• En Perú las fronteras terrestres permanecen cerradas. El país ha reforzado la seguridad en los puntos migratorios para controlar el ingreso de extranjeros que llegan caminando  desde Ecuador. Son cientos de venezolanos, obligados a abandonar su país por la crisis socioeconómica,  quienes intentan cruzar en medio de la emergencia sanitaria

Perú ocupó decenas de titulares en la prensa internacional hace un par de semanas, cuando envió a las Fuerzas Armadas a resguardar la frontera con Ecuador y controlar la entrada de cientos de extranjeros. En su mayoría migrantes venezolanos que intentaban ingresar por la región de Tumbes al noreste de Perú.

Fue así como el pasado 26 de enero más de 1.000 miembros del Ejército y más de 50 tanques y vehículos militares llegaron hasta la zona en la que el gobierno peruano y ecuatoriano identificaron 30 pasos ilegales, donde las mafias cobran -de acuerdo a la ruta- entre 5 dólares y 120 dólares para pasar clandestinamente a los venezolanos de un país a otro.

La militarización de la frontera fue justificada amparándose en los artículos 165 y 137 de la Constitución Política de Perú, que señala que las Fuerzas Armadas tienen como finalidad primordial garantizar la independencia, soberanía y la integridad territorial. Así como asumir el control del orden interno en Estado de Emergencia nacional.

A la espera de una respuesta regional

La medida fue duramente criticada por decenas de organismos que cuestionaron el accionar del Ejército peruano. Señalaron que no tienen la preparación ni las herramientas para hacer un control migratorio en plena emergencia sanitaria.

La directora ejecutiva en Amnistía Internacional Perú, Marina Navarro, señaló que niños, embarazadas, madres lactantes, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y demás migrantes venezolanos se exponen a escenarios peligrosos en los que podrían ser hasta víctimas de trata de personas al verse impedidos de ingresar a territorio peruano.

La responsabilidad no es solo de Perú, tiene que haber una respuesta regional respaldada con la cooperación internacional. Este tipo de movilizaciones de personas en extrema vulnerabilidad requieren acciones en las que se respeten los derechos humanos y se garantice la ayuda humanitaria”, expresó Marina Navarro en entrevista para El Diario.

Por su parte, el embajador de Venezuela en Perú, Carlos Scull, explicó que la mayoría de los venezolanos que intentan ingresar y están indocumentados no tienen pasaporte por ser este uno de los más costosos en el mundo. Advirtió que no intentan ocultar antecedentes policiales o penales, tampoco buscan esconder algún pasado delictivo como diferentes medios de comunicación equivocadamente lo transmiten. Se trata de una situación compleja en la que, incluso, algunos han sido víctimas de la delincuencia durante el camino y han perdido sus documentos.

Carlos Scull manifestó que es un error generalizar y pide que prevalezca la atención a los más vulnerables. “Se deben priorizar los casos de reunificación familiar y personas vulnerables. Deben existir facilidades de ingreso para aquellas personas que demuestren que sus familiares los están esperando, esta sería una de las medidas que podría contribuir a una migración ordenada y controlada”, explicó para El Diario.

Un viaje sin retorno

Antes de la llegada de la pandemia del coronavirus, los extranjeros que ingresaban vía terrestre a Perú lo hacían a través del Centro Binacional de Atención en Frontera (Cebaf), el principal acceso autorizado para cruzar la frontera entre Perú y Ecuador. Entre 200 y 300 venezolanos ingresaban diariamente a Perú. Sin embargo, la crisis sanitaria llevó a los gobiernos de ambos países a cerrar las zonas limítrofes, como medida extraordinaria que busca frenar la propagación del covid-19.

Pese a las restricciones del coronavirus en todo el mundo y a que cada día diferentes gobiernos son más exigentes con los requisitos que solicitan a los extranjeros para que ingresen de forma regular, el flujo migratorio no se detiene. Y es que, en el caso de la comunidad venezolana, se trata de una migración forzada, convirtiéndose en una de las principales crisis de desplazamiento del mundo, según datos oficiales de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur).

Migrantes venezolanos
Foto: AP

Los caminantes venezolanos

No existe una ruta única de los migrantes que se ven obligados a salir caminando de Venezuela por falta de dinero; sin embargo, el recorrido más común parte desde la frontera colombo-venezolana, entre el estado venezolano del Táchira y el departamento colombiano Norte de Santander.  

Los caminantes venezolanos aseguran que, durante su travesía en búsqueda de una mejor vida, los pobladores informan de quienes han fallecido en rutas peligrosas como el Páramo de Berlín, en Colombia, o cruzando el río Carchi, en Ecuador. Y con cédula (documento de identidad) en mano piden que se publique su muerte a través de las redes sociales para que sus familiares se enteren en Venezuela.

Los venezolanos recorren miles de kilómetros desde Venezuela hasta Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. En el camino algunos son ayudados por vecinos o diferentes instituciones como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Llegan con los pies hinchados, múltiples ampollas y hasta descalzos. La travesía puede durar hasta dos meses desde el punto de partida.

Migrantes venezolanos en Perú
Foto: AP

El trágico viaje de regreso

En 2020 la Defensoría del Pueblo en Perú reportó que 31.000 venezolanos regresaron a Venezuela por falta de empleo, vivienda y acceso a los servicios de salud como consecuencia de la llegada de la pandemia del coronavirus. Hoy se estima que la cifra se haya triplicado.

En mayo de ese año, un grupo de migrantes venezolanos intentó regresar caminando desde Lima hacia su país. Agotados por tantas horas de caminata bajo diferentes condiciones climáticas, decidieron dormir en el kilómetro 125 de la carretera Panamericana Norte, en la provincia de Barranca, al norte de Perú.

La madrugada de ese día ocho de ellos resultaron gravemente heridos y tres fallecieron al ser atropellados por un camión cisterna que no se percató, según señalan los medios, de la presencia de los migrantes. En ese accidente se apagaron la vida de tres venezolanos que lo único que querían era reencontrarse con sus familias.

Paso fugaz por Perú

Pese a que la situación se agrava cada día, en especial cuando algunos medios de comunicación y los discursos políticos de los candidatos que aspiran a ocupar el sillón presidencial en Perú refuerzan estereotipos negativos vinculados a la migración venezolana, los venezolanos no se detienen. Y es que algunos solo usan a Perú como país transitorio para poder llegar a Chile o Argentina.

Sin embargo, el panorama no es esperanzador en otros países de la región. En Chile, el último miércoles el gobierno de Sebastián Piñera expulsó a 138 migrantes de nacionalidades colombiana y venezolana que estaban varados en la frontera norte con Bolivia. Según aseguró el ministro del Interior de ese país, habían ingresado de forma clandestina hace menos de tres meses.

“La tierra prometida” detrás de la frontera

Para algunos del otro lado de la frontera están familiares, amigos o conocidos con quienes empezarán una nueva vida lejos de casa; pero para la gran mayoría del otro lado hay un país de oportunidades que no encontraron en Venezuela. Una esperanza de vivir dignamente y ayudar a quienes dejaron atrás con la ilusión de reencontrarse algún día.

Migrantes venezolanos
Foto: Rolly Reyna

El dato 

Actualmente 5.400.000 de venezolanos han huido de Venezuela escapando de la crisis socioeconómica. Más de un millón de ellos han llegado a Perú; y más de 496.000 han solicitado la condición de refugiado, lo que convierte al país en la primera nación de acogida de personas venezolanas con necesidad de protección internacional; además del segundo destino de refugiados y migrantes venezolanos en todo el mundo, según Acnur.

Perú venezolanos
Foto: Rolly Reyna
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