• 628 detenidos fallecieron por problemas de salud en tres años y medio, de acuerdo con un informe del Observatorio Venezolano de Prisiones

Estar en un centro penitenciario o de reclusión en Venezuela significa someterse a una mala alimentación y las consecuencias de una posible desnutrición crónica. La mayoría de los privados de libertad en el país están expuestos a enfermedades letales por este motivo. 

El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) quiso visibilizar este problema a través del informe Desnutrición: el hambre azota a la población reclusa venezolana. El organismo reveló que la mayoría de los privados de libertad han perdido más del 40 % de su peso debido a la mala alimentación.

Carolina Girón, directora del organismo, alertó que el derecho a la alimentación de los reclusos es vulnerado constantemente y el Estado es indiferente ante ello. 

Gráfica: OVP

Alegó que el régimen de Nicolás Maduro y el Ministerio de Asuntos Penitenciarios tienen la obligación de suministrar alimentos a las personas privadas de libertad. Estas responsabilidades están estipuladas en la Constitución de Venezuela, en el Código Orgánico Penitenciario. 

Además, de estar establecido en órganos internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Principio de Buenas Prácticas de Protección a las Personas Privadas de Libertad en las Américas y en la Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

Nuestras cárceles tienen un hacinamiento que alcanza el 177 % y el sistema penitenciario no cuenta con la infraestructura ni con las políticas para mantener a estas personas con estándares de dignidad humana”, expresó Girón durante la presentación del informe. 

Añadió que varios de estos recintos no cuentan con comedor y cocinas, pero los que sí tienen están inoperativos por aspectos como la falta de gas doméstico. Esta situación, explica la vocera del OVP, se traduce en que los reclusos deben cocinar y comer dentro de sus celdas. 

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“Cuando tenemos una cárcel con cocina, se enfrenta al problema de que no hay gas, entonces deben cocinar con leña y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido que el permanente uso de la leña para la cocción de los alimentos ocasiona enfermedades respiratorias y cardiovasculares”, comentó. 

La falta de higiene en la manipulación de los alimentos es otro desafío que enfrentan los reclusos. De acuerdo con una encuesta realizada para el informe, 76,8 % de la población privada de libertad admite que no hay control de la higiene por parte del personal que maneja los alimentos.  

Datos sobre la alimentación de los privados de libertad en Venezuela 

Girón explicó que existen dos tipos de centros penitenciarios en el país. Los primeros son los cerrados que pertenecen al régimen penitenciario y dependen de ese ministerio directamente. El segundo tiene la denominación de abiertos, que son donde un grupo de criminales mantiene el control y dictan las normas del recinto, también se le conoce como pranato. 

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En ese sentido, detalló que los centros penitenciarios dependientes del Estado son donde surgieron más conflictos por falta de alimentos como protestas y huelgas. 

En el informe detallan que tan solo 28 % de toda la población carcelaria recibe alimentos de parte del Ministerio de Asuntos Penitenciarios. 71 % de los reclusos pueden comer al menos una vez al día gracias al apoyo de sus familiares. 

La comida que entrega el Ministerio a ese 28 % no es variada, está compuesta mayormente por carbohidratos o una fruta. En promedio solo comen una vez al día, por lo que su ingesta calórica no supera las 500 kilocalorías al día”, agregó. 

Los privados de libertad comen, según los datos recogidos en la encuesta, arepa, a veces con sardina; un vaso de agua con arroz o un bollito de harina de maíz sancochado. A ninguno de estos alimentos se les añade sal o azúcar. 

La encuesta reveló que 97,2 % de la población reclusa considera que no recibe una dieta variada ni equilibrada, solo 2,8 % opinó lo contrario. 91 % calificó la alimentación en detención como mala, desbalanceada e insuficiente. 8,3 % la denominó regular y 0,7 % dijo que era buena. 

Gráfica: OVP

91,5 % de esta población no consume proteínas de ningún tipo y 90 % tampoco ingiere frutas ni vegetales con regularidad. 

Esta baja ingesta de calorías y alimentos de calidad influye directamente en la pérdida de peso abrupta. 97,2 % aseguró que perdió peso durante su detención. 

“Es normal que los privados de libertad pierdan peso durante su detención, pero lo realmente alarmante es que muchos de ellos han perdido más del 40% de su peso”, lamentó Girón. 

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Gráfica: OVP

Acceso al agua potable

Solo 35,9% de la población reclusa tiene acceso a agua potable en Venezuela. 64,1% manifestó que no recibe el líquido. Esta situación aumenta el riesgo de enfermedades infecciosa en los recintos.

Familiares de los reclusos denunciaron ante el OVP que en el Internado Judicial del Rodeo II y III hay más de 200 presos enfermos. “En estos momentos hay muchos casos de escabiosis, diarrea y vómitos por falta de agua potable”, reseña el informe.

Problemas de salud

Girón detalló que los privados de libertad con cuadros de desnutrición crónica están más vulnerables a enfermedades infecciosas y gastrointestinales, debido a que sus sistemas inmunes se debilitan. 

Señaló que en los últimos cuatro años aumentó el reporte de reclusos fallecidos por estas patologías. Desde 2017 hasta el primer semestre de 2021 murieron 628 privados de libertad por problemas de salud, siendo la tuberculosis el más común. 

381 de los fallecidos se encontraban en cárceles y 247 en calabozos policiales. Las precarias condiciones en las que se encuentran quienes aún son privados de libertad no solo los expone a situaciones críticas sino a una violación constante de sus derechos humanos. 

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