• El equipo de El Diario conversó con Carlos Pélaez, biólogo y ecólogo, para conocer las consecuencias de un proceso de tala indiscriminada en las zonas boscosas del país

La cocina es un lugar de reunión familiar y de recuerdos. Cada momento es reconocido a través del lazo creado por la comida, como medio, punto y finalidad de las horas familiares. Pero, en los últimos meses, miles de venezolanos han tenido que recurrir a la tala de árboles para poder cocinar, ya que el servicio de gas doméstico es, prácticamente, inexistente en varios estados del territorio nacional.

Ante esta situación, creada por la necesidad de los ciudadanos, se presenta un resultado desfavorecedor para las zonas vegetales del país.

Carlos Pélaez, biólogo, ecólogo y miembro de Provita, comentó en exclusiva para El Diario que la información recopilada, por los momentos, es anecdótica.

Según los reportes que ha recibido la ONG este problema se registra en distintas regiones del país como Guárico, Táchira, Mérida, Nueva Esparta, Aragua e, incluso, en la región capital. 

Foto: cortesía

El Observatorio Venezuela de Servicios Públicos (OVSP) publicó que, apenas, el 23% de la población cuenta con gas directo y el 73% depende del suministro de la bombona de gas, servicio que ofrece la empresa estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa).

Además, según las cifras presentadas por el Instituto de estudios superiores de administración (IESA) la producción interna de gas cayó 40% entre 2018 y 2019.

La distribución del servicio se ha visto reducida y, ante la imperante necesidad de cocinar los alimentos, los ciudadanos de estas regiones recurren a la leña y a la tala de árboles.

Se pensaría que todos los parques nacionales con población a su alrededor peligran ante esta situación. Los más vulnerables son los parques nacionales áridos como Mochima, Los Roques, Margarita y, por otro lado, los parques nacionales parameros en los Andes. En estas zonas la vegetación crece más lento y es más vulnerable a este tipo de degradación”, puntualiza.

La reacción de la tala y quema de zonas boscosas por la ausencia del servicio público ocurre desde la denuncia personal. No existe todavía, aclara Pélaez, un reconocimiento estadístico. “Este tipo de denuncias está saliendo a la luz en este momento”. 

Por ahora, los ciudadanos usan la red social Twitter como la plataforma para denunciar la deplorable situación de los servicios públicos. Varios usuarios, a través de la cuenta del biólogo Carlos Pélaez, denunciaron la situación de distintos estados en el país. “Nosotros los ecólogos pedimos a la gente que, en la medida de lo posible, haga contraloría social”, dice. 

Para iniciar el trabajo de reconocimiento sobre la precariedad del servicio de gas y, posteriormente, establecer a la tala como un resultado de este es pertinente, según Pélaez, la función de la ciudadanía para recopilar datos e imágenes para el trabajo de los ecólogos.

Muchos de los parques nacionales en el territorio están en constante peligro por los incendios forestales provocados por los seres humanos. Entre ellos se pueden establecer al Parque Nacional Henri Pittier en el estado Aragua o el Wairara Repano (Ávila) ubicado en el Distrito Capital. Cada uno está, en estos momentos, en un peligro mayor por la necesidad de encontrar una forma de cocinar los alimentos. 

Impera la necesidad en Nueva Esparta

En Nueva Esparta Dante Rivas, designado presidente de Corpo Nueva Esparta por el régimen de Nicolás Maduro, expuso unas “medidas de resistencia”, en las cuales “aconseja” a los ciudadanos de la entidad a utilizar la leña para ahorrar el gas.

Para José Manuel Briceño, subdirector de Provita en Nueva Esparta, el fomento de la tala indiscriminada de árboles por el encargado del servicio en la región es un atentado contra el ecosistema vegetal de la isla y, sobre todo, para la vida de los mismos habitantes.

“Hay personas que buscan madera de árboles muertos para aprovecharlos como leña y a eso no nos oponemos porque ante la necesidad, la sobrevivencia impera. Pero de allí a fomentar el uso indiscriminado de nuestros bosques como leña, solo para justificar lo irregular del servicio de gas, sin siquiera contar con un plan de recuperación o de aprovechamiento sostenible, nos parece inconcebible”, aseveró Briceño en el informe de Provita.

Una de las zonas más afectadas de la isla, caracterizada por su imagen de fervor vacacional, donde muchos venezolanos y extranjeros tienen recuerdos inmemoriales, es el bosque seco de la Península de Macanao. Esta área es propensa a la proliferación de incendios forestales y tala de árboles, por su característica árida. 

Ante este caso Briceño comentó que es pertinente la colaboración de todas las instituciones de la isla, sin distingo político, para la articulación de un plan que permita iniciar el rescate de las áreas boscosas y secas de Nueva Esparta.

“También hemos visto la afectación de los manglares de la Laguna de los Mártires en Juangriego, entre muchas otras zonas. No debemos esperar que el daño sea irremediable, es hora de unirnos por la restauración y el uso sostenible”, puntualizó. 

Foto: cortesía

Para Carlos Pélaez las medidas tomadas para la recuperación de la flora donde se ha visto la tala indiscriminada tendrán, primero, con el estudio pertinente de las zonas afectadas.

En algunas zonas, donde la vegetación es caracterizada por un ambiente húmedo y cálido, existe la posibilidad de, simplemente, evitar nuevas agresiones y dejar que el bosque se recupere; en otra se tendrá que hacer una intervención pertinente con la siembra de árboles, con el acondicionamiento del suelo o la reforestación con plantas de vivero. 

Uno de los referentes más claros de los peligros que produce la deforestación por la búsqueda de leña ocurrió en Haití. En la última década el país caribeño ha perdido gran parte de su territorio boscoso, por las necesidades del carbón vegetal para calentar los alimentos o tener, sencillamente, una llama de luz.

Por ahora, solo queda un 0,32% de los bosques primarios lo que daría que en un territorio nacional de 27.750 km2 sólo hayan  85 km2.

Foto: GLP.

Los niveles de pobreza en Haití han sido la principal razón para la explotación de sus territorios boscosos. La demanda aumentó de una manera en la que los individuos desenterraron las raíces de los árboles para transformarlas en carbón vegetal, comenta Pelaéz. Esto produce que la reforestación sea, en un futuro, una acción difícil de realizar por la inexistencia de las raíces. “No hay respuesta estándar, pero si hay zonas donde es más factible que el árbol muera”, agrega. 

La ausencia de gas: un calvario por el olvido gubernamental

Las inmensas colas, con el sol inclemente de la tarde, marcan el camino diario de miles de venezolanos. Uno a otro, apretujados en medio de una pandemia mundial por covid-19, esperando un cilindro de gas doméstico. El servicio disminuyó en los últimos meses y, por ende, la única solución es el retorno a los usos pedestres y antiguos de la leña. 

Foto: Luis Murillo

Esto se une a los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) realizada por la Universidad Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar, donde se establece que Venezuela es el país más pobre de América Latina. 96% de los hogares está intervenido por la pobreza en los ingresos y 79% está en pobreza extrema; 79,3% de los venezolanos no es capaz de cubrir la cesta básica. Cada una de las estadísticas dadas representa, además del presente deplorable de los servicios públicos, la dificultades que tiene la población para cumplir con sus necesidades básicas. 

Ahora, las cifras dadas por el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVPS) presentan que en 18,8% de las comunidades en el país no llega la bombona de gas y en 23,8% llega una sola vez al mes. Ante este contexto, donde la ausencia de los servicios necesarios para la vida, 39,3% ha decidido comprar hornillas eléctricas. Medida que, al mismo tiempo, es insuficiente por los reiterados apagones que ocurren diariamente. Por esta razón 33,2% ha decidido recurrir al uso de leña para cocinar y alumbrar en los momentos de oscuridad eléctrica. 

En el estado Lara, según las cifras presentadas por Transparencia Venezuela, más de 10.000 familias han sido afectadas en el oeste de la ciudad de Barquisimeto por la ausencia del servicio de gas doméstico.

Foto: Luis Morillo

Desde el Distrito Capital, hasta las zonas andinas, donde el suministro de gas es intermitente desde hace más de año y medio, ha ocurrido un aumento en las protestas. Incluso, cerca del Palacio de Miraflores los vecinos protestaron por el alza en el precio de la bombona a 300.000 bolívares, que equivaldría a 75% del salario mínimo.

En el estado Falcón un ciudadano comentó que llevaba más de un año sin el servicio. En el estado Yaracuy, por otro lado, el servicio de gas disminuyó en 50%.

La respuesta de las autoridades gubernamentales ha sido, por lo momentos, inexistente. La violencia estatal, como signo inequívoco del régimen de Nicolás Maduro, ha sido la manera de apaciguar las protestas sociales ocurridas por la falta de este servicio. 

Uno de los casos más recordados ocurrió en el municipio Cárdenas del estado Táchira. Un joven, en ese momento desconocido para la opinión pública, protestaba junto con su madre en la vía panamericana por la ausencia de gas. Llegó una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana para calmar la protesta. En ese momento, con la mayor desidia, dispararon una carga de perdigones directo al rostro de Rufo Chacón, ese joven de 16 años. 52 perdigones marcaron para siempre su rostro hasta perder la vista. 

Foto: cortesía

La ausencia generalizada del servicio de gas doméstico provoca, al igual que el estado deplorable de los servicios públicos, una reducción en la calidad de vida de todos los venezolanos. Además, la vegetación del país, tan reconocida por su variedad y por ser el hábitat de una gran cantidad de especies animales, peligra por la necesidad de encontrar una manera de cocinar.

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