¿Quién dice que La Mona Lisa que está en el museo de Louvre es la original? 

¿Cómo sabemos que la popular obra de arte allí exhibida realmente fue pintada por Leonardo Da Vinci?

Para nosotros, está en un museo de renombre mundial. Basta con que allí se exhiba para creernos que todo lo que se muestra entre sus paredes es verídico. Sencillamente, confiamos en lo que nos dicen sus autoridades.

¿Pero qué pasaría si tuviéramos la oportunidad de rastrear el origen de esta obra, saber por cuántas manos ha pasado, qué materiales usó Da Vinci para crearla y certificar que el rostro de esa mujer que hoy se exhibe en Francia sí es el lienzo pintado por el artista italiano? 

Y, por si fuera poco, imaginemos que este registro histórico estuviera disponible para todos, sin ninguna restricción, con cientos de miles de copias de esa misma información repartidas en varios países.

Exactamente eso es lo que hoy está haciendo blockchain, la tecnología que le da vida al ecosistema de las criptomonedas: guardar información de valor de forma descentralizada, distribuida, pública, transparente, segura, seudónima e inmutable.

¿Y qué información podemos guardar? Cualquier cosa. Incluso obras de arte, como la Mona Lisa, bajo la figura de algo que hoy conocemos como NFT.

Tokens no fungibles

Un NFT es un “Token no fungible” (por su traducción en inglés). Se trata de un archivo digital que permite certificar que una cosa es única en el mundo, guardar esa información que la hace única y demostrar quién es su dueño.

Cuando hablamos de que algo es no fungible es porque no se puede intercambiar por otra cosa y mantener su valor. Tampoco se puede fragmentar. 

El dinero es fungible. Un billete de 10 dólares vale lo mismo que otro billete de la misma denominación o que otros 2 billetes de 5 dólares. No es único. Es fácilmente divisible e intercambiable por algo semejante. 

La Mona Lisa, como otras obras de arte, no se puede intercambiar ni fragmentar. Es no fungible.

Un NFT funciona entonces como una especie de sello digital que certifica la propiedad de un activo físico o de un activo digital en blockchain. 

El activo convertido en NFT se hace único en su especie, escaso, indivisible, indestructible y verificable. 

Un NFT puede guardar información sobre el activo que representa: la fecha de creación, características, lugar y dueño. Y es fácilmente intercambiable por criptomonedas entre otros usuarios de blockchain.

Esto significa que necesitas tener criptomonedas para comprar algún NFT o que puedes ganar criptomonedas por la venta de tus propios NFT.

Un mercado millonario

Prácticamente cualquier cosa puede ser un NFT. De hecho, la mayoría de ellos son archivos 100% digitales: imágenes, videos, GIF, animaciones, audios…

La gran novedad es que ahora podemos certificar que ese archivo digital es único y tiene dueño. Ahora cualquiera puede ser propietario de un meme, una canción o de un sticker gracias a blockchain.

Esta particularidad ha impulsado el interés de muchos en el mundo. Hay personas que han pagado millones de dólares por acreditarse como dueños de una imagen digital.

El NFT más caro en la historia es justamente una obra digital titulada “Everydays: The first 5000 days”, del artista Beeple. Este collage de sus 5.000 obras se vendió por 65 millones de dólares americanos.

Estos precios absurdos para muchos se han visto en otras obras digitales y han despertado el interés de muchos especuladores, que pretenden valerse de esta nueva fiebre del criptomundo para sacar grandes ganancias.

Sin embargo, los NFT se pueden aplicar más allá del arte digital o los coleccionables y no son solo un mercado para especular. Apenas estamos empezando a ver algunas de sus infinitas aplicaciones.

Blockchain para todo

La magia detrás de los NFT está justamente en la tecnología que permite producirlos y distribuirlos: la blockchain.

Blockchain está llamado a ser el nuevo registro madre del mundo. Una gigantesca red con millones de observadores internacionales donde podemos depositar cualquier información y verificar todos sus movimientos en tiempo real.

La robustez de esta tecnología hace que podamos pensar en una migración masiva de los datos que históricamente se han reservado para unos pocos a un gran dominio público, más justo, efectivo y transparente.

No nos extrañe ver en unos años, nuestros documentos de identidad, historiales médicos, propiedades inmobiliarias e intelectuales en una gigantesca red de la que nos beneficiaremos todos, pero no será de nadie.

Blockchain se convertirá en el gran notario universal y los NFT en los certificados de propiedad por excelencia de este nuevo mundo que estamos creando.

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