• La profesora de la Universidad Simón Bolívar obtuvo recientemente el J. Cordell Breed Award for Woman Leaders, como respaldo a su liderazgo en la industria automotriz

Fue en la década de los ochenta cuando Nathaly Moreno decidió que estudiaría en la Universidad Simón Bolívar (USB), una casa de estudios pública venezolana,venezolana, creada en 1967, con un fuerte énfasis en la investigación científica y tecnológica. Ella desestimó presentar alguna prueba de admisión en alguna otra universidad venezolana porque sabía que lo suyo era la ingeniería. 

Se postuló para estudiar en la USB y así fue. Comenzó sus estudios en Ingeniería en Computación pero al poco tiempo desistió y en 1987 optó por Ingeniería Mecánica. Desde ese momento y hasta ahora, ha vivido su pasión.

Disfruto algo que es difícil de entender. En los carros hay una belleza intrínseca que está codificada para quien quiere verla. Cuando llegué a la parte de energía, ahí descubrí lo que me apasionaba: la conversión y transporte de energía. El cómo extraer energía de un fluído”, dice hoy en día para El Diario la educadora de la misma casa de estudios que la formó.

En aquel entonces, movida por aquella pasión, decidió realizar sus pasantías precísamente en el Laboratorio de Conversión de Energía Mecánica. Luego de graduada cursó en la misma universidad un Magíster en Ingeniería Mecánica, Conversión de Energía Mecánica. En 2006  obtuvo su PhD en la Ecole Nationale Superieure d’Arts et Metiers (París, Francia).

A la fecha, se ha desempeñado como Jefa del Laboratorio de Ingeniería Aplicada, directora de la Unidad de Laboratorios, y actualmente alterna sus responsabilidades como profesora asociada y  como coordinadora de Ingeniería Mecánica adscrita al Departamento de Conversión y Transporte de Energía. Entre sus responsabilidades destacan el diseñar, coordinar, evaluar y actualizar los planes de estudios de la carrera de Ingeniería Mecánica y brindar atención, información y asistencia académica al estudiante de la carrera y al público en general.

Por casi 20 años, Moreno se ha mantenido como faculty advisor del grupo de Fórmula SAE-USB, el primero de su tipo en Venezuela. Este se encarga de diseñar y construir un carro tipo fórmula para luego competir y representar al país en Estados Unidos.

Precisamente por el “incomparable liderazgo, dedicación, impulso y pasión por su familia, su área de trabajo, su universidad y su apoyo a los estudiantes de Fórmula SAE USB” fue galardonada recientemente con el J. Cordell Breed Award for Women Leaders que otorga la Sociedad de Ingenieros Automotrices (SAE), en Estados Unidos.

Se trata de una organización de ingenieros no lucrativa, creada en 1905; hoy día conformada por más de 80.000 profesionales de diversas disciplinas de la ingeniería, quienes establecen las normas en la industria automotriz para hacer pruebas, mediciones y mejorar el diseño de los automóviles y sus componentes.

El Premio J. Cordell Breed para Mujeres Líderes está diseñado desde el año 2000 para reconocer a las mujeres activas en todos los sectores de la industria de la movilidad que han logrado el mejor equilibrio de vida tanto a nivel profesional como personal.

Con este reconocimiento, Moreno de 50 años de edad y oriunda de Caracas, se convierte en la primera venezolana y en la tercera latinoamericana en figurar en la lista de ingenieras reconocidas en el mundo.

“Me sorprende que hayan mirado hacia Latinoamérica. De la lista de ganadoras, en la historia del premio, destacan una brasileña y una puertorriqueña. Me emociona el hecho de que hayan volteado al sur y que hayan considerado importante el trabajo que hemos desarrollado con Fórmula SAE – USB”, confiesa.

La reinvención

A su juicio, este reconocimiento, así como también la labor que ha desempeñado como educadora, ha desembocado en una reivindicación del rol de la mujer en la sociedad.

En el mundo de la Ingeniería Mecánica las mujeres somos pocas. Pero nosotras no tenemos por qué tener límites. Yo era una mujer en un laboratorio de puros hombres; en un departamento en donde las mujeres éramos tres de un universo de treinta profesores”, recuerda Moreno.

“Las niñas no solamente son para desfilar tacones. Hay espacio para todo. Lo importante es saber qué es lo que uno quiere. Las mujeres no tenemos limitaciones en ninguna área. Y tenemos que luchar porque las ingenierías no son algo exclusivo de hombres. Tampoco significa que por ser mujeres e ingenieras tenemos que sacrificar algo”, advierte.

Dosis de talento y resiliencia

De las 18 ediciones que se han realizado de la Fórmula SAE-USB, Moreno ha acompañado a sus estudiantes en al menos 13 viajes a Michigan, Estados Unidos. Allí se realiza la competencia anual en la que participan universidades de todo el mundo. Inclusive, en 2009, con apenas dos meses de gestación, ella y su hijo en vientre, participaron en la dinámica.

“El primer regalo de mi hijo se lo dió mi equipo”, recuerda hoy la profesora Moreno. Un accidente cerebrovascular (ACV) que sufrió su mamá hace cinco años, aunado a las limitaciones económicas, le impidieron continuar viajando junto a sus estudiantes. Sin embargo, eso no ha sido impedimento para acompañarles en el proceso.

Como faculty advisor del grupo de Fórmula SAE-USB, su función, además de apoyarlos, es representar al equipo ante la organización; velar porque estén cumpliendo con las exigencias de la competencia.

“Es una dinámica exigente. Podemos estar hasta las 3:00 am discutiendo alguna presentación o viendo por qué algo no funciona. Pero cuando tu carro negro y amarillo (por los colores de la universidad) finalmente completa la competencia es una energía increíble. Se te olvidan los trasnochos. Es de las cosas más satisfactorias”, asegura.

Actualmente, el grupo, que tiende a variar con las promociones estudiantiles, ostenta ser el primer equipo suramericano en participar; además de ser la primera universidad latinoamericana en llegar a las finales de diseño. 

La competencia busca mostrar las capacidades de los participantes y es ahí donde uno se da cuenta de que a pesar de todas las dificultades que puedan experimentar las universidades venezolanas, nuestros estudiantes dan la talla y tienen la capacidad de superar los retos y proponer ideas novedosas. Eso es sumamente satisfactorio”, señala.

“En principio nuestra función era acompañar a los muchachos que tenían la intención de crear un carro. Luego entendimos que el carro es la excusa. La verdadera intención es formar a los mejores profesionales, dueños de su propio aprendizaje. Nuestro resultado no son los 18 carros sino los más de 400 profesionales hoy día regados por más de 33 países”, agrega.

Sin industria automotriz

El equipo de la Fórmula SAE-USB es la única delegación latinoamericana que de forma ininterrumpida ha participado en la competencia, en Estados Unidos. Esa particularidad les ha servido para que este año, la organización, les concediera una excepción y les permitiera participar con la misma inscripción que realizaron el año pasado; cuando la competencia se desarrolló de forma virtual por la pandemia del covid-19.

“El nivel de formación que tienen nuestros estudiantes es comparable con muchos de sus pares afuera. A veces, se falla por los recursos. Creo que nos podemos codear con el equipo de Brasil. Pero nosotros no podemos olvidar que allá existe una muy fuerte industria automotriz. Ya nosotros no tenemos industria automotriz en Venezuela. De las más de 15 empresas que hubo, entre ensambladoras e importadoras de vehículos, con presencia, con talleres y fábricas, quedan al menos dos. Además no hay posibilidades de que nuestros estudiantes puedan intercambiar con la gente de la industria, como ocurría antes”, lamenta.

“Los muchachos están trabajando con muchas dificultades y poco patrocinio. Es una actividad que es costosa”, agrega.

El apoyo

Mientras se mantiene atenta al desempeño de sus estudiantes este año en la competencia, Moreno les da las gracias a todos por hacerla partícipe de una familia que hoy se riega por el mundo. A ellos y a la familia de la USB les da las gracias “por dejarme ser y hacer”.

Moreno, siendo madre soltera, también valora el apoyo de su familia. “Aunque no entendieran lo que estaba haciendo siempre me acompañaron”, señala la docente universitaria quien actualmente continúa sus labores de forma virtual. ¿Su sueldo? 10 dólares. 

En ese sentido, Moreno explica que sortea la situación del país entre la ayuda que recibe de un hermano en el exterior y una beca mensual con la que le ayudan un grupo de egresados de la USB.

Hasta donde sabe, el reconocimiento no contempla ningún premio en metálico. Aunque aún la organización afina detalles sobre si la ceremonia será virtual o presencial, Moreno advierte que en el caso que sea presencial ella no podrá asistir. Esto debido a la falta de recursos y el pasaporte vencido.

“En Venezuela estamos en una crisis de supervivencia y los docentes tenemos que estar más actualizados que nunca. Estamos sobre un país en ruinas y se necesita un trabajo intelectual”, sentencia Moreno.

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