• Caras nuevas integran el cuadro final de la categoría que reconoce la tarea de contar historias mediante imágenes, las mentes detrás del éxito o fracaso de cualquier película. En El Diario proponemos una mirada a través de la visión artística de estos cineastas para explicar las razones por las que podrían llevarse el galardón. Diseño: José Daniel Ramos @danielj2511

Actores, guionistas y personal técnico, todos son piezas claves para la filmación de una película. Sin embargo, es el director el engranaje central que hace funcionar todo el proceso a través de su visión. Este 25 de abril, durante la 93° edición de los Premios Oscar, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos recompensará la labor de quienes hacen del cine el séptimo arte.

Este año brilla por la abundancia de caras nuevas. Con excepción de David Fincher, el resto de los nominados debutan con trabajos noveles, e incluso una ópera prima. La Academia parece haber atendido los reclamos históricos de falta de mujeres en la categoría, al reconocer la obra de dos jóvenes directoras: Emerald Fennel y Chloé Zhao.

El Diario presenta un repaso por el trabajo de los nominados a las categoría de Mejor Director de los Premios Oscar.

Chloé Zhao (Nomadland)

La favorita de las quinielas para llevarse el galardón en los Premios Oscar, luego de arrasar en esta temporada con los Globos de Oro y el León de Oro del Festival de Venecia. En los premios de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (Bafta) en Mejor Película, Dirección y Cinematografía. De ganar, sería la segunda mujer en la historia de la Academia en triunfar dentro de esta categoría, luego de Kathryn Bigelow en 2010.

La directora china-americana retrata en Nomadland una imagen rara vez exhibida de los Estados Unidos: la pobreza y la deriva de aquellos abandonados tras la recesión económica de 2009. Es una adaptación del libro homónimo de Jessica Bruder, en el que aborda el tema de las personas de la tercera edad que, sin ahorros ni seguro, recorren el país en autocaravanas para subsistir. Mezcla la ficción de la historia de Fern (interpretada por Frances McDormand) con el mundo real, situaciones que son plasmadas en toda su crudeza, sin romanticismos ni eufemismos.

El extremo realismo y la naturalidad de sus escenas son uno de los puntos fuertes de la película, que, a momentos, imita el tono de los documentales para derribar la barrera entre el espectador y sus personajes. La humanidad que desbordan cada una de las historias de vida que se cruzan en el camino de Fern enriquecen la trama y se adentran en el mundo de los nómadas desde una perspectiva bastante cercana. Igualmente, el propio viaje de la protagonista constituye un relato introspectivo donde la interpretación de McDormand se sumerge sin muchos diálogos en toda la complejidad de su situación.

Quizás el punto más aclamado por la crítica en Nomadland es su fotografía. De la mano de Josua James Richards, se muestra la vastedad y belleza de los paisajes estadounidenses con planos abiertos y panorámicos a lo largo de la carretera. El hecho de que Zhao haya también producido y editado la cinta aporta un toque personal, propio del cine de autor. En esta visión, la naturaleza luce imponente y eterna en comparación con lo efímero de la vida humana, lo que complementa la narrativa al mostrar cómo los pensamientos de Fern se fusionan con su entorno. 

David Fincher (Mank)

Fincher es considerado un director de culto por ser uno de los exponentes del cine oscuro y nihilista que marcó la década de los años noventa. Filmes como Seven, The Game y Fight Club dan testimonio de su estilo y currículo. No obstante, sus dos nominaciones previas a los Premios Oscar han sido por sus películas más ligeras: El curioso caso de Benjamin Button (2008) y La red social (2010). 

La historia detrás de Mank demuestra la importancia que tuvo el proyecto para su director desde el plano personal. El guion fue escrito hace más de 25 años por su padre, Jack Fincher, y tenían planeado rodarlo en 1997 con Kevin Spacey y Jodie Foster como protagonistas. El plan nunca se concretó y Jack murió en 2003 sin ver su obra en la gran pantalla. No fue sino hasta 2019 que Fincher consiguió el apoyo de Netflix para empezar a filmar. Del mismo modo, el cineasta reveló en 2008 a la revista Empire que una de sus películas favoritas de todos los tiempos es Ciudadano Kane, de cuyo proceso de escritura se basa la trama.

Todo en Mank es un completo homenaje. En el plano estético, se recrea fielmente el estilo de las cintas de la década de los años treinta y cuarenta. Desde la música y el uso del blanco y negro, hasta los encuadres, transiciones y efectos especiales. Incluso se usan fondos falsos para las escenas de manejo en auto, con lo que se representa la realidad como si fuera una gran película. Fincher además hace un homenaje tácito a su padre y a la memoria del protagonista, Herman J. Mankiewicz, revalorizando el papel de los guionistas y, a su vez, también honra al cine mismo evocando su edad dorada, la pasión y el desengaño que le daban su magia a los grandes estudios de ese tiempo.

Al ser una película de corte histórico y biográfico, busca retratar con exactitud la vestimenta, arquitectura y mentalidad de su época para apegarse a su simulación de un clásico hollywoodense. Sin embargo, el director plasma también su estilo característico, con ambientes oscuros donde la monocromía ayuda a resaltar los contrastes y ángulos inusuales. El cinismo y la decadencia de las ciudades también se aborda acá, pero no con calles sucias, sino en salones lujosos y banquetes donde el protagonista debe lidiar con la quimera resplandeciente y grotesca que puede llegar a ser la industria del espectáculo.

Emerald Fennell (Promising Young Woman)

La actriz británica debuta como directora con esta cinta, aunque ya posee una reconocida trayectoria como escritora y guionista, especialmente por su trabajo con la serie de televisión Killing Eve. Al igual que Zhao, compite por ser la segunda mujer en llevarse la estatuilla en los Premios Oscar.

Fennell no solo dirigió la cinta, sino que también estuvo a cargo de su guion y producción. Esto se traduce en una obra sólida, donde la narrativa y la imagen están cohesionadas y todos los elementos conspiran a favor del misterio detrás de la venganza de Cassandra (interpretada por Carey Mullighan). La película es concisa, sin grandes pretensiones, pero efectiva a la hora de hilar cada escena desde su introducción hasta su desenlace.

Además de un fuerte competidor en la rama de dirección, Hermosa venganza tiene altas posibilidades de llevarse el Oscar a Mejor Guion Original. Sus diálogos son inteligentes y fluidos, encajando perfectamente con el carácter de cada personaje. Derrochan sarcasmo y acidez para hacer una comedia negra de un problema tan delicado como la violación, sin dejar de tratar el tema con seriedad. Tiene una doble moraleja clara, pero no por ello forzada. También mezcla elementos de thriller que hacen cuestionar todo el tiempo las acciones de Cassie, aunque se esté de acuerdo con sus motivaciones.

Fennel juega con diferentes géneros y estéticas a beneficio de la trama. Introduce rasgos de comedias románticas para relajar al espectador y que olvide por unos instantes el verdadero trasfondo de lo que ocurre. También utiliza el color para dotar a los escenarios de tonos pasteles y decoraciones que dan la sensación de un ambiente plástico, totalmente ajeno a la personalidad de Cassie, y que resalta por su oposición con los espacios más oscuros e intensos cuando está en su cacería. 

Lee Isaac Chung (Minari)

El director y guionista estadounidense ha conseguido con esta película de tintes autobiográficos el reconocimiento de la crítica, recibiendo galardones como Mejor Película de Habla no Inglesa en los Globos de Oro y los Premios de la Crítica Cinematográfica. En los Premios Oscar cuenta con seis nominaciones.

La Academia no reconoce a Minari para la categoría de Mejor Película Internacional, al ser una producción predominantemente estadounidense. Su triunfo en sus equivalentes de otras premiaciones se debe a la decisión del director de mantener la mayor parte de sus diálogos en coreano. Es cierto que Minari no se siente como una cinta americana convencional, pero tampoco coincide con el cine asiático. Es un híbrido, algo sui generis, justo como la historia que trata de contar a través de la familia Yi.

Aunque la trama es de ficción, Chung extrajo elementos de su propia experiencia como hijo de inmigrantes surcoreanos: la decisión de su padre de mudarse al campo, la reacción de la madre al ver el estado de la casa y la llegada de la abuela. fueron hechos reales, adornados con su dosis de drama. Es por eso que las imágenes en la cinta son tan poderosas, porque surgen de la mente del director en un intento por plasmar los recuerdos de su niñez. El color de la tierra, los planos abiertos y luminosos, lo acogedor de la sala de la casa. Todo está diseñado para evocar sensaciones, memorias de tiempos mucho más sencillos y nostálgicos.

En lo que recae el mayor peso de la película es en la familia. Se aprecia un interés de Chung por enfatizar las relaciones interpersonales entre sus miembros, con dinámicas reales para que el espectador se sienta identificado, incluso fuera del contexto cultural surcoreano. Los Yi representan a todas las familias que a lo largo de los últimos siglos han migrado a Estados Unidos en busca de una vida mejor.

Thomas Vinterberg (Another round)

Otra película de habla no inglesa en los Premios Oscar, esta vez auténticamente extranjera. Junto a Lars Von Trier, fundó del colectivo Dogma 95, el cual planteó un nuevo cine danés, más autóctono y alejado de las grandes producciones. Representa la apertura que la Academia ha tenido en los últimos años más allá sus fronteras, al estar nominada también a Mejor Película Internacional. Roma y Parásitos son antecedentes de esta política. 

Si bien Vinterberg se alejó luego de los preceptos de Dogma 95, en Another Round rescata parte de su esencia con un trabajo modesto, pero centrado en explotar al máximo su historia y personajes. Sus cuatro protagonistas, y en especial Martin (interpretado por Mads Mikkelsen), son el eje central. Tanto es así que el propio ritmo de la película es determinado por ellos, siendo lento cuando están sobrios y depresivos, o rápido y alegre en sus momentos de fiesta.

La historia está estructurada de modo que recrea en su tono las propias etapas de una borrachera: al comienzo divertida, festiva y cálida. Luego se sumerge en las penumbras de una borrachera depresiva, vergonzosa o violenta. Luego viene la resaca y el momento en que toca repasar y asumir las consecuencias de lo que ocurrió la noche anterior. Incluso se da la libertad de dejar a propósito algunos agujeros en la trama, como simulando la pérdida de memoria.

A pesar de su giro dramático, la cinta no busca aleccionar sobre los peligros del alcohol. Por el contrario, estudia el papel que cumple en la sociedad danesa y su importancia cultural, como catalizador social, alivio para la ansiedad o símbolo de celebración. El contraste entre la embriaguez jocosa en la juventud y la patética torpeza en la mediana edad. Allí el alcohol no es bueno ni malo, solo saca a relucir lo que hay en el interior de las personas.

Pero si hay un estado de ebriedad que Vinterberg desea explorar es el de la vida. Cómo la adolescencia parece ese momento en el que se está encendido y lleno de audacia, pero en la medida que pasan los años sus personajes se apagan hasta acabar inertes y vacíos. Martin y sus amigos buscan recuperar esa chispa a través del alcohol, en un experimento que solo prueba la falta de plenitud en sus rutinas. En su segundo plano trabaja el valor de la escuela, el impacto que un profesor apasionado puede tener sobre las próximas generaciones y la forma en la que opera el sistema educativo en el país nórdico.

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