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  • Pasajeros y transportistas comparten, desde sus realidades, la visión de una problemática que al final del día los afecta a todos

El adjetivo que caracteriza la situación actual del transporte público en el estado Lara bien puede describir a la de cualquier ciudad o estado del resto de Venezuela: precario.

Prueba de ello son los múltiples sacrificios que los habitantes de esta entidad federal realizan a diario para poder movilizarse a sus sitios de trabajo o a realizar diligencias. Testimonio de esta situación son las paradas abarrotadas de personas a lo largo y ancho de Barquisimeto, su capital. Evidencia de ello son las pocas unidades operativas que se abarrotan de usuarios y en la que es imposible guardar el necesario distanciamiento que exigen estos tiempos de pandemia.

El equipo de El Diario recogió relatos de larenses y habitantes de ciudades foráneas que eligieron no rendirse ante las dificultades de traslado y hacen lo necesario para cumplir con sus obligaciones cotidianas. Personas resilientes que exhiben sus batallas diarias como heridas de guerra ante un conflicto que no quisieran vivir.

Crisis del transporte barquisimeto, Lara
Foto cortesía

Pedalear para trabajar

Liseth Peña y su esposo son guaros –así se le conoce a los barquisimetanos- de nacimiento y crianza. Residen en la populosa urbanización La Carucieña, ubicada al oeste de la ciudad. Trabajan en un centro comercial ubicado a aproximadamente 11,7 kilómetros de su casa.

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La escasez de transporte y la dificultad para obtener efectivo los obligaban, en primera instancia, a regresar de su lugar de trabajo a pie con el sol de mediodía a cuestas. Les tomaba alrededor de tres horas dicho trayecto.

Como era una rutina en exceso desgastante, ahora se desplazan en bicicleta a través de la avenida Ribereña, que bordea la ciudad entre oeste y este. “Salimos de casa en la mañana y tardamos prácticamente 45 minutos para llegar a la oficina”.

Para emprender el camino de regreso tardan un poco más porque se suman el calor y el cansancio de la jornada laboral. Incluso hacen parada en casa de un familiar que les queda en la vía para recuperar algo de aliento. Deben estar alertas ante dos grandes riesgos inherentes a este modo de transporte: la delincuencia y los conductores irresponsables.

Peña lamenta que en un país petrolero las personas tengan que pasar por este tipo de situaciones. A pesar de todo ve su día a día con el vaso medio lleno porque sabe de gente a la que le toca realizar sacrificios mayores.

Desde el norte caminar no es una opción

En los últimos años, la “zona norte” ha crecido mucho en cuanto a población. Se ubica –como lo dice su apodo- al norte de Barquisimeto y su principal vía es una intercomunal que conduce hasta Duaca, capital del municipio Crespo. 

Está rodeada de un sinfín de barrios y urbanizaciones, lo que lo convierte en un sector neurálgico por la cantidad de habitantes que se trasladan al centro y este de la capital larense. 

Norte de barquisimeto
Foto cortesía

Para desplazarse del norte al casco central de Barquisimeto hay tres opciones: carro particular, los cada vez más escasos rutas –como le dicen a las busetas o camionetas allá- o el colapsado Transbarca, el sistema de transporte masivo impulsado por el gobierno regional.

Enma Perdomo es una señora de mediana edad que, si bien es cierto no viaja todos los días, su primera opción es el Transbarca porque se paga con una tarjeta inteligente recargable y no con bolívares en efectivo.

Si necesita estar en el centro a las 9:00 am, se va a la parada a las 6:00 am y hace una cola de aproximadamente dos horas. 

Si no estoy apurada espero el Transbarca en la parada de Tamaca –una de las más importantes de la zona norte-. La cola se hace kilométrica porque no hay casi carros”.

Cuando toma una buseta necesita disponer de al menos 800.000 bolívares en efectivo o dólares que los transportistas cotizan con un porcentaje menor. Agradece que en ocasiones recibe algo de efectivo en su casa gracias a que vende piñas.

En la zona norte no hay bancos que permitan retirar bolívares de taquillas o cajeros. La opción es Duaca o el área urbana de Barquisimeto. El detalle está en que las entidades financieras no dan más de 400.000 bolívares al día y que muchas veces el trabajo no permite acudir al banco para ello.

Por esta razón algunos habitantes que no cuentan con carro propio prefieren optar por el Transbarca. Sin importar las interminables colas y la ausencia de medidas de bioseguridad dentro y fuera de las unidades rojas. 

Transbarca
Foto cortesía

Del efectivo a los transportistas como casas de cambio

Por su cercanía, un buen número de residentes de Yaritagua, Sabana de Parra, Urachiche y Chivacoa, poblados pertenecientes al estado Yaracuy, se trasladan con frecuencia a Barquisimeto por motivos de trabajo, estudio o de otra índole.

En el caso de los estudiantes o de los trabajadores, no todos tienen la posibilidad económica de pagar una residencia en Lara. Por lo tanto, si no disponen de un carro particular o de una cola, deben recurrir al transporte público por obligación.

Se enfrentan a dos problemáticas importantes, a saber, la escasez de bolívares en efectivo y la poca disponibilidad de unidades entre Yaracuy y Lara. Que se agudiza durante las semanas de cuarentena radical.

Una usuaria que vive en Yaritagua y hace vida laboral en Barquisimeto y cuya identidad pidió que fuese resguardada, cuenta cómo es su rutina diaria. Sale a las 6:30 am a la parada que queda a cuatro cuadras de su casa, donde se encuentran las busetas. A partir de ese momento comienza la negociación con los colectores.

-Si se dispone de bolívares en efectivo, el pasaje está estipulado en Bs 1.000.000.

-Si no tiene el efectivo por la ya mencionada problemática de los bancos, pagar en dólares es la segunda opción. Deben estar en perfecto estado y ser de baja denominación, preferiblemente de 1 dólar, sino corre el riesgo de que no la monten. Además, los transportistas tasan el dólar a un número considerablemente menor del “precio de página” –perfiles de redes sociales que publican diariamente la cotización de la divisa americana-, que es el que la mayoría maneja.

– La tercera alternativa –no permitida por todos- es la de transferencias por pago móvil, con un recargo al precio del pasaje de hasta 50 %.

También padece el hacinamiento en las unidades colectivas –cero distanciamiento social-, lo que la convierte en un sujeto vulnerable ante el covid-19. Para ella es especialmente riesgoso porque tiene un bebé. Lamenta que las empresas no inviertan en transporte para empleados que, como ella, no les da la base de lo que cobra para residenciarse en Barquisimeto.

El regreso a su hogar, aunque un poco más tranquilo por la menor afluencia de personas, es igualmente tedioso por el tema del pago.

Estas tres historias de personas ubicadas en diversos puntos cardinales del eje Lara-Yaracuy reflejan una problemática que cada vez se agudiza más.

Transporte Lara-Yaracuy
Foto cortesía

La visión de los sindicatos

Carlos Arroyo, presidente del Sindicato del Transporte Automotor Comprometidos y Organizados del Estado Lara (Sintraacor Lara), asegura que el Órgano Superior de Transporte está acéfalo y con múltiples problemas. Esto debido a que fue secuestrado por el Ejecutivo regional desde que inició la pandemia. Se sienten indefensos ante la escasez de combustible que azota a la entidad larense, una de las más afectadas del país.

“Durante 2020 la Autoridad Metropolitana creó cinco ejes con 104 unidades a gasoil entregándoles un salvoconducto para prestar el servicio, solo por las vías principales. Esto dejó a los sectores más desfavorecidos sin transporte. Por lo tanto, los usuarios tienen que caminar entre 1 y 8 kilómetros para llegar a estas unidades permisadas”, explicó para El Diario.

Por cada salvoconducto las autoridades y algunos gremios cobran a los conductores 10 dólares semanales. De acuerdo con Arroyo, han denunciado esta situación en la Defensoría del Pueblo, en la Alcaldía de Iribarren y en la Gobernación del estado Lara. De allí los refieren al mencionado Órgano Superior de Transporte, que actualmente se encuentra inactivo.

Cuando se consigue, el alto costo del combustible también es un inconveniente difícil de sortear.

Debemos pagar 50 dólares por un tambor de 208 litros de gasoil y 5 dólares para repostar gas, ni hablar de la gasolina”, expresó.

Víctor Reyes, presidente del Sindicato Bolivariano de Transporte del estado Lara, pone el acento en las fallas desde noviembre pasado. En la secuencia de distribución de gasoil y en la dificultad para abastecer de gas natural a aquellas unidades que funcionan con gasolina y se les montó dicho sistema, lo que, a su juicio,  tiene al sector prácticamente paralizado.

Según datos que manejan tanto Arroyo como Reyes, en la entidad larense hay alrededor de 12.000 transportistas, aproximadamente 96% de ellos trabajan con unidades urbanas a gasolina.

Arroyo da más detalles sobre estas cifras. “Actualmente en el sector urbano tenemos más 300 unidades diésel operativas y de gasolina 5.000 accidentadas por el combustible, pero totalmente operativas, como 186 unidades a las que se le ha colocado (el sistema de) gas”.

Burocracia e irregularidades con el suministro del gas traen inconvenientes

Estas unidades con el sistema de gas instalado representan, en vez de una solución, un gran dolor de cabeza para los transportistas. Aquellas que no tienen pegada la chapa de Pdvsa Gas están siendo retenidas por funcionarios de distintos cuerpos policiales y militares. Y si no pagan, corren el riesgo incluso de ser despojados de las bombonas de gas “por orden de la Zona Operativa de Defensa Integral (ZODI)”, denunció Arroyo.

En días pasados, el general de la ZODI solicitó a los transportistas permitir ser supervisados por Pdvsa Gas. Algo que en un principio vieron con buenos ojos. Sin embargo, en la sede de la estatal no estaban enterados de tal medida.

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