• Con más de 5,9 millones de migrantes venezolanos en el mundo, el hablar al respecto con los infantes se volvió importante, sobre todo si la familia busca a corto y largo plazo radicarse en otro país. El equipo de El Diario conversó con la psicóloga Daniela Rojas, quien ofreció sus opiniones y recomendaciones al respecto. Foto: EFE.

Migrar se convirtió en un tema de conversación constante, del cual se habla en los distintos ámbitos de la vida en Venezuela. Por lo tanto, el hacerlo se ha vuelto importante, sobre todo si es una meta que algunas familias se plantean a corto o largo plazo. A diferencia de los adultos, los niños, niñas y adolescentes pueden no comprender del todo lo que implica dejar atrás el país.

Para la psicóloga de Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap) Daniela Rojas, es correcto hablar sobre el tema con los infantes desde el momento en que los padres y representantes tienen en mente viajar con planes de radicarse en otro territorio. Cree que debe hacerse con antelación, para que ellos no reciban la noticia de manera abrupta.

Se puede conversar sobre viajes al exterior y sobre cómo ellos toman la situación que viven a su alrededor para irlos preparando e irles abriendo la posibilidad de que la familia viaje para trabajar y apoyar desde lo económico en el hogar, una de las razones principales para migrar. También decirles que existen posibilidades de trabajo en otro país. Preguntarles, ¿qué les parece a ellos esa situación?”, comenta la psicóloga para El Diario.
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¿Cómo empezar?

La conversación que se entable junto al niño debe hacerse desde la calma, poco a poco, explica Rojas, de manera tal que él conozca las opciones que tiene la familia para lograr brindarle el bienestar y la calidad de vida que se merece por derecho. Dice que es algo que debe hablarse, incluso antes del papeleo o de tener el dinero necesario para viajar.

Tomando en cuenta el panorama venezolano, entre las opciones comunes pueden estar una migración familiar sin los jóvenes, en la que ellos se quedan con algún tercero; también un viaje migratorio con toda la familia, incluyendo los niños, niñas y adolescentes; y un viaje en solitario del infante hasta el territorio donde está la familia con el fin de radicarse fuera de Venezuela.

Los escenarios variarán, a su vez, no solo si el niño, niña o adolescente viajará o no en familia, sino también dependiendo de su edad. La psicóloga explica que, hablarlo a tiempo ayudará a procesar al niño el duelo migratorio que vive toda persona al hacer un cambio radical en su vida.

Según Daniela Rojas, el cambio del círculo de personas, amigos, cultura, idioma e institución educativa pueden afectar al niño, por lo que explicar que empezarán desde cero, aclarando sus dudas e integrarlos al plan será lo idóneo.

La principal recomendación desde el ámbito psicológico es hablarlo, no desde un punto de vista político, sino con temas que lo afecten directamente, como la salud y la economía, sin ahondar sobre el por qué, sino el para qué, explicar con el lenguaje adaptado a la edad del niño las razones, beneficios y desventajas.

Foto: EFE / Mario Caicedo.

Cuando se migra junto a los niños, niñas y adolescentes

La migración en familia, incluyendo a los niños y, dependiendo de la modalidad, ya sea avión, tierra o como caminante, presentan distintos desafíos, riesgos y comodidades. “Con base a eso, hay que hablarles de cómo será el trayecto, no en tono alarmista. Decirles que pueden existir riesgos, como transiciones entre fronteras, cambio de transporte, el tiempo estimado”, expresa la psicóloga.

Los viajes migratorios pueden ser largos, por lo que los jóvenes pueden sentirse cansados. La recomendación de Rojas es que, durante el trayecto, los padres y representantes deben chequear su estado físico y emocional y mostrarse atento ante cualquier duda o incomodidad que tengan. También se le puede comentar que, verán nuevos lugares y resaltar los aspectos positivos del territorio.

“En caso de que exista una emoción desagradable, en la cual puedan sentirse nostálgicos por lo que están dejando, o frustrados ante algún contratiempo, hay que invitarlos a hablar al respecto. Además de eso, como adultos, hay que tomar una posición empática”, comenta Daniela Rojas, quien cree que hay que validar sus emociones y destacar que es posible construir un futuro compartido en familia a pesar de las dificultades.

Cuando se migra en familia sin los infantes

Además de mantener la conversación constante con el niño, niña o adolescente sobre los planes de migración, la experta explica que, en el caso que ellos no sean parte del viaje, los padres o representantes deben preguntar qué los hará sentirse seguros mientras no están.

Cuando se trate de una separación temporal, incluso cuando no hay una fecha de reunificación estimada, los padres deben mantener la comunicación para hacerlos sentir seguros, dice Rojas. También se debe mantener abierta la posibilidad del reencuentro, así como los avances en cuanto a la estabilidad social o económica de la familia.

Rojas recomienda que las personas con las que se queden los niños deben ser cercanas a la familia, o haber tenido contacto constante con ella, y preguntarle al niño si se siente a gusto con ellos. En el momento que se decida el tercero con el que se quedará el infante, se deben hacer visitas constantes para que se vaya adaptando al espacio y a la nueva dinámica. “Esto ayuda a que el chamo se sienta en confianza”, comenta.

Foto: Getty Images.

Cuando el niño migra solo

El escenario en el que el niño migra solo, no es el recomendable, comenta la psicóloga, pues lo ideal es que viaje junto a un adulto que lo acompañe y proteja. Pero, sin medios económicos debido a la crisis venezolana, los niños denominados caminantes son cada vez más vistos en los distintos medios de comunicación en países como Colombia, Ecuador o Perú. Acuden a migrar a pie para cruzar distintas fronteras y poder encontrar un trabajo o a su familia para poder sobrevivir.

De por sí un migrante se enfrenta a muchísimos riesgos, desde el hurto de los papeles y documentos de identidad, pérdida del pasaje, violencia institucional, que no puedan contar con sitios de refugio en su tránsito. Para un niño, niña y adolescente, una población vulnerable, pueden estar expuestos a esas situaciones y a otras personas con malas intenciones. Son muchos los riesgos”, expresa Rojas.

En este caso, la psicóloga recomienda a los padres o representantes hablare a detalle y con antelación sobre el trayecto que recorrerá, marcarles rutas y puntos de referencia. Así como también comunicarse con ellos durante el trayecto. El consejo se extiende cuando se trate de viajes aéreos y marítimos.

No obstante, las complicaciones y riesgos aumentan cuando se trata de niños y niñas con poca edad viajando por tierra sin acompañantes, así como con infantes que no cuentan con medios para comunicarse con su familia.

¿Qué pasa si no se habla sobre la migración con los infantes?

La psicóloga relata las repercusiones de no conversar sobre los planes migratorios familiares con los niños, niñas y adolescentes. La tristeza, frustración o rabia son las principales emociones que pueden predominar en ellos al pasar por el duelo migratorio, sean o no parte del mismo, si se enteran de manera abrupta.

“Surgen muchas dudas. ¿Por qué sucedió? ¿Por qué mis papás estaban aquí y ya no? Esa sensación de vacío se puede sentir de manera mucho más intensa. Se pueden preguntar, ¿yo no les importo lo suficiente como para que no me haya llevado? ¿Será que hice algo mal?”, dice Rojas.

Para ella, los adolescentes, incluso, pueden racionalizar un poco más que los más jóvenes, por lo que, aunque se les diga que surgió una oportunidad de trabajo fuera de Venezuela, ellos pueden preguntarse de dónde sacaron los papeles y el dinero en tan poco tiempo. Pueden sentir impotencia, se ven desprotegidos y sentirán un quiebre en la confianza.

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¿Qué hacer cuando ya están en otro territorio o país?

Para la experta, los primeros meses en otro país suelen ser de adaptación para los niños, niñas y adolescentes, por lo que se debe hacer seguimiento a su estado mental mediante conversaciones. Comenta que es natural que no se sientan a gusto con el nuevo territorio o país y que se logrará poco a poco.

Cuando se busque ingresar al niño, niña o adolescente a un colegio, Rojas recomienda visitarlo con antelación para estudiar el ambiente y si le llama la atención o le gusta al infante. Así se involucra en las decisiones.

Las actividades extracurriculares, como deportes y hacer música o arte, colaborarán en esta tarea de socialización y adaptación al nuevo entorno. Agrega que también deben mantenerse abiertos los canales de comunicación con la familia o amigos que quedaron en Venezuela para hacer el proceso más llevadero.

Hasta octubre de 2021, hay más de 5,9 millones de venezolanos migrantes en el mundo, según reporta la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur). Para 2022, organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) prevén que la cifra de venezolanos en el mundo supere los 7 millones de personas.

Para la experta, con una tendencia ascendente en el número de migrantes venezolanos en el mundo, aumentan los riesgos para los niños, niñas y adolescentes migrantes y sus familias, por lo que estar preparados mentalmente colaborará a sobrellevar las demás situaciones que surjan en el camino.

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