• Luis y Adriana estuvieron recluidos en distintas cárceles estadounidenses por más de 51 días. Foto: Referencial de Efe/Luis Torres.

A Luis Salas* y Adriana Díaz* los detuvieron tras cruzar ilegalmente la frontera de México hacia Estados Unidos el 9 de mayo de 2021. Él estuvo privado de libertad por 51 días y ella por más de cuatro meses. 

La pareja decidió salir de Venezuela arropada por la crisis económica y social que atraviesa el país. En vista de no conseguir oportunidades laborales en su tierra y tener un poder adquisitivo limitado, comenzaron a investigar sobre el paso hacia Estados Unidos y, por medio de amistades, contactaron a los sujetos que los guiaron antes, durante y hasta el momento en que cruzaron el Río Grande y pisaron suelo americano.

Desde octubre de 2020 hasta septiembre de 2021 la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos (CBP por sus siglas en inglés) efectuó 1.541.651 detenciones de migrantes en la frontera. 

El 5 de mayo de este año, Luis y Adriana viajaron a Cancún, México, como turistas, porque así se los recomendaron las personas con quienes establecieron contacto para el viaje. Consideraban que era un mejor pretexto para no levantar sospechas respecto a sus verdaderas intenciones: cruzar hacia Estados Unidos.

Foto: Referencial de Efe.

Se quedaron tres días en suelo mexicano, dos en Cancún y uno en Monterrey, donde se encontraron con los coyotes, es decir, personas que transportan inmigrantes de manera ilegal desde México hacia territorio estadounidense. Recuerdan que la mayoría de los coyotes con los que contactaron eran venezolanos y, un alto porcentaje, procedentes de Maracaibo, estado Zulia.

Viajaron en una van hasta Monterrey. Los coyotes los recibieron en el hotel donde se hospedarían por esa noche y de ahí en adelante estuvieron bajo su responsabilidad e indicaciones.

Al día siguiente –recuerdan para El Diario– salieron aproximadamente 15 vehículos tipo van, con unos 20 pasajeros cada una (todos venezolanos), hasta Ciudad Acuña, en el estado mexicano de Coahuila. 

Existen distintas zonas por donde los migrantes pueden pasar en los más de 3.000 kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos. Algunas personas cruzan por Mexicali, estado de Baja California; y otros, como Luis y Adriana, lo hacen por Ciudad Acuña. Comparan el trayecto con la ruta hacia San Antonio, en el estado Táchira, porque hay varias alcabalas donde deben pagar para continuar con su viaje.

El paso de los “mojados” “Mojados” es el término que utilizan en Estados Unidos para referirse a los inmigrantes ilegales que ingresan a la nación por el río. Es común escuchar preguntas como: “¿tú ingresaste al país mojado?”, para hacer referencia a entrar –al margen de la ley– por el río Grande.

El paso del río Grande

Finalmente el día 9 de mayo a las 5:00 am Luis y Adriana se comunicaron con sus respectivas familias, les indicaron que no enviaran más mensajes porque borrarían toda la información de sus teléfonos y ya estaban a punto de cruzar la frontera. Pasaron únicamente con la ropa que tenían puesta, cédula de identidad y sus celulares.

Explican que muchos de los ciudadanos que se aventuran a ingresar a Estados Unidos por esta vía prefieren dejar pertenencias como el pasaporte en México, pues ese documento lo retienen desde el momento de la detención por parte de las autoridades migratorias hasta que finalicen sus juicios. Proceso que puede demorar años en concluir.

Los coyotes tenían el compromiso de acompañarlos durante una caminata de dos horas, aproximadamente, hasta llegar al río e incluso ayudarlos a pasar. Hasta ahí llega su trabajo.  

El presupuesto varía según el grupo de coyotes al que contacten. Ellos pagaron 1.500 dólares por cada uno y ese presupuesto incluía alimentación y hospedaje en Monterrey y Ciudad Acuña.

Desde ese momento ellos debieron continuar solos y caminar durante cuatro horas hasta que llegó una patrulla fronteriza y se entregaron. Todos los integrantes de ese grupo de migrantes fueron trasladados a refugios diferentes. Luis y Adriana tuvieron que separarse. 

Estuvieron un día en los refugios y al siguiente él fue reubicado en una cárcel de El Paso, Texas, y ella en Luisiana (una de las más fuertes, según relatan). Ahí empezó el calvario.

Detención de extranjeros 

Muchos venezolanos o extranjeros que deciden arriesgarse y entrar a Estados Unidos por la frontera con México van con la idea de estar detenidos 5, 10 o hasta 20 días y luego salir en libertad, pero la realidad es muy distinta. El proceso puede variar según el centro penitenciario al que sean enviados, la ciudad en la que sean ubicados y sus situaciones personales (si van acompañados, en familia o si sufren de alguna enfermedad).

Ellos describen las cárceles donde estuvieron privados de libertad como espacios pequeños de dos metros cuadrados, sin barrotes. Puertas totalmente selladas con un único espacio por donde pasan la comida diaria y sin ningún tipo de iluminación.

Foto: Referencial de Efe.

Los detenidos por oficiales de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) también visten uniformes con colores acorde a su peligrosidad. Los azules no son peligrosos, los anaranjados tienen un nivel intermedio y los de color rojo son altamente peligrosos debido a sus antecedentes penales. A los arrestados también les asignan una identificación que comienza por la letra A y un grupo de números de seis a ocho dígitos.

Luis permaneció ocho días encerrado en la celda sin derecho a salir. Su compañero era otro venezolano de 49 años de edad. Recuerda que el terror psicológico durante esa semana lo golpeó bastante fuerte. Frases como “aquí vas a durar un año”, “los van a deportar”, son algunas de las que quedaron grabadas en su memoria.

La estadía en prisión

La cárcel donde Luis estuvo retenido es amplia: tiene mesas de juego, televisión, cancha de básquetbol, futbolito y la posibilidad de comunicarse -por llamada telefónica- con familiares o amigos dos veces al día. Asimismo, cuentan con una plataforma llamada GoVisit en la que pueden mensajear como en WhatsApp, con teléfonos de la cárcel.

Tras un mes detenido, finalmente le permitieron salir al patio y ver el sol. Recuerda que hay una cantina donde pueden comprar alimentos con una tarjeta a  la que cargan dinero sus familiares para que ellos usen dentro de esas instalaciones.

Les daban las tres comidas del día: desayuno, almuerzo y cena. Los despertaban a las 5:00 am para comer y luego -la mayoría- debían regresar a sus celdas; a mediodía salían nuevamente para recibir sus alimentos y por las tardes les permitían estar en la sala de juegos. En la noche volvían al encierro.

Luis recuerda que muchos de los detenidos preferían estar en sus celdas para no ver lo que ocurría en el patio. Se presentaban acontecimientos dramáticos y bastante sensibles. Migrantes que se derrumbaron, se desmayaron, se deprimieron y rompieron en llanto son solo algunos de los escenarios.

Lo más duro -dice- es que pasen los días y no lo llamen a la entrevista del “miedo creíble” con las autoridades.

Foto: Referencial de Efe.

El miedo creíble consiste en un encuentro (sin representación legal) con los fiscales de deportación donde el migrante expone que solicita asilo por haber sido víctima de persecución en su país de origen, bien sea por motivos de origen, raza, religión u opinión política. Algunos extranjeros alegan condiciones generalizadas como deplorables condiciones económicas o escasas oportunidades de trabajo, sin embargo, esas no son causales para recibir el asilo.

Si la persona pasa el miedo creíble tendrá la oportunidad de introducir una aplicación formal de asilo, continuar su juicio en libertad y tener un abogado que lo represente. Por el contrario, si no pasa esa entrevista tendrá la oportunidad de apelar la decisión frente a un juez de inmigración y, en caso de ratificar allí la negación de esa solicitud, la persona será deportada.

No obstante, hay individuos, como Luis, que salen de la cárcel sin cumplir con el requisito. Cree que es porque su padre envió constancias de afecciones de salud (asma) y eso ayudó a agilizar su salida. Sin embargo, permaneció 51 días en prisión, mientras que su esposa estuvo cuatro meses y 21 días tras las rejas. Él fue el cuarto en su unidad y ella la última en salir.

El patrocinador o “sponsor”

Quienes se van de manera ilegal deben saber que es indispensable llevar los datos del denominado “sponsor” o patrocinador, es decir, una persona residente legal en suelo estadounidense que cumpla con ciertos requisitos como licencia de conducir, dirección de residencia y alquiler a su nombre. 

El “sponsor” debe emitir una carta donde detalle el apoyo que está dispuesto a asumir para asegurar que el patrocinado (el migrante) asista a todas las citas de control y audiencias de la corte pautadas por ICE. También debe pagar el pasaje del detenido desde la prisión donde se encuentre hasta su lugar de habitación.

El inmigrante patrocinado tiene el derecho de exigir la manutención a su patrocinador y si este no cumple, puede demandarlo.

El patrocinante tendrá que mantener al ciudadano amparado hasta que este último se convierta en ciudadano estadounidense a través de la naturalización o hasta que complete los 40 créditos cotizados, lo que significa tener unos 10 años trabajando en territorio norteamericano.

Nuevas vidas en libertad

Algunos ciudadanos inmigrantes tienen el concepto erróneo de que salir de la cárcel representa el fin de su proceso legal, pero están equivocados. Lo que realmente significa es que tendrán un juicio en libertad y ese trámite puede demorar años.

Luis recibió un correo donde lo citaban 25 días después de salir de prisión (para el mes de julio), sin embargo, luego recibió otro mensaje donde cambiaban su juicio hasta marzo del próximo año. Por ahora no le queda más que esperar. 

La mayoría de ciudadanos en sus mismas condiciones aprovecha el tiempo mientras se da el juicio para trabajar y ahorrar dinero, de modo que si les niegan la oportunidad de quedarse en Estados Unidos podrán regresar a su país con algo de dinero ahorrado.

Foto: Referencial de Efe.

Otro aspecto que los ocupa es encontrar un abogado para el momento del proceso legal. Si bien pueden presentarse solos, lo más recomendable es asistir con un profesional en derecho que los defienda porque en caso de perder podrían apelar la decisión del juez.

Luis tiene un grillete electrónico que no es más que un dispositivo con localizador satelital que informa constantemente a las autoridades de ICE su posición geográfica. No debe salir a más de 120 kilómetros a la redonda del lugar de residencia de su “sponsor”.

La zozobra de su familia

Pedro Salas* es el padre de Luis y contó, para El Diario, que los primeros ocho días de detención de su hijo fueron sumamente duros para él porque no sabía qué le había pasado o dónde se encontraba. Luego, enterarse que estaba privado de libertad -al igual que su nuera- fue otro golpe que no quería recibir. 

“Son ocho días desde que te dicen que no escribas más, días donde uno no tiene información sobre ellos, no sabe dónde están, nada. La primera llamada fue de alegría primero y luego de tristeza”, dijo Pedro.

Cuenta que hay un sistema localizador de detenidos en línea del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), en el que pueden ingresar los datos de la persona que buscan y saber si están o no arrestados.

“La mayor incertidumbre es no saber qué pasó y, aunque parezca mentira, la mayor alegría es saber que están detenidos”, relató.

Foto: Referencial de Efe.

No aconseja a nadie a hacerlo o no. Pedro contactó a un sinfín de abogados especialistas en migración y explica que ninguno le daba garantías sobre ese tipo de casos. Aunado a ello, una sola entrevista de asesoría puede costar entre 250 y 300 dólares y llevar el caso en su totalidad tiene un valor estimado de 5.000 dólares. 

También es cierto que existen fundaciones que ayudan con abogados de manera gratuita, pero solo se trata de asesorías y colaboraciones muy escuetas. Por tanto, lo ideal es que los migrantes en proceso de solicitud de asilo cuenten con un profesional en el área a abordar.

Respecto al miedo creíble, precisó que su nuera, Adriana, salió con ese proceso aprobado, aunque no tan rápido como esperaba. 

“Después que le hicieron el miedo creíble y le dieron el positivo, se supone que en cuatro o cinco días debe salir y duró dos meses más detenida”.

A Pedro se le acercan muchas personas en Venezuela buscando recomendaciones sobre el caso de su hijo y la manera en que llegó a los Estados Unidos. No obstante, él es muy claro con ellos. 

“Yo soy huérfano de padre y madre, fue muy duro perder a mis padres pero esto que acabo de vivir con mi hijo y mi nuera fue más difícil (…) todos mis pensamientos estaban enfocados en rogar por su libertad”, aclaró.

Solo sabe que lo vivido fue muy fuerte para él y su familia; agradece infinitamente a Dios por preservar la vida de sus seres amados. Por ahora, Luis y Adriana esperan sus respectivos juicios con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS por sus siglas en inglés) para optar al asilo en suelo americano.

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