• La falta de recursos tecnológicos y las limitaciones para la enseñanza pedagógica impiden la modalidad online impuesta por la pandemia. Foto: Fernando Pedrotti-Shutterstock

A más de un año de la llegada del covid-19 a Venezuela, el temor de muchos sigue estando latente; aunque algunos intentan adaptarse a la nueva realidad que este virus impone, incluídas las clases bajo la modalidad virtual. Sin embargo, en el caso de las personas con discapacidad visual, con ceguera o sordoceguera, esta emergencia sanitaria parece haber acentuado sus barreras y limitaciones para acceder a la información, la educación y los servicios.

“Fundamentalmente nos afecta o impacta el tema del covid-19. En principio, por la falta de implementación, de manera efectiva, de las políticas del Estado en materia de inclusión digital. Sabemos, por ejemplo, que existe el proyecto ‘Canaima Educativo’, pero su plataforma tecnológica, lamentablemente, tiene muchísimas debilidades; aparte de que el proceso de aprendizaje no se ha tomado en serio”, advierte para El Diario Ernesto Cabreras, presidente de la Federación de Instituciones de Ciegos (FVIC) que agrupa a más de 30 asociaciones y fundaciones de ciegos en el país.

Hay muchas herramientas tecnológicas que los estudiantes con discapacidad sordoceguera necesitan. Porque no solo se trata de una computadora con lector de pantalla, sino una computadora con línea braille integrada que le permita a la persona sordociega interactuar con el ordenador a través del hardware. Eso implica la adquisición del hardware, que resulta carísimo, y el adiestramiento del educando con discapacidad sordociega. En algún momento fueron adquiridas un gran número de líneas braille y fueron colocadas en centros de apoyo tecnológicos y bibliotecas. Hoy en día, estos equipos están literalmente inactivos, guardados, por apatía y falta de interés por parte de los representantes del Estado”, señala.

Según parámetros internacionales se estima que existe un universo de al menos 15% de personas con discapacidad visual o auditiva en cada país. En el caso de Venezuela, en la actualidad, se desconoce la cifra exacta. Al menos hasta 2011, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadísticas, se reportaban al menos 1.454.845 personas con alguna discapacidad, parcial o total, de la vista, el oído o a nivel neurológico. En ese momento, ya las estadísticas revelaban que una de las principales limitaciones que presentaba esta población era el aprendizaje; luego, el trabajo.

“No existen cifras oficiales confiables. Si hablamos de un país como Venezuela, con casi 36 millones de habitantes, se estima que existen unas 5 millones de personas con discapacidad, de las cuales el 20% presenta discapacidad visual. El último registro que pudimos hacer, a través de los planteles y servicios de escolaridad, en 2017, estábamos hablando de una población de más de 2.000 estudiantes (hasta los 15 años de edad) que estaban ingresados en el sistema educativo y estaban siendo atendidos en los planteles y servicios en la modalidad de educación especial. Estos jóvenes se están quedando atrás debido a las limitaciones en materia tecnológica, al acceso de plataformas, y por supuesto, también a la fuga de nuestros profesionales que, en medio de la situación país, han tenido que marcharse. Todos estos elementos los dejan desamparados”, señala Cabreras.  

Falta de recursos

Luisana Sandoval es una de los estudiantes que por las circunstancias actuales han quedado desamparados en el sistema educativo, bajo modalidad de educación especial. Debido a un tumor cerebral, su visión quedó limitada y se vio obligada a aprender a leer con los dedos.

“Soy paciente oncológica debido a un tumor cerebral llamado ‘carcinoma pineal’, por el cual me operaron en 2019. Me dejó con un problema de la vista, aunque ya tenía algunas deficiencias desde niña. Yo puedo ver hacia delante y hacia abajo; pero no ver hacia las esquinas. Por eso mi médico me recomendó aprender el sistema braille”, explica para El Diario la joven de 18 años de edad, estudiante de los primeros semestres de Turismo en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Unefa), en Catia La Mar, Vargas.

Se trata de un código especial de lectura y escritura que se basa fundamentalmente en lo táctil. Es un sistema que se lee con ambas manos, principalmente con los dedos índice y medio, de izquierda a derecha; y al revés, cuando se escribe. Ya cuando el alumno ha adquirido las técnicas y ha desarrollado destrezas, se le presenta un material complementario: la regleta y el punzón.

Clases en Venezuela

“Es un poco complicado leer con los dedos. Solo alcancé a tener dos clases presenciales. La pandemia me afectó mucho. Pero espero que todo mejore y pueda seguir aprendiendo. No hemos intentado hacer clases virtuales porque creo que sería mucho más difícil. Es más fácil presencial porque así tienes la oportunidad de que te expliquen y sepas si lo estás haciendo bien o lo estás haciendo mal”, dice la joven.

Su profesora, Lerkis Hernández, además explica que debido a la falta de recursos no puede siquiera plantear actualmente las clases online como alternativa. “La mayoría de los miembros de las instituciones no cuentan con los recursos idóneos para trabajar de manera remota e incluso siquiera participar en cursos virtuales. Requerimos computadoras y teléfonos inteligentes, además de Internet estable o wifi portátiles”, precisa para El Diario.

Hay muchos compañeros talentosos y capacitados. Pero por no tener las herramientas no pueden dar clases online. Yo quisiera seguir dando clases de braille o inclusive de inglés; pero tengo tres meses sin Internet. No tenemos módem ni router ni teléfono fijo. Quiero hacer muchas cosas pero sin los recursos tecnológicos me resulta imposible. Tengo un compañero dispuesto a compartir su Wi-fi pero me queda muy lejos. Se gasta mucho en pasaje. Son 600.000 bolívares ida y vuelta”, lamenta la profesora soltera, de 34 años de edad.

Aunque la cifra representa al menos 30 céntimos de dólar, el monto equivale al 50% del sueldo que percibe como docente adscrito al Ministerio de Educación. Para ella, la situación económica, aunada a las limitaciones para ejercer su profesión, le resultan lo más complicado de la pandemia.

“Lo más difícil es la situación económica. Lidiar con el día a día; con los alimentos tan caros que uno no puede comprar. Con mi sueldo no puedo comprar ni una harina. He pedido apoyo para comprar una computadora. La que tengo está inservible; como el ventilador se le dañó, se recalienta y se apaga. El teléfono me lo donó una compañera porque el que tenía se le había dañado la pila por los bajones de luz acá en La Guaira”, explica Hernández quien incluso, por dos dólares, dicta clases a videntes que quieran aprender el método braille.

Imposible a distancia

Al igual que la profesora Hernández, Yadira Sánchez, de 54 años de edad, busca sortear las dificultades y seguir con su propósito de enseñar. En su caso, padece de una discapacidad hereditaria que en principio fue visual y luego, de adulta, se convirtió también en auditiva.

“Yo nací viendo y escuchando poco. Me pusieron lentes con 2 de miopía a los dos años de edad. El problema con la audición sí me la descubrieron en 2006. Pero de la audición había sobrevivido porque yo aprendí a leer los labios”, cuenta Sánchez para El Diario.

Para ella, más allá del terreno tecnológico en materia de educación especial, también entran en juego otras barreras, inclusive pedagógicas, a la hora de enseñar de forma remota. Sobre todo si se trata de sordociegos, como ella.

“Yo dicto clases. En las primeras suelo hablar de la historia del braille y cómo se utilizan los puntos que le corresponden a cada letra y a cada número. Para enseñar hay de todo. Yo las enseño primero a nivel táctil, con los blíster de pastillas. Los recorto y los relleno con plastilina. El resto del blíster lo aplasto porque hay otras combinaciones restantes que pueden ser confundidas con la codificación de signos de puntuación en el sistema braille. También está el cartón de huevos. Los lleno con pelotas de anime”, detalla.

Según el artículo 2 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el braille es un medio de comunicación para las personas ciegas y puede ser pertinente en los contextos de la educación, la libertad de expresión y opinión y el acceso a la información y la comunicación escrita, así como en el contexto de la inclusión social para las personas ciegas. Sin embargo, en Venezuela, en el contexto actual, resulta una tarea titánica.

“La dificultad está cuando ellos tengan su regleta y punzón (que vendría siendo como el lápiz y el cuaderno) y escriban en sus hojas. Yo no lo voy a ver ni por foto, ni por video, ni por Zoom. Yo no los voy a ver. Tendría que tener algún familiar cercano que me indique cómo está la posición. No tengo cómo saber si lo estás haciendo bien. Una cosa es que yo te diga la forma de la letra en tinta (la “a” que conocemos, por ejemplo) a que te la enseñe de forma táctil, que es bajo otro código”, agrega.

Clases de sordociegos en Venezuela
Foto: Cortesía

Sánchez explica que la mayoría de sus estudiantes, además, no tienen acceso a tecnología inteligente. Tampoco a la regleta ni el punzón que, por lo general, se debe comprar fuera de Venezuela.

“Es inviable llevar las clases virtuales. A nivel general falta que las personas tengan sus herramientas en casa. La última vez, la regleta pequeña estaba en nueve dólares. Hay una cartulina bond especial pero no se consigue. Y cuando la consigues, el precio es impagable. Ahorita ni te sé decir. Hace siete años fue la última vez que la compramos y la tuvimos que pagar entre ocho”, recuerda. “Nosotros en Venezuela lo que hemos hecho es trabajar con hojas blancas. Yo lo que hago es que las uno y las pongo dobles. Además de que no hundo mucho para que no se rompa y no tenga un rechazo en los dedos”.

El riesgo vs. la tristeza

El regreso a las clases presenciales en Venezuela sigue siendo utópico. Lo que en principio había asomado el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, de retomar en abril, a las semanas fue desestimado por Nicolás Maduro, quien señaló que “por ahora” no estaría previsto el retorno a las aulas de clases.

Blind woman read book written in Braille

Mientras tanto, los docentes de la modalidad de educación especial, además de sortear las barreras anteriormente descritas, siguen afrontando el desafío de lidiar en términos de independencia y aislamiento en contexto de pandemia.

“Lo que más me ha afectado de la pandemia es el silencio total y una tristeza”, confiesa la profesora Sánchez; mientras que para Hernández ha sido la imposibilidad de movilizarse.

“No podemos salir solos. Corremos más riesgo de contagiarnos porque mucha gente nos puede dar la mano y en ese contacto resultamos más vulnerables. Ahorita, además, se están robando las alcantarillas y muchos de mis compañeros han caído en esos vacíos y han sufrido daños como fracturas”, denuncia.

Inclusión y compromiso

“Si el reto que supone la pandemia en materia educativa es apoyarnos en la educación a distancia, Venezuela está preparada para asumir el compromiso. No solo por esa vocación de servicio y calidad humana que tienen nuestros maestros venezolanos, sino porque normalmente en una parroquia existe por lo menos un Centro Bolivariano de Informática y Telemática. ¿Qué necesitamos? Que ese centro se abra para las personas con discapacidad visual y que se permita, al menos, activar los lectores de pantalla”, sentencia Cabreras.

Para Cabreras, ante el reto que se vislumbra en la adopción e implementación de estrategias adecuadas para atender a la población de personas con discapacidad visual o sordoceguera en Venezuela, resulta pertinente lograr una sinergia entre comunidad, familia y Estado.

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