• En conversación con El Diario, Zolaida, su madre; Freddy, su padre; Ariana, quien fue su pareja durante siete años; y Luis, su amigo de la infancia, reconstruyen el perfil del diputado y dirigente de Voluntad Popular, a más de una semana de ser detenido por el régimen de Nicolás Maduro: un político con orígenes rockeros, un creyente de la protesta a raíz del ejemplo familiar, y un resistente a todo tipo de críticas. Foto principal: José Daniel Ramos

Ariana fue la encargada de dar la noticia al resto de la familia: primero llamó a Zolaida, quien fue su suegra. Ambas reventaron a llorar. “Fue un momento durísimo”, dice con la voz todavía entrecortada. Luego la información se regó por el grupo familiar de WhatsApp. La grabación de una transmisión de Instagram confirmó todo: ese lunes 12 de julio, mientras conducía en una autopista de Caracas, Freddy Guevara fue detenido por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin).

La expareja del dirigente político y diputado de la Asamblea Nacional, electo en 2015, tampoco tuvo demasiado tiempo para lamentarse. Desde el año 2014, cuando empezaron su relación, habían conversado sobre qué hacer ante un escenario como ese. Debía actuar rápido y ella lo cumplió a rajatabla. “Lo primero que hice fue activar a su equipo y montarnos desde un primer momento en su liberación”, comenta. Esto era, principalmente, llamar a sus abogados (Omar Mora Tosta, Theresly Malavé y Juan Luis González) para que se trasladaran hacia el centro de reclusión que eligiera el régimen de Nicolás Maduro. Sin embargo, no fue sino hasta 55 horas después de su detención –o secuestro, como lo llamaron sus familiares y abogados-, que sabrían de dónde estaba: lo llevaron a El Helicoide.

Esa fue, de hecho, la primera y única vez que los abogados de Freddy Guevara pudieron verlo. Fue en la madrugada del jueves 15 de julio, durante la audiencia en la que el régimen de Maduro le imputó los cargos de «delitos de terrorismo, atentado contra el orden constitucional, concierto para delinquir y traición a la patria» por supuestamente estar implicado en un plan con los antisociales de la Cota 905 para crear caos en la ciudad con un tiroteo. A más de una semana de la detención, hasta la publicación de este reportaje, a los familiares no les han permitido visitarlo.

Así como estuvo en el video anunciando que estaba secuestrado, con esa templanza, con esa calma, así estaba en la audiencia. Los abogados nos transmitieron que está muy en paz, que está tranquilo, que confía plenamente en que su familia, su equipo de trabajo y sus compañeros de la unidad vamos a hacer todo lo posible para sacarlo de ahí. Él dice, y nosotros lo respaldamos, que está haciendo lo correcto, que esto siempre fue una posibilidad y que llegó el momento, pero que está tranquilo”, explica Ariana.

Esa tranquilidad, sin embargo, solo logró contagiarla parcialmente a la familia, quienes están en permanente espera de tener nuevas noticias sobre el dirigente de Voluntad Popular. Mientras hablan con El Diario vía llamada telefónica, Ariana, quien fue su pareja durante siete años; Zolaida, su mamá; y Freddy Guevara, su papá, interrumpen por unos segundos la conversación. “No era sobre Freddy, podemos seguir”, se excusan. Desde la preocupación por el momento y desde la cercanía de la mirada familiar, reconstruyen la faceta –su faceta- más personal de Freddy Guevara, el -otra vez- preso político del régimen chavista.

Germinar la política

Era octubre del año 2000 cuando Hugo Chávez, quien en ese entonces tenía poco más de un año y medio de haber asumido la presidencia de Venezuela, propuso el decreto 1011. De esta forma pretendía modificar parcialmente el Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente, al crear una nueva figura administrativa llamada “supervisores itinerantes”. Rápidamente la oposición catalogó los planes del excomandante como “cubanizantes” e “ideologizantes” y para principios de 2001 un puñado de la sociedad civil organizó una protesta contra la propuesta bajo el lema de “Con mis hijos no te metas”. Debido a la presión a las críticas, el decreto no se implementó a pesar de la insistencia del gobierno.

La primera manifestación en rechazo al decreto 1011, que se llevó a cabo en la Plaza Brión de Chacaíto, congregó a no mucho más de 50 personas, principalmente de las zonas acomodadas de Caracas. Entre ellos estaba la familia Guevara, quien además fue una de las promotoras de la idea.

Freddy Guevara con su mamá Zelaida en una manifestación en Caracas. Foto: Cortesía.

“Desde que Chávez llegó al poder, nosotros por intuición y por conocimiento de muchas cosas, sabíamos que había que luchar contra ese gobierno que comenzaba. Nosotros, junto con muchísimas familias conocidas, comenzamos con las marchas. La primera fue la de ‘Con mi hijo no te metas’. Empezamos a llevar a nuestros hijos a todas esas protestas, creándoles conciencia social de que había que protestar, defender tus derechos y todo ese tipo de cosas. Creo que éramos como 50 con unas banderitas dando vueltas en la plaza”, recuerda Zolaida Cortez, madre de Freddy Guevara.

Para ese momento su hijo tenía 14 años de edad y como esponja, iba llenándose de todos aquellos conceptos e ideas que escuchaba en casa. Aquello se iría intensificando con el paso de los años: en 2003, luego del fallido golpe de Estado en su contra y del paro petrolero, Chávez despidió a 18.000 trabajadores de Petróleos de Venezuela (PDVSA). Entre ellos estaba Freddy Guevara padre, quien trabajó durante 22 años en la estatal petrolera.

Toda esa lucha que llevaron, dicen los padres, fue un motor para que su hijo entrara en la política. Pero en ese tiempo, cuando tenía entre 14 y 15 años de edad, sus principales preocupaciones pasaban por otro lugar: la música. Aun así, allí encontró los primeros espacios para lanzar sus ideas contestatarias.

Del rock a la dirigencia

“Quizás pocos lo saben, pero Freddy es un pianista increíble”, comenta Luis D’Elias. No es el único elogio. “Freddy canta bien… canta bien”, agrega. La imagen de ver a un político cantando, sabe, puede ser difícil de imaginar. Pero antes de político, Guevara fue músico y, sobre todo, su amigo desde la infancia. “Era un echador de broma. ¡Un jodedor, es la palabra!”, dice entre risas y desde la confianza.

Freddy Guevara en el concierto Acuéstate por la vida, en rechazo a los homicidios en Caracas. Año 2006. Foto: Cortesía.

La primera vez que Luis y Freddy se subieron a una tarima para tocar rock fue en una fiesta de 15 años, en 2002. Hasta ese momento los primeros intentos musicales se limitaban a horas de toques en la casa de Freddy Guevara, en una acomodada urbanización en El Hatillo, en la periferia de Caracas. Luego de juntar a un grupo de amigos de la escuela, formaron una banda. La llamaron “One minute of silence” (Un minuto de silencio, en español). El nombre, dice Luis, tenía que ver con lo que pasaba en ese momento el país. “Desde ese entonces había una conciencia de todos nosotros sobre cómo la música puede permitirnos decir algo más allá de simplemente tocar y rockear”.

Las letras de los primeros temas, a cargo de Luis, no salían del cliché rockanrolesco juvenil: la ansiedad adolescente, la hipocresía adulta, el sentirse diferente, el ser un incomprendido. Pero Freddy tomó la batuta de la composición y todo cambió, afirma Luis. El grupo se pasó a llamar “Systaltic” y las letras pasaron a tener un mayor significado. “Freddy empezó a traer temas de identidad cultural, temas de dirigencia política y liderazgo, de cómo luchar contra la opresión, y en ese momento empezó a tener momentos de rock progresivo pero también de incorporar la música tradicional y ponerla en un contexto nuestro”, asegura su amigo. También creció el equipo, que pasó a ser de ocho integrantes. “Hasta teníamos saxofón, así de cool éramos” añade.

Luis canta para recordar con mayor exactitud. “Me voy / quizás no vuelva jamás / bien sé que esta vez lo tengo que hacer”, entona sin problemas de memoria, aunque dice que no se le da bien. Intenta con otra. “Vivir sumiso y de espaldas / ¿quizás lo puede llamar vivir de verdad?”. Las frases, explica después, son de dos canciones que escribió Freddy Guevara hace más de 10 años. Si antes relacionaba la primera estrofa con la idea de emigrar, ahora lo amolda a la situación: “esa convicción de ir a hacer lo que toca hacer, estaba ahí”, comenta.

Lo de “jodedor”, sin embargo, podría venir incluso de familia. Zolaida se hace cargo: al igual que la pasión por la música, el humor negro lo sacó de ella. Pero más allá de eso, en la escuela no generaba mayores problemas.

El mayor logro y el final de la banda, paradójicamente, llegaron gracias al activismo de Freddy Guevara. Fue a partir del año 2007. Para ese momento era presidente del Centro de Estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), donde se graduó un año más tarde. En el país, un feroz movimiento estudiantil se revelaba contra el gobierno de Chávez en rechazo al cierre del canal privado Radio Caracas Televisión (RCTV). El chavismo, de forma despectiva, los llamó “manitos blancas”. El apelativo respondía al gesto de los estudiantes de pintar sus manos de blanco durante las manifestaciones. Ese mismo grupo lideró la campaña que le propinó al líder socialista su única derrota electoral reconocida por el Consejo Nacional Electoral (CNE), al negarle una amplia reforma constitucional. Como en aquella protesta “Con mis hijos no te metas”, Guevara estuvo allí, pero ahora como uno de los líderes del movimiento.

Freddy Guevara junto a la banda Systaltic en el concierto Ecos por la Libertad. Foto: Cortesía

Freddy Guevara podía compaginar su carrera musical con la incipiente carrera política. En uno de los conciertos que organizó el colectivo de centros universitarios de Venezuela en el año 2007, llamado Ecos de Libertad, subió a la tarima como un integrante más de la banda Systaltic. Allí cantaron sus temas más relevantes y un arreglo de rock con las consignas estudiantiles. “Vivir sumiso y de espaldas / ¿quizás lo puede llamar vivir de verdad?”. Años después, con las nuevas responsabilidades de cada integrante, la banda se disolvió. De alguna forma, su familia también lo lamenta.

“Yo hubiera preferido, por supuesto, que él siguiera en la música. Todos en la familia. Y más con lo que está pasando ahora”, dice su papá. “Para nosotros era acompañarlo todo el tiempo en otra onda, en la onda de la alegría, de la diversión. Siempre lo acompañamos a sus actos con la banda, y de repente tienes que cambiar toda esa forma de ver la interrelación de reuniones con jóvenes bailando a reuniones con jóvenes discutiendo, defendiendo, siendo reprimidos. Eso fue un cambio brusco para nosotros”, añade.

En cualquier caso, sus padres lo repiten cada vez que pueden: apoyan su decisión y se enorgullecen de lo que ha hecho y de quién es. Ariana también los acompaña.

El costo de hacer política en Venezuela

Zolaida recuerda con exactitud la última vez que vio a su hijo: fue el 28 de octubre de 2018. Ese día, antes de irse a Canadá como solían hacer antes en familia para pasar las navidades con Zelena, la hermana de Freddy, pasó a visitarlo en la embajada chilena en Caracas, donde se encontraba refugiado desde el 4 de noviembre de 2017. Le dejó unos regalos y se despidió como de costumbre, con un abrazo, unas palabras de afecto, y ratificando su apoyo en su decisión de estar en Venezuela a pesar de su deseo de que saliera del país.

Guevara había sido acusado por el régimen chavista de instigar las protestas antigubernamentales que se registraron ese mismo año. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) afín a Maduro le quitó la inmunidad parlamentaria que tenía desde 2016, cuando asumió como diputado de la Asamblea Nacional (AN). En la embajada chilena estuvo hasta el 9 de septiembre de 2020, luego de ser indultado por Maduro junto con otros 100 presos políticos.

Freddy Guevara en su niñez, junto a su hermana Zelana y su papá. Foto: Cortesía.

Durante esos tres años como refugiado, sus detractores, que abundan desde la derecha hasta la izquierda, desde la oposición hasta el chavismo, afilaron sus críticas. No entendían que Guevara, antes visto como uno de lo líderes que estuvo en la primera línea de lucha durante las manifestaciones de 2014 y 2017, ahora estuviese en la comodidad de una lujosa residencia diplomática, pero presumían que así evadía los peligros de las cárceles como sus colegas; que estaba aislado de la crisis social y económica; e incluso que tomaba su estadía como unas “vacaciones”.

Ariana, quien lo acompañó esos años también como refugiada, desestima esas teorías.

“Freddy no dejó de trabajar ni una sola hora por la libertad de Venezuela. Él no se tomó eso ni como un descanso ni como unas vacaciones ni mucho menos. Él estaba privado de libertad, por decisión propia, por mantenerse bajo resguardo, y allí estuvo durante tres años. La verdad es que estuvo trabajando todo el día. Claro que hay situaciones más extremas que otras, pero todas son malas, todas tienen consecuencias. Cuando Freddy estaba en la embajada, había otros hermanos que estaban en la cárcel y nosotros agradecíamos que lo dejaran en la residencia, pero igual Freddy estaba preso, lo que cambiaba era el contexto, que claro que importa, pero está mal porque ningún venezolano tiene que estar asilado o en una cárcel por unos ideales, por luchar por la libertad de su país”, dice.

La rutina de Guevara en la embajada, comenta, empezaba a las 7:00 am. A esa hora hacía ejercicios –llegó a bajar 12 kilos durante ese tiempo-, y luego empezaba a trabajar, en su rol de coordinador nacional encargado de Voluntad Popular, partido que cofundó con Leopoldo López y otros dirigentes en diciembre de 2009. En ocasiones su jornada laboral se extendía hasta pasadas las 7:00 pm. “Aunque al final la jornada del político nunca termina”, agrega Ariana.

Salió de la embajada en septiembre de 2020. Foto: José Daniel Ramos

Lo dice también por ella. Ariana formó parte del movimiento estudiantil en el que estuvo Freddy Guevara, aunque empezaron a salir en 2014. Ella entró a Voluntad Popular en el año 2012. “No puedo negar que ha sido una relación en un contexto bastante complicado, pero siempre sabíamos que nuestra relación era como un lugar seguro, fuera de todo eso”, explica. Si tuviera que definirla, sabe que su relación no fue “normal”. 

“Yo ahora estoy afuera, precisamente porque en Caracas vimos la seguridad un poco vulnerada. Yo justo salí por unos días y pasó esto. No pude estar con él, y eso es una de las cosas que en lo personal me afectan”, explica con voz pausada.

La familia de Guevara cree que todo esto pudo haberse evitado, de alguna u otra forma. Cuando salió de la embajada en septiembre de 2020 lo primero que hicieron fue aconsejarlo para que se fuera de Venezuela y emprendiera su lucha desde otro país. Freddy Guevara insistió en quedarse.

Cuando él tuvo la oportunidad de salir en diciembre (de 2020), que estuvo en Washington, pudo haberse quedado y no se quedó. Él nos dijo que quería luchar desde Venezuela. Sobre todo estar al lado de Juan Guaidó y apoyar en lo que más pudiese desde el país. Él regresó a sabiendas de que podía pasar de nuevo lo que había sucedido antes. La diferencia es que antes tuvo la bendición de poder llegar a la embajada y que lo aceptaran y esta vez no tuvo tiempo”, comenta su madre.

Los planes de Zolaida eran regresar a Venezuela a principios de 2019, pero Freddy le pidió que se quedara en Canadá para evitar que le sucediera algo. El 23 de enero de ese año, en plena calle de Caracas en medio de una multitud, el presidente de la AN, Juan Guaidó, asumió también la presidencia interina de Venezuela por considerar como ilegítimas las elecciones presidenciales de 2018 en las que Maduro se proclamó como ganador sin la participación opositora. La comunidad internacional apoyó la decisión de Guaidó y en los meses siguientes buena parte de la sociedad se volcó a las calles para apoyarlo.

“Freddy, honestamente, me dijo ‘quédate allá, porque no sabemos lo que va a pasar’”, explica Zolaida. Sabían que Caracas no era un lugar seguro ni siquiera para ella. En varias ocasiones vio a motorizados sin placa rodeando su carro. Nunca la atacaron, pero cree que era una forma para amedrentarla. Finalmente el gobierno canadiense aprobó otorgarle la condición de refugiada.

Hacer compañía

Si la decisión con Zolaida pasaba por que se quedara en Canadá, Freddy Guevara padre debía seguir en Venezuela para acompañar a su hijo en lo que sucediera, aunque más de una vez le insistió que se fuera a Colombia, a donde viajaba frecuentemente por su trabajo. Al igual que con Ariana, ya tenía instrucciones de qué hacer en caso de que lo detuvieran después de que salió de la embajada chilena: sería la voz de su hijo para pedir su liberación.

La vocería de su padre es evidente. Además de apelar a lo sentimental, cuando Freddy Guevara padre habla, lanza mensajes más políticos. “¿Por qué se lo llevan a él? Porque manejaba las comunicaciones. Esa es la razón. Ellos quieren quitarle a Guaidó todo el apoyo que tiene, por eso es que desmiembran al equipo de Voluntad Popular. Él asumió eso, y dentro de todo el riesgo, él se protegía y nos protegía a nosotros”, asegura.

Durante los seis meses en los que el diputado y dirigente de Voluntad Popular estuvo libre después de salir de la embajada, apenas visitaba la casa de su padre dos veces a la semana. Su abuela, de 89 años de edad, también está de visita en Caracas. Por seguridad y evitar que se lo llevaran a los tres en un eventual allanamiento o simplemente para evitarles un disgusto, decidió quedarse en otro lugar que nunca informó. Su padre tampoco le preguntó.  

Freddy Guevara junto a su padre y su abuela. Foto: Cortesía

“¿Tú no has visto cómo están allanando la casa de los padres y familiares? Una cosa tan absurda”, dice. El miércoles 14 de julio el Sebin allanó la casa de Teresa Sánchez, madre del director de la ONG FundaRedes, Javier Tarazona, y se la llevaron detenida junto con un adolescente de 14 años de edad, hijo de Tarazona. Fueron devueltos a su casa horas después. Asimismo, detuvieron a tres familiares de Javier González, dirigente de Voluntad Popular, quien también fue acusado por el régimen chavista de estar implicado en los hechos de la Cota 905.

“Ahora le toca a la abuela enfrentar este drama de tener que verlo detenido en peores condiciones. Nos toca apoyarlo. Y su abuela lo va a hacer. Trata de no angustiarse para no angustiarme a mí y no angustiarlo a él. Para eso estamos los padres, para darles fuerza a los hijos. Yo me preparo sacando fuerzas de donde no tengo, porque yo tengo que darle fortaleza a él. Cuando lo vea, tendré que contener mis lágrimas. Si lo apoyamos en su decisión de quedarse en Venezuela, tenemos que apoyarlo en su lucha desde la cárcel para enfrentarse a este régimen y seguir luchando desde allí. ¿Cómo no apoyar a alguien que se queda, que acepta el sacrificio por Venezuela?”, comenta retomando el hilo político.

Afrontar las críticas

Cuando en 2014 Freddy Guevara apoyó las manifestaciones contra el régimen de Maduro, conocidas como La Salida, era visto por muchos como uno de los líderes radicales de la oposición en Venezuela. La imagen la ratificó también con las protestas de 2017 y con sus posturas más polarizantes dentro de la entonces Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la coalición electoral opositora que arrasó en las elecciones parlamentarias de 2015. Ariana quita peso a estas críticas.

En la política es muy fácil etiquetar a la gente, es decir, ‘eres radical’, ‘eres colaboracionista’. Yo creo que Freddy no es un radical. De hecho, tan poco radical es que en la transmisión (de Instagram, en el momento en el que los agentes del Sebin lo detenían) él habla del Acuerdo de Salvación Nacional (la propuesta del gobierno interino de Guaidó para una negociación con el régimen de Maduro). Ahora, ¿en qué sí está rotundamente en contra Fredy Guevara? Contra la violación de derechos humanos, contra el llamado a la violencia. ¿Es radical porque cree en la lucha no violenta, porque cree que los venezolanos deben alzar su voz? Eso dependerá de cada quien”, cuestiona.

Las críticas en su contra van de un extremo a otro. Si antes lo llamaban radical y colaboracionista, después de su detención hubo quienes desconfiaron de la veracidad del hecho. Dijeron que se trataba de un “show”. Para el régimen, en cambio, sigue siendo un “terrorista”, “traidor a la patria” y tantas otras definiciones.

En la familia cada quien toma las críticas a su manera. Ariana las disecciona más: la mayoría, asegura, son bots del chavismo o personas que se dedican a imponer matrices en las redes sociales. Por ellos dice sentir pena. Por otro lado están quienes, según ella, le creen al régimen de Maduro que todos los políticos son parte de lo mismo. “Me da mucha tristeza que el régimen haya logrado eso, pero también me da compasión y tampoco me molesto por eso”, explica. Otras críticas, las más surrealistas, las toma con humor. Igual que Freddy.

Freddy Guevara y Ariana. Foto: Cortesía

Zolaida, en la misma línea, dice permanecer imperturbable. Sabe quién es su hijo y sabe cómo son quienes lo acusan. Freddy Guevara padre sigue sin acostumbrarse a lidiar con las críticas. Las lee, en ocasiones las responde. Se molesta. Pero en este momento trata de ejecutar un consejo de su hijo: quedarse con la cantidad de likes y retuits y no con las respuestas. “La verdad es que quienes lo apoyan son muchos más que quienes lo atacan”, asegura. De quienes dicen que la detención de su hijo fue un “show”, espera que “recapaciten”. No solo por Freddy, apunta, sino por la generación de políticos que se arriesgan contra el régimen chavista.

Ariana concluye: “La gente sabe muy bien quién es Freddy Guevara, la gente sí lo sabe. La gente sabe que es un luchador desde 2007, que ha dado el pellejo en la calle por este país. El tema es que estamos en un contexto complicado en el que el régimen ha creado un sistema de desconfianza y, sobre todo, un sistema donde no sabemos qué es verdad y qué es mentira. Pero cuando alguien se pone a pensar y a analizar realmente lo que pasa, la gente sabe quién es Freddy”.

Cuando se dude de quién es Freddy Guevara, allí estarán ellos para explicarlo. Les crean o no.

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