En cuatro años Maracaibo, estado Zulia, se transformó, a pesar de los incesantes apagones, en la ciudad con la conectividad a Internet más rápida de toda Venezuela. Hoy es posible contratar un plan fijo ilimitado GPON (del inglés “Gigabit-capable Passive Optical Network”) al proveedor Airtek de 600 Mbps de velocidad asimétrica por $35/mes y $89 por la instalación. En Caracas, Fastnet, por ejemplo, cobra $35 mensuales por un plan ilimitado de 8 Mbps inalámbricos y $500 por la instalación. Full Data Comunicaciones, otro proveedor zuliano, ofrece planes ilimitados con fibra óptica a partir de $25/mes y $99 por la instalación. Supercable, en el Municipio Chacao de Caracas, cobra 45 dólares mensuales a los clientes corporativos por  cada mega simétrico y dedicado vía fibra óptica, con un costo de instalación que alcanza los 590 dólares, con una sola dirección IP.

¿Cómo se explica esa oferta de precios tan dispares? Maracaibo atraviesa, según el ingeniero José Gregorio Morales, director-fundador de Conext Venezuela, la segunda ola del renacimiento de Internet en Venezuela, mientras que Caracas apenas empieza a transitar la primera, con los proveedores tratando de “extremar” el mercado, diseñando planes para el segmento con más poder adquisitivo y la fibra óptica iniciando su despliegue. Otra explicación de ese diferencial de precios sería, según el periodista William Peña, que los proveedores zulianos le compran ancho de banda a empresas colombianas y panameñas, sin sede en Venezuela, lo cual les permite competir sin enfrentar los costos de sus pares localizados en la Gran Caracas.

El efecto de esta “burbuja especulativa”, que ha marcado el renacer de la conectividad a Internet en Venezuela, fue explicado por el ingeniero Morales durante una ponencia en el foro “Tendencias del Mercado”, organizado por la  Cámara Nacional de Empresas de Telecomunicaciones (Canaemte).

La primera ola de la burbuja del Internet y su implosión

En el año 2017 aparecieron los primeros oferentes de servicio inalámbrico en la capital del estado Zulia. Esos WISP (del inglés “wireless Internet service provider”) emergieron como respuesta a un mercado casi apagado. Las grandes operadoras de telefonía móvil e Internet eran (y son) azotadas por  el robo y vandalismo  cotidiano sobre su infraestructura; los apagones constantes no le permitían garantizar la continuidad del servicio (la electricidad era racionada entre 4 y 8 horas diarias y, quizá lo más duro, el congelamiento de tarifas por parte de Conatel, que afectaba la operatividad de un tipo de negocio que trabaja con capital intensivo. 

Las WISP de esa primera ola operaban sin habilitación de Conatel; desplegaban confusas campañas donde ofrecían  “Internet Satelital” y sus planes de banda ancha inalámbrica oscilaban entre los 2 Mbps y los 10 Mbps asimétricos, con costos de instalación entre 250 y 500 dólares. Su posicionamiento era muy claro: atender al segmento premium de la población. Además, el servicio bordeaba lo pésimo, con alta latencia sucedánea de la reventa entre diversos WISP y contaban con muy poco respaldo de energía en sus nodos, lo cual originaba frecuentes caídas del servicio.

El perfil de esa burbuja describe parte de la masiva oferta disponible en Caracas y otras ciudades del país en este primer trimestre de 2021. Un servicio de Internet extremadamente costoso, inestable, con soporte deficiente y un menú de megabits por segundo distante de las necesidades del usuario que habita en la era covid-19, que demanda velocidad para acceder al teletrabajo, teleducación, telemedicina y entretenimiento vía streaming

Hace unos días, la mayoría de estos WISP fueron convocados por Conatel, donde debieron consignar recaudos para legalizar su situación y evitar un posible cierre definitivo de sus operaciones. Situación que mantuvo en vilo a sus clientes, que enfrentaron la caída del servicio hasta por 5 días continuos.  

La segunda ola de la burbuja

La llegada de la fibra óptica a Maracaibo y el despliegue de enlaces punto a punto convirtieron a la calurosa capital en la más veloz del país. Indica Morales que esa primera estructuración del servicio GPON se realizó con muy poca planificación. 

En el año 2020 entra al ruedo el primer proveedor de Fibra Óptica Directa al Hogar (FTTH), hoy hay más de siete, de los cuales solo dos estarían habilitados por Conatel. En sus inicios ofrecían planes asimétricos de hasta 100 Mbps, con una inversión en instalación de $150. Actualmente, algunos ofrecen planes simétricos de hasta  1000 Mbps y un costo de instalación de $89. Según el director de Conext Venezuela la calidad de estos servicios es aceptable, con algunas caídas en las horas pico. 

La competencia basada en precio por ancho de banda consolida un ecosistema que permite el acceso a usuarios que pueden pagar desde $15 mensuales por un servicio asimétrico de 60 Mbps. El despliegue de la segunda ola alcanza  Occidente  (Táchira y Mérida) y avanza hacia Lara, Carabobo y Aragua. La empresa zuliana Conext Venezuela, a través de su marca OZ, estaría operando en la Gran Caracas antes del cierre de 2021. En la capital, Cantv despliega GPON en algunas zonas e Inter  promete consolidar su fibra hogar durante este año. Ante esas opciones, es probable que el mercado encuentre su punto de equilibrio, como ocurrió en Zulia.

A pesar de estas nuevas velocidades, el promedio de conexión por banda ancha fija en Venezuela se mantiene para febrero de 2021, según speedtest.net, en la posición 148 en todo el mundo  con un promedio de descarga de 13.25 Mbps (el mundial es de 97.52 Mbps) y 10.33 Mbps de subida (el mundial es de 51.79 Mbps).

El ejecutivo de Conext/OZ  se pregunta si el país podría ingresar a una tercera ola de la burbuja. Una nueva ola que requiere proveedores que ofrezcan no solo servicios de Internet básico (Internet, Internet dedicado y SD-WAN), sino que sumen valores con servicios de video, servicios de telefonía, servicios de automatización y servicios complementarios (gaming, por ejemplo).  

La respuesta es compleja con solo 2.5 millones de venezolanos suscritos a servicios de banda ancha fija.  La tarea es traer gobernanza al ecosistema de Internet en Venezuela, expandir la conectividad (con calidad) y reducir una brecha que ya no es digital, sino existencial, en un mundo donde las nuevas tecnologías se vuelven vitales y los hogares se transforman en espacios tecnológicos de trabajo, educación, entretenimiento y realización personal.

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