• Los docentes universitarios sobreviven en una espiral compleja de carencias. La profesora Jacqueline Richter sostiene que el gremio se encuentra en la miseria absoluta. Foto: EFE

La situación de la población universitaria en Venezuela es cada día más precaria. Los bajos salarios, las malas condiciones de la infraestructura de algunas instituciones, las fallas en los servicios públicos y la inseguridad alimentaria son algunos de los problemas que atraviesa gran parte de la población y que afecta el trabajo de los profesores universitarios en el país. En medio de esta realidad se conmemora el Día del Profesor Universitario, una celebración que se realiza el 5 de diciembre de cada año desde 1958 y que se ha visto opacada por las dificultades con las que vive este sector.

La precaria situación salarial de los profesores universitarios se ha agudizado hasta el punto en que el salario mínimo de un docente no supera los 0,25 dólares por día, de acuerdo con el Observatorio de Universidades (OBU).

La última encuesta realizada por el OBU arrojó que la carencia de servicios hace más pobres a los profesores (y estudiantes) y limita la posibilidad de llevar a cabo sus actividades. 

“Sin agua, electricidad e Internet continuos y cocinando con fuentes alternativas al gas  como la leña y la  electricidad, los  docentes y estudiantes del nivel superior sobreviven en una espiral compleja de carencias”, reseña el documento.

¿Cuánto gana un profesor universitario en Venezuela?

El Observatorio de Universidades detalla que en países como Panamá, Ecuador y Costa Rica el salario mínimo de un profesor es de más de 1.000 dólares, mientras que en Venezuela es de alrededor 7 dólares.

El salario máximo en algunas naciones va desde 2.000 hasta 7.000 dólares, en Venezuela es de 11 dólares.

“Los estándares internacionales de la ONU y la Línea Internacional de Pobreza, indican que quienes ganen menos de 1,9 dólares diarios se encuentran en una situación de pobreza extrema”, resalta el OBU.

En el año 2001, el docente de mayor jerarquía y dedicación devengaba un salario mensual de 2.456,12 dólares. En 20 años, se tuvo una pérdida salarial de 2.444.98 dólares.

Un panorama ensombrecido

Jacqueline Richter, profesora titular a dedicación exclusiva de la Universidad Central de Venezuela (UCV), señala que siempre se ha hablado de la UCV como la casa que vence las sombras; sin embargo, destaca que hoy en día la sombra los arropa completamente.

“Ser universitario en este momento es una profesión compleja y difícil, como lo que le toca vivir a cualquier persona que se encuentra en lo que llamábamos tierra de gracia y que se ha convertido en una tierra de desgracia”, aseveró.

Durante un foro realizado por el observatorio denominado “ser docente universitario: ¿Cómo sobrevivir en Venezuela?”, la académica resaltó que ejercer la profesión en estos momentos va más allá de decir que hay pésimas condiciones de trabajo y salarios de hambre, debido a que no existen tales condiciones.

“No tenemos pésimas condiciones de trabajo, es que no hay condiciones de trabajo. Eso ya lo vivíamos antes de la pandemia, ir a trabajar implicaba aportar de nuestro propio salario para llegar al lugar donde se impartirá la clase, al realizar un examen teníamos que cubrir el costo de las hojas, al igual que los marcadores y tizas para las anotaciones en las pizarras”, detalla.

A su juicio, la pandemia del covid-19 terminó de destruir no solo el sistema de relaciones de trabajo, sino las posibilidades de impartir docencia, debido a que las clases a distancia suponen un gran reto.

Sostiene que asumir ese trabajo era llevar a cabo la exclusión social, ya que la virtualidad solo les deja dar clases a las personas que puedan acceder a un computador o dispositivo móvil y conexión a Internet.

 “Han sido años complicados, años de negación. Viene el tricentenario en el peor momento que le ha tocado vivir a la UCV”.

Autoexplotación del profesor universitario para sobrevivir

El OBU sostiene que la precarización y descomposición del salario en el sector de educación superior llevó a la  renuncia y migración masiva de los académicos, así como la necesidad de realizar otro trabajo.

Sin embargo, 7 de cada 10 profesores que aún se encuentran en el país realizan trabajos independientes para obtener otros ingresos y un 28 % no genera ningún ingreso extra.

“Estos datos significan que quienes realizan actividades extras, entre los que me incluyo, vivimos en lo que se puede denominar como la autoexplotación. Yo a veces comento con mis familiares que hoy trabajo más que cuando tenía 20 años y gano mucho menos”, explica Richter.

Pese a la cantidad de tiempo que tiene que dedicar al trabajo para producir ingresos, indica que se deben poner límites, debido a que muchas veces se ha visto comiendo frente a la computadora mientras trabaja.

“Ya no es doble jornada o triple jornada, ahora es jornada interminable. Se trabaja sábados y domingos a una edad en la que el desgaste es mayor”.

Foto cortesía

Hambre y miseria

Sobre los profesores que no tienen otros trabajos, Richter resalta que pasan hambre y que ha tenido colegas que se han muerto por desnutrición o condiciones de salud agravadas por la falta de alimentación. 

Inseguridad alimentaria. 3 de cada 10 profesores hacen menos de tres comidas al día. 

Durante su intervención relató sobre la muerte de un profesor cercano, a quien había visto días antes. “Me había llamado la atención las malas condiciones de su ropa y el caminar lento, lo vi mal, pero nunca pensé que ese colega llevaba tres días sin comer, se contagió de covid-19 y dos días después falleció”, expresó.

Argumentó que si hubiera estado bien alimentado, vacunado contra el covid-19 y hubiese contado con un sistema de seguridad social, no habría fallecido.

Algunos profesores viven de la solidaridad de quienes pueden colaborar. Actualmente, hay un sistema en la UCV en el cual las personas pueden dejar una bolsa de comida para entregar a los docentes.

Richter sostuvo que cuando eligió la docencia fue una opción de vida en la que pensaba que cuando llegara a la edad mayor podría vivir con su sueldo.

Hoy estamos en la absoluta miseria. Hambre y muerte es lo que refiere la realidad en las universidades”

La vocación los mantiene en pie de lucha

El estudio del OBU reflejó que el componente fundamental por el cual los docentes universitarios se mantienen en sus cargos, cumpliendo en la medida de lo posible sus actividades, es por la vocación.

La profesora Jacqueline Richter detalló que la vocación no es simplemente que son buenos y quieren sacrificarse por el país, sino que también tiene que ver con opciones políticas. 

“Nos quedamos en el país porque conocimos otra nación, yo soy lo que soy gracias a esa Venezuela”, aseveró.

Resaltó que siempre que hablan mal de lo público, ella les recuerda que estudió en un colegio público y en una universidad pública financiada por el Estado venezolano en un país donde, aunque con muchos problemas, había pluralidad y capacidad de encuentro.

Richter indicó que actualmente está dando clases en línea a jóvenes de 16 años de edad que solo han conocido al régimen de Nicolás Maduro y han visto al país en deterioro. “Yo quiero decirles que hay otro país, que no es la Venezuela del pasado y que la universidad sigue siendo parte de ese país que se niega a morir y a entregar sus espacios democráticos”, reiteró.

El Estado abarata la educación

Keta Sthefany,  licenciada en Letras y secretaria de información de la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (FAPUV), precisó que el Estado mantiene una política dirigida a abaratar la educación.

“Hay limitación de libertad sindical, no negocian contigo, negocian con un representante que no representa a nadie en las universidades”, agregó. Aseguró que actualmente la docencia está financiada por los mismos universitarios. 

A su juicio, el espíritu universitario es el que sostiene a las universidades y las mantiene funcionando. Además, menciona que los docentes, quienes son creadores de conocimiento, se mantienen en el país laborando en pro del saber.

Pese al panorama ensombrecido, desde finales de 2020 hasta mediados de 2021, hubo un aumento importante de docentes y estudiantes que se incorporaron a clases.De acuerdo con el Observatorio de Universidades, este esfuerzo ha sido gracias a la motivación intrauniversitaria y al sentido de responsabilidad social; no por las políticas del régimen de Nicolás Maduro. 

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