En nuestro país es muy fácil confundir matriarcado con poder. Nos hemos cansado de escuchar que “las mujeres son las que mandan”, porque nos asocian a estereotipos de género como “la cuaima”, la que decide sobre el hogar y su administración, pero la realidad es que las mujeres no mandamos. Y con “mandar” me refiero al ejercicio del poder, dominar espacios de toma de decisión e impactar la agenda pública. 

Esta semana el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria, emitió un informe sobre la participación de la mujer en el último “proceso electoral” realizado el 21 de noviembre de 2021. Claro que este proceso fue atípico y cuestionable desde el punto de vista técnico y político, pero ha sido el único insumo que distintas organizaciones no gubernamentales han tenido para analizar la situación de la mujer en cargos de elección popular, ya que el régimen de Maduro no ofrece cifras oficiales sobre género desde el año 2015. 

El resultado de este informe demostró lo que ya se esperaba, pero que no deja de ser alarmante: las mujeres estamos subrepresentadas en nuestros municipios y estados. El 91% de las gobernaciones quedaron en manos de hombres, frente al 9% de mujeres. El 81,19% de  los candidatos hombres alcanzaron las Alcaldías, frente al 18,81% de candidatas mujeres. 

¿Esto importa? 

Sí, y mucho; porque sin la participación paritaria de las mujeres en política, es imposible lograr una democracia robusta. Si seguimos empeñados en condenar a la mujer a tareas puntuales,  si insistimos en estigmatizar el rol de la mujer en la vida diaria de acuerdo a su género, estaremos perdiendo. 

Me pregunto cómo gobernarán esos alcaldes y gobernadores para las mujeres. Si tendrán contemplado incluir mujeres en su gabinete para al menos tener una visión distinta e impulsar políticas públicas para el desarrollo de las venezolanas. Porque tengamos claro algo, los hombres no tienen idea de lo que es ser víctima de la pobreza menstrual, por ejemplo. O de dar a luz en la calle porque no hay transporte público para ir al hospital; o incluso, llamar al cuerpo policial de su estado o municipio para denunciar agresión física por parte de la pareja y no tener respuestas y ser condenada al homicidio. 

En Venezuela las mujeres estamos muy lejos de mandar. Ni siquiera contamos con una Ley de paridad de género electoral que garantice un mínimo de representación, no solo en candidaturas sino en el ejercicio del cargo. Esto,  sin duda alguna, es principal responsabilidad de los partidos políticos al no postular a mujeres tanto como a hombres. 

Los partidos políticos debemos asumir la responsabilidad de legislar y gobernar para todos, porque de esa manera, estamos definiendo el futuro de nuestro país. Es urgente que revisemos nuestro actuar a lo interno de nuestras organizaciones y revisemos cómo podemos ser más inclusivos pero sobre todo, entendamos que las mujeres somos clave para impulsar a Venezuela. 

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