• No hubo protocolos de bioseguridad suficientes para frenar la cantidad de temporadistas que coparon las playas del litoral central el lunes de Carnaval. El equipo de El Diario visitó la entidad y evidenció la falta de organización

En las playas de La Guaira (Vargas) nada se detiene. La música retumba, los vendedores se abren paso entre la multitud y los temporadistas no paran de llegar. Es 15 de febrero de 2021: lunes de Carnaval y en El Yate este asueto atrajo a cientos de turistas que a pesar del covid-19 y la crisis económica, abarrotaron el espacio, sin respeto al distanciamiento social, y sin utilizar mascarillas. La pandemia no detuvo la movida playera.

Foto: Víctor Salazar

Durante esta temporada el Ejecutivo venezolano decretó la extensión de la flexibilización de la cuarentena tres días más de lo habitual para que los ciudadanos “disfrutaran” las fechas. En el litoral central la orden fue cancelar eventos masivos, como la elección de la reina, para evitar aglomeraciones, y reducir el aforo en las playas en un 60%. Sin embargo, la realidad dista mucho de lo que prometieron las autoridades para esta temporada, porque La Guaira lució un rostro de total indiferencia ante la situación actual. 

De Caracas a La Guaira 

La falta de protocolos inició en Caracas. Para visitar La Guaira desde ese punto, y sin un medio de transporte propio, las opciones más utilizadas están en Gato Negro, al oeste de la capital. Allí los autobuses cobran un dólar por pasajero, o al cambio en bolívares de acuerdo a la tasa del paralelo. La mañana del 15 de febrero la presencia de usuarios era escasa, a los pocos que subían a las unidades no se les aplicaba gel antibacterial y tampoco se les tomaba la temperatura.

Unos metros más adelante la fila de personas era mucho más extensa, esperaban abordar los autobuses que dispone el Estado con destino hacia La Guaira. Allí el pasaje tiene un valor de 190.000 bolívares, menos de 10 centavos de dólar. Al igual que en el otro punto no había medidas de bioseguridad, al menos así fue hasta que el equipo de trabajadores del Sistema Integral de Transporte Superficial (Sitssa) notó la presencia de la prensa e inició la aplicación de antibacterial a quienes seguían en cola. 

Foto: Víctor Salazar

Muchos policías, pocas alcabalas

Ya en La Guaira. Ajeno al rostro que luce en otras ocasiones, en esta temporada de Carnaval las alcabalas no tuvieron tanta presencia a lo largo del trayecto, por lo que sí había puntos de control de funcionarios estatales, pero no una revisión exhaustiva de las personas que ingresaban a la entidad. 

Asueto de Carnaval en La Guaira

64

playas aptas para el disfrute de temporadistas

90%

de los hoteles y posadas ocupados durante estas fechas

De acuerdo con el Ministerio de Interior, Justicia y Paz en el estado desplegaron a más de 500 funcionarios con la intención de hacer cumplir los protocolos de bioseguridad. Además de 4.200 prestadores de servicio distribuidos a lo largo y ancho de las 11 parroquias. 

Playas repletas 

En El Yate para las 10:00 am del lunes ya la playa lucía repleta de temporadistas. Pese a ello, el presidente del balneario, Osman Mesa, aseguró para El Diario que hubo mayor presencia de usuarios el domingo 14 de febrero. 

Foto: Víctor Salazar

Sobre los protocolos de bioseguridad, la playa cuenta con una cámara de desinfección en la entrada, allí además, los trabajadores toman la temperatura y aplican gel antibacterial. Lo complicado viene una vez ingresan, pues los casi 400 toldos dispuestos en el sitio no guardan distancia unos de otros y estaban casi ocupados en su totalidad. 

Precio de toldos. El alquiler de un toldo cuesta 5 dólares, incluye mesa y dos sillas.

Mesa comentó que los empleados hacen constantes llamados a las personas para que usen el tapabocas y eviten aglomeraciones, pero la llegada de usuarios es masiva. Mucho más del 40% de aforo que supuestamente está permitido por playa. 

“La playa es muy demandada, tratamos de mantener el margen de separación pero nos fue casi imposible”, confesó el encargado. 

A unos metros de este balneario está la playa de Camurí Chico, lugar donde se repite la escena de El Yate: gran cantidad de usuarios sin respetar el distanciamiento social ni cumplir con el uso de la mascarilla. Stalin Acosta, miembro de la Cámara Turística Playera de La Guaira, afirmó para El Diario que están teniendo “ojo visor” para no romper “tanto” las reglas en lo que a materia de bioseguridad se refiere. Es decir, es consciente de que los protocolos no son respetados por los temporadistas. 

Foto: Víctor Salazar

Agregó que no cuenta con cabina de desinfección porque la característica de esta playa (tiene muchas entradas) no lo hace viable. Sin embargo, acotó que los trabajadores desinfectan las sillas al cerrar y minutos antes de abrir al público. 

En ambos balnearios había gran presencia de personas pertenecientes al “Evangelio Cambia”. Una de las promotoras que se identificó como Maricela comentó que recorren estos lugares para llevar oraciones a los temporadistas que puedan estar pasando por un mal momento. La organización cristiana también promovió obras de teatro y otras actividades que generaron aglomeraciones en las playas.

Foto: Víctor Salazar

Sobre la hora del cierre, la pautada es las 3:00 pm. El equipo de El Diario estuvo presente en el lugar y pudo constatar que no se efectuó dicho cierre a la hora acordada. Todo ante la mirada indiferente de la policía del estado que permaneció en el sitio. 

Qué medidas deben cumplir las playas para abrir en flexibilización

Desde que el Estado autorizó su apertura (el 25 de octubre de 2020) estos espacios tienen que cumplir con una serie de protocolos, entre los que destacan:

Desinfección constante de temporadistas y toldos.

Delimitación de espacios para evitar aglomeraciones.

Ocupación de solo 40% de su aforo.

Uso del tapabocas.

Comida casera, la constante 

En las playas hubo otra constante durante esta temporada: la comida casera fue la que reinó. Muchos temporadistas llevaron alimentos preparados desde casa, optan por ello como una opción más económica que la de comprar en algún local. 

Brenda Hernandez es de Caracas y viajó a La Guaira junto a su familia. Debido a los altos costos de la comida playera, decidió preparar todo en casa. “Trajimos arroz con pollo, pan con queso. Nos rinde más y gastamos menos que adquiriendo algún plato aquí en la playa”, contó. 

Foto: Víctor Salazar

Ante esto, las ventas de alimentos han disminuido drásticamente en las playas. El presidente de El Yate explicó que ese sector ha sido el más golpeado desde que retomaron actividades, por ello han optado por ofrecer promociones más accesibles para recuperar clientela. Actualmente tienen platos de tres, cuatro y cinco dólares. 

Foto: Víctor Salazar

Maibel Liendo, dueña de un negocio de empanadas en dicha playa, indicó que las ventas han disminuido en comparación con el año pasado. Sin embargo, están sumando promociones a su menú para atraer más personas. Ofrecen empanadas a un dólar, pollo entre 20 y 30 dólares (según las piezas) y sopa de res en 6 dólares.

Foto: Víctor Salazar

Los pescados oscilan entre los 8 y 18 dólares. Las bebidas cuestan entre 5 y 10 dólares. Mientras, bebidas alcohólicas como las cervezas las ofrecen en 25 dólares la caja. 

Otros productos como bronceadores y trajes de baño eran menos demandados. Los comerciantes indicaron que en ese sentido las ventas han sido pocas.

Foto: Víctor Salazar
Foto: Víctor Salazar

La cinta costera sin restricciones en Carnaval

En la entidad los eventos masivos quedaron suspendidos durante el asueto de Carnaval, pero lugares de gran afluencia como la denominada cinta costera (bulevar turístico con oferta gastronómica) tumba esta regla dictada por la gobernación pues en la zona se efectúan actividades musicales que atraen a cientos de personas durante los fines de semana.

Foto: Víctor Salazar

Alrededor de las 5:00 pm del lunes de Carnaval la presencia de temporadistas en dicho lugar ya era notoria. También había gran cantidad de policías pero sin protocolos de bioseguridad. 

Foto: Víctor Salazar

Pasada la tarde las filas de usuarios se volvieron a formar, esta vez para subir de regreso a Caracas. El proceso fue rápido y los protocolos siguieron ausentes, tal y como al inicio del recorrido. 

Es así como La Guaira mostró un rostro despreocupado en medio de la pandemia por covid-19, sin suficientes controles y vigilancia que permitan garantizar la salud de temporadistas y habitantes, sino todo lo contrario. La exposición es alarmante y las consecuencias podrían verse reflejadas en los reportes de casos oficiales de las próximas semanas. Todo como consecuencia de la permisividad de las autoridades competentes por el asueto de Carnaval.

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