• Yann Basset, politólogo y docente de la Universidad del Rosario, explicó para El Diario los factores que, contrario a lo que sucedió en 2018, podrían llevar al candidato izquierdista a la Casa de Nariño. “Es más experimentado y pragmático”, dijo el politólogo colombiano César Caballero. Foto principal: Getty Images

Que Gustavo Petro sea presidente de Colombia es una idea que ha despertado ilusiones y frustraciones casi a partes iguales. Para algunos el cambio necesario y para otros un representante del “castrochavismo”, el candidato de izquierda es una de las figuras más polarizantes de la política colombiana. Pero del Petro impopular y con fama de incapaz para tejer alianzas más allá de su espectro político, queda poco. Después de sus intentos fallidos en 2010 y 2018, del debilitamiento de la derecha debido al impopular gobierno de Iván Duque y del hundimiento del centro, el izquierdista se alza como el favorito indiscutible para llegar a la Casa de Nariño tras los comicios del próximo 29 de mayo.

Petro ya dio el primer gran salto que lo acerca a la presidencia. El 13 de marzo, el Pacto Histórico, la coalición izquierdista de la que forma parte, fue la más votada, con casi 6 millones de votos. De ellos, más de 4 millones los obtuvo Petro. El resultado, además de confirmar su favoritismo en una coalición en la que se a priori se sabía que no tenía rival, catapultó su candidatura hasta el punto de abrir la puerta a lo impensado: una victoria en primera vuelta, algo que solo ha logrado un candidato en la historia reciente, su rival antagónico, Álvaro Uribe (2002). “Logramos más o menos un 47 % del total de los votos de consultas. Lo que significa que estamos ad portas de ganar la Presidencia de Colombia en la primera vuelta”, celebró Petro en un mitin en Bogotá después de las primarias.

Los cálculos para ese escenario, aunque no imposibles, son muy complejos. Para ganar en primera vuelta, un candidato debe sacar la mitad más un voto del total de sufragios. Es decir, Petro tendría que duplicar sus votos de la consulta y acercarse a los 10 millones de sufragios que se estiman que podrían darle la victoria directa. Además de eso, de las primarias se desprendió también un candidato que podría reavivar el voto antipetro, que no es menor: Federico “Fico” Gutiérrez, el abanderado de la derecha. Y a pesar de sus malos resultados, el centrista Sergio Fajardo o el independiente Rodolfo Hernández dividen todavía más la fragmentada política colombiana.

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Petro celebra junto a su coalición del Pacto Histórico los resultados del 13 de marzo. Foto: Cortesía.

“Una victoria en primera vuelta parece muy difícil debido a la fragmentación”, dice para El Diario Yann Basset, politólogo de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario (Colombia). “Claramente Petro la busca porque sabe que le será muy difícil sumar votos más allá de los que va a tener en la primera vuelta, porque finalmente su candidatura de izquierda debería atraer a todos sus afines”. Y en su afán por ampliar su caudal de votos, son varios los cambios que ha tenido el candidato izquierdista.

La mutación de Petro

En sus experiencias pasadas para llegar a la Casa de Nariño, son varias las lecciones que ha aprendido Petro. “Es más experimentado y pragmático”, dice para El Diario el politólogo colombiano César Caballero. “Entendió que debe ampliar su coalición y lo está haciendo. Ha recogido la voz de quienes desean un cambio frente al actual gobierno”, explica el también gerente de la empresa encuestadora Cifras y Conceptos.

El pragmatismo de Petro se explica, en buena medida, en las nuevas alianzas que ha tejido. En Colombia, la cultura de los pactos entre partidos, especialmente entre los más tradicionales, es la llave que abre la puerta a la Casa de Nariño. “Petro es muy consciente de esto y por eso ha creado una coalición con sectores normalmente no tan afines a la izquierda”, explica Basset. El catedrático menciona que esos acercamientos van desde sectores cristianos hasta representantes del Partido Liberal. Este último partido, encabezado por el expresidente César Gaviria, tiene fama de movilizar millones de votos.

El 13 de marzo, tras su triunfo en la consulta presidencial y el buen resultado de las listas del Pacto Histórico en el Congreso, Gustavo Petro dijo en su discurso que el paso a seguir era crecer más allá de su coalición: “Invitamos a todas las fuerzas democráticas que aún no están en el Pacto (…) debemos dar paso a un gran frente amplio y democrático”.

Pero más allá de las nuevas alianzas, Basset menciona dos factores que destraban el hasta ahora camino minado de Petro hacia la presidencia. El primero es el impopular gobierno de Duque (tiene un 73 % de impopularidad, de acuerdo con el sondeo de Invamer). “Hay una especie de movimiento natural hacia la alternancia”, comenta Basset. El segundo es la firma de los Acuerdos de Paz firmados por el gobierno colombiano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). “Ya la izquierda no tiene este estigma tan claro después de la desmovilización de las FARC. Tradicionalmente el tema de la paz siempre estaba monopolizando la atención y eso no favorecía mucho a la izquierda, mientras que ahora ya hay muchos otros temas en la agenda. Eso ha permitido enriquecer el debate y que la opinión pública se reacomodora”.

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29/03/2022.- El candidato presidencial Gustavo Petro participa en un debate presidencial en la sede de la Universidad Externado, en Bogotá (Colombia). Foto: EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

La renovación de esa agenda podría llevarse por delante otro de los temas críticos para Petro: Venezuela. “El discurso del miedo manejado por la derecha de volverse Venezuela, el discurso del castrochavismo, sí ha tenido mucha eficacia en el pasado, pero se desgasta de haber sido tan utilizado”, dice Basset.

La sombra del chavismo persigue al candidato izquierdista desde hace mucho tiempo, y va más allá de su evidente discurso revolucionario y socialista. En 2010, por ejemplo, Hugo Chávez declaró que si tuviera algún candidato a la presidencia de Colombia, sería Petro. Por otra parte, contrario al rechazo inequívoco de la derecha al régimen de Nicolás Maduro, Petro por momentos ha evitado opinar sobre Venezuela. El tono, eso sí, lo sube en tiempos de campaña: “Maduro pertenece a las políticas de la muerte”, dijo recientemente.

Pros y contras de Francia Márquez

Una oportunidad para profundizar el giro hacia otras tendencias y sellar su imagen conciliadora, era la elección de su fórmula vicepresidencial. Aunque en principio Petro se comprometió de palabra con su coalición de nominar al que resultara segundo en las primarias, con el tiempo evadió responder si cumpliría con su palabra, pensando en una posible alianza con algún liberal. No obstante, todo cambió con las primarias del 13 de marzo. Francia Márquez, la candidata afro y activista medioambiental, consiguió 782 mil votos. La votación, que superó a la de Sergio Fajardo, el ganador del centro, hizo que Petro se decantara por ella como su candidata a vicepresidente. Desde entonces sus alianzas empezaron a resquebrajarse.

La alianza con el expresidente Gaviria, que Petro tenía meses trabajando, fue la primera en romperse. En su presentación como candidata a vicepresidenta, Márquez atizó duramente contra Gaviria. “Él representa el neoliberalismo, representa más de lo mismo y este país requiere un cambio”, dijo. La respuesta del exmandatario fue inmediata e igual de dura: Las declaraciones groseras, falsas y malintencionadas que hizo la señora Francia Márquez, candidata a la Vicepresidencia del Pacto, en presencia del candidato Gustavo Petro, constituyen una ofensa inaceptable. Y hacen inviable cualquier diálogo con ese sector político”, escribió en un comunicado. Días atrás le había pedido a Petro que no se repitiera una escena semejante.

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Gustavo Petro, presenta a su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez. Foto: EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

“Márquez puede ser una solución interesante, pero de cierto modo refleja los limitantes de Gustavo Petro para llegar a ampliar su candidatura más hacia el centro del ajedrez político”, opina Basset. “La lógica de la elección pasa por buscar a los votantes del centro, pero también por hacer un efecto de golpe de imagen”, añade el politólogo y docente de la Universidad del Rosario (Colombia). Y en un momento en el que Petro busca suavizar su imagen, Márquez pudiera ser una limitante.

Pero además de ser más reacia a las alianzas con partidos o figuras tradicionales, Márquez tiene una base electoral que, a priori, igualmente votaría por Petro, dice Basset.

No obstante, Márquez simboliza parte de lo que Petro quiere impregnarle a su candidatura: es mujer, una persona que viene de sectores excluidos que nunca ha tenido poder, y que es un reflejo de la agitación social que produjo en Colombia en el año 2019. Por otra parte, la líder medioambiental llega para tapar otros huecos de Petro como candidato. En temas de libertades individuales como el aborto, en las que Petro suele ser más cauto, Márquez es mucho más clara. “Los hombres no saben lo que es el dolor de parir. Somos las mujeres las que deberíamos tener libertad sobre nuestros cuerpos”, dijo en una oportunidad.

La tarea que le ha dado Petro a su candidata a vicepresidenta no es nada fácil. “Francia se radicará en Medellín (Antioquia). Desde allí será la sede de la campaña vicepresidencial, que andará con su propia ruta”, dijo Petro al presentarla. El departamento de Antioquia es el feudo político del uribismo. En 2018, allí Iván Duque le sacó a Petro más de 1,2 millones de votos en segunda vuelta, lo que le costó en gran medida la elección.

El terreno perdido con Márquez empieza a ser aprovechado por sus rivales. Fico Gutiérrez se reunió recientemente con Gaviria y nombró como su vicepresidente a Rodrigo Lara Sánchez, un centrista alejado de las polémicas. Más allá de eso, Petro sabe que tiene todo servido para conseguir lo que hasta hace unos años era impensado: con él, la izquierda, está más cerca que nunca de gobernar Colombia.

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