• Adolfo Paolini trabaja desde hace 13 años en la Universidad de Buckingham. Esta institución recientemente lo nombró decano de la facultad de derecho, ahí espera mejorar -en su nuevo cargo- los programas de estudio

El diario inglés Buckingham and Winslow Advertiser dio cuenta de la noticia sobre el venezolano Adolfo Paolini y su nombramiento como decano de la facultad de derecho en la Universidad de Buckingham tras el retiro de Sandra Clarke, quien se mantuvo en el cargo durante seis años. 

Paolini estaba en su casa cuando se enteró -por llamada del rector de la universidad- que asumiría el cargo de decano. Tenía claro que se enfrentaba a un reto mayor al encargarse de una escuela en medio de la emergencia sanitaria por el coronavirus, pero al mismo tiempo estaba complacido de asumir esa responsabilidad.

La señora decano de la facultad invitó a una reunión en línea y nos sorprendió a todos diciendo que había tomado la decisión de retirarse. Un retiro tempranero, pues ella todavía no tenía edad para ello”, Adolfo Paolini

Esa misma tarde, luego del anuncio de la decana sobre su retiro, Adolfo Paolini comenzó a evaluar las posibilidades y pensó que tras casi nueve años ejerciendo como director de posgrado en esa universidad quizá era el momento de postular su nombre e intentar optar por el cargo. En efecto, así fue. 

“Hubo una competencia abierta, me refiero a que se invitaron candidatos dentro y fuera de la escuela. Al final seleccionaron a siete personas, luego redujeron a dos y la universidad resolvió darme el cargo”, mencionó Adolfo Paolini en exclusiva para El Diario

Recuerda que era de noche -estaba en casa luego de un día repleto de entrevistas y presentaciones- y recibió un llamado del rector de la Universidad de Buckingham. 

“Recibí un llamado del rector diciéndome que contaba conmigo para su proyecto, que había sido seleccionado para el cargo y que debía sentirme orgulloso, pues había competido con otros candidatos de muchísimo peso y experiencia”, dijo Adolfo.

Acto seguido, recibió la llamada del decano de la facultad de Derecho, Computación y Psicología, quien lo felicitó y aprovechó la oportunidad para coordinar con él aspectos contractuales. 

Adolfo admite que también sentía temor por el nuevo reto al que se enfrentaba como decano de una facultad; añadiendo a ello la emergencia sanitaria por el covid-19 a la que se enfrenta el mundo. 

“No es tal vez el mejor momento para encargarse de una escuela cuando ni siquiera los estudiantes pueden atender a las clases porque estamos en medio de una pandemia. Sin embargo, recibí muchos mensajes de aliento y de apoyo, mis compañeros de la facultad se pusieron a disposición para trabajar en equipo”, añadió.

Con cierta melancolía aseguró que su satisfacción no era plena por no poder disfrutar de ese momento importante en su vida con su madre, quien está en Venezuela, y su padre, que falleció hace tres años y a quien recuerda con orgullo. 

“(Mi padre) tenía también un buen nombre profesional en San Cristóbal (…) pero digamos que las cosas suceden por alguna razón y pido a Dios que me dé la oportunidad de retribuir a aquellos que me han apoyado”. 

“Nunca pasó por mi mente el decanato”

Adolfo cuenta que hace más de 20 años decidió cursar una maestría fuera de Venezuela y seleccionó cinco universidades de Europa, entre ellas, la Universidad de Buckingham. Sin embargo, se decidió por la casa de estudios superiores que respondió primero a su solicitud. 

“Resolví atender a la primera que contestase por cuestiones de seguridad, aunque a todas las que postulé dijeron que sí. Pero desde aquel momento no pasó nunca por mi mente un decanato”, indicó. 

De hecho, Adolfo Paolini afirma que la idea de optar a ese cargo surgió después de la reunión en que la decana anunció su retiro.

“Si bien uno tiene aspiraciones, las mías son más académicas, subir en ese escalafón, pero no tenía en mis planes tomar ese cargo administrativo”.

Ahora sus planes están enfocados en sacar adelante la escuela de Derecho, seguir contribuyendo con su crecimiento, validar algunos programas y mejorar en lo que sea posible. 

Al preguntarle si desea escalar más en el ámbito administrativo en la Universidad de Buckingham, asegura que: “No está en sus planes, pues subir más del decanato sería muy ambicioso y no creo que la pregunta le vaya a agradar mucho al rector de la universidad”, puntualizó entre risas.

Está a gusto con su presente y prefiere enfocarse en el nuevo reto que asume ahora como decano de la facultad de Derecho.

La aventura en Europa

Adolfo Paolini viajó a Europa junto con su esposa en 1999. Ambos decidieron hacer estudios de posgrado en la Universidad de Cardiff, Gales. Allí cursó una maestría en derecho mercantil. 

Inicialmente su intención era prepararse académicamente y volver a Venezuela, pero “por circunstancias de la vida” como él mismo dice, terminaron estableciéndose en el extranjero.  

No hubo ninguna razón política pero a medida que transcurrían los años, al ver cómo todo se tornaba difícil en Venezuela, una cosa trajo a la otra y nos quedamos”, Adolfo Paolini

Avanzando en su formación, decidió estudiar en 2001 un doctorado en derecho de seguros y responsabilidad civil de directores de compañías mercantiles en la Universidad de Southampton. Al finalizarlo, empezó a trabajar en esa misma institución en la cátedra de derecho de contratos.

En 2005, buscando oportunidades laborales, consiguió algunas horas de clase en la Universidad de Buckingham y en 2006 empezó a trabajar tiempo completo en la Universidad de Middlesex, en Londres. 

“Dos años más tarde la Universidad de Buckingham sacó a concurso algunas cátedras en Derecho Comercial y tuve la fortuna de ser seleccionado, así que comencé a ser profesor asistente desde 2008 hasta el presente. Unos 13 años ya”, relató Adolfo.

Vivir fuera de su tierra

Emigrar representa un reto a nivel personal y laboral. Vivir fuera del país que lo vio nacer significa dejar de lado la familia, costumbres, tradicionales, cultura e infinidad de factores a los que una persona está acostumbrada. Adolfo no es la excepción. Reconoce que emigrar significa “enfrentar desafíos muy serios”.

“Los retos son trasladarse a un país donde nadie te conoce, donde no sabes cómo funcionan las cosas, ahí es donde hay que construir desde el principio cualquier cosa que se quiera lograr. Todo comienza de cero”, puntualizó.

A todo ello se suma aprender un nuevo idioma para comunicarse con fluidez. 

Sin embargo, para Adolfo el sacrificio es mutuo, no solo el que se queda en Venezuela sufre, también el que se va. 

“Es cierto que las personas que siguen en Venezuela se enfrentan a una situación muy dura desde el punto de vista económico, social, moral y político. Pero las personas que estamos fuera tenemos la responsabilidad y la obligación de colaborar con Venezuela de alguna forma y eso también genera angustia”, Adolfo Paolini

Admite que si bien vivir fuera le otorga ciertos beneficios, como sortear las necesidades y fallas de servicios públicos que padecen los venezolanos en su país natal, no se debe olvidar el aislamiento familiar, la distancia, el recuerdo y perderse momentos especiales que no se pueden recuperar. 

“Extraño Venezuela, mis amigos, los lugares donde crecí. He vivido tanto tiempo por fuera que extraño todos los momentos que vienen a mi memoria. El campo, sitios felices de mi infancia y por supuesto a mi madre, quien es fundamental para mí”, precisó.

Adolfo ha viajado a Venezuela en varias oportunidades. La más reciente fue hace tres años, de la cual no tiene recuerdos muy gratos. Su padre presentaba un estado de salud delicado y ese mismo año falleció. 

“Es otra parte del que migra que realmente duele, no estar cerca de los suyos cuando lo necesitan”. 

Enseñar en Venezuela vs. en Europa

Adolfo Paolini trabajó durante varios años como profesor en la Universidad Católica del Táchira (UCAT) en Venezuela. A propósito de ello, refiere que la diferencia entre el sistema venezolano y el londinense radica en las facilidades para los estudiantes (equipos tecnológicos a la mano y servicios como el Internet), de infraestructura y los recursos con los que cuentan los alumnos allá.

“Intelectualmente hablando no hay diferencia alguna. Tuve estudiantes en Venezuela que se pueden sentar en cualquier aula alrededor del mundo y se distinguirían igual”, acotó. 

Sobre la llegada de la pandemia y el accionar de la universidad en la que labora asegura que la reacción fue la misma en todo Reino Unido. El gobierno decretó una cuarentena generalizada que los obligaba a quedarse en casa y por ende, las actividades académicas de manera presencial quedaron en pausa para ese momento. 

“Tuvimos que tomar decisiones al instante (…) un fin de semana cambiamos la metodología. Resolvimos grabar las clases y enseñar virtualmente. Ese sistema comenzó en marzo de 2020 y todavía se usa, aunque ya se ha flexibilizado y tenemos algo llamado educación híbrida que permite que los estudiantes asistan a los seminarios presenciales, pero también tienen la parte pregrabada”, Adolfo Paolini

La metodología de fusionar clases presenciales y online continuará hasta diciembre de este año y a partir de enero de 2022 planean retomar las actividades de manera 100% presencial. Indicó que este 16 agosto obtendrán mayor información sobre las normas a seguir de ahí en adelante en relación con la pandemia.

Al igual que en Venezuela -aunque por motivos distintos- asegura que hay “mucho reclamo estudiantil”. Pues la casa de estudios cuenta con cursos acelerados que se culminan en dos años y los alumnos que iniciaron esas clases en enero del año 2020 y se vieron afectados por la pandemia, no han tenido la oportunidad de disfrutar la vida universitaria con normalidad.

“Probablemente terminen su curso en diciembre sin tener esa posibilidad, entonces esa es la parte negativa de la experiencia. Pero en cuanto a transmitir la información, ayudar y educar no nos detuvimos ni un minuto”.

El estado de las universidades en Venezuela

Se siente triste cuando lee noticias relacionadas con las universidades venezolanas, aunque es optimista al saber que existen jóvenes que siguen trabajando por la educación y docentes a nivel superior que mantienen la vocación de enseñar. Rescata que gracias a ello la batalla no está perdida.

“Nadie podría estar de acuerdo con el hecho de que un país descuide su proyecto educativo porque eso es retroceder significativamente”, aseveró Adolfo.

Afirma que mantiene comunicación con estudiantes y profesores en Venezuela y gracias a ellos sabe que aún hay personas con ganas de prepararse académicamente pese a los obstáculos. También reconoce que el aspecto heroico de todo el panorama es que los educadores, aún con salarios mínimos, siguen impartiendo clases.

“Un país que descuida la infraestructura educativa en todos los niveles es un país que no mira hacia adelante. La educación es fundamental para que el individuo adquiera los conocimientos necesarios para la vida. Si no se tiene un sistema educativo adecuado, el país tiene miras a un futuro bastante deprimente”, aseveró Adolfo. 

Su trabajo en Venezuela

Adolfo Paolini se graduó como abogado egresado de la UCAT en 1987. Un año más tarde la universidad ofertó una maestría en derecho del trabajo y él decidió cursarla para sumar estudios de posgrado a su currículo. 

Sus notas fueron tan sobresalientes que recibió una carta de esa casa de estudios invitándolo a una reunión con el rector, donde le ofrecieron la posibilidad de impartir clases y sin dudarlo, aceptó.

“Mi abuelo materno fue profesor de la facultad de Derecho en la Universidad de Los Andes por casi 50 años. Murió a los 94 años de edad y nunca se retiró, así que digamos que con aquello en la sangre dije que sí”, explicó.

Se graduó como abogado con tan solo 21 años de edad y dos años después, el 3 de julio de 1989, comenzó a dar clases de Derecho Civil II: bienes y derechos reales. Tiempo después empezó a enseñar en el cuarto año de Derecho y su materia era Derecho Mercantil. Algo que, según indica, va más ligado a lo que le gusta y a lo que se dedica. 

“Era muy joven cuando comencé a dar clase, tenía 23 años de edad y ya estaba enseñando a personas que tal vez eran muchísimo mayores. Era todo un reto, pero descubrí que me gustaba y tenía esa vocación”, Adolfo Paolini

Desde 1989 hasta el año 2001 trabajó en la UCAT. Sin embargo, durante ese lapso tomó una pausa de un año que dedicó a cursar una maestría y otro en el que se enfocó en aprender inglés.

“Tenemos intención de hacer posgrado pero teníamos que garantizarnos que teníamos el nivel de inglés adecuado para cumplir exitosamente el objetivo”, aclaró.

“No se ven bien las cosas para Venezuela”

El 12 de agosto de este año salió a la luz el informe de la antigua jueza de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, donde manifiesta que existen “bases razonables” para creer que en Venezuela se han cometido crímenes de lesa humanidad y que esos delitos deben ser investigados. 

A propósito de ello, Adolfo Paolini dio su opinión. Si bien dejó claro que no es su área del derecho dijo que “no se ven las cosas muy bien para el gobierno de Venezuela”. 

Precisó que el hecho de pasar a la fase 4 en el procedimiento internacional, que se analicen las pruebas y evidencias para determinar la implicación de aquellos que fueron acusados indica que realmente existe el riesgo de que sean considerados culpables.

“El riesgo que enfrenta cualquier persona en un proceso judicial es lo que tienen hoy por hoy los personeros del gobierno porque de una fase de recabar evidencia, pasamos al lapso de evaluación de las pruebas para ver si hay méritos de los hechos que se les imputan a esos individuos”, continuó.

Cree que la noticia sobre ese informe debe preocupar a quienes atribuyen en esos procedimientos.

“Cuando un tribunal decide que va a investigar los derechos humanos, está diciendo que va a indagar en todos aquellos hechos que violan el derecho más preciado que es la vida y eso incluye homicidios, desapariciones forzosas, ajusticiamientos”, cerró.

“No hay mejor persona que el venezolano”

Gracias a su trabajo como académico y abogado, Adolfo ha vivido y visitado gran cantidad de países y llegó a la conclusión de que no hay mejores personas que los venezolanos. De hecho, hace énfasis en que se debe recuperar lo positivo y sacarle provecho, en unión, ayudándose unos con otros, sin enemistad ni rencor. 

Según su visión, las circunstancias y la crisis que vive el país en distintos aspectos ha llevado a sus habitantes a distorsionar la definición sobre lo que es bueno y lo que no, sacando a flote el egoísmo y el progresar sin importar el daño que puedan causarse unos con otros.

“El venezolano es una persona solidaria por naturaleza y cuando veo actos de poca solidaridad en Venezuela me sorprendo porque esa no es nuestra idiosincrasia, esa es una respuesta ante un momento de necesidad”, argumentó.

Pidió dejar de lado las divisiones en todos los aspectos y concluyó que cuando los venezolanos entiendan que la unión y la solidaridad llevan por el camino correcto, el problema se va a resolver.

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