• Una biopsia oportuna puede hacer la diferencia entre el tratamiento temprano o tardío de un linfoma, pero estos procedimiento enfrentan obstáculos en el sistema de salud público

El diagnóstico y tratamiento oportuno de cualquier tipo de linfoma es clave para el desarrollo de la enfermedad y su posible recuperación. La situación actual de los hospitales en Venezuela hace esta tarea más compleja de lo habitual. 

Juan Rodríguez, médico oncólogo, explicó que los linfomas conforman una variedad de tumores o lesiones malignas que pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo. Sin embargo, los más comunes se desarrollan en los ganglios linfáticos del cuello, la ingle o las axilas. 

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El especialista detalló que los tumores se originan en los linfocitos, unas células que pueden estar en varias partes del organismo y que a su vez se clasifican en dos tipos: B y T. Los linfomas de linfocitos T suelen ser más agresivos que los de tipo B, además son más frecuentes. 

La clasificación de los linfomas tiene una gran variedad. En términos clínicos, se usa la clasificación de linfomas indolentes, por ejemplo, en los que tienen un curso muy lento que a veces crece y baja de volumen y su avance no es acelerado. También podemos ir al otro extremo que son linfomas muy agresivos que se comportan casi como una leucemia, se extienden rápidamente y requieren de un tratamiento muy fuerte. Entonces imaginen el espectro tan grande que hay que pueden ser enfermedades de años o que solo duren unos meses”, expresó Rodríguez en una entrevista para El Diario.

Otras clasificaciones más conocidas son la del linfoma de hodgkin y no hodgkin. El primero, señaló el médico, tiene mucho mejor pronóstico que el segundo. Los linfomas no hodgkin son estadísticamente más habituales, pero deben atacarse con tratamientos agresivos, porque de lo contrario podría llevar al deceso del paciente en cuestión de semanas. 

Debido a todas estas variaciones, la precisión del diagnóstico es necesaria. Esto será fundamental para determinar el tipo de tratamiento al que debe someterse el paciente, por cuánto tiempo y si podrá tolerarlo o no. 

¿Cómo llegar a un diagnóstico?

Una biopsia del ganglio linfático es esencial para llegar a un diagnóstico. Es un procedimiento que consiste en extraer parte o casi en su totalidad la lesión. De acuerdo con Rodríguez, lo más recomendable es extraer la mayor parte que se pueda del tumor para que el patólogo pueda observar bien su estructura. 

“La biopsia la debe hacer un cirujano oncólogo, es una persona que maneja como se extrae un ganglio porque la estructura que ve el patólogo en la biopsia es fundamental para ver qué tipo de linfoma es. Para determinar en qué estadio (grado) está después vienen otros exámenes como tomografías, coloraciones especiales, inmunohistoquímica, técnica de estudios genéticos y, en ocasiones, se pide una biopsia de médula ósea para ver a dónde ha avanzado el linfoma e incluso para sugerir los ciclos de quimioterapia”, aclaró el oncólogo.   

El especialista destacó que estos pasos pueden tener obstáculos importantes en los hospitales públicos del país. Esto se debe a la falta de patólogos en los centros de salud oncológicos. 

Las complicaciones surgen lamentablemente en los hospitales oncológicos y la limitación es porque no hay patólogos. Un hospital que necesita seis o siete patólogos tiene uno solo, a veces no hay colorante, a veces no hay láminas. Yo trabajo en el Hospital Oncológico Luis Razetti y ahí no hacen inmunohistoquímica. Entonces en el sistema público realmente es grave la situación”, explicó el médico.
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El tratamiento

El oncólogo Juan Rodríguez argumentó que la ventaja que representa acudir al sistema público de salud en Venezuela es que, actualmente, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) cuenta con los medicamentos para varios tipos de linfoma. 

Aclaró que esta disponibilidad no es constante, pero logra cubrir parte de los tratamientos de alto costo oncológicos. Añadió que adquirir alguno de los fármacos le  puede costar al paciente entre 20 y 300 dólares al mes. Estos esquemas pueden incluir entre cinco y siete medicamentos distintos.

“Hay momentos en los que ha faltado rituximab que es uno de los que se usa en algunas variedades. También la ciclofosfamida, pero generalmente el mayor suplidor de medicamentos es el seguro social porque muchos son fármacos extremadamente costosos y no están al alcance de la mayoría de los venezolanos”, detalló.

Agregó que el IVSS ha atravesado periodos de entre tres y cuatro meses en los que faltan medicamentos oncológicos específicos. Esto empuja a los pacientes a adquirir estos fármacos a precios elevados para no interrumpir sus ciclos de tratamiento. 

Los pacientes con linfoma que sufren recaídas de la enfermedad deben someterse a altas dosis de quimioterapia y optar por un trasplante de células madre o de médula ósea. Estos procedimientos no están disponibles en los centros de salud del país. 

Con respecto a las radioterapias, este tratamiento dependerá especialmente del tipo de linfoma y se puede aplicar luego de los ciclos de quimioterapia. 

En otras situaciones, a título paliativo, si el paciente tiene algún síntoma muy importante y requieren una respuesta rápida. Por ejemplo, los que tienen linfomas con masas en el espacio que hay entre los dos pulmones y le produce dificultad para respirar, probablemente a esos pacientes comiences por radioterapia para reducir el tumor y que el paciente pueda volver a respirar bien para continuar con el tratamiento de quimioterapia adecuado”, añadió.

Pacientes con linfoma y la pandemia por covid-19

Rodríguez comentó que los pacientes con linfomas no presentan un riesgo especial de contagiarse con covid-19 en comparación con otras condiciones de salud crónicas. Sin embargo, este estatus puede cambiar si la persona presenta un descenso brusco de glóbulos blancos, porque se compromete su inmunidad. 

“Se debe tener cuidados especiales cuando es un paciente de algún linfoma agresivo, porque son personas que reciben tratamientos muy fuertes que producen alteraciones en el sistema inmunológico. Entonces esta persona debería evitar exponerse sin necesidad”, indicó.  

Pese a esto, señaló que la mortalidad en personas con linfoma no es mayor a la de otros pacientes por el momento. Así que, en general, los cuidados deben ser las mismas normas de bioseguridad establecidas por autoridades de salud. 

El oncólogo detalló que para los pacientes venezolanos la pandemia representó una ventaja  en la distribución de medicamentos oncológicos. Esto se debe a que el IVSS cambió sus lineamientos para entregar dos ciclos de tratamiento al paciente cuando acude a la Farmacia de Alto Costo. 

Explicó que es importante para estos pacientes vacunarse contra el covid-19 específicamente en el momento que lo indique su médico. 

Los mitos y realidades que rodean a la enfermedad 

Algunas de las aclaratorias que ofreció el especialista es que las complicaciones que puede presentar el paciente durante su tratamiento podrían estar asociadas principalmente al sitio en el que esté ubicado el tumor, por lo que no todos los casos serán similares. 

“Cuando hay linfomas del estómago, que no son raros,  hay pacientes que si les pones quimioterapia pueden tener complicaciones. Incluso con el efecto de la quimioterapia en el estómago se puede sangrar, se puede perforar. Si tiene un linfoma de intestino se puede obstruir, pasa con poca frecuencia básicamente las complicaciones son inherentes al sitio donde está la masa”, indicó. 

El oncólogo comentó que incluso el linfoma puede cambiar de tipo de linfocito. Es decir, pasar de ser de células B a convertirse en uno más agresivo luego de unos cuantos años. 

A diferencia de otros tipos de cáncer, el linfoma no tiene una causa o factor de riesgo claro y específico. “Con la excepción de algunos linfomas en África, que hay una variedad relacionada con algunos virus, pero es muy difícil que hagas una asociación directa con alguna sustancia o causal como pasa con el cáncer de pulmón y el cigarro”. 

Alrededor de algunos tipos de cáncer giran varios mitos y creencias populares sobre restricciones para los pacientes. Sin embargo, el oncólogo aclaró que la mayoría son falsas. 

Esos mitos de que no se puede tomar leche,  café o bebidas negras son solo eso. El paciente debe seguir una dieta sana y balanceada como cualquier otra persona, a menos que desarrolle alguna complicación. Si tiene diarrea, por ejemplo, se le deben restringir los lácteos o si tiene un descenso de glóbulos blancos, se prohíbe el consumo de alimentos crudos hasta recuperarse”, añadió. 

El estilo de vida del paciente puede mantenerse igual que antes del diagnóstico, siempre que la persona se sienta bien. Señaló que aquellos que se someten a quimioterapia pueden atravesar días con mucho cansancio y fatiga, pero en los periodos que se sientan recuperados pueden retomar sus actividades. 

“Si se sienten con mucha fatiga en ese momento no van a salir a correr, pero si hay días entre ciclo y ciclo que se siente bien y le provoca subir al Ávila puede hacerlo, si está en condiciones físicas. No tiene por qué imponerse limitaciones diferentes a las que deberíamos tener todos nosotros: no fumar, no usar sustancias extrañas, tener mucha prudencia con las bebidas alcohólicas”, enfatizó.

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