El profesor Edwin Ojeda, adscrito al Centro de Innovación y Emprendimiento del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), señaló en entrevista para El Diario que el emprendimiento tradicional de bienes de consumo general enfrenta barreras de sostenibilidad insalvables.
De acuerdo con el experto, la evolución hacia modelos de servicios negocio a negocio (B2B, por sus siglas en inglés) y emprendimientos con propósito social es la ruta necesaria para garantizar la escalabilidad en un mercado donde la reventa informal ya no ofrece estabilidad.
Esta transición se produce en un momento económico en el que, según el Informe Monitor Global de Emprendimiento (GEM), la intención de emprender creció al 22,4 %, pero la ejecución real cayó y dejó un saldo de 1,3 millones de negocios cerrados en un año.
“Los datos del GEM revelan que el modelo tradicional de autoempleo informal en bienes de consumo general está enfrentando un fuerte agotamiento y barreras de sostenibilidad insalvables. El modelo de vender postres o ropa importada por Instagram ya tocó techo. El GEM nos marca tres rutas claras para escalar: primero, los servicios B2B. La gran oportunidad es convertirse en proveedor de empresas más grandes. Estar en la cadena de valor de una corporación hoy te da más estabilidad que ir a pedir un crédito bancario. La recomendación estratégica es clara: la integración a la cadena de valor de empresas consolidadas”, explicó Ojeda.
Nuevos nichos y digitalización de la productividad
La especialización en servicios para otras empresas y el aprovechamiento de los vacíos en la atención social se presentan como los nichos con mayor potencial de crecimiento, ya que la digitalización no debe entenderse solo como presencia en redes, sino como una herramienta para automatizar procesos y manejar crisis operativas.
Para el experto, en un entorno donde el 55 % de los emprendedores busca generar un impacto positivo, el diseño de modelos de negocio que resuelvan problemas estructurales del país permite no solo la rentabilidad, sino también la captación de inversores interesados en propósitos específicos.
Agregó que la clave reside en que estos nuevos modelos de negocio se inserten en cadenas productivas ya establecidas, lo que permite que la innovación tecnológica sea la palanca que eleve la eficiencia.
“La segunda ruta es la digitalización de la productividad. Negocios que ayuden a otras empresas a automatizar procesos o manejar crisis. Y atención a esto: el 55 % de los emprendedores encuestados quiere marcar la diferencia. Los negocios con impacto social y propósito están atrayendo muchas miradas en nichos específicos. En Venezuela tenemos bastantes problemas sociales, no esperemos que el Estado o terceros vengan a solucionarlos”, puntualizó el profesor del IESA.
Además, indicó que con el diseño de modelos de negocios novedosos se puede generar dinero y atender ciertos problemas de la comunidad.
“Estas rutas no son excluyentes ni tampoco son exclusivas para un sector de la economía. Por ejemplo, un negocio social puede insertarse en una cadena productiva y la digitalización no aplica solamente a las corporaciones”, acotó.
La ruptura de la barrera del flujo de caja
Ojeda aseguró que la transición de un negocio de supervivencia a uno competitivo requiere superar la vulnerabilidad de los primeros 90 días de operación. En ese sentido, la estadística en el informe GEM mostró que el 88 % de los venezolanos emprende para cubrir necesidades básicas ante la ausencia de salarios formales competitivos.
Sin embargo, puntualizó que el enamoramiento con la idea de negocio suele nublar la visión sobre el flujo de caja real, por lo que el rigor administrativo y la adopción de herramientas básicas de gestión financiera son indispensables para dejar de subsidiar actividades que no generan rentabilidad.
En 2026, la supervivencia depende de la capacidad del emprendedor para costear productos y servicios con precisión técnica en un entorno marcado por la multimoneda y la persistencia inflacionaria.
“El reporte del GEM es clarísimo: el 88 % de nuestra gente arranca un negocio para ganarse la vida porque el sueldo no alcanza. Pero, ¿cómo pasaremos de esa supervivencia a la competitividad real en 2026? El cambio estructural número uno es romper la barrera del tercer mes. La gente se enamora de la idea, pero no del flujo de caja. Si el negocio no genera para pagarte un sueldo después de 90 días, estás subsidiando un pasatiempo, no una empresa. El segundo cambio urgente es la educación financiera estructural: el que quiera sobrevivir hoy tiene que saber costear en un entorno multimoneda e inflacionario. La intuición ya no basta, hace falta Excel -estadio primario de digitalización- y rigor”, sentenció el especialista.
El fenómeno del “embudo roto”
La caída de la Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA) al 7,7 % evidenció en el informe GEM una contracción del sector, caracterizada por un fenómeno de mortalidad prematura.
El profesor del IESA añadió que el sistema actual permite que muchos ciudadanos inicien proyectos, pero muy pocos logran superar los tres años de vida operativa, una realidad técnica que sugiere que la prioridad del ecosistema no debería ser la apertura masiva de nuevos locales comerciales, como bodegones o tiendas minoristas, sino el rescate y consolidación de las estructuras que ya han logrado levantar sus persianas.
El reto estratégico para el cierre de 2026 consiste en evitar que el 78 % de los emprendedores que hoy están atrapados en sus primeros meses de vida abandonen definitivamente la actividad económica.
“Si alguien cree que estamos ante un nuevo boom de apertura de negocios, la data del GEM nos da un baño de realidad: 2025 fue un año de contracción y consolidación obligatoria, no de nacimientos masivos. Tenemos lo que hemos llamado un ‘embudo roto’. Fíjense en estos números dramáticos: el TEA cayó a 7,7%. Solo un 1,9 % de emprendedores logra superar los tres años y medio. ¿Qué nos dice este dato? Que la estrategia nacional para este año no puede ser seguir empujando a la gente a que abra más tiendas, el reto es salvar a los que ya abrieron para que no se mueran antes de diciembre”, dijo Ojeda.
Por otra parte, el entorno financiero en Venezuela, calificado con apenas 2,03 sobre 10 en el informe, representa uno de los mayores obstáculos para el crecimiento del sector emprendedor.
Esta tendencia viene marcada por factores como el agotamiento de los ahorros familiares, que tradicionalmente servían como capital semilla, sin embargo, ahora el emprendedor se encuentra ante una sequía crediticia que obliga a buscar alternativas creativas, como el pronto pago de clientes corporativos y la solicitud de microcréditos.
La propuesta del IESA se centra en el otorgamiento de préstamos pequeños que no solo entreguen liquidez, sino que estén estrictamente vinculados a programas de mentoría y asistencia técnica para asegurar que el capital se traduzca en crecimiento real y no en el pago de deudas operativas.
“El gran elefante en la sala en el ecosistema emprendedor es el financiamiento. El GEM nos reprueba en el apartado de entorno financiero. Y lo más grave: los ahorros familiares se agotaron. Ya el emprendedor no tiene el ‘colchoncito’ para arrancar. ¿Qué alternativas vemos ganando terreno? Como se mencionó en el primer punto, el apalancamiento a través de clientes corporativos. Si una empresa grande te contrata, ese contrato es tu crédito. Por el lado de la banca, la recomendación del estudio es clara: necesitamos créditos pequeños, de 5.000 a 10.000 dólares, pero que sean créditos atados a asistencia técnica obligatoria”, señaló.
La necesidad de un alivio fiscal para emprendedores
Otros factores mencionados por el experto en la entrevista con El Diario fueron la burocracia y la presión impositiva, los cuales pueden impedir la formalización o condenar a los negocios a la mortalidad temprana.
Para Ojeda, es urgente una reforma que exonere de tributos a los nuevos proyectos durante sus primeros años de vida, debido a que sin este alivio fiscal, los emprendimientos se ven obligados a usar su escaso flujo de caja para cumplir con obligaciones tributarias antes de haber consolidado su modelo de negocio.
“Más que pedir fondos públicos que no existen, lo que necesita el emprendedor en 2026 es un alivio fiscal radical. Exonerar de impuestos nacionales y municipales a los nuevos negocios por sus primeros cuatro años es la mejor inyección de capital que se les puede dar, porque les liberas la caja para que puedan respirar. Esta exigencia de alivio fiscal no es caprichosa: el reporte del GEM califica el entorno de políticas gubernamentales (burocracia e impuestos) en Venezuela con un crítico 1,28 sobre 10”, agregó.
Con respecto a un diagnóstico del sector, el especialista resaltó que el fracaso de un emprendimiento no reside en las capacidades individuales del venezolano, quien posee altos índices de autoconfianza y disposición al riesgo.
El problema se identifica como un fallo sistémico donde la burocracia voraz y la falta de condiciones mínimas agotan incluso a los perfiles más aptos.
“El panorama del 2026 (con datos del 2025) es duro, sí, pero con esta data los empresarios y emprendedores venezolanos ya saben exactamente dónde no deben pisar y dónde están las verdaderas oportunidades. Debemos dejar de pedirle más resiliencia al emprendedor y empezar a exigir mejores condiciones al entorno. El fracaso hoy es sistémico. Es el resultado de una burocracia voraz y una sequía de crédito que agotan incluso al más apto”, destacó el profesor del IESA.
Para contrarrestar estas fallas estructurales durante 2026, el IESA recomendó al sector público simplificar trámites mercantiles y al sector privado adoptar soluciones de pronto pago para las pequeñas y medianas empresas (Pymes).
Mientras que a los emprendedores se les insta a fomentar grupos que permitan compartir costos logísticos y de servicios básicos, así como integrar herramientas de inteligencia artificial para maximizar la eficiencia en un entorno donde los recursos son escasos.