• Las noches eran un tormento y solo los esteroides parecían ayudar. ¿Qué podría haberle estado causando eso?

Esta es una traducción hecha por El Diario de la nota Her Rash Wouldn’t Go Away, and the Itch Was Ruining Her Life, original de The New York Times

La picazón siempre empeoraba por las noches. La mujer, de 68 años de edad, intentó controlarse y no ceder al impulso de rascarse fuertemente la piel. A menudo usaba guantes gruesos de algodón para protegerse de sus propias uñas, y eso la ayudó. Pero después se los quitó para continuar rascándose por la comezón que torturaba sus brazos, su vientre, sus piernas y especialmente sus pies. Se movía de forma incesante en el sofá plegable donde ahora dormía para evitarle a su esposo el continuo movimiento.

Sus noches se dividían entre las largas horas que pasaba recostada en el sofá tratando de no rascarse; aunque perdía la batalla y luego, de vez en cuando, se quedaba dormida durante unos minutos cuando le ganaba el agotamiento. Odiaba ver las manchas rojas en su piel con rasguños sangrientos cada mañana.

La irritación comenzó como de la nada cuatro meses atrás. Sentía picazón en el estómago y se lo estuvo rascando de forma inconsciente mientras se despertaba. Cuando se levantó la pijama, vio por primera vez las irregulares manchas rojas, redondas y pronunciadas que desde ese momento se habían convertido en su tormento diario.

Inmediatamente llamó a su dermatólogo. La enfermera le dio un nombre para el sarpullido (urticaria) y le recetó una crema con esteroides, pero no funcionó. Dos semanas después la comezón la estaba volviendo loca y fue cuando decidió llamar a su médico de atención primaria. 

El doctor le chequeó las piernas y los pies. Después de verle manchas y rasguños, inmediatamente le recetó una semana de prednisona y la refirió al Programa de Asma, Sinusitis y Alergias en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt. Faltaban seis semanas para que hubiera una cita disponible, pero se podía reducir si alguien cancelaba su cita.

Nadie la canceló y esas seis semanas fueron horribles para ella. La prednisona ayudó con la picazón, pero esta volvió con fuerza cuando se le acabó el tratamiento. A pesar de las súplicas, su médico no se sentía cómodo prescribiendo ese poderoso esteroide para tratarle el sarpullido. Ella tomaba dos antihistamínicos al día y eso la ayudó un poco. Se bañó tantas veces como pudo. Pero la erupción era implacable. Se movía, pero nunca se fue. A veces tenía comezón en sus brazos y luego en el cuello. Pero siempre en el estómago, la espalda, las piernas y los pies.

Nada nuevo en su vida

Finalmente llegó el día de la cita. Ella y su esposo llegaron a Nashville para encontrarse con el doctor Basil Kahwash, un joven especialista en alergia e inmunología de Vanderbilt, quien pacientemente mientras ella contaba su historia. Parecía agotada, pero de resto bien. Kahwash se tranquilizó debido a que la urticaria no estaba asociada con hematomas o dolor que pudiera sugerir una enfermedad grave.

“¿Había comenzado a tomar un nuevo medicamento?” –No, afirmó ella, con un poco de frustración en su voz. 

Había pasado semanas tratando de identificar los factores que desencadenaron la enfermedad. No tenía nuevos medicamentos ni nuevos jabones o maquillaje. Su dieta era la misma de siempre. No había nada nuevo en su vida. Excepto la comezón.

Lo que tenía -de acuerdo con el doctor- era urticaria idiopática crónica, el término médico para ese tipo de sarpullido que dura más de seis semanas y donde no se puede identificar la causa. De hecho, la mayoría de las veces, reconoció Kahwash, nunca se encuentra una causa. Pero la buena noticia es que la picazón y el sarpullido generalmente se controlan fácilmente con medicamentos. Los primeros pasos incluyen un cuidado intensivo de la piel y muchos humectantes. Una crema con esteroides puede ayudar, pero los antihistamínicos en dosis altas son la base fundamental del tratamiento.

La urticaria se produce cuando un glóbulo blanco, conocido como mastocitos, detecta algo que interpreta como un invasor extraño y libera una sustancia química llamada histamina, que es la causa la picazón y las manchas pronunciadas. 

Como la paciente ya estaba tomando un antihistamínico, eso fue un buen comienzo, ya que calma los mastocitos de la piel, según explicó Kahwash. La histamina también se produce en el estómago, donde desencadena la liberación de ácidos utilizados en la digestión. El antiácido famotidina bloquea este tipo de histamina y también debería ayudar con la urticaria, dijo el doctor.

Debido a que sus síntomas empeoraban por la noche, Kahwash le recomendó el uso de otro antihistamínico a la hora de dormir: la difenhidramina, un medicamento más potente y que generalmente se toma por la noche porque causa somnolencia. Además de eso, le recetó un cuarto fármaco (singulair) que podría ayudarle a estabilizar los mastocitos para que sea menos probable que liberen su reserva de histamina. 

Ese tratamiento le ha funcionado quizás al 70 % de los pacientes de Kahwash, por lo que le dijo a la mujer que se mantuviera en contacto y que, si no funcionaba, había otras opciones. 

Ilustración de Ina Jang

Ilustración de Ina Jang

¡Solo dame los esteroides!

Una semana después, Kahwash recibió un correo electrónico de la mujer a través de su sitio web para pacientes. Todavía se sentía terrible, estaba llena de urticaria y no podía dormir. ¿Cuál fue el siguiente paso? El doctor inmediatamente le recetó un medicamento intravenoso conocido como omalizumab. Este medicamento mensual, que a menudo se usa para tratar el asma grave, es un anticuerpo fabricado en laboratorio que se adhiere a los mastocitos para evitar la liberación de histamina. En un estudio, dicho producto eliminó tanto la picazón como la urticaria en aproximadamente la mitad de los pacientes que lo tomaron y casi todos se sintieron mejor después de tres meses.

Luego de seis semanas con omalizumab, la mujer volvió a ponerse en contacto con el doctor. Solo dame los esteroides, suplicó. Eso fue lo único que la ayudó. Para Kahwash, las dosis bajas diarias de esteroides eran el último recurso. La prednisona tenía demasiados efectos secundarios para usarla a largo plazo hasta que se agotaran todas las demás vías. Pero tenía una opción adicional: un supresor del sistema inmunológico potente pero preciso llamado ciclosporina. Es más comúnmente utilizado en el trasplante de órganos. Era un gran comodín, pero aun así era preferible a la prednisona. Kahwash comenzó con una dosis baja de ciclosporina.

La siguiente consulta de la mujer fue tres semanas después. Cuando llegó, Kahwash se sorprendió al ver que su urticaria era tan terrible como cuando la vio por primera vez. ¿Había estado equivocado el diagnóstico? La gente a menudo piensa que la urticaria es una respuesta a un desencadenante externo, una reacción alérgica, pero ese casi nunca es el caso de la urticaria que dura semanas, ya que generalmente es causada por mastocitos hiperreactivos. Lo que los hace reaccionar de esa forma no se sabe con exactitud. Aun así, el tratamiento suele ser sencillo. Pero Kahwash no había hecho mella en la urticaria de esta paciente a pesar de las altas dosis de dos antihistamínicos, dos estabilizadores de mastocitos y ciclosporina.

Entonces, ¿qué más podría ser eso? Hay un puñado de enfermedades autoinmunes que pueden causar urticaria crónica. Por ejemplo, una forma de enfermedad tiroidea autoinmune y un lupus también. Es un síntoma raro en ambos casos, pero posible. Otra enfermedad, la mastocitosis, implica que el cuerpo simplemente cree demasiados mastocitos y esa proliferación causa todo tipo de aflicciones, incluida la urticaria crónica. Finalmente, un montón de alergias a los alimentos podrían provocar ese tipo de urticaria. Estos ocurren principalmente en los niños y, por lo general, la reacción se produce justo después de comer el alimento, por lo que el vínculo entre el alimento y la reacción rara vez es un misterio. 

Pero hay una excepción, una alergia descrita hace poco más de una década: la alergia a la carne. Muchas personas que tienen esta reacción informan que sus peores síntomas ocurren en medio de la noche, horas después de una cena llena de carne. Todas estas posibilidades eran extrañas, pero también lo eran las urticarias difíciles de tratar. Kahwash envió a la paciente al laboratorio para hacerle las pruebas y comenzó con una dosis más alta de ciclosporina.

Un pequeño precio que pagar

Los resultados de la prueba llegaron la semana siguiente. Su tiroides estaba bien, no fue lupus ni mastocitosis. La prueba de alergia a la carne se tardó más, pero finalmente dio con la respuesta: la paciente había desarrollado una alergia a la carne.

Kahwash había visto esta alergia en muchos de sus pacientes y sabía que era extraña. La mayoría de las alergias son provocadas por proteínas, pero esta fue una reacción a la galactosa-alfa-1,3-galactosa (conocida como alfa-gal de forma abreviada), un azúcar. Y la reacción al alérgeno no tomó minutos, sino horas en aparecer. Lo más extraño de todo es que esta alergia se desencadena por la picadura de una garrapata. En Estados Unidos, la garrapata de la estrella solitaria, que predomina en el sureste, ha sido identificada como el vector. En otros países, se ha informado en todos los continentes (excepto en la Antártida) con otras garrapatas incluidas.

El síndrome alfa-gal se reconoció por primera vez a comienzos del siglo XXI cuando un médico notó que las reacciones alérgicas a un fármaco quimioterapéutico que contenía alfa-gal eran mucho más comunes en el sudeste que en el resto del país. Eso sugirió un desencadenante ambiental. Luego, en 2009, un grupo de especialistas en alergias de la Universidad de Virginia notó que algunos de sus pacientes desarrollaron síntomas que iban desde urticaria hasta anafilaxia cuando estuvieron expuestos a alfa-gal en la carne de mamíferos. Dos años más tarde, el mismo grupo relacionó esa alergia con las picaduras de la garrapata de la estrella solitaria.

Kahwash llamó a la paciente para darle la noticia. ¿Recordaba haber sido mordida por una garrapata? Ella dijo que no. Además, no caminaba ni andaba en bicicleta en el campo, por lo que parecía poco probable que la hubiese picado una garrapata. Tampoco vio ningún vínculo entre los alimentos que comía y la urticaria, aunque reconoció que ella y su esposo comían carne la mayoría de los días. Lo que más importaba, le dijo Kahwash, es que efectivamente había dado positivo por la alergia. Entonces, le aconsejó que renunciara a la carne de todos los animales con pezuñas, así como a los productos lácteos para ver si eso ayudaba. Y después de eso que esperara. Pero no pasó mucho tiempo cuando la paciente informó que después de dejar completamente de comer carne y leche durante una semana, se sentía muy bien. Por primera vez en meses, estaba completamente libre de urticaria, picazón y, lo más importante, podía dormir.

Eso fue hace un año. No ha comido carne roja desde que Kahwash sugirió la relación con eso y el sarpullido, aunque descubrió que todavía puede comer queso y leche. Recientemente, el médico le preguntó si le gustaría volver a hacerse la prueba. La alergia desaparece con el tiempo, generalmente entre cinco y siete años. El doctor podía controlar los niveles que indicaban su alergia y hacerle saber cuándo podría volver a probar la carne. Pero la respuesta de la mujer fue rápida y concisa: ¡No, gracias! No comer carne parecía un pequeño precio que estaba dispuesta a pagar por darse el lujo de pasar buenas noches de sueño y días siempre libre de urticaria, alejada de la picazón insaciable. 

Lisa Sanders es escritora y colaboradora de la revista. Su último libro es “Diagnóstico: Resolviendo los misterios médicos más desconcertantes”. Si tienes un caso similar que hayas resuelto y quieres compartirlo, escríbale a Lisa.Sandersmdnyt@gmail.com.

Noticias relacionadas