• Su potencial uso y el presupuesto son determinantes a la hora de escoger un dispositivo móvil que se adapte a las necesidades de cada usuario

Para algunos es un instrumento de trabajo; para otros, una ventana con el mundo exterior; y para la mayoría, un dispositivo indispensable, una extensión de sí mismos. 

Se trata del teléfono celular. Un aparato necesario en estos tiempos que, paradójicamente, para lo que menos se usa actualmente es para lo que fue originalmente creado: comunicarse a través de llamadas.

Desde su irrupción, muchas han sido las mejoras y funcionalidades incorporadas en ellos, tanto en hardware -recordemos los llamados “bloques” de antaño-, como en software: juegos, mensajes de texto, pantalla a color, infrarrojo/bluetooth, fotos, videos, aplicaciones de mensajería instantánea, música, Internet, banca móvil, redes sociales, apps de citas, y pare usted de contar. De allí que hoy sean conocidos como teléfonos inteligentes, o smartphones.

Esta multifuncionalidad de los smartphones hace que la demanda de recursos en los equipos cada vez sea mayor. Por tal razón, un móvil adquirido dos o tres años atrás de repente se vuelve obsoleto, lo que hace necesaria la adquisición de otro con mejores prestaciones.

Cuando ese momento llega, ¿qué se debe tener en cuenta para adquirir el dispositivo que mejor se adapte a las necesidades de cada quién? Y lo más importante, ¿cómo no colapsar económicamente en el intento?

La buena noticia es que los grandes fabricantes, en su afán de captar y mantener clientes, incorporan funcionalidades avanzadas incluso en sus equipos menos sofisticados. ¿La mala noticia? El smartphone más básico -de marca no reconocida– en Venezuela cuesta, al menos, unos 25 salarios mínimos integrales. Y aunque un buen porcentaje de la población gana más del sueldo base, destinar 100 dólares o más para un teléfono igual representa un gran sacrificio.

Identificar los usos y optimizar recursos

Se debe tener en cuenta el uso que se le va a dar al teléfono. Si solo desea mantenerse comunicado, navegar por Internet, ver videos en YouTube y utilizar aplicaciones básicas como las de banca móvil, WhatsApp y redes sociales de forma no tan activa, con un dispositivo de 2 GB de memoria RAM y unos 32 GB de memoria interna es suficiente. Estos equipos se consiguen, dependiendo de la marca, entre 100 y 120 dólares.

Por el contrario, si se trabaja y estudia con el smartphone, es decir, genera contenido o administra perfiles de redes sociales, graba, edita y envía constantemente fotos y videos, se conecta con frecuencia a plataformas de streaming o de videoconferencias como Zoom o Google Meet, si respalda archivos multimedia en la nube, entonces los requerimientos -y por ende, los costos- son mayores.

Lo que debe saber antes de comprar un teléfono nuevo

Hay que considerar lo siguiente: mientras mayores recursos tenga el smartphone, más tardará en reemplazarlo debido a su potencial obsolescencia. En este punto el presupuesto pasa a ser el gran protagonista. Al final del día estará comprando tiempo.

Otra variable que le ayudará en la adquisición del mejor equipo posible es tener una noción básica de sus especificaciones principales.

-Memoria RAM: Permite desempeñar más tareas de forma simultánea. A lo interno del teléfono, son múltiples procesos que demandan de esta memoria al mismo tiempo. Si es insuficiente, el dispositivo puede colapsar si tiene muchos procesos abiertos a la vez.

-Memoria interna: Se trata de la memoria de almacenamiento del dispositivo. Más allá de que se pueda ampliar a través de una tarjeta de memoria o micro SD, son pocas las aplicaciones que se pueden migrar a la memoria externa. En la memoria interna se almacena por defecto todo lo multimedia: fotos, videos, audios, música, y por supuesto, las apps instaladas. Es un aspecto importante que se debe tener en cuenta si no quiere ver pronto el molesto mensaje de “memoria del dispositivo casi llena. Por favor borre archivos o desinstale aplicaciones”.

-Sistema operativo (SO): Los dos grandes SO del mercado, Android y iOS, constantemente actualizan sus versiones para brindarle una mejor experiencia a sus usuarios. Esto es parcialmente bueno, porque si se quiere tener la última versión de todo, la demanda de recursos será inevitablemente mayor. Sin embargo, el riesgo de que el propio SO quede obsoleto con prontitud es extremadamente bajo, ya que por lo general los equipos vienen con versiones recientes de los SO.

-Batería: Un móvil con batería de 5.000 mAh puede durar hasta 20 horas de reproducción de video en red WiFi y hasta 25 horas seguidas de navegación por redes sociales, según el portal web Tu Experto Móvil. Con el paso del tiempo estos tiempos se reducen. De allí la utilidad de los llamados power bank.

-Cámara: Hoy en día, un teléfono de mediana gama cuenta con una -o varias cámaras- con resolución más que respetable. Y, salvo requerimientos especiales, es una práctica común reducir la configuración de resolución de la foto o video que se quiere tomar para que sea más fácil de compartir por aplicaciones de mensajería, redes sociales y web. En este punto las grandes marcas se han enfocado en las funcionalidades extras de la cámara: tomas continuas, difuminado o blur en las áreas de la foto que no se quieren destacar, entre otras. Por lo general son personas con un mayor conocimiento técnico de fotografía las que indagan en dichas funciones, y las que mejor aprovechan este recurso.

Basado en lo anterior, si el smartphone es su herramienta de trabajo o de estudio, para que este no deje de funcionar en momentos claves, no tenga que desinstalar aplicaciones o limpiar su memoria caché, o respaldar/eliminar archivos multimedia para liberar espacio, se recomiendan al menos unos 4 GB de memoria RAM y 64 GB de memoria interna. Un dispositivo con estas características se consigue en Venezuela a partir de 170 dólares, aproximadamente.

Mientras mayores sean la memoria RAM, la memoria interna, las prestaciones de la cámara -en cuanto a resolución y funcionalidades- y la actualidad de la versión del SO, los precios de los smartphones serán mayores. Ya será cuestión de poner en una balanza el uso que realmente se le dará al dispositivo y el presupuesto con el que se cuenta para adquirirlo.

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