• La actriz venezolana reside desde hace cinco años en Buenos Aires, en la casa de su niñez; un reencuentro que le ha permitido resignificar lo valioso. Desde allí, transmite semanalmente el espacio #NoTMuerasNunk a través de IGTV, en el que reflexiona sobre temas actuales. En mayo estrenará su primer unipersonal, Vivir en el intento, escrito por Basilio Álvarez y que ella coproduce junto a Skena Teatro: “Es nuestro abrazo. Un canto de esperanza en medio de la adversidad”. Foto principal: Steven Sierra

Marisa Román cree en el arte como herramienta para la liberación y transformación colectiva. Cree también en la colaboración para ejecutar procesos creativos y en cómo lo esencial robustece la vida. Para la actriz nacida en Caracas, a comienzos de 1982, es importante generar espacios donde todas las voces sean escuchadas.

Vegetariana, es la mayor de cinco hermanos. Descendiente de dos generaciones de inmigrantes, reside actualmente en Buenos Aires, Argentina, en la casa que habitó en su niñez. Desde allí habla sobre la vida, los afectos y el arte. 

Ligada a la actuación desde antes de cumplir su primera década de vida, sabe desenvolverse con comodidad en teatro, televisión y cine. Actualmente trabaja en su primer unipersonal Vivir en el intento, escrito por Basilio Álvarez, bajo la dirección de Armando Álvarez Esáa, que Román coproduce junto a Skena Teatro. Llevan más de nueve meses de trabajo en esta propuesta escénica, que estrenarán en mayo vía Zoom. 

Marisa Román: “Nos falta escuchar, aprender y empatizar con los demás”
Marisa Román comenzó su carrera en la actuación a los 9 años de edad / Crédito: Steven Sierra

“Me hace mucha ilusión abrir esta ventana para encontrarnos”, cuenta Román. Desde su cuenta en Instagram (@marisaromannet) suele actualizar a sus seguidores sobre los avances y detalles del proyecto; desde allí también recuerda versos de Hanni Ossott y Clarice Lispector; canciones de Sentimiento Muerto y Gustavo Cerati. 

“Creo que esta situación global nos ha trastocado la realidad a todos. Es inevitable. En mi caso particular lo que este último año ha dado eje a mis días y me ha mantenido enfocada y optimista ha sido el proceso de creación de mi unipersonal. A mediados del año pasado con mis amigos de Skena Teatro, comenzamos a investigar y explorar las posibilidades de Zoom como herramienta para la creación artística. Ha sido una bendición generar este espacio para volcar lo que estamos atravesando como humanidad en este momento tan complejo y ponerlo al servicio del arte. Vivir en el intento es nuestro regalo para todos los que se asomen a compartir este viaje con nosotros Es nuestro abrazo. Un canto de esperanza en medio de la adversidad”, expresa en entrevista para El Diario

Marisa Román: “Nos falta escuchar, aprender y empatizar con los demás”
La artista estrenará su primer unipersonal, Vivir en el intento, en el mes de mayo / Crédito: Steven Sierra

Ellos piden que #NoTMuerasNunk

Otro de los proyectos que desarrolla Marisa Román es No te mueras nunca, un espacio que transmite desde su cuenta de Instagram, junto al activista venezolano Daniel Arzola (creador de #NoSoyTuChiste). Son unos bites (bocados) de poco más de 10 minutos de duración en los que reflexionan sobre temas como el amor en tiempos de Apps, la adultez y los desafíos de la vida moderna, la moda de los 90, el cuerpo y el deseo. Los episodios completos están disponibles en YouTube y Spotify. Está por salir la segunda temporada. 

—¿Qué necesidades personales te empujaban hacia este proyecto?

—Honestamente es un proyecto que surgió espontáneamente. El punto de partida fue cuánto disfrutamos mi amigo Daniel Arzola y yo nuestras conversaciones. Dani veía claramente cómo armarlo: el tipo de contenido y la estructura de los episodios. Yo tenía claro cómo armar el equipo y la logística de producción. Sin pensarlo mucho pusimos nuestras habilidades al servicio del proyecto, lo fuimos diseñando en un intercambio de notas de voz entre Santiago de Chile y Buenos Aires, y una vez que se armó el equipo todo se fue ordenando para que sucediera. Finalmente grabamos la Season 1 en Buenos Aires a finales de 2019.

—De las temáticas presentadas en los episodios, ¿cuál te ha dejado mayores reflexiones sobre el ser humano?

—Creo que todos los episodios de alguna forma abren espacio para la reflexión desde la liviandad y el diálogo distendido de dos amigos en la intimidad. Desde distintos lugares todos son temas que me interesan y me atraviesan.

—¿Qué traerá la segunda temporada de No te mueras nunca?

Más de esos temas que debatimos con Dani en la intimidad, que nos resultan interesantes y sobre los que queremos generar un espacio de reflexión colectiva. Este revival de la Season 1 en IGTV nos ha reconectado con la energía del proyecto y ya estamos definiendo los temas de la Season 2.

—En un mundo digitalizado, sobre todo en tiempos de pandemia, ¿a qué estamos expuestas las personas con las redes sociales? Tanto en lo positivo como en lo negativo.

—Me encanta algo que dice Dani (Arzola) sobre las aplicaciones: ‘Tú decides cómo usarlas, las apps no te definen a ti’. Creo que la clave y el desafío están ahí, en hacer uso consciente de las redes sociales y las herramientas tecnológicas para no usarlas como autómatas. Hay de todo en ellas: bueno y malo. Si estamos presentes y conectados podemos elegir qué, para qué y cuándo consumirlo.

—Una de las grandes discusiones actuales es la concepción (individual y social) del cuerpo y de lo que somos, ¿cómo lo miras?

—Me parece importante que las mujeres, las disidencias, las minorías y los menos favorecidos tengan espacio para hacer escuchar su voz y defender sus derechos. Creo que estas luchas hoy son globales, en parte gracias a la tecnología que nos permite comunicarnos y mantenernos informados en tiempo real. Pero si pensamos en términos planetarios aún queda mucho trabajo por hacer. Nos falta escuchar, aprender y empatizar un montón con los demás. Todavía las decisiones de la humanidad las toman unos pocos sin considerar a los menos favorecidos.

—Acerca del uso del lenguaje inclusivo, más allá de sus defensores o detractores, ¿qué representa para ti?

—Respeto y aceptación, eso representa. Entender que no existe para las personas binarias sino para quienes no se identifican como personas cisgénero. Elles también tienen derecho de ser parte. En el lenguaje inclusivo entran todes. Creo que hay que abrir un poco la cabeza, pero sobre todo el corazón.

Sobre la memoria y de dónde venimos

—Vives en Buenos Aires desde 2016, ¿cómo ha sido la sido la experiencia? 

—Me parece mentira tener ya cinco años en esta ciudad. Alguna vez escuché que después del tercer año comenzabas a hacer tuyo un lugar y así ha sido para mí. Recuerdo que cuando llegué me costaba encontrar alguna dirección. Hoy me sorprendo reconociendo los cruces de calles. Amo andar en transporte público, leer o escuchar música y observar a la gente a mi alrededor. Aunque me criaron dos argentinos caribeñizados y venía con frecuencia a visitar a mi familia a Argentina, siento que recién ahora comprendo cómo funciona el país. Su cultura, sus conflictos y su idiosincrasia. Emigrar es un proceso y lleva tiempo. Hay que ser paciente y amoroso con uno mismo al transitarlo.

—¿Qué te ha permitido redescubrir el haber vuelto a la casa en la que viviste durante tu niñez? 

—Este regreso a la casa que habité en mi infancia en Buenos Aires ha sido sobre todo tiempo de resignificar. Los espacios, las relaciones, lo que es importante y valioso para mí. He aprendido que puedo vivir con menos de lo que jamás imaginé, que si algo molesta afuera lo mejor es trabajarlo adentro y que el verdadero amor no siempre está en armonía y eso es perfecto.

—Al crecer, y también al migrar, vamos construyendo una familia de afectos. ¿Cómo ha sido para ti?

—La verdad es que para mí siempre ha sido así. Pertenezco a la tercera generación de una familia de migrantes. Crecí en Venezuela rodeada de tíos y primas del corazón. Compartía mucho más con ellos que con mi familia biológica, que estaba en Argentina. La amistad siempre ha tenido un lugar muy importante en mi vida. Es uno de mis tesoros y mi forma de amor favorita. Mis amigos son mi familia elegida. Cultivo la amistad como lo que es para mí: uno de los pilares fundamentales de mi vida.

La televisión y sus personajes

Marisa Román comenzó a trabajar en la pequeña pantalla cuando tenía 15 años de edad. Es un ámbito ya demasiado familiar, ha dicho; conoce sus ritmos y lenguajes, es donde se siente más cómoda. Su primera aparición en telenovelas fue en Así es la vida (1998), le seguirían Viva la Pepa, en la que interpretó a Marianita, la mejor amiga de la protagonista;  A calzón quitao, donde se convirtió en Juliana; y Trapos íntimos en la que encarnó a María Soledad, todas producciones de Radio Caracas Televisión. Pasaría luego a Venevisión. Allí participó en dos de los dramáticos más recordados de su carrera: Cosita Rica y Ciudad Bendita, además de otros como La mujer perfecta. En el cine, ha formado parte de los largometrajes El manzano azul (2012) y Memorias de un soldado (2012). A lo largo de su trayectoria ha sido reconocida con diversos galardones en festivales nacionales. 

—Las morochas Verónica y María Suspiro de Cosita Rica son de los personajes más queridos de tu carrera en la televisión venezolana, ¿cómo las recuerdas tú? ¿Mantienes contacto con el actor Edgar Ramírez?

—Las recuerdo con mucho cariño y gratitud. Fue un tiempo luminoso para la industria de la televisión venezolana y me siento muy afortunada de haber sido parte y haber tenido el privilegio de trabajar con los mejores del país en los proyectos más importantes que se hicieron durante esos años. Las morochas siempre tendrán un lugar en mi corazón, así como lo tienen en los corazones de todos los televidentes que han tenido la dicha de cruzarse con ellas y su maravillosa historia. Con Edgar sigo en contacto y nos queremos mucho.

En la telenovela Cosita Rica (2003) interpretó a las morochas Verónica y María Suspiro, en un triángulo amoroso con el personaje del actor Edgar Ramírez / Crédito: Maritza Tortolero.

—¿Cómo sería la Bendita Sánchez de la Venezuela de 2021?

Bendita siempre decía que ella “pecaba por sincera”. De hecho se metía en muchos líos por su honestidad. Creo que sin duda hubiera estado presente en todas las manifestaciones de 2014 y 2017, y hoy en día estaría dándole la vuelta a las circunstancias para garantizarle comida y acceso a la salud a su familia. Me quedan dudas de si seguiría viviendo en Caracas. A lo mejor hubiese emigrado como los millones de compatriotas que hemos salido de Venezuela buscando mejores condiciones de vida para nosotros y nuestras familias.

Marisa Román: “Nos falta escuchar, aprender y empatizar con los demás”
Protagonizó el dramático Ciudad Bendita, de Leonardo Padrón, que transmitió Venevisión en 2006 / Cortesía Venevisión 
Noticias relacionadas