• Los trabajadores de seguridad de La Universidad del Zulia (LUZ) fueron golpeados por un grupo de 30 delincuentes en el recinto estudiantil. El equipo de El Diario conversó con María Gabriela Retamosa y Estefany Moreno, integrantes del movimiento estudiantil, para conocer lo ocurrido ese día

Un grupo de 10 vigilantes camina todas las noches entre la oscuridad de las facultades en la Universidad del Zulia (LUZ) por la falta de iluminación eléctrica. El recorrido lo hacen juntos para protegerse entre sí o responder con severidad ante algún extraño que deambule por los pasillos vacíos.

La noche del pasado 7 de enero el equipo de cuidadores se encontraba en la facultad de Humanidades y Educación cuando escucharon el sonido seco de una serie de disparos. Ellos, ante el temor, se separaron para resguardarse, pero los delincuentes los persiguieron para encerrarlos en el edificio de Humanidades. Eran aproximadamente 30 personas que buscaban desmantelar el cableado de cobre de la universidad. Su respuesta, como era de esperarse, fue la violencia y los golpearon hasta el cansancio. Incluso, uno de los vigilantes, mientras forcejeaba con los delincuentes en defensa propia, fue lanzado desde el segundo piso. 

De acuerdo con la ONG Aula Abierta, los afectados en este ataque fueron atendidos por los bomberos de la ciudad de Maracaibo, estado Zulia. El relato de María Gabriela Retamosa, presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Veterinarias, se enfoca en el aumento de la delincuencia en el recinto universitario en el contexto pandémico. La soledad de los espacios, antes abarrotados de estudiantes, le permitió a los delincuentes la impunidad y facilidad para robar material académico. 

Foto: cortesía | Uno de los vigilantes afectados

Para Estefany Moreno, vicepresidenta adjunta del Centro de Estudiantes de LUZ, es imperante la presencia constante de las fuerzas policiales del Estado para evitar el infortunio de los robos en el campus universitario. “Desde que se decretó la cuarentena el movimiento estudiantil ha asistido a los cuerpos de seguridad del Estado para que nos apoyen con vigilancia y no hemos tenido respuesta alguna. Ellos van un día y luego no vuelven más. De verdad, nosotros pedimos la presencia de ellos en el recinto universitario”, agrega.

El Movimiento Estudiantil de LUZ, a su vez, ha conversado con la decana Judith Aular de Durán y el secretario del estado Zulia para sugerir un protocolo conjunto de seguridad para la universidad llamado “patrullaje de la zona”. Por los momentos, la reacción de las autoridades gubernamentales ha sido reacia. Moreno explica que, aunque después de cada robo la Policía Nacional Bolivariana (PNB) realiza algunos recorridos, la presencia del organismo de seguridad dura pocos días.

Nos estamos quedando sin universidad. Entrar a la LUZ era algo gratificante, hoy en día nos trae tristeza. Necesitamos que nos apoyen con el tema de seguridad. No tenemos iluminación en la universidad y está llena de maleza. Le pedimos a los entes gubernamentales que nos apoyen en este tema. La razón de ser de todos debe ser la universidad. Nuestra casa de estudio sufrió el robo número 50 el 7 de enero de 2021”, puntualiza Moreno.

Para los estudiantes de LUZ cada uno de los robos perpetrados en el último año son una muestra del deterioro social. La universidad es un lugar de conocimiento, investigación y, sobre todo, amparo de las nuevas generaciones. Cada atentado a ellas es un delito masivo para las comunidades. 

La ONG Aula Abierta contabilizó 175 incidentes de seguridad en todos los recintos universitarios del país. La cuenta crece con el pasar de los días y la universidad, hoy vacía por la cuarentena obligatoria por el covid-19, está en un desamparo perpetuo. 

Ataques consecutivos de la delincuencia a las universidades

La Universidad del Zulia ha sufrido 50 incidentes de seguridad en el contexto de la pandemia. Las escuelas más perjudicadas han sido las de Química, Petróleo y Veterinaria.

Yeissel Pérez, presidenta electa de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de LUZ, comentó a mediados de 2020 la insostenibilidad de la delincuencia en el campus. “Nuestro mayor miedo es que cuando regresemos a la universidad solo consigamos las paredes. Hasta pupitres se han robado. Cómo van a ver las clases los estudiantes de la Facultad de Ciencias si han desvalijado todos los laboratorios”, agregó.

De los 175 actos de vandalismo 10 afectaron gravemente áreas de investigación y 17 servicios estudiantiles.

Entre el 29 y 30 de agosto de 2020, en la Universidad del Zulia (LUZ) varios individuos ingresaron de forma ilegal a las instalaciones del Centro de Estudios de Corrosión de la Facultad de Ingeniería. Antonio Turriz, director de administración de la facultad, explicó que robaron una cortadora de concreto y destruyeron las instalaciones del laboratorio.

Asimismo, el 29 de septiembre de 2020 el núcleo de Punto Fijo de LUZ fue atacado por varios sujetos que robaron insumos y material de laboratorio. Las oficinas del Servicio de Archivo e Información, de Recursos Institucionales y Recursos Humanos fueron destruidos provocando la pérdida de información invaluable para la universidad.

Foto: cortesía

Uno de los hechos recurrentes en cada uno de los robos es la soberbia ante la figura institucional de la universidad. Los delincuentes, además de sustraer el material necesario para la investigación y el sostenimiento del recinto, destrozan y queman lo que no pueden llevarse. El resto de las universidades también ha padecido la rudeza de la delincuencia. 

Por ejemplo, la Universidad de Oriente (UDO) sufrió un incendio el 4 de enero de 2021. Las llamas comenzaron a las 11:00 am de ese día en la Facultad de Ciencias de la Tierra y de la antigua sede de Fundageominas (necesaria para el estudio de los recursos mineros) quedó destrozada. El general de bomberos del estado Bolívar, José Moreno, indicó que el incendio fue provocado. 

Foto: cortesía

Desde hace meses, de acuerdo con las autoridades de la universidad, el recinto ha sufrido el robo del cableado eléctrico, puertas, ventanas, material de oficina. El desvalijamiento y destrozo de la universidad ha sido paulatino durante el último año.

Denunciamos ante la opinión pública nacional e internacional los procesos sistemáticos y continuos saqueos, destrozos e incluso quemas de equipos de docencia, investigación y extensión, así como mobiliario de oficinas y salones de clases”, puntualizó el Consejo Universitario (CU) a través de un comunicado el 5 de enero.

En el núcleo de la UDO ubicado en el estado Sucre se encontraba el primer microscopio electrónico de barrido con emisión de campo que llegó a Latinoamérica, valorado en 2.000.000 de dólares, pero en el mes de diciembre un grupo de delincuentes ingresó a las instalaciones del Instituto de Investigaciones en Biomedicina y Ciencias Aplicadas “Dra. Susan Tai” para robar equipo de investigación. Al ver el microscopio, puntualizó el comunicado del CU, los delincuentes lo destruyeron “a mandarriazos”.

Lo mismo ocurrió el 1° de mayo de 2020 en la Biblioteca Central del Núcleo de Sucre de la UDO. Un grupo de delincuentes entró en la madrugada anterior, ante la falta de seguridad y cableado eléctrico, para robar los últimos vestigios del edificio y quemar a su paso el conocimiento recopilado en tesis de grado y material bibliográfico.

En ese momento, el equipo de El Diario conversó con José Boada, jefe de la biblioteca general del núcleo Sucre y especialista en Información y Documentación, para conocer las razones del destrozo consecutivo de los espacios universitarios. Boada comentó: “Asumo que el objetivo final es la destrucción total del núcleo. Desde mi percepción es algo miserable, porque, supongo, que no conocen lo que vale para todo el país la Universidad de Oriente. Es realmente doloroso que todo el conocimiento y material que podría ayudar a futuras generaciones se está perdiendo”.

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El 17 de abril volvió a ocurrir otro incendio en las instalaciones de la UDO, esta vez fue en el Instituto Oceanográfico, donde se quemaron hasta las cenizas una gran cantidad de material y equipos necesarios para la investigación. Además del atentado continuo a la universidad, los organismos de bomberos no tuvieron la capacidad de responder con rapidez a ninguno de los siniestros por la falta de gasolina y ausencia de custodia policial.

Durante ese mismo mes fueron desmantelados los comedores de los núcleos de Sucre, Monagas, Bolívar y Anzoátegui. La simultaneidad y continuidad de los robos, destrozos e incendios permite establecer una acción alevosa contra la universidad.

La academia, como bastión de una sociedad, se ha visto golpeada por el desdén, pero el contexto pandémico fue el punto de quiebre para el aumento de la desidia y el odio ante el academicismo. El olvido gubernamental ante la importancia de la educación universitaria es, quizás, la mayor muestra de deterioro en el tejido social venezolano.

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