- Varios países que aún tienen al rey como jefe de Estado comenzaron consultas para desligarse de la Corona británica. Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice y Jamaica ya aspiran a convertirse en repúblicas presidencialistas, aunque Carlos III tiene el desafío de evitar que el sentimiento crezca en otros como Australia, Nueva Zelanda y Canadá
La reciente muerte de la reina Isabel II y su sucesión por el rey Carlos III supusieron un fuerte cambio no solo para el Reino Unido, sino también para todos los países que aún mantienen lazos políticos y de subordinación con la Corona británica. Ahora, sin uno de sus símbolos de cohesión e identidad, en varios reinos está brotando un nuevo sentimiento nacionalista que podría detonar en los próximos años.
Actualmente, 14 países de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth) tienen como jefe de Estado al rey de Inglaterra. Esto a pesar de que poseen una gran soberanía en su política y asuntos internos, que son dirigidos por sus primeros ministros. En la mayoría de ellos la figura de la reina Isabel II gozaba de una popularidad entre sus habitantes, por lo que sin ella, varios políticos han comenzado a plantear la posibilidad de convertirse en repúblicas presidencialistas.
Bajo este panorama Carlos III llegó el 13 de septiembre a Irlanda del Norte para su primera visita de Estado como monarca. Este país, junto a Inglaterra, Escocia y Gales, son la base fundamental del territorio del Reino Unido. Allí se reunió con el ministro británico para Irlanda del Norte, Chris Heaton-Harris, además de representantes de los principales partidos políticos.
Esto resultó muy importante ya que entre los asistentes estaban miembros de Sinn Féin, una organización nacionalista que en su momento apoyó la lucha armada por la reunificación del norte con la República de Irlanda. Este partido, a pesar de sus diferencias, también expresó sus condolencias por la partida de Isabel II.
Fiebre en el Caribe
La región del Caribe, en América, es la primera en estudiar la posibilidad de romper lazos con la familia real británica. El primer ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne, anunció que planea convocar a un referendo para que sus habitantes decidan si desean convertirse en una república presidencialista o si prefieren seguir bajo el mando de la Corona.
«Este no es un acto de hostilidad ni ninguna diferencia entre Antigua y Barbuda y la monarquía, pero es el paso final para completar ese círculo de independencia, para garantizar que seamos verdaderamente una nación soberana», declaró.
La elección está condicionada a que Browne sea reelecto en el cargo el próximo año, para lo cual cuenta con mayoría en el Parlamento local. No obstante, dijo que la idea es que esa votación se realice dentro de tres años. Mientras tanto, reconoce a Carlos III como nuevo soberano del país. A pesar de su iniciativa, el propio funcionario admite que no hay un movimiento independentista grande en el país ni un clamor popular al respecto. «Creo que la mayoría de la gente ni siquiera se ha molestado en pensar en ello», confesó.
Sin reyes
Otras islas caribeñas como San Vicente y las Granadinas y Santa Lucía han contemplado la idea de desprenderse de la monarquía. La visita entre marzo y abril de 2021 de los duques de Cambridge, Guillermo y Catalina (ahora príncipes de Gales) y los condes de Wessex, atizaron mucho más estos sentimientos.
En Belice, independiente desde 1981, el ministro de Reforma Constitucional y Política, Henry Charles Usher, anunció también en marzo la creación de una comisión para realizar consultas en todo el país sobre el tema. «El proceso de descolonización está envolviendo a la región del Caribe. Tal vez sea hora de que Belice dé el siguiente paso para ser verdaderamente dueño de su independencia», subrayó.
Siguiendo su ejemplo
Si bien la expresión “el imperio donde nunca se pone el sol” se acuñó originalmente pensando en España, lo cierto es que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda fue el que lo representó de mejor manera. Considerado por expertos como el imperio más extenso en la historia, con más de 35 millones de kilómetros cuadrados en su época de mayor esplendor. Aunque estos territorios no eran contiguos, tuvo presencia en todos los continentes y llegó a albergar a un cuarto de la población mundial de entonces.
Aunque se considera su apogeo entre 1880 y 1920, también fue el comienzo de su decadencia. Ya en 1926 se proclama la Declaración de Balfour, la cual le concede a dominios como Canadá, Suráfrica, Australia y Nueva Zelanda la autonomía de un Estado soberano, siempre que respete la autoridad de la Corona. Esto marcó el nacimiento de la Commonwealth, a la cual el imperio fue incorporando a sus demás colonias en la medida que se iba desmoronando.
Este problema fue heredado por la reina Isabel II luego de ascender al trono en 1952. Viendo que el imperio británico estaba ya prácticamente desmantelado, optó por emprender un proceso de descolonización a través de la Commonwealth. Así muchos países obtuvieron su independencia a lo largo de los años sesenta y setenta, aunque no siempre de forma pacífica. Los últimos fueron Antigua y Barbuda (1981), Belice (1981), Maldivas (1982) y Brunei (1984).
Independencia total
Dentro de la Commonwealth, varias naciones que un principio se constituyeron como reinos con Isabel II como soberana luego cambiaron sus sistemas de gobierno. Estos procesos no necesitan la aprobación de Reino Unido, ya que a pesar de tener el mismo monarca, son territorios independientes. Ni siquiera requirieron el beneplácito de la reina, quien por ley no puede intervenir en asuntos políticos. Es decir, fueron actos de autodeterminación resueltos por sus propios pueblos.
Los primeros casos fueron los de India y Pakistán, que primero fueron dominios soberanos antes de terminar de emanciparse. También estuvo el caso de la Unión Sudafricana (actual Suráfrica) en 1961, a la que se sumaron más países africanos como Nigeria, Kenia, Uganda, Gambia y Sierra Leona. Ceilán hizo lo mismo en 1972 al convertirse en Sri Lanka, así como Malta (1974), Trinidad y Tobago (1976), Fiji (1987) y Mauricio (1992).
El último caso de un país soberano en separarse de la Corona ocurrió apenas hace un año con la isla de Barbados. En 2020 se organizó una consulta popular que validó su decisión de convertirse en república, la cual entró en vigor el 30 de noviembre de 2021. A partir de ese momento Isabel II dejó de ser la reina de Barbados y la jueza Sandra Mason se juramentó como su primera presidenta. No obstante, este cargo sigue siendo simbólico, ya que se mantiene su sistema parlamentario, con el Poder Ejecutivo en manos del primer ministro. Este precedente fue la chispa que encendió la nueva ola nacionalista en el Caribe.
Aún leales
La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, se pronunció el 12 de septiembre para descartar que durante su mandato se genere algún proceso republicano. Si bien reconoció que en los últimos años la ciudadanía se ha cuestionado el papel de la monarquía británica en su país, por el momento seguirán reconociendo la figura del rey.
«Hay tantos desafíos que enfrentamos. Este es un debate amplio y significativo. No creo que sea algo que ocurra o deba ocurrir a corto plazo”, remarcó Ardern, quien estuvo en la ceremonia de proclamación de Carlos III.
Una encuesta realizada por la consultora Colman Brunton con motivo de las celebraciones por el 70 aniversario de la coronación de la reina Isabel II, reveló en febrero que poco más del 36 % de los pobladores apoya el cambio a la república con la muerte o abdicación de la monarca, mientras el 48 % quiere mantener sus lazos con la monarquía británica. Solo el partido indígena maorí intentó promover un referendo en febrero, sin obtener mucho apoyo.
Por su parte, el Consejo de Ministros de Canadá emitió el 10 de septiembre una proclamación en la reconocen a Carlos III como su nuevo rey. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y la gobernadora general de Canadá, Mary Simon, lo firmaron sin mayor oposición ni comentarios. De hecho, se espera que tras el luto oficial, el Parlamento canadiense se reúna para prestar juramento de lealtad al monarca.
El reto real
Actualmente la Corona británica, como en la mayoría de monarquías parlamentarias de Europa, se convirtió en un cargo sin peso político. Desde hace décadas el rol de los reyes es completamente simbólico y ceremonial, lo cual ha hecho que las nuevas generaciones se cuestionen cada vez más su utilidad y vigencia en el mundo moderno.
Luego de su coronación, entre 1953 y 1954, la reina Isabel II realizó una gira por los países de la Mancomunidad de Naciones. Esto resultó un gesto significativo que le valió la simpatía de los locales, siendo incluso la primera monarca en pisar Australia y Nueva Zelanda. También visitó Ghana en 1961, apenas cuatro años después de su independencia, y hasta bailó con el presidente Kwame Nkrumah.
El gran reto para Carlos III será generar el mismo respeto y simpatía que tuvo su madre en los reinos de la Commonwealth. Un hecho que no solo se limita a sus antiguas colonias, sino también a la propia Irlanda del Norte y la lucha de Sinn Féin por la reunificación. O con Escocia, que el 19 de octubre de 2023 celebrará un referendo por su independencia, luego de diferencias irreconciliables con Inglaterra por el Brexit. Esto podría significar no solo el fin del que alguna vez fue el imperio más grande del mundo, sino incluso de la unidad que por siglos mantuvo a la Gran Bretaña.
Sin embargo, este destino es menos fatalista de lo que parece. Aun si todas las naciones que hoy siguen bajo el mando de la Casa de Windsor aprueban en el futuro cambios en su gobierno, esto no significa una ruptura absoluta con Reino Unido. Todavía pueden seguir dentro de la Mancomunidad como el resto de los Estados miembros, conservando sus fuertes lazos comerciales, culturales y diplomáticos.