• Linda Loaiza y Luisa Kislinger presentaron un libro que tiene como objetivo convertirse en una memoria histórica. En el texto se narran no solo las agresiones sexuales que sufrió Loaiza hace 20 años, sino la lucha contra la negligencia de las autoridades venezolanas en torno a su caso. Foto principal: CEJIL

“El que se levanta más fuerte es más fuerte que el que no ha caído”. Con esta frase de Viktor Frankl, el periodista venezolano y editor de la Editorial Dahbar, Sergio Dahbar, dio paso a la presentación de Doble Crimen. Se trata de un libro que narra una historia que conmocionó a Venezuela hace 20 años y que se convirtió en un símbolo de lucha ante la violencia contra la mujer, la violencia institucional y la labor incansable por obtener justicia. Es la historia de Linda Loaiza, una mujer venezolana secuestrada, abusada sexualmente y agredida gravemente por Luis Carrera Almoina, en un apartamento en Los Palos Grandes, Caracas. 

Loaiza no solo fue sometida a maltratos y vejaciones por Carrera Almoina. Luego de su rescate, en 2001, fue víctima de la violencia institucional en Venezuela y revictimizada en muchas ocasiones. En este tipo de agresión se centró el encuentro digital de Linda Loaiza y Luisa Kislinger, coautora del libro, en el que presentaron Doble Crimen.

Con voz pausada, Linda Loaiza se expresa con tranquilidad sobre su caso. Durante años ha reclamado justicia al sistema judicial venezolano, exigencias que han sido desdeñadas o menospreciadas, pero eso no la ha detenido. Incluso se convirtió en la primera mujer venezolana en demandar al Estado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por los delitos cometidos en su contra y la errada decisión sobre su caso. 

Ahora, Doble Crimen recoge todos los detalles sobre su historia. Cada detalle está plasmado en un texto digerible, sin jerga judicial. Se trata de contar la manera en que las agresiones de un hombre le cambiaron la vida y cómo la poca atención judicial la llevaron a dedicar 20 años de su vida a la búsqueda incansable de justicia, no solo por ella, sino por el resto de las mujeres del país que han sufrido violencia de género.

Para Loaiza falta mucho camino por recorrer en la labor de obtener justicia para las mujeres víctimas de violencia de género. Como “letra muerta”, la abogada y defensora de derechos de la mujer califica las sentencias y documentos judiciales en torno a su caso y los de las mujeres que han sido víctima de agresiones. Para ella el problema radica en la aplicación correcta, oportuna y justa de de la ley. 

“Los delitos cometidos contra las mujeres en Venezuela y en el mundo no han sido nunca visibilizados ni garantizados por la justicia. He dado una fuerte lucha por alcanzar esa justicia, pero se me ha negado ante las instituciones del sistema judicial venezolano. Por lo tanto, tuve que acudir a instancias internacionales y tenemos una sentencia del sistema interamericano, pero no ha sido cumplida, sigue siendo letra muerta”, explica. 

El daño infringido a Linda Loaiza por su agresor y luego por las instituciones se convirtieron en la simbiosis que dio origen al nombre de Doble Crimen, que destaca el largo camino de lucha que la venezolana. Ese trayecto la ha llevado a convertirse en un símbolo de la defensa de los derechos de la mujer y un personaje exigente ante las instituciones. 

Linda fue víctima de un crimen por parte de las autoridades en Venezuela. Se le negó justicia, no tuvo acceso a una justicia imparcial”, comenta Luisa Kislinger, internacionalista y activista por los derechos de la mujer.

La opinión pública como juez 

La opinión pública también juzgó a la víctima e incluso se difundieron comentarios que la culparon de lo ocurrido. Ante esto Kislinger destaca la evolución que ha tenido la sociedad y la prensa con respecto a estos temas. A su juicio, los medios de comunicación se han preocupado por formarse y mostrar sensibilidad sobre la violencia de género. 

“Todavía falta mucho. Seguimos viendo estos titulares que lo que al final hacen es poner la culpa sobre la víctima. En el caso de Linda, había periodistas que cubrieron bien su caso, pero había otros que tenían esa tendencia de poner la culpa sobre ella”, explica Kislinger. 

A juicio de la internacionalista el machismo estructural, el clasismo y el sexismo son sistemas que se refuerzan entre sí. Linda Loaiza sufrió discriminación por parte de la familia del agresor y las autoridades. Esto debido a que la familia de Carrera Almoina formaba parte de un grupo de intelectuales del país. 

“A las mujeres, yo las invito a no vivir de migajas”. Con esa contundente frase Linda Loaiza se adentra en la denuncia sobre los derechos de las mujeres; un tema que tiene muchas aristas, pero también rostros, como el de ella, que reflejan la lucha por una sociedad libre de machismo y con justicia para todos. 

Loaiza comenta que debido a la revictimización que sufrió por parte de las autoridades tomó una actitud más radical frente a este tema. Para ella no hay matices cuando de violencia de género se trata.

“He desarrollado esa capacidad de no vivir de migajas frente a instituciones que están obligadas a cumplir y garantizar nuestros derechos”, dice con calma, pero con firmeza. El infierno que vivió no la doblega. La entereza la acompaña en cada palabra y acciones para lograr que sus exigencias sean escuchadas. 

Instancias internacionales

En noviembre de 2018, la CIDH emitió una sentencia en la que declaraba la responsabilidad del Estado venezolano en el caso de Linda Loaiza. La sentencia señala que el Estado es responsable por el accionar negligente e insuficiente en el caso de Loaiza, lo que hizo posible los delitos de esclavitud sexual y tortura en su contra. Otro aspecto que destaca la sentencia es que las autoridades policiales y judiciales actuaron bajo estereotipos de género, quienes alegaron que se trató de un “problema de pareja”, relación que ha sido negada por la víctima.

Doble Crimen, el libro que narra la revictimización que sufrió Linda Loaiza
Foto: Reuters

La CIDH señaló que no había una legislación adecuada para tramitar e investigar eficazmente las denuncias de casos de violencia contra la mujer por parte de los funcionarios. Destacó que los procesos en los tribunales no se desarrollaron en un plazo razonable. Además, no hubo medidas de protección e investigación adecuadas para Linda Loaiza y su familia, ante amenazas en su contra. 

“La CIDH reconoció que se cometieron los delitos de esclavitud sexual y tortura en mi contra. Además, se reconocieron las enormes fallas del sistema judicial venezolano y se reconoce que las autoridades actuaron bajo leyes discriminatorias. Por eso el Estado debe responder y cumplir con la sentencia. Mientras tanto el caso va a permanecer en impunidad y yo no voy a dejar de luchar”.

Doble Crimen y la memoria histórica

Kislinger explica que el libro resume todo el entramado de personajes y hechos que se generaron en los dos juicios sobre el caso de Loaiza. “La discriminación de las mujeres se da desde todas las ideologías. No importa el color o partido político. La discriminación de las mujeres se dio en la cuarta república y se da en la quinta”, precisa. 

Yo quiero que este libro quede como una memoria histórica y que se reconozca cómo se tratan los derechos de las mujeres en Venezuela”, destaca Loaiza.

La abogada destaca el retardo procesal de los responsables de femicidios en Venezuela y muchos de los casos están a la espera de una sentencia condenatoria. Señala que con este retardo el Estado le envía un mensaje de impunidad a los agresores. 

Desde su experiencia, Linda Loaiza exhorta a las mujeres a reconocer cuando son víctimas de violencia; pero pide, con especial hincapié, en denunciar y persistir ante las autoridades para exigir justicia. A su juicio, denunciar es uno de los factores más importantes. “Hay que insistir ante el sistema, aunque nos digan que no. No se puede renunciar a la denuncia, hay que denunciar”, enfatiza. 

Doble Crimen es un reflejo no solo del drama que vivió Linda Loaiza en 2001. Se trata de una radiografía de las agresiones que sufrió por parte de funcionarios policiales, judiciales y de la opinión pública. Todo dentro de una sociedad que no contempla los derechos de la mujer como prioridad. 

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