• Con un 94,5% de pobreza total en Venezuela, buscar alternativas se convirtió en una necesidad. Los niños y jóvenes son los más afectados, pues el hambre afecta su correcto desarrollo y crecimiento. El equipo de El Diario conversó con la nutricionista Ania Pulido, quien ofreció sus recomendaciones de cara al retorno a las aulas

Los niños, niñas y adolescentes venezolanos regresarán a las aulas el 25 de octubre con una realidad de la que no son responsables, pero que aun así les afecta. La crisis económica, política y social impide no solo que adquieran educación de calidad, también imposibilita a sus familias adquirir alimentos que sean nutritivos, que colaboren a su sano crecimiento y desarrollen su intelecto, lo que los lleva a buscar opciones alimenticias que puedan costear.

No todos pueden costear una alimentación adecuada para los niños y jóvenes, que incluya proteínas, para su crecimiento y desarrollo, y frutas y vegetales, que complementen las funciones corporales, con vitaminas y minerales. Esto implica que los niños no crezcan ni se desarrollen bien, tanto en talla como a nivel cognitivo. Un niño que no se alimenta bien no le puede prestar atención a un maestro. Una barriga con hambre es un niño que lamentablemente no tiene la misma posibilidad de aprender que uno que está bien alimentado”, señala la nutricionista Ania Pulido para El Diario.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), presentada en septiembre de 2021, plasma esa realidad en cifras. Para el periodo escolar 2021-2022 habrá 550.000 estudiantes menos inscritos. Además, se redujo la cobertura global educativa del grupo de entre 3 y 24 años de edad, de 70% a 65%. El estudio reseña que la situación de pobreza aumenta los riesgos de exclusión en la educación.

Alimentarse y educarse en crisis

El regreso a las aulas de los escolares ocurrirá bajo el contexto creciente de pobreza e inseguridad alimentaria en Venezuela. Además de esa situación, persisten las medidas de bioseguridad, que implica un reto, pues los maestros y profesores deben velar porque se cumplan de manera adecuada. Si se obedece el distanciamiento, el retirarse el tapabocas para desayunar y merendar no representará un riesgo.

Para la nutricionista Ania Pulido, los padres y representantes deben educar a sus hijos para seguir correctamente todas las medidas de prevención contra el covid-19. También, enseñarlos a comer todos los alimentos, porque el desconocimiento lleva a cometer errores a los adultos. Suelen pensar que los carbohidratos son lo mejor por ser económico y que generan saciedad, pero no es así porque no nutren.

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Pulido explica que los niños deben tener una alimentación según su edad y esta alimentación debe contener: proteínas, carbohidratos, vegetales y frutas de manera adecuada para que hagan un aprovechamiento de los macro y micronutrientes, que les permitan desarrollarse acorde a su edad. No deben comer dulces, chucherías, grasas en exceso, alimentos vacíos en calorías o carbohidratos y pobres en otros nutrientes.

Subraya que las proteínas no deben faltar, pues son fundamentales para que el escolar se desarrolle y crezca de manera correcta. Para ella, los niños deben comer variado. “Los niños deben saber el nombre de los vegetales y saberlos comer, quererlos comer. La educación viene del hogar”, resalta la nutricionista.

Comenta que no necesariamente hay que ingerir productos industriales para tener una alimentación apetitosa; todo es cuestión de ingeniárselas con los recursos disponibles. Existen recetas que no implican el comprar muchos ingredientes y no afecta el poder adquisitivo, pero brindan la variedad y nutrición que las personas deben adquirir.

Foto: Adriana Lourerio Fernández / The New York Times.

Alimentos alternativos en la lonchera

Ania Pulido habló sobre la variedad de alimentos que se producen en Venezuela y de allí parte para recomendar alternativas para que los niños y jóvenes se alimenten adecuadamente durante su ciclo escolar. Ante los altos costos del pollo y la carne, pueden comer granos o sardinas frescas.

También, dependiendo de la edad del niño o niña, es importante el consumo de lácteos y menciona la leche materna como principal fuente de nutrientes ante los altos costos de los productos lácteos de fórmula. Agrega que la auyama, berenjena, espinaca, plátano, ocumo, apio, calabacín y brócoli son ricos en nutrientes que le ayudan a tener un crecimiento adecuado a los niños y jóvenes.

Aunque las opciones varían dependiendo del caso, una lonchera escolar alternativa puede tener un trozo de torta de auyama, unas arepas de ocumo, y tortillas de espinaca. “Son cosas que se van agregando a la alimentación hasta que los niños las ven amigables”, dice Pulido.

La creatividad es valorada por los infantes, comenta la nutricionista. El desayuno también puede incluir arepas de colores, que son de maíz y se les incorporan algunos vegetales, de manera que adquieran el color del mismo y sean más divertidas para los niños. Explica, por ejemplo, que si se le agrega espinaca y se tornan verdes, los padres pueden asociarlas a la fuerza del personaje de Hulk y así colaboran a que el escolar entienda los beneficios de comer vegetales.

Las panquecas de cambur, cotufas, frutas picadas, merengada de leche de cacao, flan, natilla y manjar de naranja también son alimentos alternativos para las meriendas. El equipo de El Diario pudo corroborar que la mayoría de los alimentos que están en la lonchera escolar alternativa tienen un costo de entre uno y dos dólares, con excepción de la leche, sin embargo, dependiendo de la marca, existen presentaciones de dos dólares el litro.

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En los mercados populares se pueden encontrar alimentos económicos y rendidores. Para ella, se debe aprender que al combinar alimentos se pueden rendir y se come mucho más nutritivo. Por ejemplo, si una familia logra comprar sardinas frescas, puede unirlos con vegetales, chayota y hacerlas guisadas y son mucho más ricas en nutrientes.

Foto: Getty Images.

Pobreza e inseguridad alimentaria

El informe de la encuesta realizada por las principales universidades de Venezuela establece que el 94,5% del país se encuentra en pobreza total y el 76,6% en pobreza extrema. Señala también que el 65,2% de pobreza es multidimensional; y una de esas dimensiones evidencia una pérdida de importancia sobre la educación.

La hiperinflación y reducción del empleo son dos de los factores que colaboran a que continúe el deterioro de la situación venezolana. Producto de esto, todos los estratos redujeron su gasto en alimentos, y de ellos, el más pobre fue el que más lo disminuyó.

Los niños no están bien alimentados en las escuelas y la pandemia por covid-19 agravó la situación. El Programa de Alimentación Escolar (PAE) cayó de 4,5 millones de niños a 1,3 millones, según la Encovi. El 19% de los escolarizados recibe el PAE. De ese porcentaje solo el 14% lo recibió todos los días y el 16% lo recibió ocasionalmente. Además, al 51% que se le entregó la comida fue para llevar, como medida de bioseguridad.

En este sentido, el deterioro de la crisis venezolana resultó en un repunte sobre la inseguridad alimentaria. Con respecto al 2020, la inseguridad alimentaria severa aumentó 1.4 puntos y se ubicó en 24,5%. Junto a la inseguridad alimentaria moderada, concentran el 59,7% del total.

“El derecho a la alimentación garantiza la vida. Quien no se alimenta no obtiene ni salud ni vida. Hay que velar porque ese derecho se cumpla a pesar de la crisis en el país”, comenta Ania Pulido. Gracias al debilitamiento de este y otros derechos, la esperanza de vida se redujo 3 años para las nuevas generaciones.

Foto: EFE.

Los programas del Estado no son suficientes para erradicar el hambre

Los programas sociales o beneficios que administra y otorga el Estado venezolano no son suficientes para erradicar el hambre en el país. Dos de ellos, aunque se entregan con regularidad, tampoco colaboran a que los venezolanos se alimenten más y mejor.

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Los bonos sociales, entregados a través del Sistema Patria, no superan los 5 dólares mensuales, según pudo recolectar la Encovi. Para sacar de la pobreza extrema a los hogares se necesita aumentar 37,6 veces los subsidios. Además, los resultados de la encuesta establecen que deben entregarse bonos mensuales por personas de al menos 16 dólares para superar el umbral de pobreza extrema.

Por su parte, las cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), aunque la mayoría de los encuestados aseguró recibirla por pagos de al menos 1 dólar, no todos los alimentos que ella contiene poseen los nutrientes necesarios para una alimentación balanceada. El 40% de las personas dijeron que la frecuencia de entrega es mensual o quincenal y el 60%, trimestral o anual.

Las recomendaciones

La nutricionista Ania Pulido recomienda a los padres y representantes acudir a las consultas con los especialistas correspondientes para tratar a los niños, niñas y adolescentes, como un pediatra y, si es necesario, un nutricionista. En su experiencia profesional, después de los dos años de edad los adultos suelen abandonar la vigilancia al crecimiento y desarrollo.

Cuando el niño es referido al nutricionista es porque está presentando déficit de peso y hay algo evidente que no es recuperable a nivel de crecimiento. Si no se trata a tiempo, pueden surgir cuadros de desnutrición, que son tratables pero complejos de superar en la mayoría de los casos. Además, hay infantes que presentan enfermedades de base o que son genéticas, afectan a su sistema inmunológico y por ende su crecimiento.

“Es necesaria la atención a la salud integral y completa. A veces lo que presentan los niños no es netamente a nivel de crecimiento o alimentación, sino es un complejo conjunto de situaciones, incluida la vacunación y la alimentación complementaria”, subraya Pulido.

Niños

Invita a quienes no puedan alimentarse de manera adecuada a acudir a comedores populares de organizaciones no gubernamentales. También insta al Estado a promover el acceso a programas de alimentación para los niños, niñas y adolescentes que no pueden alimentarse bien.

“A veces no es solo la carencia, sino también la falta de conocimiento que lleva a cometer errores graves que comprometen el desarrollo y crecimiento de los niños”, comenta la nutricionista. En cualquiera de los casos, según denuncian distintas ONG, la crisis ya dejó una huella imborrable en los niños y jóvenes venezolanos, que, con hambre, ven el estudio como una opción poco atractiva para crecer y vivir.

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