• La diputada María Gabriela Hernández denunció que el río que atraviesa el bosque de morichales de Maturín está contaminado de crudo, lo que afecta gravemente a la fauna y flora local. En los últimos cinco años se han producido más de 199 derrames petroleros en Venezuela, la mayoría luego de la reactivación de las refinerías en el oriente y occidente del país

Ríos de color negro rodean la ciudad de Maturín, Monagas. Los derrames de petróleo se han convertido en un problema ambiental y sanitario con el que sus habitantes aprenden a convivir ante el estado de las plantas y refinerías que alguna vez fueron el motor económico del estado. Una de las fugas más recientes fue reportada el 11 de abril de 2022 por la diputada de la Asamblea Nacional electa en 2015, María Gabriela Hernández.

A través de una serie de videos compartidos en redes sociales, la también presidenta de la Comisión de Ambiente del Parlamento inspeccionó la zona afectada, en la parroquia La Pica. A lo largo de tres kilómetros de recorrido, mostró el alcance de las manchas de crudo que cubren el afluente del río Morichal Largo. Indicó que cuesta respirar cerca del río debido al penetrante olor a combustible y la emisión de gases tóxicos. Igualmente, evidenció que entre la tierra ennegrecida ya hay animales afectados como cangrejos y aves.

De acuerdo con residentes de La Pica, la fuga comenzó hace aproximadamente una semana. Señalaron como posible causante una tubería que atraviesa el bosque, y que lleva petróleo de Campo Morichal hasta los tanques, en el municipio Punceres. Hernández indicó que el ducto está erosionado y ya provocó un incidente similar en el año 2017. Por la extensión del derrame, advirtió que este podría ser mucho mayor, e instó a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) a tomar medidas de inmediato para frenarlo.

“Exhortamos a PDVSA realizar reparos recomendados por expertos de la Asamblea Nacional hace cuatro años, que deshabilitada como ha sido esa tubería. Que sea extraído el crudo, llenado su vacío con agua y sellado por tramos. De igual forma, exigimos la limpieza y saneamiento de toda el área afectada, la restauración del ecosistema con poblado de árboles de Morichal y el estudio permanente de las aguas”, declaró.

Derrames en La Pica

Los morichales de La Pica están en riesgo por un nuevo derrame petrolero en Monagas 
Es la segunda vez que ocurre una fuga en la tubería que conecta Campo Morichal y Punceres. Foto: Cortesía María Gabriela Hernández

Como refirió Hernández, no es la primera vez que el morichal de La Pica sufre un derrame petrolero. En diciembre de 2020, ocurrió uno sobre el río Guarapiche, principal fuente de agua de Maturín. La fuga se originó en la planta de Jusepín, donde en 2012 ocurrió uno de los mayores desastres ecológicos de la historia reciente de Venezuela, cuando el equivalente a 100.000 barriles de crudo terminó en el cauce del Guarapiche. En 2018 ocurriría un nuevo derrame, del mismo centro operacional.

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Este es el segundo derrame que ocurre nada más en Monagas en lo que va de 2022. A principios de marzo se registró uno en el río Amana, que afectó a la población de Boquerón. Se produjo también por la rotura de un oleoducto e impactó directamente sobre los sistemas de riego en los cultivos locales. La situación agravó más el daño dejado por un derrame anterior ocurrido en 2021 en Amana Arriba y Amana Abajo, cerca del matadero municipal. 

El problema no solo está presente en Monagas. Hacia el este, en el estado Anzoátegui, en los últimos años también ocurrieron importantes fugas que contaminaron sus fuentes de agua. La más reciente ocurrió en la ciudad de Lechería, el 12 de marzo de 2022. De acuerdo con el alcalde Manuel Ferreira, las manchas de crudo llegaron hasta la playa Los Canales, por lo que se cerraron preventivamente todos los balnearios del municipio Urbaneja durante 72 horas. Aunque se especuló que pudo originarse en una refinería de Puerto La Cruz, PDVSA nunca dio un comunicado oficial al respecto.

La escasez de gasolina que afrontó Venezuela desde finales de 2019 llevó al régimen de Nicolás Maduro a intentar reactivar las refinerías del país, paralizadas desde hace varios años. La falta de mantenimiento de las estructuras y la presión por retomar rápido la producción provocó varios accidentes y fugas. El Observatorio Venezolano de Derechos Humanos Ambientales (OVDHA) reveló recientemente en un informe que entre los años 2016 y 2021 se registraron 199 derrames petroleros. La mayor cantidad se reportó en los últimos dos años, con 58 casos en 2020 y 68 en 2021.

El estudio indicó que los estados más afectados son Zulia, Falcón y Carabobo, en el occidente y centro del país; además de Monagas, Anzoátegui y Sucre, al oriente. Ambos puntos coinciden con los principales ejes petroleros de Venezuela, pero también con áreas protegidas como el Parque Nacional Morrocoy (Falcón), o la cuenca del Lago de Maracaibo. PDVSA no ha publicado información sobre la cantidad de crudo que se ha vertido sobre la naturaleza en los últimos años, aunque un conteo de la organización Provea estimó alrededor de 856.722,85 barriles de petróleo hasta el año 2018. Actualmente la cifra es considerablemente mayor por el aumento de los accidentes y su magnitud, ya que solo en el derrame de la refinería de El Palito de 2020, se perdió un equivalente a 22.000 barriles.

Industria en colapso

La reactivación de las refinerías supuso un reto técnico y económico para PDVSA, luego de años de abandono. Para ese momento, la única central operativa era el Complejo Refinador de Paraguaná (CRP), el segundo más grande del mundo y formado por las refinerías de Amuay y Cardón (Falcón), así como la de Bajo Grande (Zulia), actualmente en desuso. 

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Uno de los objetivos del régimen de Maduro fue la reactivación de la refinería El Palito, en Puerto Cabello (Carabobo), la cual en su mejor momento llegó a procesar hasta 140.000 barriles de crudo diarios. En junio de 2020 inició nuevamente sus operaciones, aunque diferentes fallas debido a su mal estado llevaron a paralizarla hasta en 13 oportunidades. En agosto de ese año, una falla en el sistema de intercambiadores de calor, que usa agua de mar, derivó un derrame de crudo a la costa. Sin embargo, lejos de atender la situación, PDVSA mantuvo la situación en silencio. No hubo respuesta hasta que nuevas fallas en otros sectores como la unidad de craqueo catalítico y la torre destilación produjeron una fuga múltiple. El petróleo se esparció por el mar afectando los arrecifes de coral de los parques nacionales Morrocoy y San Esteban. Incluso llegó hasta el Archipiélago de Los Roques.

En oriente la situación tampoco es favorable. Además de los campos petroleros de Monagas, en Anzoátegui también se concentra un eje importante con el Complejo Petroquímico José Antonio Anzoátegui y las refinerías de Puerto La Cruz y San Roque. Trabajadores de PDVSA han denunciado que los tres complejos están sumamente deteriorados debido a la acumulación de residuos en sus tuberías y la falta de mantenimiento, lo cual ha provocado incendios y explosiones, principalmente en sus poliductos. También han reportado grandes acumulaciones de combustible sólido (coque) que se mantienen a la intemperie, contaminando el aire y causando afecciones respiratorias tanto a empleados como residentes de comunidades cercanas.

Impacto ambiental

Los morichales de La Pica están en riesgo por un nuevo derrame petrolero en Monagas 
Foto: Cortesía María Gabriela Hernández

El actual derrame en La Pica compromete una de las fuentes más importantes de agua de la parroquia. La diputada Hérnández indicó que el río es utilizado por los habitantes para beber, cocinar y lavar la ropa. También era un sitio recreativo para la gente de Maturín, que acudía allí para pescar o vacacionar. Precisamente en estos primeros días de Semana Santa, instó a la población a evitar bañarse en el Morichal Largo y otros afluentes contaminados.

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Pero la situación que más preocupa a la parlamentaria es el impacto ecológico. Monagas es un estado caracterizado por una gran cantidad de ríos que nacen de la cuenca del Orinoco, entre los que destacan el Guarapiche, Morichal Largo, Mapirito y San Juan, entre otros. Esto ha favorecido a las poblaciones de palma de moriche (Mauritia flexuosa), que crecen en terrenos pantanosos o anegadizos. Estas plantas requieren de mucha agua filtrada, por lo que la presencia de hidrocarburos podría poner en riesgo su permanencia. De hecho, estudios de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales advierten que ya en la cabecera del río está especie desapareció debido al impacto de pesticidas y fertilizantes. 

El daño a estos ecosistemas, por extensión, puede extenderse hacia los animales que habitan allí, como caracoles, crustáceos y peces, además de las aves y mamíferos que se alimentan de ellos. Históricamente en esta región la naturaleza había tenido que cohabitar con el desarrollo de la industria petrolera. Por ejemplo, el campamento de PDVSA del que parte la tubería que provocó el incidente. Sin embargo, también están cerca de áreas de protección como la Reserva Forestal Guarapiche.

“Uno de los ecosistemas más frágiles son los morichales”, resaltó Hernández. Precisamente estos bosques rodean a la ciudad de Maturín, por lo que otra de sus preocupaciones es que el río siga su curso hacia aguas subterráneas y el crudo contamine las fuentes de agua de la capital monaguense. Esto obligaría a suspender nuevamente un servicio que ya de por sí es intermitente, debido a otros derrames pasados y fallas propias de la empresa hidrológica Aguas de Monagas. Ante esta situación, la parlamentaria alerta a los habitantes del municipio que eviten beber agua del río, incluso si está hervida.

Indicó que solo será seguro consumir su agua luego de que PDVSA realice un exhaustivo trabajo de limpieza del río y de recuperación del ecosistema afectado por el petróleo. Posteriormente será necesario un estudio químico del río para determinar si nuevamente es apto para el consumo humano y animal. 

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