• Desde el año 2006, el Consejo Nacional Electoral reemplazó la figura de los observadores por un acompañamiento simbólico. La modificación condujo a la falta de credibilidad en los comicios por parte de organismos internacionales. Leandro Querido, director de Transparencia Electoral, dijo para El Diario que los observadores son fundamentales para el fortalecimiento de la democracia

Restablecer la observación electoral es uno de los pasos importantes que debe dar el nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) para garantizar verdaderamente unas elecciones plurales y verificables en Venezuela. Bajo el pretexto de salvaguardar la soberanía nacional, desde el año 2006 el ente comicial prohibió estas misiones nacionales e internacionales de auditoría de los procesos electorales y lo sustituyó por la figura de “acompañantes”. Estos últimos, con un rol más bien simbólico, eran mayoritariamente afines al chavismo, lo que restó credibilidad a los comicios de cara a la población venezolana y a la comunidad internacional.

¿Cuáles son las diferencias?

Eugenio Martínez, periodista de El Diario especializado en asuntos electorales, explicó previamente que la diferencia fundamental radica en que los acompañantes no tienen verdadero acceso a la verificación de todas las etapas que forman parte del proceso electoral, se instalan con poca anticipación, y tienen prohibido hacer pronunciamientos públicos durante y después del proceso electoral sin autorización. Consiste, por lo tanto, en una presencia política simbólica y no en una evaluación sistemática, como corresponde a los observadores.

Asimismo, el Reglamento General de Ley Orgánica de Procesos Electorales (Lopre) plantea una revocación de credenciales a discreción del CNE si considera que se infligen las normativas correspondientes.

El mismo ente comicial, en concordancia con la narrativa del oficialismo, refiere que la observación electoral como una práctica “marcada por una fuerte concepción asimétrica, de tutelaje y de legitimación con base en los valores propios de quien observa”. Dicha condición, argumenta, “asume sus propios parámetros y pretende constituirse en la fuente de legitimación de los procesos nacionales sin mediar las particularidades culturales, políticas y sociales de los pueblos a donde acude”.

Para Leandro Querido, director de Transparencia Electoral, una ONG con experiencia en observación en procesos electorales en Latinoamérica, el acompañamiento “no tiene ninguna capacidad ni ninguna potencialidad para poder hacer un estudio exhaustivo de cómo funciona un proceso electoral”.

En este sentido, Querido destacó para El Diario que la observación electoral con base en los estándares de la región ayuda “a la consolidación democrática y al fortalecimiento de las instituciones democráticas”.

Esto se logra a través de una línea de trabajo que conlleva tres etapas elementales:

– La preelectoral, en la que, con varias semanas de anticipación, los observadores toman contacto con las autoridades electorales del país, analizan de qué manera se implementa el cronograma electoral y reciben las denuncias o alertas previas de los partidos políticos, candidatos y de la sociedad civil.

– La jornada de votación, en la que se monitorea en centros electorales de todo territorio nacional la celebración de los comicios y se certifique que se cumplen con las garantías mínimas. De igual manera, se pueden hacer pronunciamientos y declaraciones a la prensa independientes al CNE. La restricción de esto último, dijo Querido, niega a la ciudadanía derechos básicos como el estar informado sobre lo que sucede a través de fuentes alternativas a los gobiernos o autoridades electorales.

– La poselectoral, en la que los observadores compilan la información toda esta información para luego elaborar un informe y emitir una serie de recomendaciones.

Esas recomendaciones tienden a consolidar esta concepción que tiene que ver con una democracia plural, una democracia fortalecida que se construye, sobre todo, a partir de realizar elecciones de carácter íntegro. Esto es muy importante. Tiene que ver con consolidar el Estado de derecho, los derechos humanos, con profesionalizar a la autoridad electoral, eliminar las barreras que limitan la participación electoral, poner la atención en las minorías (…) El aporte de la Observación Electoral en la región ha sido fundamental en los últimos 20 años, y esto mucho tiene que ver con el carácter técnico que ahora asume”, señaló el director de Transparencia Electoral.

¿Qué hay que hacer para tener Observación Electoral?

Como explicó Eugenio Martínez, la restitución de la Observación Electoral es posible con un cambio simple en el Reglamento General de la Lopre. Y “que incorpore los parámetros de la observación nacional e internacional y se puede realizar a través de un acto resolutorio del CNE que modifique el Título XVI del Reglamento General de la Lopre, estableciendo taxativamente que el organismo electoral no tiene control para objetar y controlar las misiones de observación nacionales e internacionales”.

En cuanto a los estándares de la región para una Observación Electoral confiable, Leandro Querido mencionó los procedimientos de la OEA. Si bien esta organización rechazó el nombramiento de las nuevas autoridades del CNE por considerar su origen ilegítimo en la Asamblea Nacional del chavismo, los procedimientos son similares en otras instancias.

Observadores electorales de la OEA en Guatemala

En primer lugar, el país debe solicitar la participación de una misión del organismo. Posteriormente, se convoca a países de la región y de otros continentes para la conformación de los observadores. Una vez conformados, se instalan los observadores regionales, los cuales se instalan en los estados o en las provincias. Allí hacen reuniones previas de capacitación, toman contacto con autoridades electorales, partidos políticos y sociedad civil. Por último, llegan los observadores que estarán en los centros de votación. Así se conforma la misión que generalmente la conforman más de 50 personas.

El lapso mínimo para una observación entre que se arma la misión, se despliega en el país es de seis meses.

La soberanía no es problema

Para el director de Transparencia Electoral, la narrativa de la violación de la soberanía nacional es un recurso frecuente en los autoritarismos que evidencia que los procesos electorales no son auditables. “Son fake-elecciones”, opinó.

Detalló que, en las últimas dos décadas, los Observadores Electorales han atravesado un proceso de profesionalización que lo ha llevado a ser muy técnico. En consecuencia, resalta su valor:

“Esa mirada externa le aporta, sin lugar a dudas, un enriquecimiento al proceso electoral del país. Es decir, me parece que es imposible disociar el fortalecimiento de los sistemas electorales de América latina de los últimos 20 años de la Observación Electoral. Mucho tuvo que ver la Observación Electoral para poder conformar, para poder profesionalizar la autoridad electoral de la región, que esto es un tema no menor”, dijo.

Por lo tanto, consideró que, contrario a lo que establece la normativa vigente del CNE, la Observación Electoral busca garantizar que la soberanía popular se exprese a través de unas elecciones libres y transparentes.

Los antecedentes marcan el camino

Esa importancia de la observación electoral se evidencia si se traza una comparativa de los procesos electorales durante los primeros años de la llamada “revolución bolivariana” con los comicios más recientes. Ha sido, pues, fundamental para el reconocimiento de los resultados tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Para las elecciones presidenciales de 1999, el referendo revocatorio de 2004, las parlamentarias de 2005 y las presidenciales de 2006, llegaron al país observadores electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Europea (UE), del Centro Carter, así como representantes de diferentes ONG de todo el mundo.

Como documentó el Centro de Justicia y Paz (Cepaz), durante esos comicios los observadores electorales internacionales contaban con el derecho a la libre circulación por el país sin necesidad de permiso o notificación previa, al libre acceso a la información y a todos los partidos políticos, posibles candidatos y funcionarios electorales, así como los representantes de la sociedad civil y sus electores.

“Además establecía la existencia de una coordinación con el CNE de realizar entrevistas, reuniones o visitas a los funcionarios electorales, espacios u oficinas, así como las empresas privadas que tengan a su cargo la organización y supervisión de los procesos de votación, captación de huellas, auditorías, escrutinio, totalización y cómputo de resultados”.

También tenían acceso a las auditorías previas, la observación y ejecución de las operaciones electorales, al acceso de la información relativa al Registro Electoral, a las bases de datos en los servidores, a los códigos fuentes y a los sistemas operativos referentes al mismo, a la observación de la votación, captación de huellas, auditorías, escrutinio, procedimientos de recuento, agregación y tabulación, transmisión y de resultados.

Con algunas observaciones, la comunidad internacional avaló el proceso electoral. Eso cambió con la modificación de la Lopre en el año 2006. La OEA, la UE o el Centro Carter, que antes apoyaron los procesos electorales, presentaron su rechazo a la modificación.

“El propósito del acompañamiento es invitar a extranjeros a observar las actividades realizadas durante día de la votación, mediante una presencia política mayormente simbólica; mientras que el propósito de la observación, es el de invitar a organizaciones internacionales a evaluar el proceso electoral en su conjunto de manera sistemática”, manifestó en un comunicado el Centro Carter.

Como resultado de ello, para las presidenciales de 2012 solo tres organizaciones internacionales enviaron misiones de acompañamiento internacional: el Mercado Común del Sur (Mercosur), organización sin competencias electorales; la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y que hasta ese momento tenían poca experiencia en observación electoral. Además, las dos primeras carecían de credibilidad debido a su clara afinidad política con el chavismo.

Desde las elecciones presidenciales entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles, ninguna organización como la OEA, la UE o el Centro Carter han recibido invitaciones a participar como observadores electorales en Venezuela. Y salvo a las elecciones parlamentarias de 2015, no han reconocido los resultados del resto de comicios por falta de garantías. 

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