• La llegada del paciente a un centro hospitalario en las primeras seis horas del comienzo de un accidente cerebrovascular resulta fundamental para reducir las complicaciones hasta en un 25 o 30%, explicó el cardiólogo José Gómez Mancebo

La infección grave por covid-19 se asocia a un daño inflamatorio de la pared de los vasos sanguíneos que produce la coagulación de la sangre y, posteriormente, infartos en los diferentes tejidos del organismo. José Gómez Mancebo, cardiólogo y presidente Fundación Venezolana de Cardiología Preventiva, indicó para El Diario que aunque estos coágulos pueden acabar obstruyendo una arteria cerebral, el porcentaje de ictus provocados por el coronavirus no ha sido comprobado. 

En palabras del especialista, el estado de hipercoagulabilidad, asociado a la respuesta hiperinflamatoria desencadenada por el covid-19, se podría considerar una causa potencial de ictus isquémico.

Sin embargo, acota que como los mecanismos causales implicados en un ictus pueden ser múltiples y complejos, se necesitan más estudios e investigaciones porque, hasta ahora, solo existen hipótesis. 

¿Qué es un ictus?

Se trata de un accidente de tipo vascular que provoca que el cerebro se quede sin irrigación, de modo que las neuronas mueren por anoxia o falta de oxígeno.

El ictus puede tener dos orígenes distintos:

El primero y más habitual es la existencia de un trombo o un ateroma (taponamiento arterial) que impide el flujo normal de la sangre al cerebro. Es lo que se conoce como ictus isquémico.

El segundo origen es un derrame cerebral por rotura de un vaso sanguíneo, denominado ictus hemorrágico.

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“Existe información contradictoria acerca de la incidencia de ictus en enfermos de covid-19 y sobre el riesgo de los enfermos con antecedentes de ictus de padecer esta enfermedad. Se ha concluido estadísticamente que tener antecedentes de ictus aumenta tres veces el riesgo de fallecer por covid-19. A pesar de esto, en este momento el ictus no parece una de las complicaciones principales por coronavirus”, enfatizó Gómez Mancebo. 

El cardiólogo también mencionó que el impacto del covid-19 sobre la aparición de un posible ictus isquémico ha sido especulado durante el último año de pandemia, por lo cual subraya que son necesarios estudios epidemiológicos grandes que puedan aclarar estos indicios. 

Un estudio sobre el sistema de salud de Nueva York, Estados Unidos, realizado entre enero y abril de 2020, reveló que no se ha detectado un incremento de ictus entre los pacientes con covid-19. 

Esta observación de la asociación, explica Gómez Mancebo, fue paralela a la incidencia de los infartos del miocardio. Una enfermedad con factores de riesgo y epidemiología similares.

En ese sentido, concluye que aquellos pacientes con ictus y covid-19 tienen mayor posibilidad de complicaciones comparado con los que no se contagiaron de coronavirus.

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¿Cómo identificar un ictus? 

Aunque en la mayoría de los casos no hay manifestaciones previas, aproximadamente 30% de los pacientes que sufre un ictus pueden tener síntomas previos de aviso, llamados ataques isquémicos transitorios, indicó el especialista.

En la mayoría de los casos, desde el punto de vista clínico, pueden existir una gran variedad de síntomas. Los pacientes pueden percibir una disminución de la sensibilidad consistente, una sensación de adormecimiento y pérdida de fuerza de un lado del cuerpo.

Gómez Mancebo afirma que el ictus puede empezar a desarrollarse de manera súbita o gradualmente. Si la circulación cerebral se recupera pronto y el ictus dura menos de dos horas, se le identifica como un accidente isquémico transitorio y la capacidad funcional se recupera por completo.

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Pero si no es ese el caso, se puede tratar otros tipos; por el ejemplo, un infarto cerebral, que es el más frecuente y se diagnostica en el 75% de todos los ictus. 

Este se produce por la oclusión del flujo de sangre de una arteria, bien sea por trombosis (coágulo) o por embolia (trombo que migra desde un lugar de origen hasta el el sistema de circulación cerebral). En ambos casos se origina una disminución del riego sanguíneo en esa parte del cerebro. 

Algunos síntomas:

  • Pérdida de la fuerza en la mitad del cuerpo (cara, brazo y pierna del mismo lado).
  • Dificultad para hablar 
  • Pérdida de la sensibilidad u ”hormigueos” conocidos como parestesias en la mitad del cuerpo.
  • Pérdida súbita de la visión en un ojo
  • Dolor de cabeza muy intenso, distinto al habitual si la persona sufre de dolores de cabeza frecuentes.

¿Cómo se debe actuar?

La isquemia, que se identifica con la disminución de la circulación sanguínea en el cerebro, puede tardar varias horas en desarrollarse. Este tiempo, denominado ventana terapéutica, es clave para evitar o minimizar el daño cerebral.  

Gómez Mancebo detalla que si alguno de los síntomas mencionados ocurre, el paciente debe ser trasladado de inmediato a un centro de emergencia. Allí se le deberá hacer un diagnóstico y actuar con la terapéutica adecuada.

La llegada del paciente a un centro hospitalario en las primeras seis horas del comienzo del ictus resulta fundamental para reducir las complicaciones hasta un 25 a 30%”, añadió el especialista.

El diagnóstico se basa en una evaluación y la realización de pruebas de imágenes como tomografía y resonancia magnética cerebral. Las imágenes dadas por ecografía permiten diagnosticar en la evaluación de las arterias del cuello; esto en caso de que la causa haya sido la formación de un trombo en esos vasos.

El riesgo de los mayores de 60 años de edad

El último informe estadístico del Ministerio de la Salud, publicado en 2014, informó que el ictus es la cuarta causa de muerte en Venezuela. Los datos de este documento estiman que al menos 31 personas mueren a diario debido a un ACV, como también se le conoce. 

Actualmente se desconocen cifras actualizadas sobre la incidencia de esta enfermedad en el país. 

Sin embargo, el cardiólogo señala que uno de cada seis venezolanos mayores de 60 años de edad sufrirá un ictus a lo largo de su vida. Una estadística que coincide con la media global, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En ese sentido, agrega que las posibilidades de padecer un episodio de esta naturaleza se incrementan a partir de los 40 años de edad.

En cuanto a los riesgos de padecer un ictus, existen causas las que no se pueden evitar, como por ejemplo: la predisposición genética (tensión alta, problemas de coagulación); la edad y el sexo, dado que es más frecuente en mujeres.

Por otra parte, las causas evitables están relacionadas con los hábitos de vida. Las dietas altas en azúcares y grasas saturadas, así como el abuso de la sal en personas hipertensas, aumentan el riesgo. También el sedentarismo, el alcoholismo y el tabaquismo. Eventualmente dormir poco también aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares, entre otras patologías.

En consecuencia, la mejor prevención, al menos respecto a las causas que están en nuestras manos, son una dieta mediterránea equilibrada, con harinas integrales y minimizando los azúcares libres; dormir siete horas o más; hacer ejercicio moderado a intenso; reducir el alcohol y dejar el tabaco. Si se padece de algún tipo de trastorno en el sistema circulatorio, los especialistas recomiendan realizar controles periódicos para prevenir y diagnosticar a tiempo. 

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