• Desde Valencia, un hombre lleva la causa de Sembremos Más Vida, una organización familiar y con voluntarios que siembran y regalan semillas de Araguaneyes y otros árboles. En esta entrevista, contó su historia de cómo nació la idea y de qué manera puede ser replicada por cualquier venezolano que le interese esta causa

Ricardo Noguera le dice a su hijo que se cambie los zapatos y se ponga las botas negras de caucho que le llegan hasta la rodilla. Emocionado, aguarda a que su papá traiga las semillas del árbol dorado. El niño se queda callado por un momento y pregunta cómo crecerá aquel árbol, si es que nacen así, de color amarillo. Él le explica que hay que cuidarlos para que  puedan crecer con ese color, que son como pequeños arbustos que necesitan ser atendidos durante sus primeros años de vida. Su hijo toma las semillas y va hacia el patio. Su papá le heredó la curiosidad que él ahora cultiva: sembrar Araguaneyes para que en Venezuela nazcan más árboles dorados. 

Los primeros voluntarios que tuvo Ricardo fueron su hijo de 10 años de edad y su sobrina de 8. Querían que aunque sea un Araguaney prosperara en la avenida donde residen en San Diego, Valencia, estado Carabobo.

La familia venezolana que trabaja para sembrar el Araguaney en todo el país
Foto: álbum familiar

Plantaron alrededor de 15 árboles, pero no tenían muchas esperanzas por las condiciones ya difíciles de la sequía. Ahí, en esa tierra, crecieron 10 árboles que iniciaron el proyecto para sembrar y cuidar los árboles de la zona.

En la familia no hay especialistas, pero la ayuda de biólogos, agrónomos y la propia inventiva de los vecinos con las plantas les ha permitido cultivar con éxito la tierra árida. Y es que Ricardo y los otros miembros de su comunidad han desarrollado un sistema de cuidado.

Lo dice porque todos los días se acercan personas que quiere ayudar a regar los árboles nacientes y, en una ocasión, así fue como se enteró que el Araguaney que estaba sembrando no era el venezolano, sino el brasileño.

La familia venezolana que trabaja para sembrar el Araguaney en todo el país

El árbol dorado, pero de Venezuela 

Desde niños, y en las escuelas, se enseña que el Araguaney es el Árbol Nacional de Venezuela, pero no cómo identificarlo. Ricardo explica que esto lo aprendió apenas el año pasado, en 2020. El Tebehuia Chrisantha se puede diferenciar por su tronco de coloración marrón oscuro y por su gran tamaño, además de que sus ramas crecen en forma de paragua. Teniendo a dos ejemplares de frente, comenta, no es posible diferenciarlos, pues la manera más fácil de poder hacerlo es estando debajo de cada árbol.

El flor amarillo, como también se le conoce al árbol de origen brasileño, es más pequeño y sus hojas son puntiagudas y similares a las de un árbol de mango. Ricardo cuenta que las razones por las que se ha multiplicado con mayor facilidad este Araguaney es que es de rápido crecimiento y puede florecer en un periodo de dos a cuatro años.

“Por eso vemos que en las carreteras nacen muchos, pero a simple vista, la mayoría son pequeños”, dice. Ricardo comenta que si bien el Árbol Nacional puede tener una vida de entre 80 y 120 años, las flores amarillas comienzan a crecer a partir del octavo o décimo año luego de su siembra.

“El ejemplar venezolano es de muy lento crecimiento y algunos no crecen por las condiciones del terreno. También muchas veces las personas no se dan cuenta que es un árbol en crecimiento porque durante los primeros cuatro o cinco años de vida se queda por debajo del tamaño de un hombre. No alcanza los 2 metros hasta después de los ochos años. Por eso, el ejemplar brasileño, al ser de más rápido crecimiento, se ha multiplicado muchísimo en Valencia”, agregó. 

En la comunidad, dice, están contentos porque fue este año que los Araguaneyes florearon. Sospechan que el año pasado esto no sucedió por las condiciones del terreno. También por la falta de lluvia y otros factores que todavía desconocen. Tan solo este año se marchitaron al menos 200 plantas. 

La familia venezolana que trabaja para sembrar el Araguaney en todo el país
Foto: álbum familiar

Competir con la sequía es una tarea que exige atención constante y de sacrificios por el recurso ausente del agua, pero la victoria, afirma, es reconfortante. Actualmente cuentan con 10 Araguaneyes en la comunidad y la mayoría dio buena semilla. Ahí fue cuando nació el proyecto ecológico.

Más de 100 mil semillas a partir de un jardín comunitario

Ricardo piensa que la regeneración del planeta comienza por el suelo. Hace un año,  él salió del país y regresó para ver a su hijo. Pensó en la siembra de árboles porque quería como un nexo y algo que los uniera aún a distancia, pues tenía planes de salir de Venezuela al finalizar la pandemia. Hoy el proyecto no solo siembra una variedad de Araguaneyes, sino también Apamates, Franboyán, Samanes, como otros ejemplares. 

Superar obstáculos es para Ricardo parte de su trabajo y los enfrenta con buena cara. Lo dice porque está consciente de los problemas de agua. En enero, no tuvieron otra opción más que, entre los miembros de la comunidad, se alquilara una cisterna de agua para los vecinos y así también regar los árboles. No sería posible si lo hiciera él solo, admite. Hace apenas unos días, volvió a sembrar, junto a un equipo de voluntarios que se interesaron en el proyecto ecológico, en una área verde de San Diego. Lo hicieron, una vez más, superando los obstáculos como la tierra árida, el exceso de sol y la falta de lluvia.

Hoy Sembremos Más Vida sobrevive y se mantiene gracias a la idea de un vivero comunitario y el apoyo de aliados nacionales. Ricardo comenta que venden cualquier tipo de árbol para apoyar a que se puedan seguir sembrando en Valencia. Además, por el Día del Árbol, el sábado 29 de mayo organizaron una campaña para regalar más de 100.000 semillas de Araguaney y Apamate rosado. 

Las personas que se interesaron en formar parte del proyecto recibieron entre 20 y 30 semillas para germinar en sus casas. En un pote plástico se colocan junto a un centímetro de tierra. Luego, cuando van creciendo, se van traspasando a envases de refresco esperando que crezcan lo suficiente para que puedan ser sembrados en la temporada de lluvias y que comienza entre septiembre y octubre.

Aunque no tenemos la cuenta exacta, podemos decir que superamos las 100 mil semillas entregadas. Así también hemos entregado semillas a la gobernación del municipio, como también a viveros, parques nacionales así como el Jardín Botánico de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Y es muy sencillo, pues las enviamos a todos los estados del país mediante unos sobres. Estamos muy contentos porque esta idea puede replicarse en cualquier lugar de Venezuela porque nosotros empezamos cada uno desde su casa”, indicó.

A pesar de los periodos prolongados de sequía, todos los días se adaptan a ella. El proyecto, que nació en pandemia, se ha dado a conocer gracias a la receptividad de las personas que desean multiplicar la presencia del Árbol Nacional de Venezuela. Para Ricardo, el proyecto servirá para multiplicar el ecosistema de árboles de la zona, pero también para ofrecer opciones ecológicas al Estado.

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