- Hay para viaje simple, multiabono y el celeste para pasaje estudiantil. También con decoraciones específicas de las estaciones como Chacaíto o Ciudad Universitaria. Fue posible gracias a Larry Montes, un arquitecto que lucha por ayudar a su madre en su lucha contra el cáncer
“Estación Plaza Venezuela. Transferencia a las líneas 2 y 3”, indica una voz femenina en Caracas cuando los pasajeros llegan a esa estación de la Línea 1. El recuerdo, aunque lejano, se evoca en la memoria cuando otra grabación, también de mujer, informa: “Usted está en la estación 9 de Julio. Conexión con las líneas B y C del Subte”.
Para quienes durante años o quizá una vida entera utilizaron el metro para desplazarse por Caracas, el cambiar esos vagones y estaciones por otros puede sentirse extraño, sobre todo en los primeros días, cuando en lugar de viajar con los recorridos memorizados en los que son hasta capaces de ubicarse con solo mirar de reojo las baldosas de las paredes, les toca empezar desde cero. Y perderse, hasta poder familiarizarse con el Subte.
De la ciudad de Caracas puede que El Ávila sea una de las máximas representaciones, pero el Metro, aun cuando desde hace años está deteriorado y presta un servicio apenas apacible, se preserva en el imaginario popular como un símbolo de tiempos anteriores, cuando a la capital venezolana eran más las personas que llegaban que las que se iban, y los que ahora forman parte de la diáspora ―especialmente las personas de más de 40 años de edad― lo rememoran como algo ejemplar, pulcro, prolijo, donde a nadie se le ocurría ni siquiera tirar al piso la envoltura de un caramelo.
En ese juego que mezcla nostalgia y lugares, en la Ciudad de Buenos Aires ya son muchos los venezolanos que al momento de utilizar el transporte público ―no solo el Subte, también los colectivos y trenes― usan los tickets del metro para pagar antes de abordar.
La iniciativa la hizo posible Larry Montes, un arquitecto venezolano de 30 años de edad que quiso darle un toque especial a su tarjeta SUBE: decidió forrarla para que se viera tal cual como eran los tickets amarillos de antaño. Hoy, por cierto, no se consiguen más, pues quedaron en desuso para pasar por el torniquete.
Caracas y la Identidad como causa solidaria
En un principio se resistió, no porque no quisiera que otros lo imitaran, sino porque consideraba que no le sobraba tiempo y energía para decorar las tarjetas. Durante el día, Montes se desempeña como director de obras en distintas construcciones, por lo que le toca supervisar el avance de trabajos mientras tiene a su cargo a distintos equipos de obreros.
De a poco pudo entrar en empresas de su especialidad, para iniciar como ayudante del asistente de director de obras. Años y proyectos después, incluso con trasnacionales de por medio. Y por un momento todo eso se tambaleó. Estuvo a punto de dejarlo todo y regresar a su Cagua natal, en el estado Aragua, para acompañar y cuidar a su mamá, Isabel Thays Díaz, recientemente diagnosticada con cáncer de cuello uterino.
Larry quería ponerse a disposición, hacer todo lo posible por ayudar y acompañar a los suyos.
Al principio utilizó ahorros para financiar los tratamientos, pero se dio cuenta de que debía tener alternativas para no quedarse en números rojos. Abrir recaudaciones como un GoFoundMe no le parecía la mejor opción, en parte por temor a que la suma recaudada resultara insuficiente, y más aún porque consideraba injusto no ofrecer nada a cambio para los colaboradores.
“Quise algo que nos ayudara pero que también le dejara algo a los demás, un ‘toma y dame’”, recordó Montes. Lo primero que hicieron, entonces, fue comprar un celular y rifarlo. Pero no era suficiente. Había que hacer más. Aunque cavilaba, no daba en la tecla. Hasta que un amigo lo animó a “darse el tiempo” de hacer las tarjetas y venderlas para juntar fondos para su madre. Así, decoró 30 SUBE, entre sus amigos las compartieron en sus perfiles y al día siguiente. Sin esperarlo, Larry tenía más de 600 mensajes entre compradores, compatriotas que se solidarizaban, pacientes y médicos que le dieron sugerencias y contaron testimonios.
“Mi mamá y yo estamos cautivados con tanto cariño, afecto, solidaridad, empatía. Había perdido un poco la fe en la humanidad. Con esto quedamos sorprendidos. Hay gente que sí se preocupa por los demás y que ayuda, no solo con dinero sino con todo lo que puede”, reconoció.
Parte de esa buena energía, sostiene, ha sido fundamental para que su madre afronte de la mejor manera los tratamientos y las sesiones que están por comenzar. También gracias en gran medida a unos tickets entre los cuales ya no solo está el amarillo/simple, el amarillo oscuro/multiabono y el celeste/estudiantil, pues ahora también hay diseños especializados en estaciones de Caracas como Chacaíto, Capitolio, Caño Amarillo o Ciudad Universitaria, quizá la más especial para Larry, pues estudió y ejerció como docente en la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Aconseja pedir ayuda
No solo la ayuda económica ha impulsado a la familia Montes a salir adelante. Una lección que les quedó aprendida es la de pedir acompañamiento profesional, contención, cuando se enfrentan momentos difíciles.
“Estamos haciendo terapia psicológica. La sociedad venezolana tiene muchos problemas y uno de esos es que cuando la gente tiene un problema la enseñan a que se lo guarde. Eso no debe ser así”, analizó.
Sostiene que no hay peor lógica que la de “los trapitos se lavan en casa” o “guárdatelo y soluciónalo tú mismo”.
Por el momento, este joven que asegura sentirse como en casa en Buenos Aires, está tranquilo. Su vida y la de sus familiares subió a una montaña rusa en el último par de meses. Pero impulsado por el amor a Caracas, otra ciudad que considera tan propia como Cagua, más el apoyo de cientos de personas que ahora le escriben cada día, confía en que todo valdrá la pena.
“Tanto cariño, afecto y ayuda suman”.