• El comediante cumplió 40 años de carrera en 2021. Comenzó una gira por Venezuela y otros países para celebrar una vida en el humor y en el ideario de la nación. Foto: Tomás Lovera

Pasa unos días en San Antonio del Golfo, en el estado Sucre. Cerca de las aguas del golfo de Cariaco, Emilio Lovera está entre la distensión y los planes por lo que viene.

Está de gira para celebrar 40 años de vida como artista, una carrera que ha legado en la sociedad venezolana un humor con imagen y voz propia, personajes que han calado para ser tanto entretenimiento como escuela, así como reflejo de la cultura pop vista con ironía, sarcasmo y reflexión.

Clásico se llama el tour que incluye distintas ciudades de Venezuela y del exterior, un show que es testimonio de su existencia pública, frente a cámaras y micrófonos. En 2019 se recuperó del cáncer de colón, poco tiempo después comenzó la pandemia. Ahora, el objetivo es retomar los planes.

Al fondo se escuchan pájaros y un gallo. Es la mañana de un día de semana. El comediante pide aprovechar la buena señal que hay en ese momento para llevar a cabo la conversación.

“Creo que esta muestra de humor resume mi carrera en una hora y algo. Es un pequeño aporte a la cultura humorística venezolana. Ojalá la gente quiera verlo y me permita seguir girando un tiempito más”, comenta.

Emilio Lovera: “Yo nunca he sentido temor”
Emilio Lovera | Foto: Tomás Lovera

–Celebra 40 años de carrera con Clásico. ¿Qué verá el público?

–Si no ha ido a un espectáculo mío, o tan solo a uno, no verá nada nuevo. Revisé entre 17 y 20 shows distintos. No solo rutinas básicas de stand up, sino de distintos temas. Por ejemplo, Laureamor y Emidilio sobre el Día de los Enamorados, y otros más. Elegí los mejores chistes, las mejores rutinas, además de parodias para conformar este espectáculo que se divide en cuatro décadas. Desde que comencé en 1981 hasta 2021. Hay también un noticiero y cuñas, los comerciales que hice en distintas épocas.

–¿Cuál ha sido el mayor logro en estas cuatro décadas?

–El logro va cambiando con los años. En la primera década era ser aceptado en la televisión. Luego haber conformado el mayor número de personajes en el menor tiempo. Actualmente, después de la prohibición a radios y televisoras de que me contraten, el mayor logro es que la gente se acuerde de mí y consuma las grabaciones antiguas que se pueden conseguir en Internet.

–Ha afianzado un nombre. Es respetado y querido. ¿Cuál ha sido la clave para lograrlo?

–Bueno, hay varios ingredientes. Básicamente se debe a que soy una persona accesible y humilde, que además trata de no creérselo y evita ser divo. Es importante no enfocarse en elementos que sustituyan tu propio arte. Hoy en día vemos a muchos que se aprovechan de otros elementos para esconder sus deficiencias artísticas. Uno de ellos es la seguridad, la ostentación, el aspaviento, el vestuario y la simulación de una riqueza. Esto llama la atención durante cierto tiempo. Da lo que se considera ahora popularidad con seguidores en redes sociales. Creo que nunca abusé de eso. Hice lo que debía y mi obra era lo que me promocionaba. No necesitaba que la gente hablara sobre mí o mi vida privada, sino que se enfocara en mi trabajo. Lo importante siempre ha sido lo que he hecho sobre el escenario, frente a la cámara o detrás del micrófono. Con eso obtuve esta parcial trascendencia que ahora disfruto con mucha humildad.

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–Comenzó en locales de la avenida Baralt, y Quinta Crespo. ¿Pensó que su carrera sería de más de cuatro décadas?

–Hay una dualidad. Uno siempre quiere que sea una carrera que dure. Ves pasar a los artistas, y también notas la ligereza del venezolano para juzgar a sus artistas a pesar de tanta trayectoria. Siempre dije que si Raúl Amundaray fuera mexicano, todavía se estarían realizando las exequias. Estuviese embalsamado y con un mausoleo público. Pero cuando murió, en Venezuela la mayoría de la gente preguntaba quién era. Eso obedece a ese cariño ineficaz por el artista venezolano. No lo digo por mí. He sido querido y muy recordado gracias a esas grabaciones.  He sentido el aprecio del venezolano de diferente edad. Estoy en una etapa donde se me acercan niños a decirme que su papá o abuelo le ponen mis videos y se divierten. Eso me da mucha satisfacción.

–Bueno, muchos todavía dicen que Simón Díaz no ha tenido la despedida que se merece. Recientemente falleció Chelique Sarabia

–Definitivamente. Son símbolos que pudieran ser envidiados por todo el mundo. No todo músico compone una canción que se vuelve universal. En eso coincidieron Simón y Chelique. “Caballo viejo” y “Ansiedad” han sido grabados en más de 100 idiomas. Temas que siguen siendo interpretados por gente que hace espectáculos internacionales. En lugares turísticos como cruceros, cuando toca cantar una canción venezolana, puedes escuchar “Moliendo café” de Hugo Blanco, “Caballo viejo” de Simón Díaz o “Ansiedad” de Chelique Sarabia.

–En 2019 retomaba los escenarios después de la enfermedad, pero a los pocos meses comenzó la pandemia. ¿Cómo se sintió al respecto?

–Yo tenía una pandemia parcial: la persecución política. Por eso cuando terminó mi enfermedad, cuando me sentí en condiciones, me cerraron los teatros. Decían que les parecía sospechoso que hubiese declarado en cero durante un año. Obviamente era así. Por supuesto que declaré en cero porque no había producido un bolívar en esa época. No estaba trabajando. Entonces, tuve que recuperarme de la enfermedad, de la pandemia que me afectaba a mí solo, y luego de la real que cerró todos los espacios en los que los artistas trabajamos. Siempre se dijo que era lo último que se reactivaría. Entonces, había que morir de hambre o buscar alternativas. Gracias a mis hijos empezamos a trabajar las redes sociales. Creamos espacios para laborar. Logramos sobrevivir hasta ahora que está parcialmente despertando el espectáculo público.

–Así se afianzó Cuéntame la vaina en el canal de Youtube

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–Exactamente. Hicimos varios intentos como El chutuber, con algo de éxito, pero Cuéntame la vaina se consolidó porque le gustó más a la gente.

–Habla de persecución política. Hace unos minutos comentó sobre la prohibición a radios y televisión de que lo contraten. ¿A qué se refiere?

–Pareciera que todo aquel que gana dinero legalmente es una molestia. Empezaron con la persecución fiscal. Prácticamente teníamos un fiscal en la oficina. Todo coincidía con alguna declaración en vivo, alguna entrevista en algún periódico internacional, que era lo que más les molestaba. Mientras ellos controlan la información acá, afuera es imposible. Entonces, no les convenía. De hecho, en una oportunidad un fiscal confesó que tenía que multarme porque si llegaba sin la multa, lo botaban.

Emilio Lovera: “Yo nunca he sentido temor”
Emilio Lovera | Foto: Tomás Lovera

–¿Y siente ese temor ahora?

–Yo nunca he sentido temor. Trabajo. Si me cierran, hablo con el público. Les digo que me volvieron a cancelar. Si quieren el dinero de las entradas, lo devuelvo. Claro, con las pérdidas que eso implica para mí, pero el público no tiene la culpa. Si quieren conservarlas para una próxima oportunidad, pues con mucho gusto.  Gracias a Dios y al público casi siempre conservan sus entradas.

–En Cuéntame la vaina ha tenido humoristas, actores, músicos. ¿Hay alguien a quien ha querido entrevistar y todavía no ha podido?

–Esto fue fortuito. No me considero periodista. Soy locutor. Por eso no entrevisto, sino que la persona viene a relatar lo que quiera. Entre los invitados que me faltan, te puedo decir que hay una serie que será internacional con artistas venezolanos y extranjeros. Me gustaría tener a Edgar Ramírez, María Conchita Alonso, Juan Pablo Raba, Carlos Villagrán. Hay otra que tendría a peloteros como Luis Sojo, Oswaldo Guillén, Omar Vizquel o Andrés Galarraga. Con toda la trayectoria que han tenido, deben tener muchas historias graciosas y simpáticas.

–No sabía que mantenía el vínculo con Carlos Villagrán. Sé que trabajaron juntos cuando él estuvo en el país por programas como Kiko botones que transmitió RCTV

–Cuando se fue de Venezuela perdimos el contacto por un tiempo, pero luego lo retomamos. Siempre ha estado pendiente. Nos hemos comunicado eventualmente.

–En la conversación con Luis Germino Abreu comentaron lo difícil que es hacer chistes actualmente para evitar susceptibilidades. ¿Qué tan difícil es armar una rutina ahora?

–El humor irreverente siempre ha existido. El problema surge cuando no tienes ningún tipo de orientación. Entonces puedes caer en la lengua de los haters, así como también puedes cometer errores reales. En Radio Rochela siempre tuvimos orientación. No hice ningún curso porque no había academias ni nada que se la parezca, pero había un actor detrás de mí, un comediante con más trayectoria que me decía que tal cosa no debía ser dicha por tales razones. Siempre te preparaban para trabajar para todo tipo de público, y no solo para un espacio proclive al apoyo a los comediantes. Esas personas con más experiencias te daban las razones por las que no debías decir algo. Uno entendía. No como ahora que muchos comediantes se preguntan las razones por las que no se puede bromear con niños con síndrome de Down o sobre alguna religión. Nosotros con los políticos nos metíamos, pero no con su familia, al menos que los parientes estuvieran llevando una vida pública de robo o corrupción. La familia decidía si quería intervenir en la contienda pública o no. Siempre hubo una censura aprendida. La mayoría de la gente cree que, porque suma seguidores admiradores de la irreverencia, pueden hacer lo que quieran, pero también pueden perder al doble de personas que consideran inadecuado un comentario. Son muchachos, jóvenes que en algunos casos no tuvieron la orientación y en otros casos no la aceptan.

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–¿Algún chiste o comentario le trajo algún reclamo?

–Sí, pero nunca que yo no lo quisiera. (Ríe).  Al entorno inmediato de Carlos Andrés Pérez no le gustó un chiste que hice en un evento. Dicen que le preguntaron sobre eso y él dijo que un presidente no tenía tiempo para esas pendejadas. Me pareció una de las respuestas más inteligentes durante todo su mandato. Ahora se ve mucho más inteligente que antes. (Ríe).  

–Uno de los elementos que me llama la atención de su generación es que ustedes adquirieron experiencia al presentarse tanto en clubes grandes como en taguaras y bares de carretera

–Sí. Cuando le contamos al comediante que está comenzando que debe presentarse en sitios pequeños, taguaras y distintas partes del país, cree que es lo mismo. Ese sitio pequeño está adaptado al humor y al artista que se presenta ahí. Lo que llaman el circuito de stand up, que no está diseñado para otra cosa. Si acudes a un sitio de stand up y no te gusta lo que alguien dice, el público te puede decir que entonces te vayas. Esa defensa del comediante no existía en otro tipo de locales porque esas taguaras son para el disfrute, el baile, escuchar música, tomar o comer. Entonces, era cuesta arriba. Eso fue lo que nos formó, ese proceso de traer ese público a la comedia.

–¿Hay algún personaje que haya quedado fuera de Clásico porque no caló mucho en el público?

–Algunas imitaciones que hice hace 30 años no son recordadas por el público o quizá vagamente. Trato de reducirlas al máximo. De resto, trato de seguir más o menos la historia. Si hago a Delio Amado León, tal vez algunos no lo recuerden, pero lo llevo a cabo porque lo admiro. La gente tal vez se asombre también por el cambio en la voz. Personas que dicen que debí ser un tremendo locutor. Recuerda que los venezolanos tenemos memoria de nueve horas. El caso es que los admiro, los quiero, los imito y trato de recordarlos. Es lo que se debería hacer siempre.

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