• Muchos de estos niños y adolescentes viven en los municipios fronterizos del Táchira y antes de que se habilitara el paso por los puentes tuvieron que arriesgar sus vidas por las vías ilegales para poder asistir a clases

La matrícula de estudiantes venezolanos en el Norte de Santander creció 109 % en dos años. Según datos de la Secretaría de Educación de Cúcuta, la cifra pasó de 9.174 en abril de 2019 a 19.261 alumnos en 2021.

La autoridad educativa de Colombia estimó en 2019 que alrededor de 3.000 niños y adolescentes viajaban a diario desde Venezuela para acudir a las clases presenciales. Una rutina que se ha visto truncada por los conflictos binacionales y la posterior llegada de la pandemia causada por el covid-19.

A principios de septiembre de 2021 autoridades de Venezuela y Colombia sostuvieron un encuentro en el que se acordó habilitar el paso peatonal a través de las estructuras binacionales para los estudiantes que viven en el estado Táchira y cursan estudios en el vecino país.

Antes de que se permitiera el paso, padres y representantes de los escolares tuvieron que acudir a reuniones con representantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en la frontera. Allí les indicaron que se implementaría un sistema de carnetización para los alumnos que deben acudir a clases presenciales en los planteles educativos del Departamento Norte de Santander.

Urania Rozo vive en San Antonio del Táchira, es madre de dos niños que estudian en Cúcuta y comentó que los estudiantes han podido pasar con el carnet estudiantil o la constancia de estudios. Pero señaló que finalmente no se implementó ningún documento especial para el tránsito por los puentes internacionales.

Freddy Bernal, enlace de la Administración de Nicolás Maduro en Táchira, comunicó que el corredor de los estudiantes se daría bajo un protocolo de bioseguridad, el cual incluiría la vacunación de los representantes y alumnos. Los primeros en cruzar la línea limítrofe fueron 372 estudiantes que  presentaron la prueba Saber, según reseñó RCN Radio el  3 de septiembre de 2021.

Días después, unos 800 alumnos que residen en los municipios fronterizos pudieron caminar a lo largo de los puentes internacionales y asistir a las aulas tras más de un año y medio de paralización. El paso fue supervisado por el dirigente del PSUV, Freddy Bernal, y la directora de la Zona Educativa Táchira, Charlys Rojas, según reseñaron medios venezolanos. 

Arriesgaron sus vidas 

Sin embargo, antes de que en el mes de septiembre se habilitara el paso a través de los puentes, los escolares venezolanos pusieron en peligro sus vidas al enfrentar la travesía de cruzar la línea limítrofe por las trochas para poder llegar a las aulas de clases.

En el departamento Norte de Santander el año escolar comenzó de manera progresiva desde el mes de agosto. Fecha en la que niños, niñas y adolescentes venezolanos que residen en los municipios fronterizos del Táchira tuvieron que armarse de valor para desafiar los peligros que representan las trochas.

Estudiantes cruzaban a Norte de Santander por trochas
Foto: EFE

Tras un año y medio sin visitar las aulas y sujetos a clases virtuales, finalmente fueron convocados a actividades presenciales especiales.

A principios del año 2021 la secretaria de Educación de Cúcuta, Jessica Dayana Ramírez informó que el 16 % de la matrícula escolar de Cúcuta corresponde a estudiantes provenientes de Venezuela.

Destacó la funcionaria que en el año 2020 el total de estudiantes venezolanos llegó a 19.407 y en 2021 llevaban un registro de 19.261.

Es importante destacar que muchos de estos niños y jóvenes decidieron mudarse al vecino país en busca de futuro y mejores oportunidades.

Protestaron para exigir derecho a la educación 

En marzo de 2019 se registraron protestas en el lado venezolano para exigir un corredor humanitario para los estudiantes y pacientes. El 6 de marzo un medio colombiano documentó que niños de diferentes edades salieron a las calles del municipio Pedro María Ureña (Táchira), con sus uniformes y morrales, para exigir junto a sus padres que les permitieran el paso por los puentes internacionales, a fin de asistir a sus clases en escuelas y colegios privados en diversas localidades del Departamento Norte de Santander.

“Queremos estudiar”, gritaron los pequeños durante la manifestación realizada en la entrada al puente internacional Francisco de Paula Santander, pero fueron dispersados por los uniformados de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), reseñó el portal La Opinión.

“Durante la protesta hubo empujones e incluso los nervios se apoderaron de algunos infantes, a quienes se les vio llorando tras escuchar una detonación”.

Las ONG visibilizan el drama de los niños de la frontera 

El 5 de abril de 2019 la Red por los Derechos Humanos de Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna) publicó un trabajo realizado por la agencia de noticias AFP donde se narra la dura travesía que pasan los niños para poder llegar a sus aulas de clases.

Los padres venezolanos deben pasar por trochas o caminos verdes al mando de hombres con los rostros tapados y armados, para poder llevar a sus hijos a la escuela en la vecina nación neogranadina.

Otra publicación de la Redhnna destaca el relato de Leidy Navarro, una joven madre de 28 años. “Ella sabe que a su hija Valentina no le gusta llevar el uniforme sucio o mojarse los zapatos. Por eso se los cambia por unas sandalias antes de cruzar el disminuido río Táchira, la única vía que les queda para llegar a la escuela desde que Colombia y Venezuela, sin relaciones diplomáticas, cerraron la frontera en el departamento de Norte de Santander”.

“Ella todo lo ve como una aventura”, dijo a AFP esta enfermera que dedicaba su tiempo para llevar al colegio a Valentina, de 7 años, esperarla y acompañarla de regreso en la tarde.

La pequeña Valentina Cáceres no sabe que su madre tiene miedo ni tampoco que en cualquier momento pueden aparecer en su camino hombres con pistola en mano. “Los colectivos manejan las trochas y a uno le da susto que los niños los vean así, encapuchados”, dijo Navarro.

Ese mismo mes de abril del 2019, la Secretaría de educación de Cúcuta informó que 9.174 venezolanos acudían a colegios y escuelas ubicados en el departamento Norte de Santander, de los cuales unos 3000 cruzan la frontera todos los días.

Ante la violación de los derechos de estos niños y preocupados por la inestabilidad y los riesgos en pasos dominados por grupos irregulares, donde a diario se registran enfrentamientos y hechos delictivos, el 5 de marzo de 2019 la Organización No Gubernamental Fundaredes interpuso una denuncia ante la Defensoría del Pueblo del estado Táchira para exigir al titular de ese despacho, Hugo Caro, la reapertura de la frontera.

El propósito de la petición fue garantizar el derecho a la educación de estos niños, quienes ya sufrían una vulneración en su país natal al no tener las condiciones para un adecuado proceso de escolarización.

Un mes antes -en febrero de 2019 y durante el 171° período de sesiones de la CIDH en Bolivia- el director general de FundaRedes, Javier Tarazona, denunció la situación de estos estudiantes y solicitó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que les garantizara protección.

La solicitud de medidas cautelares de protección para ellos y para personas con enfermedades crónicas que reciben tratamientos especializados o necesitan adquirir medicamentos en territorio colombiano, se formalizó en marzo. 

En busca de educación de calidad 

Colombia también ofrece educación gratuita a los niños migrantes de Venezuela cuyos representantes buscan calidad. 

Cifras aportadas por Unicef en un comunicado de prensa emitido en abril de 2019 estiman que más de 130.000 niños venezolanos se habían matriculado en las escuelas colombianas, 100.000 alumnos más que los contabilizados en noviembre del año 2018. Cerca de 10.000 de estos estudiantes se encuentran en la ciudad fronteriza de Cúcuta y alrededor de 3.000 de ellos viajan desde Venezuela todos los días para ir a la escuela.

En un momento en que el sentimiento contra el inmigrante está aumentando en todo el mundo, Colombia ha mantenido generosamente las puertas abiertas a sus vecinos de Venezuela”, dijo Paloma Escudero, directora de Comunicaciones de Unicef.
Migrantes venezolanos en Colombia
Foto: EFE

“A medida que es mayor el número de familias que toman todos los días la dolorosa decisión de dejar sus hogares en Venezuela, es hora de que la comunidad internacional aumente su apoyo y ayude a satisfacer sus necesidades básicas. No podemos permitir que esa generosidad se agote”, sugirió.

“La gravísima situación en Venezuela ha dejado a muchas familias sin otra opción que buscar una oportunidad para que sus hijos reciban una educación al otro lado de la frontera”, dijo Escudero. “Vi a cientos de estudiantes cruzar a Cúcuta al amanecer, bajo una lluvia torrencial, para ir a la escuela. Tal dedicación al aprendizaje por parte de padres y estudiantes por igual es una lección de compromiso, perseverancia y determinación para todos nosotros”.

Ante la situación el Ministerio de Educación de Colombia con el apoyo de Unicef, dispuso de autobuses y apoyo logístico para trasladar a los infantes a las instituciones donde cursan de manera gratuita. 

Producto de la crisis humanitaria que se agudiza cada día en Venezuela, se estima que el número de estudiantes que abandonan las aulas de clases de los municipios fronterizos del Táchira para migrar a Colombia seguirá en aumento, pese a los riesgos que significa cruzar la temeraria línea limítrofe, escenario de crimen y delitos.

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