• Durante 2022 las exigencias del colectivo trans en el país tomaron mayor auge y han sido parte del debate público, pues buscan lograr el derecho a la identidad. La activista por los derechos de la comunidad LGBTIQ+ y dirigente política caraqueña Richelle Briceño conversó con el equipo de El Diario al respecto

En el momento en que Richelle Briceño tomó la decisión de incursionar en la política y el activismo lo hizo con un objetivo claro: darle voz y visibilidad a las personas de la comunidad LGBTIQ+ en Venezuela. Las historias de este grupo también son suyas. Las sigue de cerca y es la protagonista de una de ellas. El derecho a la identidad es una de sus principales exigencias, no solo porque busca el respeto a tener una, lo hace porque sabe que al igual que ella hay otros afectados por no poder cambiar legalmente su nombre o género en el país.

Richelle Briceño decidió existir a pesar de que para el Estado no existe por no tener una cédula de identidad que refleje quien es. La licenciada en Educación, mención Filosofía, de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), abogada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), perteneciente al Movimiento Redes y excandidata a la Asamblea Nacional (AN), ha sido uno de los rostros más vistos durante las manifestaciones en Caracas en las que se ha exigido el derecho a la identidad durante 2021 y lo que va de año 2022. 

Me considero una líder que tiene las herramientas y que sabe cómo trazar estrategias para lograr los derechos de la población LGBTIQ+ en Venezuela, en articulación con otros activistas en Caracas, así como en las capitales del país. Es una articulación que hemos ido logrando porque superamos nuestras diferencias ideológicas y políticas por el bien común. Derecha o izquierda, oficialista u opositor, igual te van a discriminar. Este es un proceso de lucha que debemos llevar con inteligencia y yo he puesto mi nombre en la palestra pública porque creo que alguien debe asumir el rostro visible de esta lucha”, comenta para El Diario la activista por los derechos humanos.

La lucha por tener una identidad en la voz de Richelle Briceño

Richelle Briceño se dedica al activismo desde hace varios años. Desde el año pasado su rostro se ha visto constantemente en las convocatorias destacadas en defensa de los derechos de las personas LGBTIQ+. El 2 de septiembre de 2021 se introdujo ante Consejo Nacional Electoral (CNE) una solicitud con que buscaba el respeto a las familias homoparentales, avalados por la sentencia 11-87 del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de 2016. En esta se reconoce la doble maternidad y reconocimiento de familia homoparental dentro de la ley.

Además, se exigió el reconocimiento de la identidad de las personas trans según lo establecido en el artículo 146 de la ley orgánica del Registro Civil que señala el cambio de nombre bajo una serie de supuestos, entre los cuales las personas trans entran, según indica Briceño. La abogada comenta que el artículo 56 de la Constitución asegura que el Estado debe garantizar los documentos públicos que puedan darle identidad a la persona y que compruebe su identidad biológica. Hasta ahora ese apartado constitucional no se ha cumplido, en detrimento de los derechos de las personas trans en el país.

“Los nombres no tienen identidad biológica, tienen un componente sociocultural asociado al género. Por eso tenemos nombres como María José, Kerly o Coromoto”, explica Briceño. Los documentos de identidad y de registro civil validan el género de la persona. Ante esto el CNE exige acudir al TSJ para darle una interpretación a la norma; sin embargo, la abogada considera que esto no es necesario ya que se trata de una “norma que está explícita”.

Foto: José Daniel Ramos.

Richelle Briceño siempre estuvo allí

El no tener, por lo menos, un nombre adecuado vulnera los derechos de las personas trans, especialmente a la integridad moral, el honor y reputación. Actualmente sus documentos tienen nombres que no corresponden con su género y afectan el libre desarrollo de la personalidad. Al hablar al respecto, recuerda su infancia. En ese momento no se identificaba con el género que socialmente se le asignó al nacer.

Yo envidiaba los regalos que le daban a mis hermanas, los grandes vestidos y las casitas. Cuando intentas acercarte a eso tu familia te reprende y te dice que eso no es de niños, es de niñas. Entonces empiezas a encerrarte, a reprimirte, pero permaneces eternamente allí, hasta que explotas y decides ser auténtico”, resalta Richelle Briceño.

Recuerda su adolescencia como uno de los momentos más complejos de su vida. Se ocultó ya que en donde vivía, en el barrio de La Vega, al oeste de Caracas, los temas LGBTIQ+ eran un tabú, sobre todo cuando se trataba de hablar de personas trans. 

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De su infancia conserva fotos y recuerdos; entre ellos, el primer momento en que se depiló las cejas, acción que fue reprendida con fuerza por su familia. A pesar de todo, encontraba momentos en los cuales ser ella misma. A Richelle Briceño le gustaba jugar “a la casita”, “a la comadre”, sobre todo cuando visitaba a su familia en el estado Lara. “Me ponía con ellas -sus vecinas-, como una más, por eso siempre supe que Richelle estuvo siempre dentro de mí”, destaca.

Existir sin identidad en Venezuela

Briceño ahora vive en el centro de Caracas. A diferencia de hace 20 años, cuando ser trans era un tabú, existe mayor entendimiento sobre el tema. No obstante, esto no significa que exista una legislación o políticas públicas que protejan al grupo más vulnerable de la comunidad LGBTIQ+.

Luego de más de una década de la promulgación de la ley de Registro Civil, ninguna persona trans se ha podido cambiar el nombre. Ella cree que esto se debe a la presencia de grupos conservadores y religiosos en los distintos organismos del Estado.

Pone el ejemplo del CNE, asegura que las antiguas rectoras, que formaban parte de grupos evangélicos, tomaban decisiones como funcionarios públicos, tomando en cuenta sus dogmas religiosos. Otro ejemplo es el TSJ, también con presencia de personas evangélicas. A pesar de existir avances en el debate de los temas LGBTIQ+ en la sociedad, Richelle Briceño no ve factible lograr acciones concretas en ese contexto. Pero eso no la detiene.

El tema de la identidad trans ha sido protagonista este año por la importancia que tiene para la comunidad LGBTIQ+ en general. Si no tienes identidad congruente con tu modo de estar en la sociedad, no hay acceso a otros derechos. El tema está en la palestra pública porque es una bandera de honor para nuestra comunidad LGBTIQ+ el poder lograr el cambio de nombre de las personas trans; aunque sabemos que la identidad va mucho más allá de eso. Debemos caminar hacia un proyecto de ley de identidad de género”, comenta Richelle Briceño.

La también docente destaca que en la AN afín al régimen de Nicolás Maduro se han logrado espacios de discusión para hablar sobre el tema, lo que pudiera llevar a legislar en el área. Briceño forma parte de la subcomisión de de asuntos LGBTIQ+, en la cual ha expuesto distintas propuestas a favor del colectivo, sin avances concretos, porque al igual que en otros espacios, en el hemiciclo del Palacio Federal Legislativo apunta hacia otros intereses.

A juicio de la abogada y docente existen otras vías para garantizar los derechos a las personas LGBTIQ+, como la formulación de políticas públicas y la creación de proyectos para atender estos grupos de manera diferenciada, así como también promover planes de sensibilización sobre estos temas. Puso como ejemplo a Colombia, donde, a pesar de ser una sociedad similar a la venezolana, se discuten estos temas abiertamente.

Para Richelle Briceño el liderazgo no solo debe recaer en personas LGBTIQ+ o defensores de derechos humanos, sino también en toda la sociedad civil. Explica que, en las elecciones presidenciales de 2018 y las legislativas de 2020 se dio paso a la abstención, y con ella la “significó el secuestro del poder de políticos de corte conservador y religioso”.

¿Esto va a ser eterno? No. Lo comenté hace poco, la población LGBTIQ+, las feministas, los afrodescendientes, las personas con discapacidad y todos los grupos vulnerables debemos apuntar a lograr representación en el poder del Estado en el año 2024 y 2025, no hay otra salida. Tenemos que hacernos visibles en los espacios de poder para que nuestros derechos sean valorados y respetados”, expresó Briceño.
Foto: José Daniel Ramos.

Transicionar en solitario en un país sin ley

Richelle Briceño recuerda su pasado, uno que no definía quién era realmente. En el momento que tomó la decisión de transicionar hacia su verdadero yo, hace casi 10 años, no recibió el apoyo de toda su familia. Algunos de sus amigos la apoyaron en el proceso. Considera que la transición se vive no solo de manera individual: “Cuando tú transitas, todo tu entorno transita contigo”.

Mi verdadero yo siempre estuvo oculto por muchos años, por los prejuicios, por saber que iba a ser discriminada, por saber que podías perder a tu familia, amigos, perder a tu entorno o trabajo, pero siempre se impone la autenticidad del ser humano. Cuando decides ser auténtico y tu felicidad es lo prioritario, lo que diga el mundo ya no es válido, solo importa lo que tú sientas”, recalcó la docente.

Previo al inicio de su proceso, siempre intentaba ocultarse. Empezó la transición cuando estaba cursando el quinto año de Derecho en la UCV. Inició su terapia de reemplazo hormonal “sin llamar mucho la atención”. Por miedo a ser juzgada, ese último año continuó de cerrar su segunda carrera universitaria sin que sus profesores o compañeros supieran explícitamente por lo que atravesaba. 

Transicionar en Venezuela es complicado porque no hay políticas públicas para que las personas puedan iniciar su proceso de transición. Existen organizaciones privadas que intentan darle a la población trans un tratamiento profesional de salud, que les permita transicionar desde el punto de vista psicológico, y físico con la terapia de reemplazo hormonal, pero son proyectos pequeños para atender las necesidades reales de las personas trans en el país”, destacó.

Cuando inició su proceso, a los 31 años de edad, abandonó su labor docente en el Colegio Don Bosco de Altamira, mientras cursaba su último año de Derecho e iniciaba su transición. Era jefa de evaluación y control de estudios. Con ese momento, acabó el ejercicio docente que la ancló a la educación durante siete años. Comprendió que transicionar en un colegio católico y de varones “iba a ser más doloroso”.

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Para Richelle uno de los momentos más complejos fue irse de su casa. Ella se retiró porque supo que la transición iba a ser impactante para quienes vivían con ella. Estuvo fuera de su hogar entre enero de 2014 y diciembre de 2016.  A los dos años de iniciar su proceso, su familia pudo comprender su situación y la invitaron a regresar. En ese momento, su familia, de origen campesino y humilde, le inyectó “vitalidad y energía” a su vida. Incluso, su abuela, de 83 años de edad, ahora la presenta con orgullo a desconocidos.

Incursionar en la política y el activismo para generar incidencia y visibilidad

Richelle Briceño Inició como activista y llegó a política apadrinada por el profesor Juan Barreto de Redes y Claudio Fermín de Soluciones para Venezuela. Fue candidata a las ilegítimas elecciones de la AN en 2020 apoyada por ambas toldas políticas. Se postuló porque siempre tuvo claro que el ocupar espacios de poder le ayudaría a defender los derechos. Espera que en algún momento se cree un organismo dentro del Estado que vele por los derechos de este grupo.

Ella se define como una persona solidaria y profundamente humana. “Cuando denuncias la vulneración de los derechos humanos, lo haces vengas de donde vengas, siempre lo vas a hacer porque es la fibra que te mueve y yo siento que soy una defensora innata. No me gustan las injusticias, quiero un mundo respetuoso e inclusivo”, agrega.

La abogada reconoce los pocos avances en el ámbito LGBTIQ+ en el país, como la creación de la Defensoría Especial en la materia, donde se pueden poner denuncias sobre vulneración de derechos. También hay una Fiscalía en el mismo ámbito. Igualmente pasa con la subcomisión de asuntos LGBTIQ+ en la AN afín al régimen que ha forzado el debate sobre la identidad trans. Richelle forma parte de ese espacio. Este grupo vela por que las leyes promulgadas en el hemiciclo no sean discriminatorias. Sin embargo, la activista insta a la sociedad civil a hacerle seguimiento a estas iniciativas y velar porque funcionen adecuadamente.

Se dice que Venezuela no está preparada para estos temas, como no lo estuvo para abolir la esclavitud, para darle el derecho al voto a las mujeres, o al divorcio. Ninguna sociedad está completamente preparada para ciertos temas. Los políticos no han querido asumir el rol que les corresponde frente a la realidad de la población LGBTIQ+ y los grupos vulnerables”, dijo Briceño, quien está consciente que a ciertos grupos no les conviene que se hable sobre estos temas.
Foto: José Daniel Ramos.

Activismo para prepararse para lo que viene

Briceño opina que el ser abogada le ha ayudado a atender los proyectos que tiene en la actualidad en política, además le ha permitido alcanzar nuevos espacios, algo beneficioso para la comunidad trans en el país. Comenta que fue complicado al principio porque en tribunales no sabían quién era realmente, hasta que empezaron a conocerla; pero aun así cuestionan e increpan la identidad. “Con el tiempo te acostumbras”, completa.

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Ella se considera una mujer racional. Su día a día es distinto desde que sale a cumplir con sus labores diarias en el agitado y bullicioso centro de Caracas, hasta que regresa a su hogar. El activismo es una de las actividades que más le gustan, le apasiona, y que le ha permitido conectar con otras subrealidades; como la de las trabajadoras sexuales. En la actualidad da clases de diversidad sexual y derechos humanos en el diplomado Prisma, de la organización País Plural. El volver a la docencia, le ha permitido retomar esa vena de educadora, otra de sus pasiones, y unirla a su labor como activista y abogada.

Para ella, una de las cosas más complejas de ser trans en Venezuela es “salir del closet”. Ahora que vive momentos de logro y regocijo, trata de que los momentos complejos se queden en el pasado. Se aferra a quienes la motivan a dar lo mejor de sí en todos los espacios, como su mamá, Carmen Elena.

“Mi mamá es mi máxima inspiración de lucha. Sacó adelante a cuatro hijos sola. A veces le digo: ‘no sabes lo mucho que me parezco a ti’. Desde la manera de ser y vestir, de ver al mundo. Su lucha me inspira, nunca se amilanó ante las dificultades; eso lo aprendí de ella. Quiero seguir surgiendo, darle ese regalo del que esté orgullosa de ver triunfar a su hija”, comenta.

Richelle Briceño espera que en algún momento se avance en el ámbito legal para que ella y otras personas trans puedan acceder al derecho a la identidad. Ella no busca “justificar su existencia” a los demás, pero sí tiene la necesidad de exigir respeto por sus derechos.

“Cuando haces política debes dirigir todos tus esfuerzos hacia allá. Hay una población que está abandonada que nos necesita, los grupos vulnerables necesitan una mano que los ayude a entender que aún hay oportunidades. Todas estas personas deben tener representación en espacios de poder”, indica.

Una sonrisa se asoma en su rostro, el cual no suele tener maquillaje si la situación no lo amerita. Se considera perfeccionista y consistente con sus proyectos e ideales. En un futuro Briceños se ve ocupando algún cargo público que le permita ayudar a quienes, como ella, se ven afectados por la falta de reconocimiento de sus derechos.

Yo no me voy del país porque yo tengo una meta, tengo una lucha que dar y sé que puedo aportar hasta mi vida al movimiento LGBTIQ+ en Venezuela: y lo voy a hacer. Prefiero continuar en el país y seguir dando la batalla por los derechos humanos. Todos los días estamos en resistencia. Esta es una ola que se levantó y en algún momento tiene que romperse en Venezuela”, concluye Richelle Briceño.
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