• Alba chocolatería abrió sus puertas en 2021 en el hotel Everly Putrajaya, un alojamiento turístico ubicado en las cercanías de Kuala Lumpur, capital de Malasia. El proyecto, que elabora chocolates trabajando desde el grano de cacao hasta convertirlo en bombones y tabletas, está impulsado y dirigido por la venezolana Asmiriam Roa, quien en 2018 emigró motivada por una propuesta laboral en el sudeste asiático

Aunque ubicadas en dos continentes diferentes, y separadas por aproximadamente 18.270 Kilómetros, las naciones de Malasia y Venezuela tienen algo en común: estar en la franja tropical, por lo cual en ambos países se puede producir cacao. Ese fue el elemento que permitió a la venezolana Asmiriam Roa unir su sueño de elaborar chocolates, que comenzó en Venezuela, con una nueva carrera profesional en el área de la restauración y la cafetería en Malasia.

En 2017, pese a las dificultades que atravesaba Venezuela, Roa no pensaba en emigrar. Para entonces la joven tachirense manejaba el restaurante Andinos Bistró en la ciudad de Mérida e impartía asesorías sobre café, chocolate y pastelería a distintos negocios emergentes. Sin embargo, a finales de ese mismo año recibió una invitación para trabajar como senior barista chocolatier para la marca de cafetería Juan Valdez de Malasia. 

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Un sueño que se logró sirviendo tazas de café 

Asmiriam Roa llegó al continente asiático para impulsar la mejora del servicio, aplicar procedimientos y crear nuevos postres para las tiendas de la cafetería Juan Valdez; tras un par de años ejerciendo esas funciones, sintió que su ciclo en la marca colombiana se estaba acabando. Fue entonces cuando una conversación casual con un cliente recurrente de la tienda le abrió las puertas para instalar una chocolatería en ese país. 

Si alguien me pregunta cómo he logrado todo lo que me he propuesto, yo siempre digo que sirviendo la mejor taza de café que puedo ofrecer. Fue así como un sábado uno de los clientes fijos me preguntó cuáles eran mis planes futuros, y yo le dije que tal vez volvería a Venezuela. El comensal era un importante gerente de hotelería y me invitó a acercarme a su oficina para hacerme una propuesta para mejorar el servicio de hospitalidad en el café del hotel Everly Putrajaya”, comenta Asmiriam Roa al ser entrevistada para El Diario.

Fue en este hotel donde Roa ubicó y adecuó un espacio para comenzar con un laboratorio de chocolatería, dando inicio a un sueño que le acompaña desde los 18 años de edad: hacer chocolates trabajando desde el grano de cacao, hasta lograr tabletas y bombones. Incluso, destaca que el nombre Alba Chocolatier, con el cual bautizó a su chocolatería en Malasia, lo tenía en mente desde que vivía en Venezuela, para cuando la oportunidad de desarrollar su marca de chocolates se presentara. 

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Trabajando el cacao malasio a la manera venezolana 

“Como estos hoteles son tan grandes, yo me tomé un rinconcito para hacer un laboratorio de chocolatería Bean to Bar (del grano a la barra). Comenzamos a hacer pruebas con cacaos locales de fincas de Malasia, con muchas ganas de trabajar con el cacao asiático, que no tiene las bondades del grano venezolano. Ubicamos productores que están mejorando sus prácticas, están fermentando bien el cacao, y estamos trabajando con esa materia prima, en la búsqueda de hacer el mejor chocolate de Malasia, con el conocimiento en ese ámbito que tenemos los venezolanos,” afirma Roa al ser consultada sobre sus expectativas con el cacao malasio.

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De Caripito para Kuala Lumpur 

En la búsqueda de resaltar las bondades y características de los chocolates elaborados con granos venezolanos, Asmiriam Roa logró llevar cacao de la población de Caripito, del estado Monagas, hasta Malasia. Con esa referencia pudo acercar a los asiáticos a los sabores, aromas, y personalidad del cacao venezolano. Además de elaborar tabletas de chocolates, Roa también lleva un trabajo de promoción y culturización, dictando catas y degustaciones, e incorporando el cacao de Monagas a la gastronomía de Kuala Lumpur, a través de platos elaborados con chocolate por chef locales, mediante alianzas y colaboraciones que ha generado. 

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Un proyecto que recién comienza 

Alba Chocolatier apenas está cumpliendo su tercer mes desde su inauguración, por lo que el camino está en su etapa inicial. Sin embargo, Asmiriam Roa se confiesa enamorada de Malasia, por su amplitud cultural y gastronómica, donde convergen costumbres musulmanas, autóctonas, chinas e indias. De ese amor por la cultura malasia, y combinando con su pasión por el café y el chocolate, está tanteando el terreno para abrir también una cafetería que le permita seguir sirviendo tazas de café y promocionando el buen cacao, tal como lo hacía en Venezuela. 

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Roa está abriendo una pequeña ventana para que el cacao venezolano se proyecte en otro continente. Si la experiencia se replica, a través de los cientos de chocolateros que conforman la diáspora, los chocolates elaborados con cacaos venezolanos podrán introducirse –en pequeñas cantidades- en mercados remotos. Una gran oportunidad para los pueblos cacaoteros que aún se encuentran productivos en Venezuela.

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