• La máquina puede capturar hasta 4.000 toneladas de dióxido de carbono en un año e inyectar el gas en las profundidades de la tierra 

Al sureste de Islandia se puso en funcionamiento una nueva herramienta contra el cambio climático. El 8 de septiembre la planta Orca, la primera que se encarga de capturar el dióxido de carbono para eliminarlo del ambiente, encendió sus motores. 

Orca fue diseñada por la compañía islandesa Carbfix y la empresa suiza Climeworks, organizaciones abocadas en contrarrestar la contaminación. El nombre con el que fue bautizada la planta proviene del idioma nativo del país, que se traduce como “energía” y su construcción costó entre 10 y 15 millones de dólares.

Foto de Climeworks

¿Cómo funciona Orca?

El objetivo de la máquina es capturar el dióxido de carbono del ambiente para luego inyectarlo en las profundidades de la tierra, donde al cabo de algunos años se convierte en piedra. Sus creadores estiman que cuando esté funcionando a toda su capacidad, podrá eliminar hasta 4.000 toneladas de dióxido de carbono por año. 

Orca succiona el dióxido de carbono a través de cuatro ventiladores, cada uno equipado con dos cajas de metal que funcionan como contenedores. Una vez que los contenedores se llenan, las compuertas de las cajas se cierran y aumentan su temperatura para poder recolectar la concentración del gas.

Posteriormente, se mezcla con agua y se inyecta en cavernas subterráneas de basalto, justo debajo de donde fue construída la planta, a unos 1.000 metros de profundidad. Allí con el tiempo se enfría y se convierte en piedra.

«Este es un mercado que aún no existe, pero un mercado que necesita ser construido con urgencia. Esta planta que tenemos aquí es realmente el plan para escalar aún más y realmente industrializarse», afirmó el ingeniero Christoph Gebald, cofundador de Climeworks. 

Uno de los retos para el futuro es el de reducir el costo del funcionamiento de la planta, que demanda entre 600 y 800 dólares por tonelada métrica de dióxido de carbono. Jan Wurzbacher, también cofundador de Climeworks, aseguró que la demanda de eliminación de carbono en Orca “es tan alta” que decidieron ampliar esta planta y construir una 10 veces más grande en los próximos 3 años.

Foto de Climeworks

Otro proyecto que busca eliminar el dióxido de carbono

En mayo de 2021 se planteó un proyecto sobre un tema que científicos del mundo tienen años investigando. Se trata de cómo los minerales con silicato, calcio o magnesio separarían el dióxido de carbono del aire o de la lluvia. El objetivo de la propuesta es eliminar 1.000 millones de toneladas de CO2 para 2035.

Planean construir una planta más grande en Escocia

En Escocia se adelantan los planes de construir una planta similar a Orca pero de un mayor tamaño. A mediados de julio de 2021 dos empresas, la canadiense Carbon Engineering y la inglesa Storegga Geotechnologies, presentaron una propuesta para construir una máquina capaz de capturar hasta un millón de toneladas métricas anuales de dióxido de carbono, lo que la convertiría en la más grande de Europa. 

La diferencia entre este nuevo planteamiento y la planta en Islandia, es que el gas se enterrará en las profundidades del suelo del mar en el norte de Escocia. De acuerdo con la propuesta realizada por las compañías, la máquina estará en funcionamiento para 2026.

El Reino Unido creó un plan que busca reducir a cero sus emisiones de carbono para 2050. La estrategia requerirá la eliminación de millones de toneladas de dióxido de carbono para compensar las fuentes de emisiones que generan contaminación. El Gobierno de esa nación empezó a proporcionar millones de dólares para desarrollar una variedad de enfoques técnicos que permitan alcanzar los objetivos.

El impacto ambiental del dióxido de carbono

El cambio climático, causado por la actividad humana, ha llevado al mundo a su periodo más cálido en 2.000 años, y tendrá efectos irreversibles durante milenios, advierte un nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC).

En el escenario más pesimista, donde las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero se doblaran a mediados de siglo, el aumento podría alcanzar niveles catastróficos de alrededor de 4 grados en 2100, alerta el informe.

Cada grado de aumento podría suponer un 7% más de precipitaciones en el mundo, lo que conllevaría un aumento de tormentas, inundaciones y otros desastres naturales.

Cambio climático
Foto archivo EFE

Las olas de calor extremo, que en época preindustrial ocurrían aproximadamente una vez por década y actualmente ocurren 2,3 veces, podrían multiplicarse hasta 9,4 veces (casi una por año) en un escenario con 4 grados más de temperatura.

Por el contrario, en la hipótesis más óptima considerada por el informe, aquella en la que se alcance neutralidad de carbono (emisiones netas cero) a mitad de siglo, el aumento de temperatura sería de 1,5 grados en 2040, 1,6 grados en 2060 e incluso bajaría a 1,4 grados a final de siglo.

El estudio, elaborado por 234 autores de 66 países, reconoce que la reducción de emisiones no tendría efectos discernibles en la temperatura global hasta pasadas unas dos décadas, aunque los beneficios en la contaminación atmosférica se notarían antes, en cuestión de pocos años.

Meta de reducción de emisiones de dióxido de carbono globalmente

De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de las Naciones Unidas (ONU), las restricciones de circulación y los cierres generados por el covid-19 provocaron un drástico pero corto descenso de las principales emisiones contaminantes en 2020. 

El boletín sobre la calidad del aire y el clima, que publicó la OMM, revela que muchas partes del mundo siguieron sin cumplir las directrices para alcanzar los objetivos planteados y muestra una estrecha conexión entre ambas condiciones atmosféricas. 

El organismo indicó que en China, Europa y Norteamérica, las reducciones de las emisiones a corto plazo relacionadas con el coronavirus coincidieron con las medidas de mitigación de las emisiones a largo plazo. Además, permitieron en 2020 una reducción de las concentraciones de PM2,5 (partículas atmosféricas que tienen un diámetro inferior a 2,5 micrómetros, una unidad de longitud equivalente a una milésima parte de un milímetro) en comparación con años anteriores.

Foto archivo

El programa de Vigilancia de la Atmósfera Mundial de la OMM examinó el comportamiento de los principales agentes contaminantes atmosféricos de más de 540 estaciones de tráfico en 63 ciudades de 25 países situados en siete regiones geográficas del mundo. 

Las concentraciones de SO2 (azufre) fueron entre 25% y 60% más bajas en todas las regiones durante 2020 que en el período 2015-2019. Los niveles de CO (monóxido de carbono) disminuyeron en todas las regiones, mientras que el descenso más pronunciado, de hasta 40%, se registró en América del Sur, de acuerdo con datos de la agencia meteorológica de la ONU.

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