• Wolfgang Salazar es un artista venezolano que se ha dedicado a transformar las calles de la ciudad a través de sus murales. Foto principal: Jeanneizy García | @jeanneizy

La palabra embellecer no combina mucho con el propósito de sus pinturas. Badsura no embellece las calles de Caracas, las transforma, porque el objetivo de su arte va más allá de lo estético. Sus murales abarcan paredes que antes estaban abandonadas y sucumbieron al olvido generado por el agitado ritmo capitalino. Esos lienzos de concreto sucios y desgastados reciben una segunda oportunidad. Se convierten en el lugar perfecto para plasmar los murales que le permiten a los ciudadanos reencontrarse con su esencia, terminar con el vacío cultural, visualizar la realidad de Venezuela y también para identificarse con alguna de las obras. 

Y es que para Wolfgang Salazar, conocido en redes sociales como Badsura, el mensaje es lo más importante. Grandes murales que resaltan la cultura venezolana a través de retratos de personajes icónicos como Simón Díaz, Oscar D’ León o José Gregorio Hernández se roban la mirada de los transeúntes que, en su afán diario, les invita a reflexionar sobre su identidad y quizás, también sobre la pintura. 

Badsura ha pintado los rostros del karateca venezolano Antonio Díaz, la periodista Valentina Quintero, el ciclista Daniel Dhers, los artistas cinéticos Carlos Cruz Díez y Jesús Soto, el artista plástico Juvenal Ravelo, los comediantes Charly Mata y El Conde del Guácharo, entre muchos otros que en diferentes áreas representan a Venezuela. También ha pintado obras sobre las arepas, la comunidad indígena del país, los Diablos Danzantes de Yare, la Venus de Tacarigua, entre otros. Incluso ha presentado su obra en el Museo de Arte Moderno Jesús Soto. 

Foto: @badsura

Durante algún tiempo reflexionó y se preguntó por qué la música de Simón Díaz y Oscar D’ León no se escuchaba casi en las emisoras radiales del país. De alguna manera sintió que se estaba perdiendo la identidad musical venezolana. 

Si eso no sale en los medios de comunicación hay que pintar un mural gigante para que la gente se choque con él y recuerde su identidad”, afirma durante una entrevista a El Diario

Recuerda que al finalizar el mural de Simón Díaz en Chacao una señora con su hijo se acercaron para apreciar la obra y entre ellos sostuvieron esta conversación: 

—Mamá, ¿quién es ese? 

—Ese es Simón Díaz, hijo

—No, no sé quién es

—El de la “Vaca Mariposa”, hijo

—No, mamá, de verdad no sé quién es

—Bueno hijo, cuando lleguemos a la casa te voy a poner varias canciones para que conozcas su música. 

Mientras, Badsura escuchaba y a la vez pensaba en que su obra le invitó a esa familia a reflexionar y a sentir la necesidad de reencontrarse con su identidad. 

Foto> Jon Quevedo @jonqf

Denuncia que invita a la reflexión 

El mensaje de este artista autodidacta tiene otros propósitos además de rescatar la identidad del venezolano.El arte ha sido una herramienta de denuncia para visibilizar problemas sociales ignorados por quienes tienen la posibilidad de brindar una solución. El arte mural de Badsura busca la reflexión en las personas ante alguna situación que afecte a esa comunidad. 

“Lo que trato es plantear desde el aspecto positivo para que haya una reflexión. Para que la gente se identifique, pero también para visualizar una solución desde la perspectiva de la obra. Tal vez no tengo la responsabilidad de acomodar el tema eléctrico en Caracas, pero al pintar algo relacionado a eso pase algún funcionario y diga: ‘mira lo que está aquí, debo solucionar esto’. Puede que la gente piense que no puede solucionar el problema eléctrico pero puede decir: ‘Mira, ese soy yo, yo soy esa persona que está ahí pintada cargando la bombona de gas todos los días. Si yo no hago eso mi hijo no come, no estudia y no crece”, explica el artista venezolano.

En febrero del año 2020 pintó un mural en Los Rosales, Caracas, donde plasmaba la dolarización en el país y el impacto que ha tenido en los ciudadanos. Eso lo plasmó en las expresiones faciales de un hombre que mostraban alegría cuando tenía un billete de 20 dólares en la mano y decepción cuando tenía uno de 20.000 bolívares. Otra obra elaborada en la plaza Las Tres Gracias muestra a una mujer sosteniendo una vela en sus manos. Este mural fue pintado en mayo de 2019, dos meses después del gran apagón nacional que se prolongó por más de 100 horas consecutivas.

 

Foto: @badsura
Foto: Jeanneizy García @jeanneizy

Este es un ejemplo de la forma en que Badsura trata de inspirar: transformando,  pero sobre todo reflexionando.

Este objetivo lo ha logrado con un arte y en medio de una sociedad que ha mutado con el tiempo. Hace unas décadas atrás el arte callejero no era bien recibido en la ciudad y el grafitti era relacionado con vandalismo. Sin embargo, fue el grafiti el punto de partida en la carrera de Badsura y de donde aprendió y desarrolló técnicas en la actualidad. 

Formación autodidacta

Su mamá es profesora de Biología y durante la época en que la máquina de escribir aún se usaba, ella acostumbraba a dibujar células y otras imágenes académicas para los exámenes de sus alumnos. En casa ella misma hacía los adornos de Navidad, fue entonces cuando su hijo Wolfgang se interesó por dar los primeros pasos en el dibujo y hacer lo mismo que hacía su madre en papel. A partir de ese momento el dibujo y la pintura se convirtieron en una parte fundamental en la vida del artista y en su profesión. 

Cuando era adolescente, junto a unos amigos, crearon un grupo para representar a la comunidad de Los Rosales. Su función era hacer grafitis, un arte que él no conocía bien. Se preparó y practicó las técnicas apropiadas y fue poco a poco dominando este arte.

Llegó un momento en donde la reflexión me decía que necesitaba comunicar otras cosas y este lenguaje del graffiti a veces se me quedaba corto”, explica.

Recuerda con jocosidad cuando intentó estudiar dibujo en una academia de Caracas. Al segundo día desistió porque él no quería simplemente reproducir imágenes en un papel. “Siempre he sido burda de rebelde, yo quiero hacer mis ideas”, se ríe. 

Fue entonces cuando incursionó en el muralismo, donde usa técnicas del grafiti y desarrolla el estudio de la iconografía. 

“Hay un estudio que he venido desarrollando sobre la iconografía y sobre los diversos aspectos culturales que tenemos en el país y que han sido dejado a un lado por otras culturas en cierta forma como un vacío cultural. Entonces mediante la investigación y desarrollo de esa iconografía y pinturas en diversos formatos, lo que trato es de mostrar y visualizar esos valores culturales que nosotros tenemos. Lo interesante es que se plantea desde una óptica más contemporánea, actual, fresca y diversa, para que el mensaje pueda calar”, comenta Salazar. 

Foto: @badsura
Foto: @badsura

Mutación del arte urbano y su percepción

Los inicios de Badsura se dieron en el oeste de Caracas, donde abundan las zonas populares de la ciudad. Ahí había mayor apertura al arte urbano y la gente era más receptiva, así lo describe el artista al remontarse a aquellos años.

Pero esa receptividad cambió y con los años las personas “voltearon la mirada, quizás hacía sus propios problemas”. 

Con el tiempo, el arte y la percepción de la sociedad sufrió una nueva mutación. Y es que el arte urbano dejó de ser algo clandestino y se convirtió en una propuesta firme de muchos artistas en el mundo. A juicio de Badsura, esa fue la clave para que en la capital se le diera cabida a esta forma de expresión, sobre todo en el este de la ciudad donde las reglas y permisologías son mucho más estrictas. 

También ha tenido la oportunidad de participar en festivales y mostrar su arte en países como Perú, Ecuador, Colombia, Francia, Italia, España, Brasil, Alemania y Turquía.

La reacción de la gente cuando ven un mural de Badsura hace que poco a poco cumpla sus objetivos, pero sobre todo le permite a las personas observar algo diferente a su realidad diaria. 

“La gente está empezando a vivir cada obra como una nueva noticia buena y son adictos a buenas noticias”, asegura. 

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