• Todos hemos presenciado comportamientos inapropiados mientras viajamos, y algunos de nosotros incluso hemos llegado a ser ese turista molesto. Como cada paso en falso puede convertirse en una lección, les pedimos a los lectores que compartieran sus historias. Ilustración: Richard A. Chance

Esta es una traducción hecha por El Diario de la nota Don’t Try This on Vacation: Learning From Other Travelers’ Mistakes, original de The New York Times.

A veces, las lecciones más efectivas suelen ser las más dolorosas. Para Nadia Caffesse, ese dolor vino en forma de varios pequeños aguijones alojados en sus manos, antebrazos y pecho.

En septiembre de 2006, Caffesse, ahora de 45 años de edad, y su familia estaban conduciendo por el Parque Nacional Big Bend en Texas, donde se encontró admirando los cactus nativos de pera espinosa que sobresalían a lo largo del camino rocoso. Uno de ellos se vería bien en su jardín, pensó, así que decidió pedirle a su familia que se detuviera para poder recogerlo.

Estaba violando una regla cardinal al visitar un parque nacional que reza: lleva solo recuerdos y deja solo huellas. 

“No son solo palabras bonitas”, dijo. “Son una advertencia poética”.

Sabía que había cometido un error en el momento en que agarró la pala del cactus. “El dolor fue instantáneo, intenso y, debido a la naturaleza difusa de todas esas pequeñas agujas, implacable”, recordó Caffesse.

Terminó su día no con un recuerdo para llevar a casa, sino con los brazos enrojecidos e hinchados y un respeto duradero por las reglas de no alterar ese entorno.

A menudo escuchamos sobre comportamientos inapropiados de turistas, algunos flagrantes y otros inocentes, que provocan la indignación pública. Este año, un hombre fue grabado tallando su nombre y el de su novia en una pared del Coliseo Romano; niños en Inglaterra desfiguraron una estatua de más de 200 años con creyones azules brillantes; y en París, la apertura de la Torre Eiffel se retrasó una mañana después de que los funcionarios de seguridad dijeron que habían encontrado a dos turistas estadounidenses durmiendo en el monumento durante la noche.

En un esfuerzo por ayudar a que los futuros viajeros aprendan de los errores de los demás, The New York Times les pidió a los lectores que compartieran ejemplos de instancias en las que han cometido una falta de etiqueta de viaje o han actuado en contra de la buena costumbre turística y, tal vez, en contra de su buen juicio. En las más de 200 presentaciones que recibimos, surgió un tema consistente. Por eso, dejamos algunas lecciones.

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Invitados no deseados

Quizás hayas notado al cruzar fronteras internacionales cuán estrictas pueden ser las autoridades con respecto a llevar consigo productos agrícolas o bienes agrícolas.

Jennifer Fergesen, una escritora sobre alimentos de 29 años de edad (de Nueva Jersey), estaba en un viaje de varios meses a varios países después de terminar su maestría hace varios años. Luego de regresar de Filipinas, hizo una escala de un par de días en Austria. Decidió llevar consigo algunas frutas desde Manila, una bolsa llena de mangos y mangostanes, para desayunar una vez que llegara al albergue en Viena.

Fergesen realizó una rápida búsqueda en Google y examinó un sitio web oficial de viajes de la Unión Europea, concluyendo que llevar algunas piezas de fruta para consumo personal estaría bien. Pero no esperaba tener compañía durante el desayuno.

“Mientras cortaba el último mangostán, noté algo blanco bajo las hojas superiores”, recordó Fergesen. “Cuando lo toqué, innumerables crías de araña corrieron en todas direcciones por la sala del desayuno. Aplasté a la araña madre pero no pude encontrar a una sola cría”.

Dijo que siguió las noticias agrícolas austriacas durante un año después, “buscando noticias sobre una nueva araña invasora”.

Una caída en la oscuridad

Los humanos, a diferencia de las crías de araña fugitivas, pueden contratar guías turísticos para ayudarles a encontrar su camino. Y si te encuentras explorando sitios de tumbas oscuros y subterráneos, podría valer la pena buscar uno.

A principios de la década de 1980, Michael Koegel, de 64 años de edad, quien entonces estaba estudiando en el extranjero (en Inglaterra), se encontró en Roma con unos amigos. Cerca de la Vía Apia, una antigua carretera romana, descubrieron una entrada a algunas catacumbas y decidieron explorar.

Mientras los amigos avanzaban en fila india hacia la oscuridad, iluminados por el tenue resplandor de sus encendedores y una vela que habían encontrado, podían escuchar, pero no ver, un recorrido en alguna parte a lo lejos.

Todo iba bien hasta que un amigo, que estaba justo delante de Koegel y sostenía la vela, de repente desapareció.

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“Oí el sonido de la grava y un golpe seco”, recordó Koegel. “Temeroso de moverme, dirigí mi encendedor en la oscuridad, pero no vi nada. Lo llamé por su nombre varias veces, pero no obtuve respuesta”. Finalmente, después de varios tensos minutos, escucharon un tenue “Estoy bien”.

El amigo había caído unos 2,4 metros, dijo Koegel. Por suerte, sus lesiones fueron leves.

“Ser ingenuo no es una excusa para un mal comportamiento”, expresó Koegel. “Me dejaron en Europa durante casi un año a una edad muy joven y me sentía invencible y por encima de la ley”.

El coctel planter’s punch

La mayoría de las confesiones de los lectores implicaron romper reglas, pero algunos viajeros se confundieron al intentar comportarse bien. Resulta que a veces ser demasiado educado también puede traer consecuencias.

Cuando Laurel Thurston, abogada de California, viajó a París un verano en la década de 1990, todas las noches el anfitrión del hotel le ofrecía generosamente un aperitivo gratuito, “pero intragable” (el coctel planter’s punch), que discretamente desechaba en una planta cercana para no ofender a su anfitrión.

Lo que Thurston no sabía, según dijo, era que esta planta en particular era un ejemplar poco común, cultivado durante dos generaciones.

“A las 10 noches, la planta lucía notablemente mal, lo que desconcertó al anfitrión”, recordó. “¡Ups!”

Thurston guardó silencio sobre la nueva dieta alcohólica de la planta, pero trató de compensarlo dejando altas propinas, aseguró.

Los niños querían ayudar

Si no vamos a disfrutar de las bebidas de cortesía ofrecidas por los lugareños, al menos podemos aceptar sus consejos.

En 2007, John Rapos, de 59 años de edad, y su esposo estaban en Marruecos de camino al pueblo de Aït-Ben-Haddou, un sitio del Patrimonio Mundial de la Unesco a unas horas de Marrakech. De alguna manera, se desviaron de la carretera no muy claramente marcada y se encontraron conduciendo su carro de alquiler en un lecho seco de grava.

“Varios niños comenzaron a perseguir nuestro auto, y pensamos que tenían intenciones hostiles, así que subimos las ventanas e intentamos ignorarlos”, recordó Rapos. “Resulta que solo estaban tratando de indicarnos el camino de regreso a la carretera”.

Una vez que el señor Rapos y su esposo entendieron que los niños les estaban haciendo señas para que dieran la vuelta, pudieron encontrar el camino de vuelta al curso correcto.

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“No estoy seguro de tener anécdotas sobre grandes lecciones para otros viajeros, pero creo que para mí, las experiencias de viaje pueden ayudarme a ser un poco más abierto con las personas de lo que normalmente soy”, comentó Rapos.

Y una lección más práctica que Rapos aprendió de la experiencia: “Si la carretera no parece correcta, probablemente no lo sea”.

A veces, los astros se alinean

En raras ocasiones, nuestras vergonzosas desventuras conducen no solo a lecciones, sino a cambios en nuestro estilo de vida.

Hace un par de años, Lindsay Gantz, una enfermera de 28 años de edad (de Buffalo), congenió con su guía turístico mientras hacía tirolina en Monteverde, Costa Rica. Después de pasar el día juntos, fueron a cenar. Luego, viajaron en su moto hacia lo que pensaron que era un campo apartado para observar las estrellas. En la pasión del momento, el esplendor del cosmos dio paso a placeres más terrenales.

“No nos dimos cuenta de que el lugar no estaba tan apartado hasta que las luces de la policía nos iluminaron en una posición algo comprometedora”, recordó Gantz. “Al parecer, había vecinos cercanos que nos escucharon”.

Ella dijo que la policía fue comprensiva. Tomaron la información de los jóvenes amantes y les pidieron que abandonaran la propiedad. Ahora, dijo, ella es “extremadamente respetuosa y consciente” de las leyes en Costa Rica y en otros lugares.

Ah, ¿y ese encantador guía de tirolina? Ahora es su esposo.

Enmendando errores

Si bien muchos errores de viaje son inofensivos y se cometen sin mala intención, algunos pueden ser más graves, incluso criminales.

Recibimos algunas anécdotas que describen casos en los que alguien tomó algo de un sitio arqueológico o histórico, o heredó tal objeto de un miembro de la familia. (No mencionaremos nombres; ustedes saben quiénes son). Y surgió una pregunta: ¿Cómo puedo devolver algo que fue tomado y sé que tendré problemas?

Depende de las circunstancias bajo las cuales se tomó, el valor del objeto y por qué se tomó, explicó Patty Gerstenblith, profesora de derecho en la Universidad DePaul y directora de su Centro de Derecho de Arte, Museo y Patrimonio Cultural.

Si estás en Estados Unidos y quieres devolver un artículo, un buen primer paso es contactar a las ramas de las fuerzas del orden de EE UU que se ocupan específicamente de crímenes relacionados con el arte, el patrimonio cultural y antigüedades, dijo Gerstenblith. Por ejemplo, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, en inglés) tiene un equipo que investiga crímenes relacionados con el arte, y el Departamento de Seguridad Nacional tiene un Programa de Propiedad Cultural, Arte y Antigüedades que se especializa en investigar crímenes relacionados con bienes culturales saqueados o robados. Las fuerzas del orden estadounidenses podrían ayudar a facilitar el transporte y la devolución de cualquier objeto, así como comunicarse con gobiernos extranjeros.

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Puede ser tentador enviar de vuelta un objeto adquirido de manera indebida sin remitente o dejarlo fuera de una embajada o consulado, pero ninguna estrategia garantizará el anonimato, comentó Gerstenblith. Contratar a un abogado podría ayudar a aliviar cualquier consecuencia legal.

“Las personas pueden ser multadas”, añadió Gerstenblith. “No sé con qué frecuencia la gente va a prisión por ese tipo de cosas. Y mucho tiene que ver con si su objetivo es comercial. Si recogen algo con la intención de venderlo, serán tratados con más dureza que alguien que lo guarda en el bolsillo y se lo lleva a casa”.

Hay razones por las cuales quitar objetos de sitios importantes trae consigo consecuencias, dijo Gerstenblith.

“Todos piensan esencialmente que son una excepción, que hacer una pequeña cosa no perjudica el panorama general”, mencionó. “Pero la verdad es que sí lo hace. Porque entonces todos los demás piensan que también pueden hacerlo. Y si vienen 1.000 personas y cada una recoge una piedra del sitio, o de un parque nacional, pronto no quedará nada”.

Pero incluso cuando cometemos errores mientras viajamos, el lado positivo es que, con suerte, aprendemos algo valioso de la experiencia, o incluso mejor, nos brinda una nueva perspectiva profunda, que es, después de todo, una razón por la que viajamos.

“Amamos un recuerdo más allá de la tienda de regalos porque de alguna manera se siente más real”, recomendó Caffesse, la viajera cuyo codiciado recuerdo del cactus de pera espinosa ciertamente se sentía real.

Pero ella se dio cuenta de que si hubiera tenido éxito llevando a casa el cactus, habría perdido lo que lo hacía tan especial para ella en primer lugar.

Es mejor, dijo, simplemente dejar las cosas que nos deleitan exactamente donde están.

Traducido por José Silva.

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