradas durante la liturgia, como parte de los protocolos de bioseguridad que deben cumplirse. Lo importante es que entre los fieles permaneció el espíritu festivo y de esperanza que trae la época de Adviento.

Para comenzar, la misa ya no se celebra a las 6:00 am. Comienza una hora después. Se les pide a los creyentes que lleguen con antelación para lograr cumplir con la logística: primero se organizan en una fila, donde se les toma la temperatura corporal y se les aplica gel antibacterial o alcohol, y luego son guiados hacia los bancos o reclinatorios.

Foto: Dalila Itriago

Si llegan solos, así mismo son ubicados. Si van con la familia, se les permite compartir juntos.  El contenido y orden de la misa es idéntico al de años anteriores. Sin embargo, a la hora de recibir la comunión, es el párroco quien llega hasta cada uno de los creyentes para entregarles la hostia consagrada en la mano; y no como sucedía antes, cuando los fieles iban hasta el altar y abrían la boca esperando lo que consideran es el cuerpo de Cristo.

Al momento de dar la paz no ocurrió el abrazo acostumbrado, solo reverencias cordiales entre los asistentes y sonrisas cubiertas por los tapabocas. La oración del Padre Nuestro fue más íntima. Cada uno la hizo desde donde estaba, sin juntarse ni agarrarse de las manos, como era usual. Tampoco se permitieron aglomeraciones alrededor del pesebre, para fotografías, y al momento de salir del templo, cada fila fue llamada por orden y ubicación. Por ejemplo: “Sale la fila 1, ala A. Luego, la fila 1, ala B”, y así.

Aguinaldos para recibir al Niño Dios

Lo que sí permaneció invariable fue el fervor y la fe. El cuatro, el furruco, las maracas y los tambores se escucharon afinadísimos. Todos acoplados para cantar aguinaldos típicos venezolanos como “Mi burrito sabanero”, “Niño Lindo”, “Corre Caballito”, “El Niño Jesús llanero”, y “Si acaso algún vecino”, entre otros, así como también para entonar los Gozos del Niño Dios y las canciones propias de las misas, como “Cordero de Dios”.

Este detalle de introducir parrandas durante la celebración eucarística es único en el mundo, pues la Iglesia no permite cantos durante las misas antes de la fecha del nacimiento de Jesús. Explican sacerdotes consultados por El Diario que se debe a una gracia del Papa León XIII, quien los aprobó. Algo que sólo ocurre de manera similar en Filipinas y en las Islas Canarias, España.

Foto: Dalila Itriago

Diana María Boada es la coordinadora del grupo musical apostólico Kerygma. Asiste a las Misas de Aguinaldo de la Parroquia la Coromoto desde que tenía 9 años de edad. En aquella época las misas eran todavía más temprano y ella iba con su abuela, su mamá y sus hermanos. La abuela murió, los hermanos no están en el país y su madre sale poco a la calle. A pesar de esto, no ha dejado de cantar. Cree que por su perseverancia y su compromiso, Dios la premió con su esposo, Yanit Sánchez, a quien conoció en la parroquia. Ahora participan juntos de las Novenas. Ambos cantan.

“Comencé cantando al ver a mi mamá, quien en Navidad agarraba su cuatro y empezaba a entonar aguinaldos. En la parroquia decían “Llegaron las Boadas y mi hermano se ponía bravo. Él decía que también cantaba. Luego crecimos y mis hermanos se mudaron. En mi caso, creo que fue en bachillerato cuando me involucré en los Ministerios de música y desde entonces acudo a las Novenas. Para mí son una muestra de fe y de perseverancia. El salvador del mundo está por nacer pero primero debe hacerlo en tu corazón y tú debes de convertirte en un multiplicador de ese mensaje”, apunta Boada para El Diario.

Esta docente de profesión siente que este año 2020 ha sido muy severo, de pruebas muy duras, y cree que precisamente por eso, la gente seguirá acudiendo a los templos para buscar avivar su fe.

A veces no ha habido electricidad e igual se hace la misa. A mí me ha tocado cantar sin micrófono y hemos comprobado que nada de esto nos detiene. ¡Cantamos para Dios! Es un momento de alabanza y a él no le importa si hay luz o no. Si yo canto bonito o no. Él mira lo que llevamos dentro de nuestros corazones, y es eso lo importante”.

Cambiar de mentalidad

El párroco Miguel Ángel Castro, segundo a bordo en esta parroquia, explicó que la idea de la secuencia de la Novena, y el contenido de cada una de las misas, es ir mostrando a los fieles toda la genealogía de Jesús, para que se vaya dando en ellos una especie de conversión.

¿Cómo se logra esto?, le preguntamos. Él responde: “La idea es que cuestionemos nuestra realidad y nuestra conducta frente a ella. Así comienza la concientización. Preguntándonos, a la luz del Señor, si hemos fallado o no. Después nos toca pedirle apoyo: llenarnos del espíritu de Dios, que es nuestra fuerza espiritual, y así empezamos a transitar un camino de discernimiento. Esto quizás no se logra en nueve días, pero al menos damos los primeros pasos”.

Otras de las excepciones concedidas a nuestro país es que, además de permitir que se cante El Gloria, los sacerdotes vistan de blanco y no de morado, como es el color litúrgico tradicional.

“Esto simboliza que Dios está presente en nuestras vidas. Que estamos llenos de alegría y gozo, y todo el ambiente navideño, más la decoración del pesebre y los cantos, busca que se profundice el encuentro con el Señor y la presencia de Jesús en nuestra vida”, dijo Castro. Quien a su vez ofrecerá la Novena de Misas de Aguinaldo en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, ubicada en el barrio Brisas del Paraíso de la Cota 905.

Foto: Dalila Itriago

Misas al aire libre en La Vega

El sacerdote jesuita Alfredo Infante, responsable de la Parroquia San Alberto Hurtado, ubicada en la parte alta de La Vega, también oficiará Novenas de Misas de Aguinaldo. En su caso tienen tres circuitos distintos y habrá misas en la madrugada y en la tarde, solo que estas celebraciones son de estilo itinerantes pues no cuentan con templos propios.

Tengo seis años viviendo en el sector y ahora vamos incluso a Las Torres, pero cuando llegué me decían que no fuera a los bloques y resulta que allí hay espacios hermosos donde la misma gente prepara las misas con antelación. En ese lugar el protagonismo lo tienen los niños, pues ellos son quienes cantan las parrandas y después empezamos a recorrer los patios”, apunta Infante.

Este miembro de la Compañía de Jesús explicó que para sus Novenas de Misas de Aguinaldo los jesuitas buscan concentrarse en la oración para fomentar el encuentro con Dios.

“La idea es crear un ambiente. Les pido que respiren, que tomen conciencia de sus actos, que se pregunten qué tienen en el corazón, que lo coloquen ante el Padre y esto, por supuesto, no puede ser algo automático. Busco introducir esta experiencia en la vida cotidiana y más que insistir en el pecado, los invito a escuchar el llamado a la reconciliación. Después de esto, de sentirnos reconocidos, agradecemos y para ello la palabra del Evangelio es fundamental”, explica Infante para El Diario.

Foto: Dalila Itriago

Si alrededor de la quinta parte de la población venezolana ha migrado, buscando una mejor calidad de vida, y además este año se caracterizó por el confinamiento como parte de los protocolos de bioseguridad por la pandemia, le preguntamos si aún habrá gente que vaya a las Novenas. Infante aseguró que ahora es cuando los fieles van con mayor puntualidad a la cita religiosa.

“El país no se ha desocupado y en casi todas las familias hay heridas. En este contexto, las misas son una gran medicina. Nos fortalecen, nos animan y nos van sanando. La participación de las personas en las misas ha aumentado. Hay una gran necesidad de encuentro con los demás desde la fe y aunque no nos podamos dar el abrazo de paz y tengamos que portar una mascarilla o un tapabocas, hemos descubierto la profundidad de una presencia en una simple mirada. En este tiempo de pandemia las personas han reflexionado mucho y si de algo estoy admiradísimo es de la calidad humana que hay aquí en el barrio. Esto es una mina de humanidad y particularmente a mí me sostiene el hecho de ser testigo de ello. Es un sustento espiritual”, añadió el párroco.

¿Pero cómo se explica que después de participar por años en las Novenas decembrinas, con devoción en cada uno de sus rezos, oraciones y cantos, veamos que el país pareciera caer en la más absoluta debacle, en vez de levantar cabeza?, le preguntamos al sacerdote y él nos advirtió del error de seguir creyendo en un Dios-Mago:

“Todavía tenemos esa ilusión de esperar a un Dios con varita mágica, pero él no actúa así. El espíritu de Dios actúa en el corazón humano y desde allí hace las transformaciones personales que, poco a poco, comenzarán a visibilizarse en el exterior. Hay que preguntarse cómo está el país, y luego preguntarse cómo estamos nosotros. ¿Somos acaso los mismos del año anterior? Además, recuerda que los pastores estaban a la intemperie y ellos escucharon a los ángeles. Así como los reyes magos que siguieron la luz. Se trata de que en medio de esta oscuridad contemplemos las estrellas y nos dejemos guiar por ellas. Que entendamos que solo hemos estado extraviados y no perdidos. Entonces, debemos recuperar la mirada, para descubrir nuestro camino. Dios solo puede dialogar contigo. La responsabilidad de transformar el entorno es tuya”, añadió.

Foto: Dalila Itriago

Las misas serán en toda Caracas

Armelim De Sousa, Vicario Episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Caracas, y párroco de la Basílica de Santa Teresa, informó que las Novenas de Misas de Aguinaldo de este año se realizarán en las 120 parroquias y 14 vicarías que hay en la ciudad capital. Dijo que estas responden a una exhortación del señor Cardenal Baltazar Porras, administrador apostólico de Caracas.

“En el mundo, la Navidad como tal es el día 24 de diciembre, cuando es la Noche Buena. Aquí en Venezuela se nos concedió un privilegio, entonces nosotros comenzamos a festejar desde el día 16 del mes, porque para el venezolano la Navidad es sinónimo de familia, parrandas, hallacas, aguinaldos y patinatas, entre tantas cosas bellas. Tanto así que si los ornamentos para la liturgia son morados, en nuestro país se estila que sean blancos porque nuestras navidades son sonoras y bonitas. Ellas hablan de lo que somos los venezolanos. El señor Cardenal nos pidió que realizáramos las Novenas porque si ya de por sí el año fue difícil imagínate que también le quitemos los cantos y las misas. Es como quitarle el alma a la gente”, dijo el sacerdote.

Explicó que incluso en el vecino país, Colombia, lo que se estila es que la familia se reúna y rece en su hogar, pero no que hagan las misas.

Luz Lirio Castillo agradeció al sacerdote por esta primera misa de la Novena. Dijo que esa homilía le había dado esperanza y consuelo, a pesar de la soledad que vive en la actualidad: “Nunca antes había estado en la bendición de un pesebre y fue algo muy bello. La santa Iglesia es como una familia para mí y ella me ha dado fe, fuerza y cobijo”.

De Sousa insistió en que aún y en medio de las circunstancias que atraviesa el país, los creyentes católicos tienen muchos deseos de celebrar el reencuentro eclesial en sus respectivas comunidades. “A pesar de todas las vicisitudes: la falta de transporte, la migración y la partida de sus seres queridos, la pandemia y las limitaciones económicas, la gente se conmueve y apenas uno agarra al Niño Jesús y lo levanta se ponen a llorar. Pero el mismo hecho de cantar juntos nos anima y ahí comprobamos la fe de la gente. Las Misas de Aguinaldo son como una brisa de aire fresco, donde nos decimos entre todos que no nos podemos echar a morir. La verdad es que la vida no espera por nadie y si nos paramos, nos pasan por encima. Se trata de buscar ese empujoncito en la Navidad, a través de la predicación”, concluyó.

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