Ya hemos recorrido ocho meses de este largo y tedioso 2022 para la política venezolana. De lo poco rescatable que ha tenido este año, hemos visto un continuo debate sobre la forma en la que las fuerzas democráticas deben reagruparse para volver a tomar la iniciativa en la lucha por devolverle la institucionalidad a nuestro país.

En el marco de estas discusiones, dentro y fuera de la esfera digital, hay una palabra que no deja de repetirse: reconectar. “Es necesario reconectar con la realidad del país”, “debemos reconectar con las necesidades de los ciudadanos”, son solo algunos de los eslóganes que desde parte de la dirigencia política, analistas y miembros de la sociedad civil se repiten como mantras, aconsejando el rumbo de las acciones que desde la política deben impulsarse.

“Reconectar” es una palabra que suena muy bien para vender una idea. Sin embargo, un venezolanismo se me viene a la mente cada vez que lo leo (algo que suele suceder, al menos, un par de veces a la semana): ¿con qué se come eso?

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Mientras esto sucede, los esfuerzos orientados por la principal representación de las fuerzas democráticas del país, la Plataforma Unitaria, parecen estar orientados a la celebración de unas elecciones primarias que permitan a la ciudadanía ser quién decida qué tipo de estrategia, de propuesta y de política prefiere para enfrentar a Nicolás Maduro o a su representante en el venidero proceso electoral que se espera para 2024.

Es por ello que me suena realmente contradictorio leer a dirigentes y grupos de interés que ven las primarias como un proceso que va en contramarcha con la supuesta reconexión que demanda el país. Entiendo las primarias como una verdadera forma de recorrer a Venezuela, buscando no solo votos para apoyar un candidato, sino propuestas que devuelvan la esperanza de cambio a nuestros ciudadanos.

La agenda de derechos y libertades es un problema de la gente. Porque cuando un maestro reclama por sus condiciones laborales y no hay una institución que le escuche, o cuando una comunidad intenta reclamar la falta de agua o electricidad sin que ningún medio de comunicación pueda cubrir sus quejas, no solo se refleja un problema puntual; justamente aquí es donde se muestra una progresiva pérdida de derechos, de espacios y de libertades políticas y civiles que deben ser reconquistadas desde la política, pues su origen tiene lugar en la política: son decisiones tomadas por la cúpula que mantiene el poder.

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Hablar de los problemas de la gente como un hecho desvinculado del retorno de la democracia al país y del camino político para hacerlo es una distorsión interesada e imprecisa, detrás de la cual parece esconderse incluso una agenda económica y de mantenimiento del triste status quo en el que una élite amplía su poder político y económico, mientras las grandes mayorías sobreviven en condiciones precarias, en un sistema cada vez más excluyente.

El tan demandado proceso de reconexión con la ciudadanía pasa no solo por un eslogan vacío y sin fondo, sino por hacer viable una ruta de cambio político para Venezuela, sin tapujos y creyendo en lo que cada opción apuesta: si es a través de la negociación, mostrando cómo esta vez se alcanzarán resultados distintos a los incontables fracasos de las mediaciones pasadas. Si es a través del voto, trazando la estrategia para cobrar ese triunfo y hacerlo sostenible en el tiempo ante un Estado secuestrado por múltiples grupos de poder. Y si es a través de otros mecanismos, demostrando su viabilidad ante un país que se ha cansado de darlo todo en las calles y a través de incontables mecanismos de participación ciudadana.

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De este enfrentamiento de propuestas y rutas depende que los ciudadanos se impliquen nuevamente en la repolitización de la agenda pública. Y el proceso de primarias, que debe contar urgentemente con un cronograma para evitar nuevos “madrugonazos” estratégicos del chavismo, servirá como el escenario en el que podremos alcanzar, deseablemente en conjunto con algún acuerdo de gobernabilidad y respeto de los resultados del proceso, el relanzamiento de la alternativa democrática como una opción de poder.

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